I
Tengo una relación fatal con una hormiga
Entra en mi pan cada mañana
Cada mañana carga con algo de mis pertenencias
No se lleva el pantalón
O la camisa
Se lleva el pan de cada día
Se lleva aquello de lo que prescindir no puedo
Aquello que nos pertenece por divino derecho
¡Maldito insecto!, pienso, y la mato
Pienso que la mato
Porque al otro día regresa
Por el chocolate
Por tus piernas
Por tus ojos
Y así.
Mañana tras otra
Esta maldita y recurrente realidad
Me deshoja.
IV
No merezco la dicha
Sería estúpido
Creer que el mundo llegó a mi para alegrarme.
En el lodazal haré la hornilla
Y continuaré con mi lupa buscando tus últimos detalles
Es estúpida la forma que tuvimos de mordernos los mediodías
Todos los días se muere la gente
Y todos los días caen hojas que se marchitan
Una vuelta más al sol
Y aparece una huella tuya muy chiquitita.
La alegría es como el sexo
Duran sólo unos segundos
Y lo procuramos como si fuese para toda la vida
Nada de eso
Igual que caen las hojas llegará la tristeza
Y el hambre
Y la ceguera
Y alguna que otra inocente sorpresa.
La felicidad no es un merecimiento
Entonces deja ya de solicitarla
Es más bien un accidente
Yo diría que lo mejor es evitarla.
Una resaca te dura
Mucho más que los besos la noche y la luna.
Esta vida es un cactus
Mejor acostumbrarse a dormir con espinas.
No merezco la dicha
Pero doy gracias a esta voluntad que me empuja hacia tu vida.
III
Entre la noche del nacimiento y mi muerte
No sólo fui tormentos
Que tuve palomas en mis manos
Y también incumplí algunos juramentos
Que pude ser fiel y así lo hice
Y en mis costillas cargo algunas dagas venturosas
Que sangré por ellas y, sin embargo,
Me enseñaron a valorar mucho mejor las cosas.
No vine al mundo a sonreír
No soy ombligo en el que rotan copérnicas ambiciones
Supe dar y aprendí de la hormiga
A sólo cargar lo necesario y a no mendigar honores.
Y aquí voy
Bendiciendo el cayo que me hiere
Y la poca luz que capturan mis ojos.
Ya me siento sementera de la planta que de mis huesos crecerá cuando no viva
Feliz diré a la vida bienvenida
Cuando la hosca muerte me consiga.
VI
Fluye el río sin saber a dónde
Lo arrastra su metálica y rítmica sinfonía
No importan los pedruscos
Ni los recodos
Fluye porque es su naturaleza.
Su barítono canto no compite ni busca
Banales aplausos, ni reconocimientos mustios
Las aves cantan y él copula su vida saciando la sed ajena
Fluye y se da
A las aves
A las flores
A los insectos
Y de pronto
El mar.
Azul profundo
Serena hondura cristalina y salada.
No hay añoranzas para el que se entrega sin esperar
No hay dolores
Ni frustrantes recuerdos de lo que ha sido
Simplemente se funden
Se penetran
Y aquel que fue
Desaparece.
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