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Metacervantes: los niveles de narración y realidad en Don Quijote

• Lunes 23 de abril de 2018
“El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha”, de Miguel de Cervantes SaavedraIlustración: Gustave Doré
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha nos presenta tres niveles narrativos, en el último de los cuales se tienen diégesis paralelas que se subordinan, en importancia narrativa, al segundo nivel, algo que también hace el primero.
Y con un rugido masivo, la quinta pared
se viene abajo y la casa de la ficción cae.
Kate Atkinson, Un dios en ruinas

La monumental novela El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra, es, como es bien sabido, una novela que se adelantó siglos a su época. Contiene entre sus páginas recursos literarios que no volverían a ser vistos en la literatura sino hasta el siglo XIX, o incluso el XX. Hay también recursos que lo predatan por siglos, y que se seguirán usando por siglos más. Uno de estos es el enmarcado narrativo.

La presencia de niveles se hace evidente muy temprano en la novela. El primer narrador, que llamaré Investigador, es el que comienza la novela.

El enmarcado narrativo es la inserción de una historia dentro de otra. Cada una de esas historias, o niveles, como los llama Genette (1983), es una diégesis, del griego antiguo διήγησις (diḗgēsis, “narración, narrativa”). La diégesis principal —que usualmente es de menor importancia— es el marco, mientras que cada una de las historias que se le insertan es una metadiégesis (Pier, 2011). Una historia enmarcada puede tener más de una metadiégesis, ya sea anidadas una dentro de la otra, o paralelas. Generalmente, cuando una narración cuenta con distintos niveles, cada nivel tiene un narrador distinto. No obstante, esto no es una regla absoluta.

Voy a utilizar el término realidad narrativa para significar el plano de existencia en que sucede la historia narrada. Es decir, no la realidad del narrador, sino de lo narrado. El universo en que se sitúa la narración, a falta de un término más claro.

La presencia de niveles se hace evidente muy temprano en la novela. El primer narrador, que llamaré Investigador, es el que comienza la novela: “En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor” (Cervantes, 2015: 27). Narra, como se puede observar, en tercera persona, con algunos momentos en primera persona. Es decir, es un personaje, pero narra la historia de alguien más. Frenk (2013: 24) asegura que “[la voz del narrador] es de una entidad que se basta en sí misma, independiente de su autor”. Interesantemente, aquí ya se puede hablar del inicio de un enmarcado narrativo, pues el Investigador tiene su propia historia que contar:

Estando yo un día en el Alcaná de Toledo, llegó un muchacho a vender unos cartapacios y papeles viejos a un sedero; y como yo soy aficionado a leer aunque sean los papeles rotos de las calles, llevado de esta mi natural inclinación tomé un cartapacio de los que el muchacho y vile con caracteres que conocí ser arábigos (Cervantes, 2015: 85-86).

La narración del Investigador es, aunque no lo parezca, el marco, y la historia de la primera salida del Quijote es la primera metadiégesis. El marco, por lo tanto, es la historia que cuenta el Investigador sobre su lectura y su búsqueda de la historia del Quijote. Al final del capítulo VIII de la Primera parte,1El Quijote de 1605. se nos revela que el narrador había estado leyendo la historia del Quijote escrita por alguien más:

Pero está el daño de todo esto que en este punto y término deja pendiente el autor de esta historia esta batalla, disculpándose que no halló más escrito de estas hazañas de don Quijote, de las que deja referidas. Bien es verdad que el segundo autor de esta obra no quiso creer que tan curiosa historia estuviese entregada a las leyes del olvido, ni que hubiesen sido tan poco curiosos los ingenios de la Mancha (…) (Cervantes, 2015: 83).

Sin embargo, aquí no se introduce a ningún otro narrador. Es decir, sí es el Investigador quien ha narrado todo lo que ya ha sucedido, habiéndolo leído con anterioridad. Sucede lo mismo cuando, más adelante, se introduce el cartapacio en árabe. El autor de este cartapacio es Cide Hamete Benengeli, a quien se le da mayor importancia en la Segunda parte.2El Quijote de 1615. Pero, de nuevo, es el Investigador quien narra, a través de la traducción del “morisco aljamiado”: “En fin, su segunda parte, siguiendo la traducción, comenzaba de esta manera” (Cervantes, 2015: 88). Por el momento, sigue habiendo un solo narrador, contando tanto la historia del marco como la de la metadiégesis.

El Investigador, aunque en casi toda la novela narra en tercera persona la historia de don Quijote, ocasionalmente regresa a su propio discurso, manteniendo aun así la narración: “¡Válame Dios, y cuántas provincias dijo, cuántas naciones nombró, dándole a cada una con maravillosa presteza los atributos que le pertenecían, todo absorto y empapado en lo que había leído en sus libros mentirosos!” (Cervantes, 2015: 160). Es un breve regreso a la primera persona, pero en realidad no sale de narrar la metadiégesis. El momento en que se nos presenta el texto de Cide Hamete es en realidad la única vez en toda la Primera parte en que verdaderamente se sale de narrar el segundo nivel.

Otro ejemplo de un momento en que casi se sale de su narración es el principio del capítulo XXII:

Cuenta Cide Hamete Benengeli, autor arábigo y manchego, en esta gravísima, altisonante, mínima, dulce e imaginada historia, que después que entre el famoso don Quijote de la Mancha y Sancho Panza, su escudero, pasaron aquellas razones que en el fin del capítulo veinte y uno quedan referidas, que don Quijote alzó los ojos y vio que por el camino que llevaba venían hasta doce hombres a pie (…) (Cervantes, 2015: 199).

De nuevo, se sale de la narración, pero sólo por poco tiempo, para recordarnos que fue Cide Hamete el que escribió la historia.

Volviendo al tema de los niveles narrativos, la Primera parte cuenta con varias metadiégesis que son paralelas entre sí, pero que se insertan en el segundo nivel del Investigador. La primera es la historia de Cardenio, en el capítulo XXIV:

—Mi nombre es Cardenio; mi patria, una ciudad de las mejores de esta Andalucía; mi linaje, noble; mis padres, ricos; mi desventura, tanta que la deben de haber llorado mis padres, y sentido mi linaje, sin poderla aliviar con su riqueza, que para remediar desdichas del cielo poco suelen valer los bienes de fortuna (Cervantes, 2015: 224).

Así inicia la historia de Cardenio, y sigue así hasta casi el final del capítulo. Aquí el narrador es Cardenio, en primera persona, y toda su narración está en un bloque uniforme de texto, como un solo diálogo suyo. Antes de que Cardenio pueda terminar su historia, don Quijote lo interrumpe y se regresa al segundo nivel. Esta historia, sin embargo, continúa un par de capítulos más adelante, esta vez en forma de una carta que recita:

Cada día descubro en vos valores que me obligan y fuerzan a que en más os estime; y, así, si quisiéredes sacarme de esta deuda sin ejecutarme en la honra, lo podréis muy bien hacer. Padre tengo, que os conoce y que me quiere bien, el cual, sin forzar mi voluntad, cumplirá la que será justo que vos tengáis, si es que me estimáis como decís y como yo creo (Cervantes, 2015: 263).

Al siguiente capítulo, el nivel narrativo vuelve a anidar una narración, pero esta vez quien narra es Dorotea:

—En esta Andalucía hay un lugar de quien toma título un duque, que le hace uno de los que llaman “grandes” en España. Éste tiene dos hijos: el mayor, heredero de su estado y, al parecer, de sus buenas costumbres; y el menor no sé yo de qué sea heredero, sino de las traiciones de Vellido y de los embustes de Galalón (Cervantes, 2015: 278).

La segunda mención de Cide Hamete no viene de parte del Investigador, sino de Sancho, y es aquí que los niveles narrativos se empiezan a cuestionar.

Tenemos, por ahora, dos metadiégesis paralelas, que se encuentran en el tercer nivel narrativo. La tercera, y la más importante para nuestro análisis —por razones que serán reveladas más adelante—, de las metadiégesis del tercer nivel en la Primera parte, es la novela El curioso impertinente. En el capítulo XXXII, mientras don Quijote duerme, “Y a todo esto dormía don Quijote, y fueron de parecer de no despertalle” (Cervantes, 2015: 321), el cura decide leer El curioso impertinente: “—Pues, de esa manera —dijo el cura—, quiero leerla, por curiosidad siquiera: quizá tendrá alguna de gusto” (Cervantes, 2015: 327).

El siguiente capítulo es tal cual la novela:

En Florencia, ciudad rica y famosa de Italia, en la provincia que llaman Toscana, vivían Anselmo y Lotario, dos caballeros ricos y principales y tan amigos, que, por excelencia y antonomasia, de todos los que los conocían “los dos amigos” eran llamados (Cervantes, 2015: 327).

El curioso impertinente es la última metadiégesis de la Primera parte que es de alguna importancia para este trabajo.

La Segunda parte inicia con una mención directa del texto de Cide Hamete:

Cuenta Cide Hamete Benengeli en la segunda parte de esta historia y tercera salida de don Quijote que el cura y el barbero se estuvieron casi un mes sin verle, por no renovarle y traerle a la memoria las cosas pasadas, pero no por esto dejaron de visitar a su sobrina y a su ama, encargándolas tuviesen cuenta con regalarle, dándole a comer cosas confortativas y apropiadas para el corazón y el celebro, de donde procedía, según buen discurso, toda su mala ventura (Cervantes, 2015: 549).

La segunda mención de Cide Hamete no viene de parte del Investigador, sino de Sancho, y es aquí que los niveles narrativos se empiezan a cuestionar:

(…) que anoche llegó el hijo de Bartolomé Carrasco, que viene de estudiar de Salamanca, hecho bachiller, y yéndole yo a dar la bienvenida me dijo que andaba ya en libros la historia de vuestra merced, con nombre del Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha; y dice que me mientan a mí en ella con mi mismo nombre de Sancho Panza, y a la señora Dulcinea del Toboso, con otras cosas que pasamos nosotros a solas, que me hice cruces de espantado cómo las pudo saber el historiador que las escribió (Cervantes, 2015: 565).

Más adelante, Sancho dice que ese Don Quijote de la Mancha lo escribió nada más y nada menos que “Cide Hamete Berenjena” (Cervantes, 2015: 565). Es muy interesante el hecho de que Cide Hamete Benengeli sea mencionado. Ya antes se había mencionado a Cervantes, en la Primera parte, “Muchos años ha que es grande amigo mío ese Cervantes, y sé que es más versado en desdichas que en versos” (Cervantes, 2015: 68), y ahora se habla de Cide Hamete en ambos niveles del Investigador. Más adelante, cuando hablan con Sansón Carrasco en persona, se comienza a ver una divergencia en las versiones:

—Una de las tachas que ponen a la tal historia —dijo el bachiller— es que su autor puso en ella una novela intitulada El curioso impertinente, no por mala ni por mal razonada sino por no ser de aquel lugar, ni tiene que ver con la historia de su merced del señor don Quijote (Cervantes, 2015: 571).

En la Primera parte, cuando se cuenta El curioso impertinente, don Quijote dormía, pero Sancho no. ¿Por qué, entonces, Sancho no sabe de qué hablan cuando mencionan la novela? Sancho dice que debe haber “mezclado el hideperro berzas con capachos” (Cervantes, 2015: 571). En las notas al pie de la edición que consulté, “mezclar berzas con capachos” es una frase hecha que significa “cosas que no tienen nada que ver” (Cervantes, 2015: 571, nota 26). Es decir, Sancho no recuerda que se haya leído la novela de El curioso impertinente.

Esto podría implicar que hay distintas realidades narrativas anidadas, como sucede con los niveles. La primera realidad, y la más obvia, es la nuestra: la realidad “real”, en que don Miguel de Cervantes escribe el Quijote. En esta realidad no existen Cide Hamete Benengeli ni ningún otro personaje del Quijote. Es en esta realidad que se sitúan los Prólogos. Es Cervantes, el Cervantes real, quien habla en los Prólogos.

La segunda realidad es la del Investigador. Esta realidad sucede dentro de la novela de Cervantes. Aquí existen tanto el Quijote como Cide Hamete, al igual que el Investigador. El Investigador lee los escritos de Cide Hamete sobre un personaje real, que es el Quijote. En esta realidad también existe Cervantes, quien se sabe que escribió La Galatea, pero obviamente no escribió el Quijote, pues éste fue escrito por el historiador arábigo. Durante la aventura de don Quijote, en la venta, no se lee El curioso impertinente. Probablemente don Quijote sí se duerme en la venta, pero mientras duerme, no sucede lo que Cide Hamete narra. No hay que olvidar que este mundo tiene también su propio Alonso Fernández de Avellaneda, quien, también, escribió la segunda parte del Quijote, pero esta vez, obviamente, continuando el de Benengeli: “Por vida de vuestra merced, señor don Jerónimo, que en tanto que traen la cena leamos otro capítulo de la segunda parte de Don Quijote de la Mancha” (Cervantes, 2015: 999).

Cada realidad sucede dentro de la anterior. Es decir, no hay realidades narrativas paralelas en el Quijote, pues la segunda sucede en la novela de Cervantes y la tercera en el libro de Cide Hamete Benengeli.

La tercera realidad, que sucede dentro de la segunda, es la del texto de Cide Hamete Benengeli. En su Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha sí suceden los eventos de la venta. No es, como se trata dentro de la novela de Cervantes, un tratado histórico, sino algo más afín a la novela histórica, pues se toma algunas licencias artísticas; por ejemplo, la adición de escenas que no sucedieron en la segunda realidad. El Quijote de Cide Hamete no es idéntico, o el mismo, que el Quijote de Cervantes. Esto se evidencia en el hecho de que el Investigador, en la novela de Cervantes, se encuentra con el texto de Cide Hamete: “Con esta imaginación, le di priesa que leyese el principio, y haciéndolo así, volviendo de improviso el arábigo en castellano, dijo que decía: Historia de don Quijote de la Mancha, escrita por Cide Hamete Benengeli, historiador arábigo” (Cervantes, 2015: 86). Es importante notar que tiene un título distinto. Es posible también que se haya publicado bajo distintos títulos en árabe y en castellano.

Cada realidad sucede dentro de la anterior. Es decir, no hay realidades narrativas paralelas en el Quijote, pues la segunda sucede en la novela de Cervantes y la tercera en el libro de Cide Hamete Benengeli. Además de esto, el Quijote tiene una pluralidad de narradores, con un marco que no es de gran importancia, en que el Investigador lee y busca la historia del Quijote y una diégesis principal, que es la historia per se de don Quijote. Muchos críticos aseguran que el narrador del marco del Quijote es Cervantes mismo: “(…) no tengo ningún reparo en afirmar que el narrador que abre la historia de las aventuras de don Alonso Quijada o Quijano no es otro que el propio Miguel de Cervantes Saavedra” (Lara Zavala, 2005: 60). Yo no concuerdo. Creo que hay voces distintas en el Prólogo, en el cual sí habla Cervantes, y en el Investigador. Esto también contrasta con lo que dice Maestro: “El prólogo del Quijote de 1605 forma parte de la ficción literaria del conjunto de obra, y presenta al lector real la figura del personaje Narrador” (2002). De nuevo, hay voces diferentes. Cervantes habla en el Prólogo, pero es el Investigador quien narra la novela, y quien habla de sí mismo en el marco.

El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, entonces, nos presenta tres niveles narrativos, en el último de los cuales se tienen diégesis paralelas que se subordinan, en importancia narrativa, al segundo nivel, algo que también hace el primero. La verdadera importancia de estas diégesis paralelas es que nos sugieren que sucede algo extraño con la realidad de la novela. No sólo se nos presentan tres niveles narrativos, sino que se juega con tres niveles distintos de realidad, uno dentro del otro. Realidades que son similares, pero distintas en aspectos clave, como lo son la existencia del propio Quijote como la autoría de la novela de que es personaje. La presencia de diferentes narradores, en situaciones de enmarcado, es algo antiquísimo. Tan antiguo como la literatura misma. Pero el incluir distintos planos de existencia narrativa, y versiones diferentes de la misma historia, es algo muy moderno, incluso para la literatura actual.

 

Referencias

  • Cervantes, Miguel de (2015). Don Quijote de la Mancha. Barcelona: Alfaguara.
  • Frenk, Margit (2013). El imprevisible narrador en el Quijote. En Margit Frenk, Cuatro ensayos sobre el Quijote (pp. 21-36). Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica.
  • Genette, Gérard (1983). Narrative Discourse: An Essay in Method (J. E. Lewin, traductor). Ithaca: Cornell (obra original publicada en 1972).
  • Lara Zavala, Hernán (2005). “¿Quién narra el Quijote?”. Revista Casa del Tiempo, Nº 83, 60-67.
  • Maestro, Jesús G. (2002). “Cide Hamete Benengeli y los narradores del Quijote. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Recuperado el 13 de noviembre de 2016.
  • Pier, John (2011). “Narrative Levels”. The Living Handbook of Narratology.
Akira Ivan Villalpando Medina

Akira Ivan Villalpando Medina

Autor mexicano (Guadalajara, Jalisco, 1995). Estudia Letras Hispánicas en la Universidad de Guadalajara.
Akira Ivan Villalpando Medina

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Notas   [ + ]

1.El Quijote de 1605.
2.El Quijote de 1615.