Romeo
Mi perro Romeo corrió tras una paloma.
¿Una cosa de perro?
No, una profecía.
Romeo estaba loco.
Romeo olía el más allá.
Me dijo
Correr tras lo imposible me ha sorbido el alma,
no puedo más,
ayúdame a morir,
ustedes la gente saben cómo hacerlo.
¿Qué? No, yo nunca, hostia, nunca,
etcétera.
Romeo estaba loco.
Ayúdame a morir, ayúdame a morir, ayúdame a morir,
etcétera.
Vale, Dios mío, sigue la paloma,
hay unas vías,
túmbate sobre los raíles y espera el tren.
Romeo estaba loco.
Romeo me lamió la mano.
Romeo se fue.
He vuelto al parque,
la paloma bebiendo del charco.
Me mira.
Ve a alguien perdiéndolo todo en un fuego.
Julieta
Mi perra Julieta está loca.
Por las noches se va a la gasolinera.
Julieta se sube a los camiones pretendiendo ser
una adolescente en fuga.
Vuelve a casa herida,
sucia,
la gente no es como los perros,
no le entra en la cabeza.
Julieta habla con mi madre en el más allá.
Le dice cosas como
Qué pena que aprendimos tarde,
vimos el paraíso
antes de entrar, también vimos
el ángel que nos iba a expulsar
pero aun así entramos.
Cosas por el estilo.
Julieta se despierta,
espera junto a la puerta con su cigarrillo en la boca,
En el parque
las palomas lo dejan todo
para observarnos;
una de ellas,
un día,
aprenderá a tirar una piedra.

Perros / Gossos
José Manuel Sevilla
Poesía
Bilingüe español/catalán
Alianza Editorial Letralia-FBLibros
Caracas (Venezuela), 2025
ISBN: 979-8276275017
98 páginas
Sueños
Los perros soñamos,
la gente lo ignora, se creen especiales.
Tenemos sueños eróticos según las estaciones del año,
en los demás siempre está la gente,
el amo es especial y está en los sueños especiales
de los que no quiero hablar.
En este sueño veía un partido de futbol.
Los jugadores van vestidos de oficiales de Marina,
de blanco resplandeciente con sus gorras de plato,
pantalones largos y zapatos negros lustrosos.
Juegan miserablemente y son lentos.
De repente,
un gatito aparece como un rayo a por la pelota
que ahora es un ovillo de lana. Uno de los marineros
saca una pistola pero es un perro, tal vez yo,
y cuando iba a dispararle al gatito
me desperté bruscamente porque mi amo
fuera del sueño me había pisado la cola.
Estaba como loco, se movía como un zombi medio roto,
se veía que había perdido algo.
Yo soy perro y no he perdido nunca nada,
no sé lo que se siente.
Julieta me dice que no entiendo nada,
y me mira desde lejos como una perra muy viajada
que ha meado en elegantes farolas europeas
antes de dar media vuelta y dejarme
moviendo la colita como un limpiaparabrisas de coche caro.
Ella va a los camiones de la gasolinera
y no necesita soñar.
Mapamundis
Mis dos abuelos eran zurdos.
Uno peló patatas en un regimiento de mulas,
simulaba bendecir aviones bombarderos
con su mano izquierda;
el otro peló aún más patatas en el ejército enemigo,
soñaba con lanzarle cuchillos en un circo
a una belleza medio en cueros,
con la mano izquierda.
No se conocieron nunca.
Mi madre se largó con su novio
a un continente donde se iba al baile todos los días
y había más libertad para dejar a tu prometida
preñada y más sola que la una.
Yo no tuve la dicha de heredar un brazo izquierdo
lleno de sueños
pero sí un corazón zurdo
que bombeaba
los grupos sanguíneos comunistas, socialistas,
anarquistas y muertos de hambre en general.
Mi infancia la pasé mirando mapamundis.
En los mapas de entonces las colonias de un país
tenían el mismo color,
eran como mis hermanos y hermanas,
todos con formas distintas
pero colonias de la misma patria.
Así aprendí a entender las fronteras
y empezaron a visitarme las tentaciones.
Alguien en mi casa adoptó una perra callejera.
La llamamos Julieta.
Debía saber mucho de mapas,
de inmediato comprendió lo de las colonias etcétera.
Mi madre decía que Julieta era la reencarnación
de la belleza medio en cueros
a la que lanzaba cuchillos su primer suegro,
por eso a ella sí le podía decir
Ay, si me hubiera besado
la fortuna aun siendo mujer
en lugar de los hombres.
El día de su entierro a mi yacente madre le dije
que tenía un nuevo mapamundi y
que aquellas colonias tenían ahora colores variados
pero solo en apariencia,
a lo que Julieta respondió:
Como los hombres.
Tiburón
¿Quiénes somos los perros?
Todos los animales de los documentales
tienen sus territorios,
los leones, las hienas y las arañas
son iguales que la gente,
en otra vida seguramente fueron
profetas, zares, abogados.
Algunos emigran,
como la gente hambrienta o con el alma torturada.
Pero ¿quiénes somos los perros?
Hay preguntas que no se van al despertar por la mañana.
Julieta se enamoró de un tiburón de la tele.
Solitario, bravo, errando sin fin por el océano,
que vendió el corazón
para liberarse de destinos y fronteras.
¿Y los perros?
No sé por qué me persigue esa pregunta
hasta en el parque donde se huelen
tantos pasos hacia la infidelidad.
Me echo al suelo humillado
por el pensamiento de que
quisimos ser los más humanos de todos,
tener dioses y familiares,
perder un pendiente,
mentir,
cuando veo a Julieta observándome desde lejos.
Me levanto de un salto y
me lanzo a correr como un tiburón,
solitario, bravo, libre de destino y de fronteras,
pretendiendo no saber leer el letrero de
Prohibido pisar la hierba.
- Perros / Gossos, de José Manuel Sevilla
(selección) - viernes 23 de enero de 2026



