El pequeño dolor (en Nietzsche)
Un dedo cae sobre la llaga. Vacila su encanto terrenal en la prolongación del dolor. Éste se hace un muro donde el sol no corrompe su largo aliento, ni verdea, al vuelo curioso de las aves, su abalorio canto. La entrega es imposible sin su grito mediador, sin el refugio transfigurado de lección. Algún cuerpo oscuro y superior tenderá su abrazo a la naturaleza desbordada de juicio. Esa carne elevada será la santidad del que no devuelve la mirada al vacío.
El espejo de Van Gogh
Seguramente esta tierra me quiere loco,
Impaciente entre sus destellos blancuzcos, ahogado
En la rendija negra de los acantilados mostazas
De macizos descuajados ante las nubes, erectos
Rayones de chicos premurosos y sabios
En el juego del abandono inexcusable.
Esta tierra me quiere loco
O rey. Me expulsa de sus calles
Al palaciego refugio de sueños
Sobre una austera taberna de realidades.
El artista sale del mundo
Para añadir sus propios colores; se exilia
En su concupiscente tortura
De virilidad demostrada ante su obra;
De la parturienta mirada densa siempre póstuma.
Si esta vida no tienta como fruto edénico
Volvamos, juntos, a labrar el campo desierto.
Siega el sol y esculpe la noche
La maniaca bondad de ensoñaciones,
Trasunto de mundos inaprehensibles
Para el ojo que no aguarda
Una posibilidad de conquista
Sin el filo del hielo desconocido.
El puerto (1941, Reverón)
Un respiro verde en su aliento de tenue contención.
Apenas un espasmo de caricia marina,
La oportunidad para la visita
Sin el agobio caribeño de su invierno de arena
Y desolación. Una postal solitaria en la fértil imaginación viajera.
Un deseo que un loco pudo imaginar y pintar de realidad.
Traición (nocturno de Munch)
Una nocturna sombra de sí divagó
En un mundo que desconoce su contorno
Insular. Las estrellas aparentan calidez y ensoñación
En un cielo engañado en su verde rencor
Llano y plástico. Una pareja. Un puente. Un secreto.
Palabras. Palabras. Palabras. ¡Tejemos un mundo de palabras!
Las casas en su lucidez solitaria
Del insomnio humano, enclaustran la posibilidad
De nosotros. La ciudad,
Ese murmullo soliviantado en un mañana
(Rémora entonada por los gallos),
Muere y nace en su improvisación
Luctuosa. La traición, diría un poeta,
Es ausentarse de ese fuego desvanecido.
Prestancia
Es importante dejar el poema
Encendido como una bombilla
Por si entra un extraño
Y se pregunta en su solemne ignorancia:
“¿Aquí vive alguien?”
Y esa luz será su encuentro
Con algo maravilloso y despiadado,
Vigilante y soñador,
Guerrero y predicador
A partes iguales, con sus huesos
Crujientes sobre algún diván
Cocinando la cena memorable de su pasado;
Quizás haya un gato
O dos merodeando lo que caiga
En la loza amarillando los pasos
Que fueron extraños
Y se consumieron en el tiempo
Para nacer en la tinta del cual
Estamos atrapados.
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