“El amor fingido del comandante Antúnez”, de P. G. de la Cruz
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Sergio Ramírez depositó en la Caja de las Letras cartas de Darío y Sandino

sábado 21 de abril de 2018
Sergio Ramírez
Ramírez decidió decantarse por un legado que trascendiera a sí mismo y a los instrumentos de su oficio.

El legado personal que el escritor nicaragüense Sergio Ramírez, ganador del premio Cervantes 2018, depositó el viernes 20 de abril en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes, consiste en una carta original del escritor nicaragüense Rubén Darío y otra del revolucionario y patriota nicaragüense César Sandino, conservadas en su archivo personal “durante mucho tiempo”, en un acto que es tradición dentro de la semana de entrega del máximo galardón de las letras españolas.

De este modo, el autor —el primer escritor de Nicaragua en obtener un Cervantes— se une “gustosamente al ritual” dejando su legado en la caja de seguridad número 1.475 de la antigua cámara acorazada del instituto.

La fecha elegida para la apertura de dicha caja es el 5 de agosto de 2023, coincidiendo con su 80º cumpleaños, y tras la deposición el autor recibió la llave de la caja de seguridad y un certificado acreditativo del depósito.

A su juicio, “no podía dejar nada mejor” al Instituto Cervantes que “la firma de los dos nicaragüenses que me legaron un país: su puño y su letra”.

“Dejo aquí estos dos documentos porque quienes los firman representan la esencia de mi país a través de la palabra y la dignidad. Ambos nos dieron nuestro sentido de nacer”, expresó el autor en el acto, acompañado por su mujer, sus tres hijos y ocho nietos, y el director del Cervantes, Juan Manuel Bonet.

Ramírez señaló que la carta de Rubén Darío data de 1902 y está dirigida al doctor Luis Ramiro Debayle, un médico, amigo del poeta y personalidad influyente del país —protagonista de Margarita, está linda la mar—, y a quien le pidió gestionar ante el gobierno del general Santos Zelaya para concederle el consulado de Nicaragua en París, un título que el poeta obtuvo un año más tarde.

En cuanto a la carta de Sandino, está fechada en 1931 en el cuartel general del ejército de la Soberanía Nacional de Nicaragua y va dirigida al general Simón González, con el objetivo de incidir en órdenes acerca de preparativos de una expedición militar a la costa del Caribe, según precisó.

En este sentido, destacó que la poesía de Rubén Darío “le convirtió en un héroe nacional”, y que Sandino, que se definía a sí mismo como “un trabajador de la ciudad”, se convirtió en soldado “por la fuerza de la necesidad debido a una intervención militar extranjera”.

“En una entrevista con el periodista vasco Ramón de Belausteguigoitia en 1933 dijo que él nunca tendría propiedades”, dijo Ramírez, una acción que catalogó como “un voto de pobreza que en política es un voto de castidad”.

Así, señaló que “tras mucho reflexionar” decidió decantarse por un legado que “trascendiera a sí mismo y a los instrumentos de su oficio”. “¿Una pluma fuente o una estilográfica?, yo apenas escribo a mano. Luego pensé en una máquina de escribir, pero dejé de usarla hace más de treinta años y ya no conservo ninguna”, matizó.

A su juicio, “no podía dejar nada mejor” al Instituto Cervantes que “la firma de los dos nicaragüenses que me legaron un país: su puño y su letra”. “Somos hijos entonces de la dignidad y de la palabra, ambos han salido de las entrañas de esa tierra pequeña y fecunda, una tierra que nadie mejor que Rubén pudo describir”, concluyó.

Desde el año 2007, los autores distinguidos con el máximo galardón de las letras españolas cumplen con esta tradición en fechas coincidentes con la recepción del Premio Cervantes, como hicieron Antonio Gamoneda, Juan Gelman, Juan Marsé, José Emilio Pacheco, Elena Poniatowska, Juan Goytisolo, Fernando del Paso o Eduardo Mendoza, entre otros.

Fuente: Europa Press
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