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A las puertas del hueso, de Natalia Darias
(selección)

miércoles 4 de marzo de 2026
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“A las puertas del hueso”, de Natalia Darias
A las puertas del hueso, de Natalia Darias (2026). Disponible en Amazon

A las puertas del hueso
Natalia Darias
Poesía
Las Palmas de Gran Canaria (España), 2026
ISBN: 979-8244123388
60 páginas

Manifiesto

Ya no puedo huir
de esta cavidad adherida a mi persona
que espía mis pensamientos
y pone palabras metálicas en mi boca.
Ni me es posible mantener completo el eje,
ese que no es columna,
pero sí sostiene la envergadura.
Aquel que abandonó los huesos
para salir huyendo
de las formas paralelas.
Porque prefiero la ceguera
a la visión sesgada de una vida de discreta cortesía.
Porque soy el hueco por el que caigo
y el fondo del agujero donde me estrello.

 

Vectores

Ahogo.
Abejas en la garganta.
Mana miel de los dientes
como el pecho desbordante de una madre.
Un capricho del tiempo y sus vectores
hacer la vista gorda ante lo improbable
y permanecer mudo
mientras las líneas más rectas se desdoblan.
Pobre de aquel que crea conocer
algún conjuro que lo detenga.
Hordas de hombres hambrientos
y en busca de ser reconocidos
ya lo intentaron antes.
Quedando a sus pies,
miles de ojos abiertos
girando sin control.

 

Ardientes calderos

Tormenta sideral que te empuja al despegue inmediato.
Conjunto de acontecimientos que coordinan el fin de la era caliente.
Aquella que cultiva en calderos de barro
el alimento de la caída.

 

En estado de posesión

En silencio, muda de sabores;
así quedé cuando tu mano dejó de sostenerme.
El día que dejaste de observar mi reflejo en miles
de espejos
partiste un eje y lanzaste la piedra.
Habitada por halcones de humo,
confundida entre antiguas bebidas de incienso,
decidí viajar hasta conocer el fin de esta memoria
que ahora me niega.
Allí, donde nunca habrás de imaginarme.

 

Donde no obedezco

Ya pueden ladrar los dioses
que yo seguiré afilando, con el dedo hueco,
el filo de esta hoja.
Ya pueden secar la garganta de los muertos
o cortar la sangre de aquellos
que deben ser recordados.
No temo sus manos punzantes
ni el manto de soberbia piedad
con el que cubren los rostros de los hombres.
Allegué la carne al fuego
y colmé sacos de ira
con la pérdida de mi memoria.
Ya pueden ladrar los dioses,
ceder la garganta divina al bramido y la saliva,
que yo desoiré sus lamentos.
Cierto es que tendrá que desconocerme
toda esa legión de ángeles desplomados.

Natalia Darias
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