Esta ciudad que pregunta por sus muertos
No ha sido fácil cargar a cuestas
con tanta historia
ha dolido someterse a los años
independizar el corazón
ha sido también una manera de desgarrarse
de aceptar las cosas vencidas
las derrotas más severas
las claudicaciones que todavía pesan en la renuncia
en lo que tuvo que quedarse como precio
como pago inevitable
como fórmula de saldar las deudas.
Uno mira su nación.....lo amoroso de su país
lo que se defiende cada día
aunque se sepa que saltará a pedazos
y uno saltará en el intento:
uno dice que lo que se tiene como legado
como herencia única
no es más que la suma de demasiadas lágrimas
de muchos sueños descompuestos.....inenarrables
los ademanes de tantas mujeres
al frente de la multitud
fertilizando con espaldas y piernas
la tierra que uno habita con humildad
el rostro incierto.....asombrado.....cautivo
de tantos hombres silenciados en la ceniza
la lluvia que nos cayó como un grito solemne
las contenciones de un pueblo oceánico
que no deja de levantarse a la vida
y esta ciudad que a media tarde se resiste
esta ciudad que pregunta por sus muertos
y nos oprime el pecho a pesar de todo.
(de Reconstrucción de los hechos, premio Ricardo Miró 1972).

Borde de mar
Manuel Orestes Nieto
Poesía
Alianza Editorial Letralia-FBLibros
Caracas (Venezuela), 2026
ISBN: 979-8245853321
276 páginas
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Ocurre
que estamos construyendo un monumento
a la desmantelación
y nada podrá impedir
que el ruido de los demolidos caserones
se escuche del otro lado del mundo
y que el trazo de la ruta de los barcos
y la estela marina de las motonaves
señalen el sitio exacto
donde no será posible olvidar.
Ocurre
que no podremos quemar los planos
con que edificaron nuestra tristeza
ni borrar de los calendarios
las fechas en que trituraron
tus mejores hombres
y postergaron parte del futuro
que te correspondía.
Ocurre
que nada será imposible en lo posible
y que tú —como siempre—
vendrás por nosotros
a contarnos la dura edad de tus caminos
y el trayecto de tu vuelo de pájaro libre
en la transparente claridad
..........del aire.
(de Panamá en la memoria de los mares, premio Ricardo Miró 1983).
La más bella ciudad de las aguas
La construcción de Sargonia duró mil años.
Los planos que sirvieron para edificarla
fueron modificados ocho veces
y, según las Actas de su Fundación,
debía medir por cada uno de sus lados
la misma distancia que recorre un sueño en una noche.
Cuatro son sus puertas de entrada,
una su salida
y treinta y dos sus torres.
Un millón de ciudadanos la levantaron
desde el fondo de las arenas
y, cuando estuvo terminada,
se grabó
en la más alta de sus paredes
la siguiente inscripción:
“Sargonia es todo lo que fuimos,
todo lo que somos
y todo lo que seremos”.
El Río de las Aguas Eternas la cruza
y no existe un solo lugar desde donde no se mire su cauce;
por ello, pueden contarse quinientos puentes colgantes,
con sus arcos de vidrio blanco,
como rastros de estrellas fugaces.
Todas las casas
se hicieron de acuerdo al tamaño de las especies
y fueron dispuestas de tal manera
que sus entradas miran siempre hacia el crepúsculo.
En la cima del Monte de las Campanas, hacia el sudoeste,
se erigió la Casa de los Libros de la Memoria,
recinto celeste que guarda para siempre
los textos que cuentan la historia
del Mar de los Sargazos.
Cada año,
el escribiente lee en alta voz las páginas caligrafiadas
y es el consenso de los habitantes
quienes oficializan lo narrado
y autorizan la apertura del libro siguiente.
Sargonia no tiene, pues, olvido.
Y es, sin duda,
la más bella ciudad de las aguas.
(de El Mar de los Sargazos, premio Ricardo Miró 1996).
13
¿Del otro lado tendré derecho a la memoria?
¿Podré desde allí observar lo que fui?
Sería extraordinario revisar
cada celdilla de los segundos transcurridos,
ver los fotogramas de los años,
el expediente de mi vida
y poder reparar todo lo que dañé.
14
No es suficiente escribir contra este precipicio,
debo encontrar otra forma
de sortear el redondel,
la trampa mortal,
la fijación de lastimarme.
Debo levantar una muralla,
cavar una trinchera,
prepararme para el impacto,
devolver la estocada.
(de Nadie llegará mañana, premio Ricardo Miró 2002).
25
Aquí fuimos gestados,
en la placenta de las espumas
y las mareas.
Aquí nos recordarán
los que aún están por arribar;
los que vendrán despacio,
sin prisa
y en la edad justa;
los que reanimarán
otra vez todos los fuegos
y tendrán la sangre dulce
y el sol de ámbar bordado en sus pupilas.
Los que serán mejores de lo que fuimos,
y sabrán perdonar;
los que nunca matarán
ni envilecerán;
los prometidos por el cielo,
para quienes cuidamos como mejor pudimos
este rincón querido.
Los inmortales de las edades por venir,
que reaparecerán en la línea del horizonte
que tanto escudriñamos
y que tanto nos provocó soñar.
(de El deslumbrante mar que nos hizo, premio Ricardo Miró 2012).
- Borde de mar, de Manuel Orestes Nieto
(selección) - domingo 1 de marzo de 2026



