
Tercos ajetreos y otros desmanes
Erasmo Fernández
Poesía
Edición de Manuel Cabesa y Nesfran González
Panamá, 2025
109 páginas
Hoy día del libro salgo estropeado del circo
Hoy día internacional del libro
libro removedor del sedimento
.......de entuertos de una era
......y por venir
escrito con tinta de la hazaña
de un manchego
..........caballero andante alucinado.
Hoy salgo somnoliento
................y estropeado
.......del redondel de arena
circo a lo romano
............circo sin pan
donde la muerte excita
a una barahúnda en fiesta
lugar de sacrificio
en honor a los dioses más bárbaros.
La que volvió a ser infiel al rescate
Esta madrugada al amoldar al piso
de la mezquita oeste de la plaza de toros
el lado adolorido de mi cuerpo
por un arco oval apareció
en espumoso cielo
...................la mitad de la luna
a poca distancia con lánguido titilo
se encontraba Venus en todo su esplendor
...................escoltada por un vivaz lucero.
Era el astro reina
un pedazo de metal oriflamado
era esplendente morocota.
He ahí el símbolo me dije
recordé que días antes te poseí
entre las verjas de esta fortaleza
............y volvió a despertarse
............en mí
tu aguamiel mirada
tu perlada sonrisa
tu piel de malaquita.
Tal para cual
Dos granujas a los cuales trato
con cierto recato
a causas de su intemperancia
han jurado matarse.
Con ninguno comento la intriga
con ninguno comparto la noticia.
Ellos se conocen lo suficiente
ellos sabrán que hacerse
si no se les olvida.
Premier off
Un necio me pregunta si soy
mejor poeta que Harry Almela
y Alberto Hernández.
Le contesto que no soy adobado
vino ni sagaz atleta
para conquistar
los gustos de una fanaticada.
El poeta —le digo al neófito—
debe replegarse,
aprender a estar solo e inclusive
en el rumor del silencio;
el poeta oye, observa,
contémplase a sí mismo y al orbe.
El poeta exclama, no compite: canta.
La cara del poema
La cara de esa mujer
es la luna,
por eso surca el cielo
de mi boca su nombre.
Cuando la noche es oscura,
friolenta por la lluvia,
ella se asoma a mi insomnio
para alumbrar el camino
por donde paso, porque según ella
soy muy liviano al andar
y podría evaporarme.
A veces me acompaña
a las afueras del pueblo,
deja que delire bajo los acacios
y antes que amanezca se bebe mi sombra.
Campanas
Tañí con fuerza
las campanas Cuasimodo
de mi pueblo,
dadle bien duro al bronce
hasta fundirlas si es preciso
que hoy es lunes y comienza
la lluvia como la esperanza
de quienes nada poseen.
Ciudad humedecida
Cuando llueve, esta ciudad no espera
por nadie,
la gente saca sus paraguas,
se guarece en los recodos
de los almacenes quejándose
del mal tiempo.
Mientras la lluvia lava, arrastra
huellas, cosas perdidas e inmundicias,
en las esquinas los carros
parecen un cardumen hambriento.
En cuanto escampa en esta ciudad,
las bombillas reflejan ojos de agua,
coloreadas sombras: los transeúntes
andan vaporosos como si flotaran.
El poeta errante
La anécdota es ubicua, está ambientada
al descampado en época de invierno.
¿Quién detiene al nubarrón,
el pedazo de rayo, el retumbar
del trueno?
Borrosa de embriaguez la luna
es ahuyentada por el afán de un perro,
por el indigente insomnio.
La noche tiene dueño: el bien y el mal,
que en fusión espejean
el mismo gentilicio bajo la oscuridad.
No tendrá escapatoria el trashumante,
el aguacero caerá sobre él sin mengua;
con frío, enchumbado estará
si no busca un alero, un café bien
caliente y un cigarro.
Pero todo es quimera,
juego mental del réprobo,
porque estará condenado al martirio
y nada ni nadie podrá remediarlo.
- Tercos ajetreos y otros desmanes, de Erasmo Fernández
(selección) - viernes 27 de febrero de 2026


