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Claudia Piñeiro abrió la 44ª FIL de Buenos Aires dando su apoyo a manifestantes estudiantiles

viernes 27 de abril de 2018
Claudia Piñeiro
Piñeiro: “Los escritores somos trabajadores de la palabra, pero a veces no tenemos conciencia de ese estatus”.
Enviados especiales: Gabriel Mármol y Anaís Martínez

Una reivindicación por parte de la reconocida escritora argentina Claudia Piñeiro para con los escritores, las mujeres y los lectores en ciernes dio inicio a la 44ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, que quedó inaugurada el jueves 26 de abril con un intenso pregón de la autora de El secreto de las rubias y Tuya.

Antes de las seis de la tarde (hora local), la sala Jorge Luis Borges del Predio Ferial La Rural de la capital argentina se había llenado con el público asistente al primer día de la 44ª FIL, además de un grupo de manifestantes que de manera coordinada expresarían airadamente su rechazo a un proyecto del gobierno local para crear la entidad Unicaba, lo cual implicaría la clausura de los veintinueve profesorados de la ciudad.

Los protestantes escucharon respetuosamente los discursos de orden del presidente de la Fundación del Libro, Martín Gremmelspacher, y el director de Artes y Letras de la Intendencia de Montevideo, Juan Canessa. Por el contrario, comenzaron a vociferar y a cantar consignas cuando veían subir al escenario al ministro de Cultura de Argentina, Pablo Avelluto, y el de la ciudad de Buenos Aires, Enrique Avogadro; ambos terminaron por retirarse.

Llegado el turno de la encargada de la inauguración, Piñeiro expresó su apoyo al grupo, aunque advirtió sobre el uso racional que debe dársele al pensamiento crítico: “Hay que disentir como estado de alerta y no como antagonismo sistemático”.

Posteriormente, mencionó el esfuerzo de los escritores por tratar de decodificar los gestos de los cuales está llena la vida, “los gestos que muestran la industria, el Estado y, por supuesto, los lectores”.

“Sin embargo —continuó—, hay determinadas circunstancias sociales frente a las cuales la falta de acción con la falta de gesto implícito también transmite un mensaje. Por eso, subí yo antes al escenario y quiero que, en algún momento, se escuche a la gente que estaba antes expresándose”, en alusión a los manifestantes, quienes permanecían en el recinto apoyando las palabras de la guionista y dramaturga.

“Los escritores somos trabajadores de la palabra, pero a veces no tenemos conciencia de ese estatus”, afirmó Piñeiro evocando las palabras que dedicó el escritor cubano Reinaldo Arenas al oficio de las letras: “Para mí, escribir es una fatalidad, no una razón; una fuerza natural y no una interpretación”. Para Piñeiro, “escribimos porque no tenemos más remedio, porque si no escribiéramos, no seríamos quienes somos”.

La creadora de Las grietas de Jara hizo énfasis en la “plena conciencia de la crisis” por la cual pasa el sector editorial argentino y regional, dejando claro que “el trabajo se paga” y que no todos los escritores cuentan con el privilegio de tener a su lado a un agente que los defienda, una editorial que cumpla sus obligaciones contractuales o un Estado que vaya más allá de aplicar las leyes vigentes en materia de derechos de autor.

“En 2018, los escritores somos el engranaje de una industria que genera bienes y servicios, y nuestra tarea debe ser honrada como lo que es: trabajo”, reiteró.

Así, pasó entonces a hablar sobre la persistente incidencia de actos de discriminación e invisibilización de la mujer en los campos literarios, académico y profesional. “Una mujer trabajadora de la literatura debe ser sacada de su lugar y expuesta para que se tome conciencia”, aseveró Piñeiro.

Desde allí, la escritora se dispuso a resaltar la importancia de construir lectores. “Nadie nace lector”, aseguró, “y si no hay lectores, no hay literatura”, por lo que es de vital importancia la promoción de esa actividad en todos los niveles educativos, un aspecto que lleva incluso a formar ciudadanos como sujetos necesarios para la existencia de la democracia.

 

De todos los colores y tamaños

La 44ª FIL de Buenos Aires alberga cientos de expositores locales e internacionales en nueve coloridos pabellones y once salas que portan los nombres de lo más excelso de la literatura argentina, desde Jorge Luis Borges hasta Alejandra Pizarnik.

Entre las editoriales presentes con los más grandes y vistosos diseños de stands, se encuentran Penguin Random House, Grupo Planeta, Santillana, Siglo XXI Editores, Océano y el Fondo de Cultura Económica, sin mencionar los espacios dedicados a la ciudad invitada de honor (Montevideo), las más diversas representaciones nacionales (España, Estados Unidos, Italia, Cuba, Ucrania, Armenia, etc.), las de las provincias argentinas y hasta la biblioteca móvil del Congreso de la Nación.

 

Invitados y actividades por doquier

Son más de cien los invitados internacionales de la FIL, la cual finalizará el 14 de mayo. Los nombres de Yasmina Reza, Paul Auster, John M. Coetzee, Mario Vargas Llosa, Richard Ford, Arturo Pérez-Reverte, Juan Villoro, Dan Wells, Piedad Bonnet, Camilla Läckberg, Elvira Sastre, María Dueñas, Pilar Sordo y decenas más engalanan la lista de personalidades literarias que dan aún más brillo al evento.

A lo largo de casi tres semanas, se realizarán alrededor de 1.500 actividades culturales en 45.500 metros cuadrados de exposición. Las jornadas profesionales sirvieron de abreboca para la FIL como espacio para que editores, libreros, distribuidores, ilustradores, agentes literarios, traductores, bibliotecarios, diseñadores, representantes de la industria gráfica y todos los actores de la cadena de valor del libro compartieran ideas y experiencias en mesas redondas, conferencias y encuentros entre los días 24 y 26 de abril.

Con Montevideo como ciudad invitada de honor, la programación de la FIL comprende tres ejes temáticos principales: “Poéticas montevideanas”, “Miradas contemporáneas” y un homenaje especial a la figura del escritor Mario Levrero. En la primera habrá una fuerte evocación de poetas uruguayas: Delmira Agustini, Juana de Ibarbourou y María Eugenia Vaz Ferreira, con una delegación encabezada por las poetas Ida Vitale, Silvia Guerra y Lalo Barrubia.

Letralia