
Prólogo
Migramos por fuera y por dentro
Hay viajes que se hacen con los pies. Y hay otros que se hacen con el alma. Esta es la historia de alguien que partió por esos dos senderos. Fue siguiendo un llamado, como el canto de un ave que nadie más escuchaba y que atravesó lava y nieve sin perder el vuelo.
Migrar no fue solo cambiar de tierra, fue convertirse en tierra nueva. Porque quien deja atrás sus raíces no las abandona; las lleva consigo, las vuelve canto, las transforma en semilla.
Esta historia es un mapa invisible. No tiene coordenadas, tiene latidos. Es la travesía de una mujer que, al salir de su país, no sabía que también estaba saliendo de sí misma.
Y que al amar a otro ser humano —con cuerpo, con silencio, con lluvia—, estaba entrando, sin saberlo, al amor de Dios.
Es la historia de quien descubrió que no existe lengua más sagrada que la del alma viva. Y que el verdadero hogar está en donde pueden posarse los pies y echar raíces, para que las manos alcancen el cielo.

Ave de hielo ígneo / Iseldfugl
Araceli Gutiérrez Olivares
Poesía
Noruega, 2025
ISBN: 978-82-693956-4-8
92 páginas
I
Memorias de Vinje
Al principio no sabía cómo mirar. Sentía que lo que ella era no cabía en ninguna palabra del noruego.
Hemos llegado.
En el palpitar del kjøtmeis
que me recuerda una voz del cenzontle,
resurge la mirada de los antiguos,
aquellos que caminan con el corazón
en calma, en verdad.
Su aliento sostiene la armonía
de la tierra que venimos
y a la que llegamos.
Su paso es memoria de raíces.
Y en ese resplandor
que surge entre la claridad de una nube
y la oscuridad de otra,
se abre la ofrenda del universo:
surge la flor,
surge el canto,
y en ellos el espíritu retorna,
como volver a nacer en el día 1 sol,
en Arabygdi.
Kjøtmeis (en español carbonero común) es un pequeño pájaro cantor muy común en Noruega y en gran parte de Europa. Tiene el pecho amarillo con una franja negra en el centro; la cabeza, también negra, con mejillas blancas y un canto alegre y variado. El kjøtmeis simboliza la voz, la presencia del bosque y la vitalidad de la naturaleza.
II
De Totak a Sykkylvsfjorden
Fue un jueves por la tarde. Él se sentó a su lado en una banca de madera y le habló con una naturalidad que no pedía permiso.
¿En qué momento
dejamos de ser extraños?
Llegan las primeras lluvias
de otoño a Sykkylven.
¿Qué es la felicidad?
Cuando lo tienes todo
a veces ella se esconde.
No es como comprar un Apple Watch
y dejar que su mano de plástico
abrace tu muñeca.
Te lo miras puesto,
ves que es hora de escribir
en tu banca del bosque de Sunnmøre,
entonces alguien se sienta junto a ti
y te dice:
—Creo que va a llover, no te vayas a mojar.
—Gracias, pero vine solo a eso.
—Yo también.
Su voz era suave, parecía solo querer compartir el momento. Y en ese gesto —tan sencillo— ella advirtió algo que no había sentido desde su llegada: pertenencia.
La mirada llamó al horizonte,
tu abrazo detuvo la visión,
así fue ese encuentro:
el fiordo, tiempo y testigo,
lo sabía, nos miraba en calma.
Éramos su reflejo, una necesidad
paciente:
azul de tan azul
el ave
de hielo ígneo.
Nuestra fue la noche solar,
nuestro el cuerpo raíz,
en ascenso.
Hubo una calma profunda. Como si la naturaleza, por un instante, respirara por ellos.
- Ave de hielo ígneo / Iseldfugl, de Araceli Gutiérrez Olivares
(primeras páginas) - viernes 26 de diciembre de 2025


