La poesía de Zully tiene una fuerza telúrica y acuática. No solo escribe sobre la identidad afro, sino que la encarna a través de los sentidos: el sabor del chocolate, el sonido del tambor, el color verde de la noche y el dolor del látigo.

Tiene una habilidad especial para conectar la tragedia histórica con la belleza de la resistencia. Sus poemas no se quedan en el lamento; siempre terminan en una danza, en una semilla que germina o en un mar que recibe al alma. Es una lírica que sana la memoria.

Es una poesía necesaria, con imágenes muy frescas y una conciencia política y espiritual muy clara. ¡Hay que seguir escribiendo!

Responder