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Antonio María Vargas Reyes: el precursor de la medicina colombiana

lunes 24 de abril de 2017
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Antonio Vargas Reyes
Las disciplinas que atendió Vargas Reyes fueron ginecología y obstetricia, farmacología, botánica y química; y en general ejerció todas las ramas quirúrgicas en boga en el siglo XIX.

Introducción

En América Latina, a lo largo de todo el siglo XIX, acontecieron sucesos políticos y científicos altamente relevantes en la intelectualidad criolla independentista. A mediados del siglo, los pueblos dominados por el imperialismo de la Corona Española lograron su autonomía político-administrativa. No obstante, el resultado de la emancipación de las colonias transformó la vida social de las personas, teniendo los ápices necesarios de innovación, específicamente, en el desarrollo de las ciencias.

De esta manera, ya en los inicios del siglo XIX las repúblicas iberoamericanas comienzan a solicitar científicos con una mirada positivista para el progreso constante de las ciencias. Por lo tanto, la historia nos narra que las voluntades más osadas del viejo continente se hicieron presentes, desde el ilustre Alexander Freiherr von Humboldt hasta diversos viajeros que realizaron sus observaciones más significativas en Nueva Granada, dando lugar así a las nuevas ideas del conocimiento proteccionista latinoamericano. Por ende, los numerosos escritos, muchos de ellos empíricos, forjarán los lineamientos “céntricos” de una Hispanoamérica que estaba en la “frontera” científica, a pesar de que ya existían criollos interesados en estos campos. Estos últimos deseaban ser los primeros en aplicar diferentes métodos científicos, elaborados por ellos mismos, con el objetivo sociopolítico de ser reconocidos por las naciones “céntricas” de Europa, tales como España, Francia, Inglaterra, Holanda y Alemania.

No obstante, una ciencia difícil de sobrellevar por la complejidad teórica-práctica de sus predicciones es, sin lugar a dudas, la medicina, sabiduría compleja de experimentar ya que en su comienzo se ejecutó rápidamente en el Nuevo Reino de Granada, desde los tiempos del maestro don José Celestino Mutis y Bosio y su ayudante, el sabio don Francisco José de Caldas y Tenorio. Luego, ya en la segunda mitad del siglo XIX, un joven comienza a brillar en el campo de la medicina, admirado por sus profesores porque expresa habilidades innatas en las diversas técnicas de la anatomía. Estamos hablando de don Antonio María Vargas Reyes.

A la fecha no son muchos los investigadores interesados en la obra de este científico e ilustrado colombiano, pero es necesario hacer mención a que, entre los pocos autores más rigurosos, los escritos del académico don Roberto Zubiria C. resultaron muy significativos para la elaboración de esta investigación. Entre los trabajos de este autor analizamos los siguientes: “Antonio Vargas Reyes y la medicina del siglo XIX en Colombia” y “Biografía del Dr. Antonio Vargas Reyes, uno de los fundadores de la facultad”.1 De este modo, a continuación se da a conocer una biografía muy particular del ilustre médico republicano del siglo XIX, tanto de su vida como de su práctica médica y del legado póstumo para los estudios históricos referentes al área de la medicina latinoamericana.

 

Don Antonio María Vargas Reyes: el hombre intelectual

El intelectual don Antonio María Vargas Reyes es considerado el precursor de la medicina y de la salud pública en las “tierras cafeteras” del ex Nuevo Reino de Granada.2 Él nació el 21 de septiembre de 1816 en un entorno familiar realista muy sazonado económicamente, en la ciudad de Charalá;3 hijo de don Nicolás Vargas y Tavera y doña María Rosaura de los Reyes.4

Con el transcurso del tiempo, un hito se suscita: la Declaración de la Independencia de Colombia (1819), y entonces su núcleo familiar más cercano fue acusado de haber propugnado a favor del imperio español durante la guerra.5 No obstante, su linaje se trasladó a la gran ciudad de Santafé de Bogotá, ya que el nuevo gobernador de la provincia perseguía despiadadamente a la familia Vargas Reyes, decomisando todos los bienes patrimoniales del padre (1821).

Posteriormente, el “diamante en bruto de la medicina” a la edad de cinco años fue entregado al sacerdote Mariano Vargas, cura de la parroquia del Páramo, ubicada en la ciudad de Suaita.6 Este capellán fue muy fiero con el infante, dejándolo horas sin comer, negándole el vestuario correspondiente y manteniéndolo en un analfabetismo persistente hasta los doce años. Sin embargo, su hermana mayor estaba tras la búsqueda del niño,7 encontrándolo en el camino que apuntaba a la Iglesia.

Ya al cuidado de su auxiliadora, junto a su esposo español, y de vuelta a la ciudad de Santafé de Bogotá,8 el joven Vargas Reyes se liberó de las condiciones indignas de los años de su infancia, perdidas principalmente en la formación educacional. Inmediatamente su hermana lo inscribió en el colegio de don Julián Torres y allí aprendió a leer y a escribir, para luego cursar las disciplinas de gramática castellana y aritmética. Enseguida, en 1831, estudió en el Colegio del Rosario las disciplinas de lengua latina y nuevos estudios de gramática castellana. En seguida pasó al Colegio de San Bartolomé, donde completó su formación con disciplinas científicas tales como matemáticas, física y geografía. Y finalmente, en 1834 se matriculó en la Escuela de Medicina.9

La provisión de recursos para estudiar era menesterosa en la vida de don Antonio Vargas Reyes; es decir, no tenía zapatos para presentarse en los salones de cátedras, no tenía dinero suficiente para comprar libros, y para la movilización recurría a las caminatas extensas; tal como lo expresa la siguiente cita: “Sin horma y sin atención al pie derecho o izquierdo, que se vendían en cajetas de vender granos, de las cuales se escogían las que más se acercaban a la proporción de pares para cada persona”10 Pero a pesar de todo, él era el estudiante más destacado en las ciencias y en las técnicas propias del campo de la medicina.11 Por esto, los resultados de sus esfuerzos fueron observados por el rector de la casa de estudios,12 quien lo designa como asistente voluntario catedrático de las clases de anatomía. Como preparador de anatomía aprendió a diseccionar cadáveres, adquiriendo gran destreza con el bisturí y a conocer todos los componentes generales del organismo humano.

En 1836 una noticia lo deprime enormemente, al enterarse de la muerte de su madre, y se siente responsable de no haberla ayudado mientras ésta agonizaba. Tal decaimiento no lo superó inmediatamente. Pero, por otra parte, los resultados de sus habilidades en los planos de la cirugía y la anatomía lo llevaron a un reconocimiento mayor, especialmente el del ilustre y noble don Rufino J. Cuervo,13 quien decidió pagarle remuneración por los servicios catedráticos que realizaba el futuro médico. Dos años después, el estudiante más célebre de la Escuela de Medicina enfrentaba una cuestión administrativa compleja: pagar el examen de grado; para ello buscó todos los remediales posibles, y como solución realizó un acto ingenioso comprometiendo económicamente al portero,14 ante lo cual los examinadores no pudieron negarse a que el joven diera su examen; éste se lució con sabiduría en su exposición.

Un año más tarde, ya con el título de medicina en sus manos y poseedor de un conocimiento muy particular, como lo es la disciplina de la anatomía, se inició rápidamente como médico-cirujano del Hospital Militar de Bogotá. Las evaluaciones de postulación llaman la atención, específicamente por los conocimientos y la profundidad científica de don Antonio Vargas Reyes. Sin embargo, éste no queda calificado para cumplir dicha labor, probablemente por las influencias políticas-militares de aquellos tiempos.15 De todas formas, el lozano hombre intelectual decidió dirigirse en segunda instancia a entregar sus servicios de medicina a las provincias del norte16 de la reciente República de Colombia.17 Tras su viaje lo recibe el coronel don Manuel González, gobernador rebelde, quien lo incorpora a las hileras del ejército revolucionario en 1840.18 No obstante, la campaña en que estaba alistado el joven médico fue un completo fracaso, pero logró sobrevivir. Y la muerte de sus compañeros en combate lo ayudó a especializarse en sanar las heridas in situ. Sin embargo, un médico en guerra es un plectro muy requerido, por lo que este cirujano se dedicó a salvar un sinnúmero de vidas, logrando una vez más destacarse no sólo en la teoría aprendida por sus maestros, sino en la práctica urgente de la guerra.

Luego de la guerra, el aplicado médico contrajo matrimonio con la señorita Elena Miralla19 en 1840. Dos años más tarde, el médico cirujano decide partir a Europa, principalmente a París, Francia. Aquí participó en cursos de medicina, como un discípulo más, de las cátedras de Sappey y Cloquet. Entre las disciplinas que estudió se mencionan anatomía práctica y medicina operatoria;20 aunque también asistió a las lecciones de la “clínica interna de Chomel, a las de clínica quirúrgica de Roux y Velpeau en el Hotel Dieu, al curso práctico de anatomía y medicina operatoria de Richet y al de obstetricia de Dubois en el Hospicio de Maternidad. En el año de 1844 concurre a los cursos de química de Orfila, de botánica de Richard, de clínica interna de Rostan, de fisiología de Bernard y al de cirugía práctica de Chassaignac”.21

Luego, en 1845 sigue un nuevo curso de anatomía bajo la dirección de Petit. Al mismo tiempo sigue la clínica especial de Richard, las lecciones de patología quirúrgica de Blandin y hace estudios de enfermedades de la piel en el Hospital de San Antonio. “En este mismo año obtiene licencia para ejercer en Francia y emprende viajes por Inglaterra, Italia y España visitando los hospitales, bibliotecas y facultades de medicina”.22 Sin embargo, en la Cátedra de Terapéutica y Materia Médica tuvo la fortuna de conocer al gran profesor don Armand Trousseau,23 creador del texto célebre Traite de Therapeutique, libro que consultaba reiterativamente su alumno don Antonio Vargas Reyes. En este sentido, el colombiano estaba siendo formado por los grandes investigadores de la medicina, pero es muy probable también que haya tenido conversaciones con sus pares, como lo fue el exitoso médico don Claude Bernard.24

Ya en 1845, el audaz médico iberoamericano terminó sus estudios de medicina y obtuvo su licencia médica para laborar en Francia, y por supuesto conoció algunos países como Inglaterra, Italia y España. Sin lugar a dudas, Vargas Reyes mostró su habilidades y convicciones en la praxis médica, como se explica en la siguiente cita: “Según algunas referencias (…) la señora Cecilia Vargas de Droescher, nieta del galeno, existe según tradición familiar la idea de que durante el ejercicio profesional en Francia le atendió a uno de los hijos del rey de Francia, Luis Felipe, y al parecer logró la curación de un caso bastante difícil”.25

Don Antonio Vargas Reyes cumplía el sueño de todo ciudadano hispanoamericano del siglo XIX. Es decir, un investigador científico ilustrado colombiano que se destaca en el viejo continente, aunque el conocimiento lo adquirió en las escuelas de medicina de París, cuna de la ciencia y de la literatura. Más tarde, en 1847, vuelve nuevamente a tierras bogotanas, siendo recibido por el propio presidente de la República de Colombia, don Tomás Cipriano Ignacio María de Mosquera-Figueroa y Arboleda-Salazar (1798-1878)26 y sus colegas más influyentes del gobierno.

En 1849 ocurre un fenómeno muy particular: a lo largo de toda la costa atlántica, cuantiosos pueblos se vieron embestidos por una pandemia de cólera. Por lo tanto, el ilustrado don Antonio Vargas Reyes decide publicar una monografía de salud pública con el objetivo de informar a los médicos locales de lo que estaba sucediendo, junto con implementar tareas de prevención y un tratamiento correspondiente de dicha anomalía.

Luego, entre los años cincuenta y sesenta, el salvador de la pandemia editó las primeras revistas científicas de medicina en Colombia,27 las que tienen por nombre La Lanceta28 y La Gaceta Médica.29 Y también en 1865 decidió crear una Escuela de Medicina Privada, la que sería posteriormente la base de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia inaugurada en 1867.30 Ya en los inicios de los setenta, Vargas Reyes viajó a Europa para acompañar a su hijo don Antonio Vargas Villegas31 a la Escuela de Medicina de París, mientras que su padre recorría y recordaba sus tiempos de juventud cuando era un estudiante. El viaje duró sólo un año, ya que a su regreso, en 1873, decidió aislarse en un pueblo llamado Villeta, para recuperarse por la muerte de su hijo. Pero no hubo tal recuperación pues falleció este mismo año, el 23 de agosto.

En sí, la vida de don Antonio María Vargas Reyes se puede resumir enfatizando que fue un médico perteneciente a una historia lineal de los estudios prebacteriológicos, en el inicio de los tiempos modernos de la medicina.32 El precursor de la medicina colombiana instauró el hábito constante de investigar las patologías severas que afectaban a la población.33 Por ello las agrupó en determinadas categorías, las clasificó en un orden determinado para identificar el grado febril del paciente. Este esfuerzo, y los deseos de organizar centros de estudios con sus respectivas publicaciones, tienen el reconocimiento máximo de la nación colombiana hasta nuestros días.

 

El médico, científico e ilustrado, continuador del maestro Mutis y del sabio Caldas

Don Antonio María Vargas Reyes es el prócer continuador del maestro don José Celestino Mutis y Bosio (1732-1808)34 y del sabio don Francisco José de Caldas y Tenorio (1768-1816)35 en el campo de la medicina. Ya que estos dos últimos científicos ilustrados lograron descubrir, clasificar, definir y publicar el conocimiento de ciertas especies botánicas del Nuevo Reino de Granada. Estos estudios, más tarde, influyeron a su vez en el desarrollo científico de la medicina, cuyas proyecciones canalizan la búsqueda del bienestar social en materia de salud.

Recordemos que Mutis, en el año 1758, fue nombrado Primer Cirujano de Cámara del rey de la Corona Española don Fernando VI de Borbón, nombrado “el Prudente”, y se trasladó a Madrid. Durante aquel período Mutis fue nombrado profesor interino de la cátedra de anatomía del Hospital General de la Armada, siendo el titular don Bernardo López.36 También fue docente de anatomía con la asistencia al Jardín Botánico de Madrid, donde tuvo la oportunidad de conocer y trabajar con el médico catalán don Miguel de Barnadés. Es el momento en que se familiariza con la taxonomía botánica de Carl Nilsson Linæus37 en el Jardín del Soto de Migas Calientes.38

El maestro Mutis comenzó muy joven a escribir su Diario de observaciones, en el cual describe una ampliada cantidad de acontecimientos y menciona las especies bióticas estudiadas, y también va dando cuenta de las situaciones que evidenciaban las personas enfermas, y los tratamientos que daban los médicos a sus pacientes.39 Sus primeras observaciones en el campo de la medicina se relacionaban con los enfermos que se presentaron durante su viaje a Colombia. Las publicaciones científicas de la medicina de Mutis fueron escasas; entre las más célebres recordemos El arcano de la quina, publicada por el periódico de Santafé de Bogotá que dirigía don Manuel del Socorro Rodríguez, en 1793.40 En este texto se puede apreciar el estudio a la quina41 considerándola como una especie medicinal capaz de curar distintas enfermedades.42

Por otra parte, el maestro tuvo que enfrentar varias epidemias de viruela entre los años 1782 y 1801, que ocasionaron incontables muertes entre los habitantes de Nueva Granada. Los gobernantes, médicos e intelectuales se preguntaban cómo se podría reducir el grave daño que ocasionaba esta enfermedad.43 El sabio sugería, por su parte, limpiar la ciudad, quemar las basuras, purificar el aire y aislar a los enfermos infectados,44 al igual como se realizó en el Medioevo con la peste negra en su punto máximo entre los años 1347 y 1353.

Posteriormente, Caldas, con las enseñanzas del maestro Mutis en su haber, introdujo todo su interés científico en los estudios de la quina. De hecho, en uno de sus textos nos comunica: “En julio de 1803 recorrí los bosques de Malbucho en solicitud de quinas, en octubre de mismo año entré en Yntac, pueblo situado en las faldas occidentales de la cordillera pr 0º 26’ de lat. boreal, en julio de 1804 me interné en Tagualó, Manchi, etc., también en las faldas occidentales de la cordillera pr 00 93’ 21” de lat. sur según mis observaciones. En agosto del mismo año recorrí los montes de Alausí, Cibambe pr 00 10’ de lat. austral. En septiembre los de Paute, Anday, Gualasco en las cercanías de Cuenca, y en fin pasé a visitar los de Loxa en octubre y noviembre”.45 El resultado científico de su estancia en Loja46 a finales de 1804 fue su “Memoria sobre el estado de las quinas en general y en particular sobre la Loxa”,47 redactada al regreso de su viaje de investigación botánica, encargada por el maestro Mutis. La investigación se detuvo por la guerra de emancipación contra el Virreinato español, gesta en la cual el mismo Caldas fue fusilado el 28 de octubre de 1816.48

Tras la muerte de Caldas pasarían veinte años hasta que don Antonio María Vargas Reyes se iniciara como médico en la Escuela de Medicina de Colombia en 1839. Luego, en su viaje al viejo continente para especializarse e informarse de los nuevos conocimientos de su época, se contactó con varios científicos, como por ejemplo Jean Louis Petit (1674-1750), quien era uno de los estudiosos de los casos de trauma craneoencefálico.49 Más tarde, el médico Vargas Reyes llegó a París, justo en un hito significativo para la ciencia de la medicina moderna, pues se había fundado la Sociedad de Cirugía por el profesor de clínica quirúrgica don Auguste Bérard (1802-1846) y otros nobles, el 23 de agosto de 1843.50 Antonio Vargas Reyes, por tanto, aprende directamente de los mejores profesores allí reunidos, tales como Armand Trousseau (1801-1867), Philibert Joseph Roux (1780-1854), Velpeau M. (1795-1867) y Mateo Orfila (1787-1853), entre otros. También, los viajes por Europa del médico colombiano le permitieron aprender nuevas experiencias y conocer entidades médicas similares al de la Escuela de Medicina de París; también visitó grandes centros hospitalarios como el Edimburgo y el de Londres.51

En 1848, el médico Vargas Reyes regresó a las tierras bogotanas, con ciertos conocimientos de formación clínica y quirúrgica adquiridos con los grandes investigadores y médicos de Francia ya mencionados. La noticia llegó a las autoridades y al público local, quienes en esta época estaban preocupados por el uso de las preparaciones con hierro en el tratamiento de las anemias, ya que en un sinnúmero de ellos eran confundidos con enfermos del corazón.52 Y de pronto, mermó el amparo generoso del presidente de la República Colombiana y nuestro médico comenzó a pensar en otras opciones laborales. En este contexto, don Antonio María Vargas Reyes enfrentó el cierre temporal de la Escuela de Medicina, porque el Estado colombiano había entrado en una guerra civil, entre los años 1860 y 1864.53 Por ello, el ilustre médico decide dictar clases privadas de medicina en su casa, a los alumnos más interesados en la ciencia médica. En esta etapa de su trabajo, un gran número de soldados de guerra fueron atendidos por este grupo selectivo laborioso, tal como se puede apreciar en la siguiente cita: “Señor Intendente: los que suscribimos, profesores de medicina, sabemos que existen en el Colegio del Rosario más de treinta presos heridos a consecuencia del infausto acontecimiento del día 7; que todos son de tierra extraña, la mayor parte desvalidos, y que la curación de sus heridas demanda mucho trabajo y constante asistencia, lo cual es imposible estando a cargo de una o dos personas (…) firman: Joaquín Maldonado, Antonio Vargas Reyes, Antonio Vargas Vega, Samuel Fajardo y Juan de Dios Riomalo”.54 Cabe destacar que los médicos no demostraban ideología alguna en relación con la guerra civil, sino que manifiestan un gran esfuerzo y compasión para la recuperación de la salud de los soldados.

En el mismo año, don Antonio Vargas Reyes comenzó a inmiscuirse en los avatares del período preanestésico, ya que las intervenciones quirúrgicas eran altamente complicadas en su tiempo por la ausencia de este elemento. Así, entre los años 1856 y 1864 observamos diversas intervenciones quirúrgicas que practicó nuestro ilustre médico; entre éstas: operaciones de cataratas, operaciones sobre la nariz, operaciones proctológicas y neuroquirúrgicas;55 e incluso comentó en la Gaceta Médica Colombiana sobre un enfermo cardíaco que después de haber utilizado todo un arsenal de recursos instrumentales, mencionó lo siguiente: “En cuanto a mí, quedo satisfecho con la localización de la enfermedad en el corazón”.56 La propuesta terapéutica de su tiempo fue: “Buen vino, carne, huevos, leche, hierro y baños fríos”.57 Cabe subrayar que los recursos medicinales de la época eran escasos, y lo mismo acontecía con los remedios, pues existían muy pocos en las boticas del mercado. Sin embargo, el desarrollo de la química permitió alternativas terapéuticas tan interesantes como los anestésicos de óxido nitroso (1844), el éter (1846) y el cloroformo (1847), así como también de medicamentos más específicos para el tipo de dolencias cardíacas, como el nitrito de amilo (1867).58

Don Antonio María Vargas Reyes siempre se vio limitado en relación con los insumos para su trabajo quirúrgico para enfrentar las complicaciones habituales de su tiempo, tales como infecciones supuradas, erisipela, septicemia, tétanos y gangrena gaseosa. El índice de mortalidad, aun en operaciones simples, era muy alto. Por ejemplo, las heridas del tórax y del abdomen eran casi siempre letales y sólo algunas excepcionales.59 Al respecto, Herrera Pontón relata dos casos interesantes ocurridos entre los años 1839 y 1841: “Un hombre que había recibido una puñalada en el tórax con salida parcial del pulmón y una mujer herida por puñalada en el abdomen con salida de epiplón, intestino delgado y colon transverso con ruptura de éste y salida de materias fecales. Ambos casos fueron operados exitosamente por el habilidoso cirujano doctor Antonio Vargas Reyes, pionero en la aplicación del éter y del cloroformo”.60 De esta forma, en 1849 el médico científico e ilustrado recurrió a la anestesia con cloroformo para resecar exitosamente un tumor de seno, pese a que la paciente61 tuvo un severo problema anestésico: palidez y frialdad, sin respiración ni pulso. Siete años después vivía sin complicación alguna.62

Otro caso quirúrgico más complejo de tratar fue el de don Alejo de la Torre, quien sufría de una grave enfermedad del corazón. “De la Torre padecía de edemas de los miembros inferiores (los miembros inferiores edematosos hasta la rodilla, la cara abultada y azulada), hematomegalia (‘el hígado infartado subía hasta la cuarta costilla’), el pulmón afectado gravemente, con hidrotórax. Dificultad marcada en la respiración y flatulencia marcada en el estómago e intestinos”. Entre los antecedentes cuenta la presencia de “apoplejía” en el pulmón y en el cerebro, accidente este último que casi le cuesta la vida. ¿Por qué?, se pregunta Vargas. “Porque la sangre que no circulaba con entera libertad congestionaba la mayor parte de los vasos, trasudaba por exosmosis al través de los tejidos permeables y daba lugar a esos depósitos de serosidad. En aquellos órganos más frágiles, más vasculares, como el pulmón, el cerebro, el hígado, no había exosmosis, sino rotura de algunos vasos, de ahí apoplejía que acabamos de citar”.63

El caso mencionado era muy complejo, por lo que el ilustre cirujano convocó una junta médica y entre ellos asistieron don Vicente Lombana, don Jorge Vargas y otros más.64 El diagnóstico de don Antonio Vargas Reyes fue el siguiente: “Hipertrofia del corazón, con insuficiencia de una de sus válvulas”.65 Una vez elaborado el informe de autopsia, en el estudio del corazón se encontró un peso de 17 onzas,66 un ventrículo izquierdo y las dos aurículas bastante dilatadas. Es decir, válvula tricúspide insuficiente.67 Por lo tanto, el diagnóstico propuesto por el médico científico e ilustre fue asertivo desde el inicio del tratamiento.

En síntesis, la habilidad médica de don Antonio María Vargas Reyes se consolidó en el marco social colombiano. A lo largo de toda su carrera realizó innumerables intervenciones quirúrgicas, pero destaquemos al menos las siguientes: operaciones sobre la glándula mamaria, extirpación de tumor encefaloide del nervio mediano, extirpación de tumor encefaloide del tendón de Aquiles, secciones tendinosas, extirpación de uña encarnada, amputación de los dedos, amputación del muslo, resecciones óseas, resección parcial de los huesos maxilares superiores, resecciones del maxilar superior, resección de la extremidad inferior del húmero, resección de un segmento de la fosa ilíaca, resección de la tibia, resección de una porción del fémur, resección de fragmento de la clavícula, fracturas, tratamiento de luxaciones, ligaduras de arterias, ligadura de la arteria lingual, ligadura de la arteria femoral, ligadura de la arteria femoral, ligadura de la arteria subclavia, extirpación de la parótida, extracción de una tabla de la glándula parótida, laparotomía por imperforación anal, operaciones ginecológicas y obstétricas, extirpación de pólipos endometriales, intervenciones obstétricas, operaciones en el sistema genitourinario, operaciones en los órganos de los sentidos, operación sobre el seno maxilar, operaciones oftalmológicas, operación de cataratas, operaciones sobre la nariz, operaciones en los labios, operaciones proctológicas, extracción de cuerpos extraños del esófago y operaciones sobre el cráneo,68 entre otras.

Y en relación con trabajos teóricos realizados entre los años 1848 y 1873 con referencia al campo de la medicina local, efectuó el estudio de los estados febriles, estudios sobre la fiebre tifoidea y el tifo exantemático, las fiebres palúdicas, variedades de la fiebre, clasificación de las fiebres perniciosas, estudio de la fiebre de honda y ambalema, las perturbaciones esplénicas y hemáticas, estudio sobre las clorosis y la terapéutica con hierro, estudios farmacológicos sobre el uso del mercurio, estudios sobre la rabia, aplicación de sedales,69 entre otros. Tales investigaciones de Vargas Reyes ampliaron el conocimiento específico para que otros médicos pudieran continuar con el desarrollo de tratamientos patológicos y combatir mejor los males de salud que afectaban a los pueblos latinoamericanos.

 

Hacia una conclusión

Don Antonio María Vargas Reyes ha quedado reconocido en todas las instituciones del campo de la medicina latinoamericana como uno de los científicos que asentaron la medicina en Colombia a mediados del siglo XIX. Los avatares económicos y su vida en general nos hacen pensar que logró superar todas las dificultades que se le presentaron en su anhelo infinito de practicar e investigar sobre temas médicos. Pasó así de la soledad al máximo reconocimiento del presidente de la República Colombiana de su tiempo. Su desempeño profesional no estaba orientado hacia la búsqueda de la riqueza material, sino al saber, a la aplicación de la ciencia médica y para tratar a los enfermos con diferentes procesos de terapias medicamentosas que permitieran salvar más vidas.

Si bien es cierto que sus conocimientos no los desarrolló por completo en el continente iberoamericano, sino en la gran ciudad de París, Francia, el joven ilustre médico, agradecido de lo aprendido, vuelve a tierras bogotanas, y sus nociones de medicina las aplicó exitosamente en diversas ocasiones trágicas del país. Por ejemplo, cuando enfrentó la pandemia de cólera que arremetió en las aldeas más vulnerables de la zona atlántica colombiana. Además, sus conocimientos trascendieron la praxis médica y logró escribir y publicar para los próximos investigadores que estudiaban el campo de la medicina. Así, entre sus obras recordemos La Lanceta (1852) y la Gaceta Médica de Colombia (1864). Ambas tuvieron un impacto muy similar a las publicaciones de Mutis y de Caldas. Por lo tanto podemos definir a don Antonio María Vargas Reyes como un médico científico ilustrado, con una brillante trayectoria práctica en la Colombia de mediados del siglo XIX. Es considerado como uno de los mejores cirujanos de su tiempo, principalmente por las exitosas intervenciones quirúrgicas ya mencionadas. También es recordado por realizar estudios minuciosos con respecto a las patologías que afectaban a las comunidades colombianas de mediados del siglo del progreso; entre éstos se encuentran: Estudio de los estados febriles, Estudios sobre la fiebre tifoidea y el tifus exantemático, Clasificación de la Fiebres perniciosas, Estudio sobre las clorosis y la terapéutica con hierro, sólo por mencionar algunos.

Vargas Reyes también contribuyó en la especialización de la medicina a nivel nacional, gracias a su trabajo en la Escuela de Medicina, contratado por el presidente don Tomás Cipriano de Mosquera. Las disciplinas que atendió el ilustre médico fueron ginecología y obstetricia, farmacología, botánica y química; y en general ejerció todas las ramas quirúrgicas en boga en el siglo XIX, y en las cuales se distinguió como un orador y un destacado profesor de cada una de ellas en esta Escuela de Medicina, que luego se convertiría en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia.

(Este artículo fue publicado primeramente por la revista Thélos de la Universidad Tecnológica Metropolitana, Utem. Nº 10. Santiago de Chile, 2005).

 

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  • Zubiria, R. “Antonio Vargas Reyes y la medicina del siglo XIX en Colombia”. Academia Nacional de Medicina. Colombia, 2002.
    . “Biografía del Dr. Antonio Vargas Reyes, uno de los fundadores de la facultad”. Academia Nacional de Medicina. Colombia, 2002.
Francisco Díaz Céspedes
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Notas

  1. Zubiria, R. “Antonio Vargas Reyes y la medicina del siglo XIX en Colombia”. Academia Nacional de Medicina. Colombia, 2002. “Biografía del Dr. Antonio Vargas Reyes, uno de los fundadores de la facultad”. Academia Nacional de Medicina. Colombia, 2002.
  2. Desde sus inicios el Nuevo Reino de Granada se estableció a lo largo de toda su historia como una complejidad política enunciada frente a los hechos partidarios del quehacer económico y social, cuyas referencias se explican por sí mismas en el gran espacio geográfico que la compone. Primordialmente entre sus dos períodos: el primero corresponde a los años 1550-1718, en el cual presidía la Real Audiencia y era gobernado por un presidente parte del organigrama político del Virreinato del Perú. Empero, a partir de 1718 hasta 1819, los problemas financieros aumentaron, y bajo la sabiduría del rey Felipe V de España se decidió constituir el Virreinato del Nuevo Reino de Granada, cuya capital fue Santafé de Bogotá. A comienzos del siglo XIX, los temas de la geografía abordados por los criollos e ilustrados se publican en el Semanario del Nuevo Reino de Granada, que incluía las preocupaciones de economía, datos de la población, el clima y los recursos naturales. De hecho, un hombre destacado como el Sabio, don Francisco José de Caldas y Tenorio (1768-1816), se perfiló como el profesional más capaz y que dominaba diversas áreas de la ciencia, tales como geografía, botánica, astronomía; era matemático, jurista, periodista, militar, prócer y mártir colombiano. Véase: revista Thélos, Nº 9 (1): 58-78, 2014. Artículo por Francisco Díaz Céspedes en “Francisco José de Caldas y Tenorio: Un criollo científico e ilustrado”, p. 62.
  3. Actualmente, y tras el decreto ley 1644 del 2013, Churalá, por su valioso aporte a las luchas independentistas del siglo XIX, es declarado municipio del departamento de Santander, “Patrimonio Histórico y Cultural de la Nación”. Véase en: http://wsp.presidencia.gov.co/Normativa/Leyes/Documents/2013/LEY.
  4. Cf. Zubiria, R. “Biografía del Dr. Antonio Vargas Reyes, uno de los fundadores de la facultad”. Revista de la Facultad de Medicina. Volumen 36. Nº 1-4. Universidad Nacional de Colombia, 2002; p. 57. Su padre era considerado como el personaje más rico de la región. Su capital ascendía a la suma de $200.000, suma exorbitante en aquellos tiempos. Poseía numerosos campos, llenos de riqueza que le permitían una vida holgada con sus doce hijos.
  5. Cf. Ibídem, p. 57. El hecho de que la hija mayor del matrimonio se hallase casada con don Antonio Fominaya, español y gobernador de la provincia del Socorro, en los aciagos días anteriores a la Independencia, fue funesto para la familia al ser considerada como realista.
  6. Actualmente Suaita es un municipio de Colombia, de la provincia Comunera, perteneciente al departamento de Santander.
  7. Cf. Ibídem, p. 57. De los doce hijos del matrimonio Vargas Reyes, algunos emigraron hacia el Ecuador; desapareciendo por completo del entorno familiar.
  8. Cf. Ibídem, p. 57. Se enteró de que su padre había muerto hacía cuatro años.
  9. Cf. Ibídem, p. 58. La Facultad de Medicina que funcionaba en aquellos años se había instalado el 3 de febrero de 1827. En esa época los jóvenes tenían que escoger entre tres carreras: la teología, la jurisprudencia y la medicina; Antonio optó por la última.
  10. Camacho, R. “Bogotá, en 1849. El libro de Santa Fe”. Ediciones Colombia, 1929. p. 112.
  11. Cf. Ibídem, p. 58. Al estudio de la anatomía dedicó Vargas todo el primer año bajo la dirección de Francisco Quijano; disecó un buen número de cadáveres y al poco tiempo se distinguía por su habilidad en las disecciones.
  12. Cf. Ibídem, p. 58. El Congreso de 1826, a instancias del entonces secretario del Interior, doctor José Manuel Restrepo (Administración del general Santander), creó la Escuela de Medicina. El director de la escuela era el doctor Juan María Pardo, quien había estudiado medicina en el Colegio del Rosario. Vicedirector, doctor Benito Osorio; consiliario, doctor Bernardo Dasté; conjuez, doctor José Félix Merizalde. Como profesores figuraban el doctor Francisco Quijano, discípulo de Gil y Tejada en El Rosario, sucesor de Broc en las cátedras de anatomía y cirugía. Completaban la nómina de profesores los doctores José C. Zapata, Manuel María Quijano y José J. García. En 1833 el doctor José Félix Merizalde abrió el primer curso de medicina legal y el doctor Benito Osorio inició la primera enseñanza de química orgánica. En el mismo año el sabio naturalista doctor Francisco J. Matiz reemplazó en la cátedra de botánica al padre Juan María Céspedes.
  13. Cf. Ibídem, p. 58. Don Rufino J. Cuervo era en su tiempo rector de la casa de estudios.
  14. El día señalado para el grado se presentó donde el portero y, una vez entregada la propina correspondiente, le dijo: “¿Tendría usted inconveniente en escribir en este papel que me cede el valor de sus derechos?”. “No, señor”, contestó el portero, y tomó la pluma y escribió: “Cedo al bachiller Antonio Vargas Reyes los derechos que me corresponden por su grado de doctor. Firmado N. N.”. Véase en Pereira Gamba, Próspero. O.c., p. 20.
  15. Es necesario mencionar que los puestos de gobierno y los grados académicos eran obtenidos mediante las relaciones sociales que componían las clases políticas españolas. Por ejemplo: es el caso de don Sinforoso Mutis Consuegra (1773-1822), “quien tomó parte del movimiento de independencia y contribuyó a combatir al virrey, a quien algunos meses antes le había dedicado una nueva especie vegetal (…); la actitud de Sinforoso frente a la Corona no es muy clara. Una vez establecido el nuevo Estado y sin abandonar sus deberes como botánico de la expedición, se unió al partido centralista de Nariño. Después de la reconquista de Pablo Morillo, fue puesto en prisión y se le ordenó empacar todos los materiales de la expedición. A diferencia de Caldas, Rizo y Carbonel, Sinforoso Mutis no fue ejecutado ni condenado al exilio”. Nieto, M. Historia natural y la apropiación del Nuevo Mundo. Instituto Colombiano de Antropología e Historia. Colombia, 2000. p. 268.
  16. Aquí lo incitaba a trabajar con su pariente común Jorge Vargas Suárez para organizar la campaña de la vacuna contra la viruela durante las epidemias entre 1840 y 1841. En cierta prognosis en el año 1856, fue el primer paso para la creación del Instituto Central de Propagación de la Vacuna.
  17. Entiéndase que la República de Colombia tiene sus inicios en: “Tres naciones extranjeras sirvieron de modelo para la organización del Estado colombiano: Inglaterra, Estados Unidos y Francia. Los criollos colombianos, educados en los elitistas colegios santafereños, bajo los principios filosóficos y teóricos de moda en Europa y Norteamérica, diseñaron el proyecto político que daría lugar a una patria libre y autónoma. Por pretender llegar a ser, se perdió de vista la realidad nacional que hablaba de miseria y analfabetismo, por lo que la adopción de cualquier modelo, por exitoso que éste se mostrara, resultó ajeno e inapropiado”. Véase en: Blanco, J. “Fundamentos ideológicos de la República Colombiana”. Revista Derechos y Valores. Facultad de Derecho de la Universidad Militar Nueva Granada de Bogotá. 24 de octubre de 2005. Extracto general. p. 55.
  18. El presidente José Ignacio de Márquez sancionó una ley que suprimía los conventos católicos que albergaran menos de ocho religiosos, lo que ocasionó una rebelión que causó la primera guerra civil colombiana, entre 1839 y 1842, conocida como la Guerra de los Conventos: es el primer conflicto interno que se produjo en la Colombia independiente. Véase en: Guerrero, M. “El poder del discurso religioso en la guerra de los supremos. Colombia 1837-1842”. Revista Crítica.cl. 28 de octubre de 2011.
  19. Cf. Zubiria, R. “Antonio Vargas Reyes y la medicina del siglo XIX en Colombia”. Academia Nacional de Medicina. Colombia, 2002: “Hija del argentino don José Antonio Miralla y de doña Elvira Zuleta. Don Antonio Vargas Reyes conoció a la señorita Elena Miralla cuando atendió a su madre mientras yacía de una enfermedad grave en 1839, ésta agonizando organizó el matrimonio de su hija, con la única razón de que Elena Miralla no quedara abandonada… Posteriormente se anuló el matrimonio, efectuándose un escándalo social que el ilustre médico tuvo que soportar hasta que partió a Europa”. pp. 172-174.
  20. Cf. Óp. cit. Zubiria, R. “Biografía del Dr. Antonio Vargas Reyes, uno de los fundadores de la facultad”. p. 61.
  21. Ibídem. p. 61.
  22. Ibídem.
  23. Armand Trousseau (1801-1867). Sus principales obras fueron el Traité de thérapeutique et de matière médicale, sobre terapéutica, publicado entre 1836 y 1839, y la Clinique médicale de l’Hôtel-Dieu de Paris, sobre clínica médica, publicada entre 1861 y 1862. Describió el signo de Trousseau, que se produce en la hipocalcemia, y la asociación entre tromboflebitis y cáncer (Síndrome de Trousseau o signo de malignidad de Trousseau). Véase en: Fresquet, J. “Armand Trousseau (1801-1867)”. Instituto de Historia de la Ciencia y Documentación. Universidad de Valencia-CSIC.
  24. Claude Bernard (1813-1878). Sus primeras investigaciones versaron sobre el papel del jugo pancreático: desdoblamiento de las grasas, conversión del almidón en azúcar y acción sobre las proteínas. Luego demostró la función glucogénica del hígado y aisló el glucógeno, demostró su existencia en los músculos y su degradación hasta ácido láctico durante el trabajo muscular, hecho clave para interpretar la contracción muscular como fenómeno energético. Bernard, ya enfermo, se retiró a su casa de Saint Julien, donde escribió su Introduction à l’étude de la médicine expérimentale, aparecida en 1865, una de las obras más importantes en la medicina y que no ha perdido actualidad. En ella formula las bases metodológicas de la medicina experimental y enuncia los principios de la fisiología general. Véase en http://escuela.med.puc.cl/publ/historiamedicina/PositivismoClaudeBernard.html.
  25. Óp. cit. Zubiria, R. “Antonio Vargas Reyes y la medicina del siglo XIX en Colombia”. p. 88.
  26. Don Tomás Cipriano Ignacio María de Mosquera-Figueroa y Arboleda-Salazar desempeñó el cargo de presidente en la República de Nueva Granada entre 1845 y 1849; luego, como presidente de la Confederación Granadina entre 1861 y 1863, y como presidente de los Estados Unidos de Colombia entre 1861 y 1864, y posteriormente como presidente entre 1866 y 1867. Es considerado una de las figuras más importantes de la historia colombiana. Véase en: La vida íntima de Tomás Cipriano de Mosquera, William Lofstrom, Banco de la República, El Áncora Editores, 1996.
  27. Se puede realizar una analogía entre los hechos de Caldas al editar El Semanario, revista científica que accedió a reconocer la autoridad de los Ilustrados, según los principios de política clásica, y de las actitudes morales. Estas corrientes pueden convertirse en el señorío eviterno de lo que les pertenecen por nacimiento del Nuevo Reino de Granada, y ya no de la Corona Española. En sí, este conocimiento conformaría la élite criolla, mediante la prensa y el afianzamiento de su posición política. Véase: revista Thélos, Nº 9 (1), óp. cit.; pp. 69-77.
  28. De abril a octubre de 1852.
  29. De julio de 1864 a diciembre de 1867.
  30. Ubicada actualmente en la avenida Carrera 30, Nº 45-03, Bloque 471. Ciudad Universitaria de Bogotá, Colombia. Bajo la dirección del decano don Ariel Iván Ruiz (2014-2016).
  31. Don Antonio Vargas Villegas, estudiante de medicina al igual que su padre, naufragó en el Océano Atlántico en un viaje de vuelta, por sí solo, a Nueva Granada; mientras que el progenitor permanecía en Francia.
  32. Un modo de exponer los grandes hitos de la medicina en los tiempos modernos se traduce en la explicación de los sucesos históricos, como por ejemplo hacer mención que “el desplazamiento de los grandes centros científicos donde se experimentan nuevos métodos de curación y, de otro lado, la proliferación de publicaciones ya en textos o revistas en donde se consignaban tales adelantos. Es así como aparece la obligada conexión Europa-América y la competencia entre ambos continentes por alcanzar la mejor preparación de quienes intentaban ejercer la profesión hipocrática”. Véase en http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-301355.
  33. Cf. Enrique de la Figuera von Wichmann: “Las enfermedades más frecuentes a principios del siglo XIX y sus tratamientos”. Presidente del Colegio Oficial de Médicos de Zaragoza y médico de familia del Centro de Salud Universitario Delicias Sur. Zaragoza. Entre algunas patologías severas del siglo XIX en Colombia: fiebre amarilla (plaga americana o vómito negro)… tifus exantemático (tabardillo pintado, fiebre de los campamentos)… cólera (Colera morbo)… difteria (garrotillo)… sarampión…. tuberculosis (tisis, consunción, escrófula, mal de Pott, plaga blanca… Viruela… pp. 154-162.
  34. Don José Celestino Mutis y Bosio nació en la ciudad de Cádiz, España, el 6 de abril de 1762, y llegó a tierras neogranadinas en el año 1760 como médico personal del virrey Pedro Messía de la Cerda, y murió en Santafé de Bogotá el 11 de septiembre de 1808. Caldas, F. Artículo necrológico del señor José Celestino Mutis, en Fonnegra, G. Mutis y la Expedición Botánica. Documentos. Bogotá: El Áncora Editores, 1983. pp. 15-20.
  35. Don Francisco José de Caldas y Tenorio nació el 4 de octubre de 1768 en Popayán, ciudad perteneciente al Nuevo Reino de Granada (1718-1819); se destacó como el profesional más capaz de dominar diversas áreas de la ciencia tales como geografía, botánica, astronomía; fue matemático, jurista, periodista, militar, prócer y mártir colombiano. Es, sin lugar a dudas, el pionero del criollismo ilustrado y ejemplo de los próximos científicos y libertadores de América Latina. Cf. revista Thélos, Nº 9 (1), óp. cit.; pp. 64-68.
  36. Cf. Amaya, J. “Mutis y la historia natural española”. En: Mutis y la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada. Comisión Nacional Quinto Centenario. Coordinación Científica: San Pío Alardeen M. del P. Barcelona: Villegas/Lunwerg Editores, 1992. pp. 99-119.
  37. Carlos Linneo, también conocido como Carl von Linné o Carolus Linnaeus, es llamado con frecuencia el padre de la taxonomía. Todavía se usa (aunque con muchos cambios) su sistema para nombrar, ordenar y clasificar los organismos vivos. Véase en http://www.jmarcano.com/biografia/linneo.html.
  38. Cf. Sotos Serrano, C. “Aspectos artísticos de la Real Expedición Botánica de Nueva Granada”. En Mutis y la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada. Comisión Nacional Quinto Centenario. Coordinación Científica: San Pío Alardeen M. del P. Barcelona. Villegas/Lunwerg Editores, 1992. pp. 121-156. También es necesario considerar que “el Jardín botánico de Madrid y el Gabinete de Historia Natural son los más antiguos y principales establecimientos que las ciencias naturales deben en España al movimiento civilizador desarrollado entre nosotros entre la segunda mitad del siglo pasado…”. Véase en Revista de España. Segundo año. “Importancia científica del Jardín Botánico de Madrid”. Tomo VII. Madrid, 1869. p. 122.
  39. Quevedo, E. “José Celestino Mutis y la medicina” en Mutis y la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada. Comisión Nacional Quinto Centenario. Coordinación Científica: San Pío Alardeen M. del P. Barcelona: Villegas/Lunwerg Editores, 1992. pp. 77-97.
  40. Cf. Díaz-Piedrahíta, S. “Mutis, el botánico”. En Mutis y la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada. Comisión Nacional Quinto Centenario. Coordinación Científica: San Pío Alardeen M. del P. Barcelona: Villegas/Lunwerg Editores, 1992. pp. 77-97.
  41. Mutis dedicó mucho tiempo y estudio a la quina. Las virtudes de la planta eran, a juicio de Mutis, diferentes de acuerdo con el color. Véase en Cobo Borda, J. G. José Celestino Mutis, biblioteca y jardín. Bucaramanga: Editorial Sic, 2004. pp. 49-50.
  42. Cf. Fernández, J.; Jiménez, C., y Fonfría, J. “Las quinas de Caldas”. UCM Madrid, IES Santa Teresa de Jesús. Actas VIII Congreso de la Sociedad Española de Historia de las Ciencias y de las Técnicas, 2004. Es necesario hacer mención a que la competencia entre botánicos tenía un trasfondo doble. Por una parte, existían razones de prestigio botánico frente a una confrontación científica, y por otro lado, se establecían intereses económicos. Por ende, la corteza de quina era escasa y, por consiguiente, cara; se multiplicaba de forma considerable su valor desde su extracción en los bosques nublados, y su distribución en las boticas de Europa. p. 563.
  43. Véase en Acero, M. M. “De la viruela y el sistema de salud en Colombia”.
  44. Cf. España, G. José Celestino Mutis, el sabio de la vacuna. Bogotá: Colciencias-Editorial Panamericana; 1998. “El sabio realizó ingentes esfuerzos por vacunar a todos cuantos pudo, pero la epidemia ocasionó muchas muertes. Se calcula que fallecieron 3.000 de las 15.000 personas que habitaban la capital. Una vez hubo pasado, el esfuerzo de la vacunación continuó, y cuando llegó la epidemia de 1802, el número de personas fallecidas fue mucho menor, pues no llegó a más de 300”. pp.16-84.
  45. Caldas, F. “Memoria sobre el estado de las quinas en general y en particular sobre de Loxa”. 1805.
  46. Actualmente Loja es una provincia meridional de la República del Ecuador ubicada en el sur de la Sierra ecuatoriana. Tiene una superficie de 11.026 km². Forma parte de la Región Sur, comprendida también por las provincias de El Oro y Zamora Chinchipe.
  47. El manuscrito de esta obra se encuentra en el Archivo Real Jardín Botánico de Madrid. Archivo de José Celestino Mutis. División III, 62, folios 23-39.
  48. Cf.: revista Thélos, óp. cit.; p. 64.
  49. Valladares Arriagada, H. El traumatismo encéfalo-craneano. Barcelona: Seix y Barral Hnos., S.A.; 1970. In Revista Médica Electrónica. Hospital Provincial Clínico Quirúrgico Docente José R. López. Por Matanzas, T. Rev. Med. Electrón. vol. 33 supl. 7. Matanzas, 2011.
  50. Entre los nobles fundadores se encuentran Louis Marie Michón (1802-1866), Alphonse Robert (1801-1862), Paul Guersant (1800-1872), Adrien Gullerier (1805-1874), Francois Joseph Malgaigne (1806-1865), Rene Marjolin (1812-1895), Gustave Monod (1803-1890), Auguste Widal (De Cassis) (1803-1856), Edouard Chassaignac (1804-1879), Jacques Gilles Maionneuve (1809-1897), Pierre Hugier (1804-1873), Antoine Danyau (1803-1871) y Augusto Nelatón (1807-1873). Óp. cit. Zubiria, R. “Antonio Vargas Reyes y la medicina del siglo XIX en Colombia”. p. 81.
  51. Ibídem. p. 89.
  52. Ibídem. p. 91.
  53. Cf. Alarcón, L. Tesis doctoral “Educación, nación y ciudadanía en el Caribe colombiano durante el período federal, 1857-1886”. Departamento de Historia de la Educación y Educación Comparada, Facultad de Educación, Universidad Nacional de Educación a Distancia. Madrid, 2011. pp. 138-147.
  54. Óp. cit. Zubiria, R. “Antonio Vargas Reyes y la medicina del siglo XIX en Colombia”. pp. 163-164. Acto ocurrido el 7 de mayo de 1864.
  55. Cf. Ibídem. pp. 153-159.
  56. Vargas, A. Gaceta Médica Colombiana. 13 de septiembre de 1864.
  57. Ibídem.
  58. Cf. Gómez, A. Terapéutica científica en Colombia: siglo XIX. Departamento de Microbiología, Facultad de Ciencias, Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, DC. Colombia. Vol. 10-2, 2006. “Posteriormente aparecerían los antipiréticos y analgésicos como la antipirina (1883), la acetofenitidina (1887) y la nitroglicerina (1879)”. p. 91.
  59. Venturini, A. Historia de la anestesia en Sudamérica. Facultad de Medicina de la UBA. Argentina, 2010. 3.
  60. Herrera Pontón, J. Óp. cit. Historia de la anestesia en Colombia. Rev. Colom. Anest. 1974. Nº 2. Art. Nº 7º.
  61. Ibídem. p. 10. Es necesario mencionar que los cirujanos operaban generalmente en los domicilios de los pacientes.
  62. Cf. Vaccarezza, O. A.; Lapunzina, E.: Historia de la cirugía. Actas Primer Congreso Hispanoamericano de la Medicina. Buenos Aires. 1982. pp. 459-464.
  63. Se conserva la ortografía original. Óp. cit. Zubiria, R. “Antonio Vargas Reyes y la medicina del siglo XIX en Colombia”. p. 168.
  64. Ibídem. p. 168.
  65. Ibídem. p. 169.
  66. Peso que consta de 16 adarmes y equivale a 28,7 g. Es una de las 16 partes iguales del peso de la libra, y la del marco de la plata se divide en 8 ochavas. Véase en http://lema.rae.es/drae/?val=onzas.
  67. Cf. Óp. cit. Zubiria, R. “Antonio Vargas Reyes y la medicina del siglo XIX en Colombia”. p. 169.
  68. Cf. Ibídem. pp. 74-103.
  69. Cf. Ibídem. pp. 103-159.
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