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Imaginación poética, plasticidad lírica y comprensión lectora en Lília Aparecida Pereira da Silva

lunes 11 de julio de 2016
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Lília Aparecida Pereira da SilvaTexto presentado en el VIII Congreso Latinoamericano de Comprensión Lectora Jaime Cerrón Palomino: “Leer para producir más cultura”. Universidad Nacional del Centro del Perú, Ciudad Incontrastable de Huancayo, Perú.

Traducción de Leda Aquino.

El arte está e mi alma
como pájaro vibrando
que casi siempre está cantando.
1
Lília Aparecida Pereira da Silva

La poesía, el dibujo, la pintura y lo imaginario son fuerzas capaces de dar sentido a la vida, y es a partir de esta interacción arte/vida que es posible activar la comprensión lectora.

Lília Aparecida Pereira da Silva es escritora, poeta, pintora, diseñadora, musicóloga e ilustradora de libros. Ha publicado 105 libros en el ámbito de la literatura: poesía, novela, literatura infantil; artes plásticas (pintura, dibujo), didácticos de derecho y de psicología. Lília nació en Itapira (SP). Vive en São Paulo. Algunos de los títulos publicado por la autora: Estrela descalça (1960), Serenata do abismo (1963), 33 anos de Poesia (2 volúmenes, 1991), Chuva de gatos verdes (2004), Europeanas (1997), Saia de cigana entre galáxias (2001) y Dibujo y pintura (2002), entre otros libros que abarcan el ámbito de la poesía, la novela, las historias infantiles, el derecho, el teatro, la psicología, etc. Lília ha recibido crítica favorable a su obra de poetas, críticos y artistas plásticos, brasileños e internacionales. A respeto de la poeta-artista, Cecilia Meireles asegura: “Lília —la de ojos guardados en las rosas…” (Meireles apud Silva, 1991).

Poesía, dibujo, pintura y el imaginario están entrelazados en la obra de Lília Aparecida Pereira da Silva y se presenta una confluencia de textos-imágenes que evidencian la correlación de sentidos del arte.

Ilustradora de libros nacionales y extranjeros, Lília Aparecida da Silva —artista de la palabra y de los colores— es también autora de 500 Poesias sem Fronteiras (500 poesías sin fronteras), con un total de cinco volúmenes de traducciones de cincuenta países. Sus poemas han sido traducidos a ocho idiomas: inglés, francés, español, italiano, japonés, latín, noruego y alemán. Diseñadora y pintora, Lília ha realizado casi 300 exhibiciones. Ha recibido un gran número de galardones nacionales y extranjeros. Ha participado también de innumerables antologías en Brasil y en el exterior. En relación con las artes plásticas, sus obras se encuentran en museos brasileños y extranjeros. Desarrolla una técnica que va desde el acrílico, el esmalte, el óleo, la purpurina, el collage, el lienzo, el aluminio, diversos papeles y la acuarela, hasta el gouache (entre otros materiales). Sus obras van del figurativo al abstraccionismo, presentando también osadas técnicas expresionistas y surrealistas, con una obra que revela manifestaciones y dramas humanos.

Poesía, dibujo, pintura y el imaginario están entrelazados en la obra de Lília Aparecida Pereira da Silva y se presenta una confluencia de textos-imágenes que evidencian la correlación de sentidos del arte. Al buscar la esencia del lenguaje, la artista Lília realiza el poder mágico a través de las palabras, de las formas y los colores: ser mediación, comunicación, ejercicios de construcción de sentidos. De esta manera, las palabras poéticas y las construcciones de imágenes poético-plásticas se entrelazan en la obra de Lília Silva.

 

Configuraciones transversales y comprensión lectora: imaginación, poesía, dibujo, pintura

Para el filósofo Gastón Bachelard, “la imaginación no es, como sugiere la etimología, la facultad de formar imágenes de la realidad; es la facultad de formar imágenes que sobrepasan la realidad, que cantan la realidad” (Bachelard, 1978a, p. 31). La imaginación inventa algo más que cosas y dramas. Inventa vida nueva, inventa mente nueva, pues la verdadera poesía es una función de despertar. Puesto que la imagen, cuando es vivida primero en la imaginación, deja el mundo real y pasa para el mundo imaginado, imaginario. A través de la imagen imaginada conocemos esta fantasía absoluta que es la fantasía poética (Bachelard, 1989b, p. 10). De este modo, la imagen, de acuerdo con Bachelard, al asumir un valor cósmico, produce el efecto de un pensamiento vertiginoso. Una imagen-pensamiento, un pensamiento-imagen-frase es un hecho de expresión. Las palabras van más allá del pensamiento. Toda poesía es regreso, comienzo. Las imágenes-frases que son un colorido especial, que cuentan las llamas vegetales, son igualmente polémicas. Con los poetas contemporáneos hemos ingresado en el reino de la poesía brusca, de una poesía que no charla, sino que siempre quiere vivir sobre las palabras iniciales. Debemos escuchar, pues, los poemas como si se tratara de palabras oídas por primera vez. La poesía es un asombro precisamente al nivel de la palabra, en la palabra y por la palabra” (Bachelard, 1975b, p. 77).

Para Bachelard, lo imaginario no encuentra sus raíces profundas y nutritivas en las imágenes. Al principio él tiene necesidad de una presencia más cercana, más encantadora, más material. La realidad material se evoca antes de ser descrita. La poesía es siempre un vocativo. El carácter cósmico de los recuerdos orgánicos no debe sorprendernos desde que hemos comprendido que la imaginación material es una imaginación primordial. Imagina la creación y la vida de las cosas con las luces vitales, con las certidumbres de la sensación inmediata. (Bachelard, 1978a, p. 186). Para dar una definición de imaginación, Bachelard afirma que es como una potencia más grande de la naturaleza humana. La imaginación, con su actividad viva, se desprende al mismo tiempo del pasado y de la realidad. Se abre para el futuro. De este modo “la fenomenología de la imaginación no puede contentarse con una reducción que hace de las imágenes medios subalternos de expresión: la fenomenología de la imaginación pide que se vivan directamente las imágenes, que se tomen las imágenes como acontecimientos súbitos de la vida. Cuando la imagen es nueva, el mundo es nuevo” (Bachelard, 2000 p. 59).

Gilbert Durand en sus obras realiza importante contribución para el estudio y valoración de la imaginación como proceso mental creador capaz de dinamizar el saber humano. En el ámbito de lo imaginario, las imágenes son desarrolladas por la relación permanente entre el yo interior y el medio social y cósmico. La mente y la cultura son formadas por la unificación entre lo que se origina en el cuerpo y lo que es oriundo del mundo, es decir, lo imaginario como lugar de “entre-saberes”, es decir, un tejido conjuntivo “entre” las disciplinas, marcadas por la reflexión centrada en lo que puede denominarse “museu” que reserva “um conjunto de todas as imagens passada e possíveis produzidas pelo home sapiens. O que implica um pluralismo das imagens e uma estrutura sistémica do conjunto dessas imagens infinitamente díspares, se não divergentes…” (Durand, 2003, p. 231. Itálicas del autor).

La imaginación no actúa sólo en el ámbito práctico, objetivo, sino también en la representación emocional.

Para Gilbert Durand, lo imaginario es el contenido de la imaginación simbólica, es decir, es el gran denominador fundamental en donde convergen las creaciones del pensamiento del hombre. Es también “el conjunto de imágenes y de relaciones de imágenes que constituye el capital pensado del homo sapiens” (Durand, 1992, p. 12). Lo imaginario es, según Durand, “o reservatório concreto da representação humana em geral, onde se vem inscrever o trajecto reversível que, do social ao biológico, e vice-versa, informa a consciência global, a consciência humana” (2003, p. 65). La imaginación, a su vez, es una forma de pensamiento que no necesita de un proceso descriptivo y que se utiliza de la lógica de los símbolos, es decir, la mente se utiliza de imágenes cuando no logra representar de manera directa el mundo por medio de una percepción simple o sensación, asevera Durand. La función de la imaginación es, ante todo, “una función de eufemización, aunque no es mero opio negativo, máscara con que la conciencia oculta el rostro horrendo de la muerte, sino, por el contrario, dinamismo prospectivo que, a través de todas las estructuras del proyecto imaginario, procura mejorar la situación del hombre en el mundo” (Durand, 1968, p. 127). De esta forma, la imaginación simbólica es un elemento de equilibrio psicosocial, psicológico, psíquico y biológico.

Lev S. Vigostsky, en La imaginación y el arte en la infancia (1982), afirma que la imaginación o la fantasía es la base para toda actividad y desarrollo humano, pues todas las cosas que posean un trazo de novedad se fundamentan en el proceso creador del hombre. La imaginación, función vital y esencial para el hombre, a menudo es vista como un concepto comúnmente relacionado con lo irreal, con lo ilusorio, que requiere de valor práctico para ajustarse a la realidad. Está relacionada con todos los aspectos de la vida cultural que posibilita la creación científica, artística y técnica. De esa manera, “todo lo que nos rodea y que ha sido creado por la mano del hombre, todo el mundo de la cultura, a diferencia del mundo de la naturaleza, es producto de la imaginación y de la creación humana, basada en la imaginación (Vigostky, 1982, p. 10). De acuerdo con Vigostky, la vinculación entre la imaginación y la realidad consiste en el hecho de que toda actividad creadora de la imaginación se compone siempre de elementos extraídos de la realidad.

La imaginación no actúa sólo en el ámbito práctico, objetivo, sino también en la representación emocional, de manera que ambos factores, el emocional y el intelectual, resultan necesarios para el acto creador. Sentimiento y pensamiento mueven la creación humana. De esta manera las obras de arte pueden ejercer una gran influencia en la conciencia social gracias a su lógica interna.

 

Lília Aparecida Pereira da Silva: poesía, lirismo e imaginación poética

Palabra poética e imaginación se entrelazan en la lírica de Lília Aparecida Pereira da Silva. A través del acto imaginativo, Lília Silva concretiza una poesía que es mediación solidaria con el lector, es decir, su voz “participativa” abre múltiples espacios de interlocución. Los dibujos de payasos —de la artista y poeta Lília Silva— que ilustran el poema, con sus trazos y líneas seductoras, redoblamientos, se destacan en la interacción dibujo/palabras, registrando la proximidad temática de la figura de los payasos con los versos que presentan imágenes del tiempo y de vivencias del yo lírico, que se dice involucrado por la magia de los colores y las formas representativas de los payasos. En la niñez y adolescencia, ellos eran los portadores de la alegría y futuros “dioses”. Esos mismos payasos que se hicieron presentes en los “lienzos” coloridos dan significado a la vida del yo lírico, en el tiempo presente, proyectando momentos de alegría, con sus sonrisas que invaden el espacio vital del sujeto lírico. La artista Lília Silva elabora nuevos procedimientos con los versos del poema activando la función de dos o más palabras, creando de este modo imágenes inusitadas. A través de los artificios del lenguaje y la (inter)relación poesía e imaginación, se configuran en los versos lilianos una (re)evocación a través de la palabra instauradora de sentidos, proyectando, de este modo, un espacio mágico y de encantamiento ante el oficio del verso. En esta interacción arte-vida, el lector participa del universo del lenguaje poético capaz de traducir matices del pensamiento e imaginación, sin olvidar el aspecto lúdico del lenguaje, una vez que la poesía instaura una especie de juego en que el poeta y el lector surgen como creadores. El primero descifra la naturaleza y da forma viva al lenguaje. El segundo interpreta el momento de creación del poeta y completa el “circuito de la poesía”, de esta manera resulta en una comprensión lectora del texto artístico y de las vivencias del mundo.

En la poesía de Lília Aparecida Pereira da Silva se verifica la preocupación del yo poético en relación con la elaboración precisa del lenguaje, registrada en la manera de interpretar el mundo y las cosas. En los dibujos de Lília Silva se nota la intencionalidad de la artista en organizar los espacios y las líneas del dibujo, tal como en un juego en que la emoción no está fuera del tema, sino en el plano de la pura visualidad. De esta manera, ella da visibilidad a las líneas y formas a partir de una operacionalidad en la que adquiere estructuras de signo constructivo, donde se encuentra orientación de la artista en el sentido de dar expresividad a las líneas, puntos, planos, colores, proyectados tanto en el dibujo como en la pintura.

El poema “Retrato”2, de Lília Aparecida Pereira da Silva, la intensificación del amor por la poesía y las imágenes de la estrella, floresta, isla, flores, payasos, traen un encantamiento lírico en el enunciado del yo lírico:

silva1Retrato

Vivo isla en la floresta,
Rodeado de gnomos, brujas,
y payasos
El camino es sólo mío. El hambre
es mía,
las flores exhalan savia del terreno
venenoso.
Pero
una estrella fugaz
nunca dejó
de iluminarme las manos
en las Poesías.

(Silva, Chuva de gatos verdes, 2004, p. 51)

En la obra de Lília Silva, las formas del imaginario no son simples temas. Ellas ocurren entrelazadas sea en las obras literarias, sea en las pictóricas en el universo liliano, que registra imágenes direccionadas a un cuidadoso proceso de escritura y elaboración “poético-pictórica” basado en la imaginación poética, tal como en el poema sintético “Razón mayor”,3 “Más que la vida, el Misterio de la Poesía” (Silva, Saia de cigana entre galáxias, 2001a, p. 105). La construcción poética y el proyecto estético liliano residen en los procedimientos y en las formas escogidas, en los ritmos, en la reducción del texto, “en las pinceladas poéticas” de palabras, colores y formas. Sus poemas registran el rasgo de modernidad y contemporaneidad.

Del oficio del verso a la búsqueda constante de la poesía, el yo lírico asevera “disfrutar la soledad”, que se hace presente en la manera del poeta sentir el mundo en la completa entrega del acto creador.

En el poema “Serva da Poesia”,4 las indagaciones del lenguaje y los cuestionamientos del yo lírico direccionan el poema hacia un sentido de búsqueda de la expresión poética y de compromiso con la poesía: “¿De quién es el payaso sobre la mesa / y el rey que me seduce en la distancia? / Alejen esta máscara de mi habitación: / en el cotidiano quiero estar sin ella. // ¿Por qué me procuran los andrajosos/ ignorantes del saber y de la bondad, / si lo que busco es ser como quería / disfrutando la soledad, más fiel sierva, / a la fuente de los versos que fui elegida?” (Silva, Chuva de gatos verdes, 2004, p. 83).

Del oficio del verso a la búsqueda constante de la poesía, el yo lírico asevera “disfrutar la soledad”, que se hace presente en la manera del poeta sentir el mundo en la completa entrega del acto creador, capaz de (re)inventar universos imaginarios.

“Caída de la estrella” es un texto que relaciona la imagen del poeta como “vidente” capaz de ver los “fantasmas coloridos”, de distinguir las vicisitudes de la vida:

“Payaso Chicão e Me-Acuda”. Fuente: Silva, Histórias do espantalho pescador, 2010, p. 45.
“Payaso Chicão e Me-Acuda”. Fuente: Silva, Histórias do espantalho pescador, 2010, p. 45.

Caída de la estrella

La estrella ha caído en la calle.
El payaso se ríe
Y pasa.
El mundo, extrañado
se angustia por la belleza,
y la guarda.
El ciego no la presiente
y tal vez la sueña.
El fauno la abraza.
Eolo la hace brillar más que otras,
pero es heraldo indiferente.
Ninfas dicen que la estrella
Es aún polvo de la luna
Y después, nada.

Pero el poeta enamora el pedestal
sangriento, bajo la estrella.
Un fantasma de colores
que rodean el astro.
Y, cochero de su alma,
La oye como reloj de relámpagos,
y hasta así caída
él se deslumbra con ella.
Es el único que sabe
que ella ha cambiado el azul
y su cuerpo por las rosas.

(Silva, Altar de las cicatrices, 1973, p. 59-60).

Los versos son libres, cadenciosos por un ritmo que resulta de la sucesión de los grupos de fuerza valorados por la entonación, por mayor o menor rapidez en la enunciación. Sobresale en los versos la imagen del poeta como “vidente” capaz de ver y sentir las manifestaciones de la vida con sus estrellas matizadas de luces, colores y polvo que representan espacios de poesía-vida. Las imágenes del poema como “luna”, “estrella”, “astro”, son comparadas con aquellos objetos intencionales de que habla Roman Ingarden, para que algo diferente ocurra, pues, el extracto de los objetos presentados de la obra de arte tiene la función de traer a la luz determinadas cualidades metafísicas, y al mismo tiempo, revelarlas. Es por esa razón que él ve la obra de arte como un milagro, es decir, ella “existe y actúa sobre nosotros y enriquece extraordinariamente nuestra vida, nos ofrece momentos de deleite y de dicha en las profundidades del ser” (Ingarden, 1979, p. 409).

En la obra de Lília Aparecida Pereira da Silva las imágenes poéticas ocurren entrelazadas en el universo imaginario, que registra imágenes-dibujos-pinturas basadas en los “registros-clave”, que direccionan para un elaborado proceso poético-creativo centrado en la imaginación poética y en el arte. De este modo, se constata, en la poesía de Lília Silva, la preocupación de yo poético en relación con la elaboración precisa del lenguaje, registrada en la forma de interpretar y vivenciar el mundo y las cosas, es decir, al “celebrar” la poesía, Lília Silva presenta el acto creador como un ejercicio de encantamiento del lenguaje y compromiso ante la vida y el arte.

 

Referencias

  • Bachelard, Gastón. El agua y los sueños: ensayo sobre la imaginación de la materia. Traducción de Ida Vitale. México: FCE, 1978.
    . La llama de una vela. Caracas, Venezuela: Monte Ávila Editores, 1989b.
    . La poética del espacio. Traducción de Ernestina de Champourcín. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica de Argentina, 2000.
  • Durand, Gilbert. La imaginación simbólica. Traducción de Marta Rojzman. Buenos Aires: Amorrortu Editores, 1968.
    . Las estructuras antropológicas de lo imaginario. Madrid, Taurus, 1982.
    . Campos do imaginário. Textos reunidos por Danièle Chauvin. Traducción de Maria João Batalha Reis. Lisboa: Instituto Piaget, 2003.
  • Ingarden, Roman. A obra de arte literária. Lisboa: Fundação Calouste Gulbenkian, 1979.
  • Silva, Lília Aparecida Pereira da. Estrela descalça. Capa e ilustração de Manabu Mabe. São Paulo (Coleção dos Novíssimos), 1960.
    . Serenata do abismo. São Paulo: Alarico, 1963.
    . Altar de las cicatrices. Traducción y prólogo por Vincenzo Josía. Barcelona: Editorial Campos, 1973.
    . 33 anos de poesia. São Paulo: Scortecci (vol. 1), 1991.
    . 33 anos de poesia. São Paulo: Scortecci (vol. 2), 1991.
    . Saia de cigana entre galáxias. São Paulo: Scortecci, 2001a.
    . Desenhos para Pedrinho. São Paulo: Scortecci, 2001b.
    . Desenho e pintura. São Paulo: Scortecci, 2002.
    . Chuva de gatos verdes. São Paulo: RG Editores, 2004.
    . História do espantalho pescador. São Paulo: RG Editores, 2010.
  • Vigotski, Liev Semiónovich. La imaginación y el arte en la infancia: ensayos psicológicos. Madrid: Akal, 1982.
Antonio Donizeti da Cruz
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Notas

  1. “A arte está em minha alma / como pássaro vibrando / tão quase sempre cantando”.
  2. Retrato //  Vivo ilha na floresta, / cercada de gnomos, bruxas, / e palhaços. / O caminho é só meu. A fome é minha, / as flores exalam seiva do terreno / venenoso. / Mas / uma estrela cadente / nunca deixou / de iluminar-me as mãos / nas Poesias” (Silva, 2004, p. 51).
  3. “Razão Maior”, “Mais que a vida, o Mistério da Poesia” (Silva, 2001a, p. 105).
  4. “De quem é o palhaço sobre a mesa / e o rei que na lonjura me seduz? / Arredem esta máscara em meu quarto: / no quotidiano quero ser sem ela. //  Por que me procuram os maltrapilhos / inatos do saber e da bondade, / se o que procuro é ser como quería / curtindo a solidão, mais fiel serva, / à fonte dos versos que fui eleita?” (Silva, 2004, p. 83).
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