Al fin del camino
En la sombra que al ras se me enreda,
más de algún ademán he guardado.
No mirar adelante es mi atajo
y el resto, mi don.
Perdonar es mentir si lo intento,
alegar es dejarme al jurado
con la trena pagando derecho
de noble deudor.
Si es que cede, el azar, su enquistado
desajuste de tules sin velos,
pecaré en olvidarte de nuevo
después del sopor.
Al fin del camino
—cuando abunden resabios sin vicios—,
iré a reescribirte mi axioma,
testarme la forma
que tomas en mí
sin creerte otra vez cuando asumo
ser tan tuyo
pudiendo elegir.
Por clemencia, me sangra al costado.
¿Cómo hago si va y no se tienta
el tocado que luces sin tregua
junto a alguien mejor?
Pero vuelvo y —ya no es para tanto—
resucito tomado en protesta.
A tu adiós resanando mi eczema
le queda un ardor
y me urde un refrán oxidado
para ser quien se alzó por inercia
con un par de mis cuernos en mano
sin saldo a favor.
Pero al fin del camino,
habré yo —un corazón malherido—
de atarme, otra vez, a la soga
rozándome otrora
aquello que fui
sin perder tan de vista el futuro
que hizo mutuo
un dejo gentil.
A través de un verbo
Últimamente, acaso de un incierto,
me amargo y tu desliz —que hoy se desmiente—
adorna de palestra al inconsciente
y suaviza el vertiz cruel de tu recuerdo.
Ya no arde en frenesí, y —más en medio—
un solo de ceniza se descarna
corriendo, desde el fin, a tus pestañas
por despertar feliz tramando ensueños.
Entierre en pos —sin pausa—, un día de estos,
el fomo de prenderte en la solapa
y piérdase otra vez si ayer reencarna
mi último de todos tus momentos,
el trato sin candor de ser quien falta
a todo cuanto sea a través de un verbo.
Coreanos y vikingos
Mi vida es una duda entre canciones
y sigmas desleales con berrinches
y sueños que se encarnan en la psique
pasando por el as de corazones
y merma que se vende por galones
y castas que se heredan con notario
y falta de quien va, decreta, impone
su axioma porque yo ya estoy cansado.
Mi vida es una noche y, por lo sano,
dejar sin horma al pie de mi asesino;
se tome personal algún motivo
o espere, por la paz, otro mañana.
Mi vida es un tocado y fue racimo
y el mismo comercial que va y nos pacta
el alza de coreanos y vikingos
luchando con gigantes en Arabia.
Benditas sean
Benditas sean las locas con recelo,
las razas de satín sin autoestima,
las que se toman solas por el pelo,
las tristes con sabor a ketamina.
Benditas las ingratas y rebeldes,
las jotas de cobardes corazones,
las que rebajan besos en crisoles,
las tímidas que lucen insolentes.
Benditas las sensibles recatadas,
las que no llaman por más que uno quiera,
las pasionales, las desencantadas,
las opuestas, las vívidas afines,
las faltas de Romeo porque Julieta
se aburre de ir con bobos a los cines.
Alguien me lo debía
Has de saberte
venial y enfermiza
cuando me lo pidas
por última vez.
Ya no hay quien deje
la sal en la herida,
te quedes o sigas,
pues volverte a ver
hoy me sería
—peor para ti—
cinismo de otra alevosía;
el beso febril
que te di
alguien me lo debía.
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