Ocaso de la barca
Ahí vienen los pescadores,
con la atarraya en sus manos,
tejiendo los sueños del mar.
El sol se derrama
en el horizonte dorado,
y en la brisa salada
danzan las olas
al compás de la tarde.
Sus redes, abiertas como brazos,
esperan las historias del océano.
El destino se mira en un caracol;
las sirenas han florecido en la orilla.
Los pescadores despiertan
y corren a casa.
Diáspora
I
Raíces dispersadas por el viento,
un pueblo lleva en su alma
las heridas abiertas, como rosas rojas.
En cada rincón, África late,
un grito ancestral.
II
En el alba, se bañan de sombras;
los negros, con su piel eternamente colorida,
sus pasos fuertes, cargados de historia,
danzan al ritmo de tambores.
Sus ojos, relámpagos de fuego,
miran al mundo.
III
Sus versos olvidados resuenan en la noche,
desafiando las cadenas con su canto.
En cada palabra, vibran sus almas,
sabor a chocolate.
Hilando los sonetos tristes de la oscuridad.
Cimarrón
En los palenques,
danzan los sueños de la noche.
Resuenan tambores ancestrales.
Entre palmas y dulces,
se alzan las voces valientes,
historias de luchas pasadas,
memorias, el alma sostiene.
Epitafio
En el velorio del negro,
susurran los vientos tristes,
murmurando historias oscuras
y nostalgias desvanecidas.
Lágrimas derramadas en silencio
lloran la pérdida de un sueño;
un alma rebelde se apagó,
una vida llena de África.
Un tambor resuena en el aire,
bailando entre sombras y luces,
vuelve sin cadenas al más allá,
dejando un vacío en el candelabro
oscuro del amo.
La canoa regresa
con la voz del mar;
en las olas, su dolor.
Una melodía trae el pésame en el viento;
en su duelo, las aguas
reciben al negro como ofrenda
Semilla diaspórica
Los colores de nuestra piel eran verde como la noche
y vino tinto oscuro, como los frutos de la mañana.
Abandonamos la simbiosis del látigo.
Las manos disecadas por el tiempo
habían perdido las pieles de castigo
y todas sus lecciones serviles.
Los pájaros ya no volverán
a ensuciar el agua de beber
ni a defecarnos la comida.
Han caído del alambre púa,
y sus lenguas partidas en fraccionarios uniformes
se han ido a las profundidades de nuestros vientres,
donde germina rebelde la semilla.
Las voces de nuestros ancestros,
y niños muertos en el camino,
como puente a las huellas de nuestros pasos fugitivos,
plantaciones discontinuas nos reciben abiertas,
y renace colorida la madre palenque.
- Cuatro poemas de Zully Margarita Gutiérrez Martínez - miércoles 18 de marzo de 2026


