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Ave de hielo ígneo / Iseldfugl, de Araceli Gutiérrez Olivares

viernes 19 de diciembre de 2025
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Araceli Gutiérrez Olivares
En su poemario bilingüe (español-noruego) Ave de hielo ígneo / Iseldfugl, la mexicana Araceli Gutiérrez Olivares nos presenta un cruce de voces que motivan el crecimiento, los afectos, el amor, el éxtasis y hasta el erotismo como una imagen cuya certeza está en las palabras.

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Irse del país en poesía, traducirse, revisar el equipaje de las voces interiores, las que quedaron atrás y ahora las nuevas, y así, entonces, emprender la escritura sobre una experiencia de la cual se desprenden tantos aprendizajes. Irse del país, de la raíz original, y seguir en él desde lejos con los sonidos irremplazables y hacerse de los de la nueva tierra. Irse con el clima en la piel y encontrar otro. Irse con los latidos cardíacos de los más cercanos y encontrar corazones alegres para recibirte. Irse con la ternura de algún niño, la de los padres o abuelos que ven desde una ventana el recién aprendido idioma de la conciencia del que ahora ha adquirido un paisaje amable, como el diálogo que sostienen los personajes de este poemario pleno de colores y de bellas imágenes verbales.

Noruega es ese nuevo país para la escritora mexicana Araceli Gutiérrez Olivares. Por eso estas páginas, que se han escrito para precisar un diagnóstico de un encuentro con la amistad, con nuevos proyectos, con el ansia de aprender el idioma y hacerlo parte del diario devenir en ese país del norte de Europa, donde el frío aleja el sol, pero sol siempre está en su cielo.

En el prólogo, la misma poeta dice que migramos por fuera y por dentro, y más adelante se abre a la belleza de estas oraciones: Hay viajes que se hacen con los pies. Y hay otros que se hacen con el alma, como le ha sucedido a ella: su alma fue viaje hacia un espacio donde ésta, su alma, se ha crecido gracias a las oportunidades que ha recibido de esa nueva tierra, suerte de encuentro con el otro, con el diálogo ajeno que lo hace propio, con la belleza del paisaje, con algún pájaro que le avisa del nuevo día.

Ave de hielo ígneo nos acerca a ese vuelo donde se encuentra con ese otro clima, pero a la vez con el calor de quien la recibe, de quienes la reciben, de la tierra que la abraza, le ofrece amor y expansión para poder respirar los días y las noches, que allá discurren de forma distinta que en su lar natal.

 

“Ave de hielo ígneo”, de Araceli Gutiérrez Olivares
Ave de hielo ígneo / Iseldfugl, de Araceli Gutiérrez Olivares (2025). Disponible en la web de la autora

Ave de hielo ígneo / Iseldfugl
Araceli Gutiérrez Olivares
Poesía
Noruega, 2025
ISBN: 978-82-693956-4-8
92 páginas

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Cada poema, además de incluir su traducción al noruego, es encabezado por unas líneas que avisan de lo que viene luego: un poema relacionado con un encuentro, con ese encuentro vital con una tierra donde la migración no es precisamente una marca dolorosa, más bien una metamorfosis, un cambio hondo y, por supuesto, apego a los que han nacido allá y la han recibido como parte de ella: entonces, quien migra no se resiente de la ausencia, encuentra con quién ser, se forja un alma más viva, más dada a reflexionar acerca de las bonanzas de esa decisión de irse de su país y convertirlo en poesía. Igualmente, se aprecia en estos poemas un crecimiento del ser, el reencuentro de dos formas de ser, de dos universos distintos que se pueden complementar. Un cruce de voces que motivan el crecimiento, los afectos, el amor, el éxtasis y hasta el erotismo como una imagen cuya certeza está en las palabras, en la construcción de una mirada distinta, acogedora, viva, respirable gracias a esa humanizada presencia y un paisaje que transforma. De esta manera, se trata de una poesía donde se observa la inclusión de los valores, tanto de quien recién llega como de quien recibe el tono, el acento y los afectos propios de nuestra cultura, lo que abre campo a lo sagrado, a un espíritu entregado a la alegría de ser parte de ese nuevo mundo.

La poeta se expresa de esta manera: Al principio no sabía cómo mirar. Sentía que lo que ella era no cabía en ninguna palabra del noruego, pero he allí que ese fue uno de los aprendizajes, remover palabras, consultar diccionarios, encontrarse con oraciones que la llevaron a ser parte de ese enjambre de voces que hoy la han hecho parte de ella misma. Y de allí, la pertenencia, ese azul de tan azul / el ave / de hielo ígneo, el centro vital de esta bella aventura de esta poética que nos acerca a los que hablamos en esta tierra calurosa y lejana de una América añorada.

 

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No se trata en este libro del exiliado, del golpeado por ese fenómeno xenófobo que ha construido el odio. No; en esta ocasión se trata de una revelación en la que quien recién llega comienza a descubrir y a descubrirse en una suerte de espacio bendecido.

Hablar contigo / mientras escucho la “Danza imposible” / me recuerda cuánto me quieren de donde vengo... y así, el diálogo, la reflexión transformadora, para completar lo anterior con estos versos: haciéndome sentir / que también me quiere / esta tierra.

Desde hace años vive entre dos mundos, entre dos lenguas, entre la memoria de su tierra y la realidad de su hogar nuevo, donde debe conservar / el dialecto de sus raíces...

Las raíces, la raíz, palabra que se repite en varias ocasiones, parecieran encontrar espacio en otra geografía donde estas raíces se fortalecen.

 

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En el epílogo de esta obra, la autora hace una dedicatoria: Para quien aún está en camino, y deja estos versos que iluminan ese camino:

Dios no siempre llega con estruendo.
A veces,
se manifiesta en una banca de madera,
en una voz que dice
“Va a llover”...

El centro de esta voz poética que ha emigrado, que ha encontrado una suerte de placentero espacio vital, también nos advierte, nos dice con la alegría de estar en la nueva tierra que la acoge:

Quien migra por fuera se transforma por dentro.
Y quien se transforma por dentro
está listo para amar lo que no se ve:
la voz sin rostro, la brisa sin origen,
el amor que no cabe en palabras,
pero sí en el junto y el cerca.

No obstante:

...enraizados a esta nueva tierra
sin olvidar
el cielo de nuestro origen.

Sobre su cabeza, la de la voz que nos habla bajo el cielo nubado y la tierra nevada, vuela entonces ese pájaro de hielo ígneo: dos climas que se encuentran en el mismo viaje.

Alberto Hernández
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