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Infortunios de Alonso Ramírez: de la lírica a la épica
Convergencias narrativas de un discurso híbrido

• Lunes 18 de febrero de 2019
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Carlos de Sigüenza y Góngora
Carlos de Sigüenza y Góngora (1645-1700).

Resumen

El presente estudio rastrea las distintas instancias narrativas de Infortunios de Alonso Ramírez, texto que incorpora variantes discursivas complejas y diversas donde el predominio narrativo lo asume Alonso Ramírez compartiendo espacio textual en algunas instancias con el autor Carlos de Sigüenza y Góngora. Aquello complejiza la propuesta narrativa del tránsito de la relación que enuncia y de igual modo la instancia o pacto autobiográfico asumido.

La situación autorial se involucra en la obra desde la perspectiva de un sujeto letrado que participa del trazado del infortunado Ramírez para incorporar una voz erudita que sitúa otras facetas e intenciones creativas como es el caso de la estrategia docta que procura conseguir mejoras para su situación por parte de la Corona española e igualmente los estratos retóricos son parte de esos modos de composición de un discurso que contiene lo híbrido en su dimensión de lenguaje.

Infortunios… posicionalmente se delimita como relación, pero no es el sentido unívoco que podría definir su trayecto porque coexisten al ámbito factual otras formas de narración que enmascaran estrategias discursivas que remiten a otros maneras expresivas e instancias hermenéuticas de lectura.

 


 

Existen referencias al modo relatorio en el cuerpo textual de Infortunios… e igualmente como propósito del narrador Alonso Ramírez y del autor Carlos Sigüenza y Góngora para obtener beneficios o mejoras del Rey de España para la situación que ambos exponen en el texto.

Este trabajo indaga en la escritura híbrida y las mixturas diversas de la narración, despejando las posibilidades de considerar a Infortunios… en su dimensión genérica específica. Para ello se analiza el recorrido enunciado donde emerge la textualidad ficcional y las figuras retóricas que acompañan el desplazamiento del texto barroco publicado en 1690, y considerado como novela, libro historiográfico, de viajes o de ficción, o relación.

La hipótesis que organiza el trabajo es que la obra Infortunios… es un texto que enmascara instancias narrativas ficcionales al trazado documental de relación, presentando variantes discursivas híbridas que dan cuenta de formas históricas y ficcionales y figuras retóricas como forma de un lenguaje distintivo para la época y estableciendo con ello el problema de la textualidad del enunciado.

En distintos momentos Infortunios… refiere a su génesis de relación. En una primera definición en el estudio preliminar de justificación de la edición publicada en 1902, el licenciado y capellán del rey Francisco de Ayerra menciona: “El sujeto en el autor de esta relación que para noticia y utilidad común por no tener cosa digna de censura, será muy conveniente que la eternice la prensa” (Sigüenza y Góngora, 23). Luego el texto establece la misma condición pero ahora desde la perspectiva de Alonso Ramírez, quien expresa que el autor Carlos Sigüenza y Góngora:

Compadecido de mis trabajos, no sólo formó esta Relación en que se contienen, sino que me consiguió con la intercesión y súplicas que en mi presencia hizo al Excmo. Sr. Virrey, Decreto para que D. Sebastián de Guzmán y Córdoba, factor veedor y proveedor de las cajas reales me socorriese, como se hizo (Sigüenza y Góngora, 131).

El sentido de la palabra relación en el siglo XVI, de acuerdo al Diccionario de autoridades, es una “narración o informe que se hace de alguna cosa que sucedió”, pero circunscribiendo el término al ámbito específico de relaciones de conquista y colonización, se vincula a un informe o relato solicitado por la Corona española.

La Cédula de Zaragoza de 1533 es la base que regula en detalle el contenido relatorio que se debe enviar hasta la Monarquía de España. En esta cédula fundamentalmente se ordena que se informen los nombres de todas las provincias y poblaciones, que se averigüe cuáles fueron los primeros conquistadores, que se diga cuántas provincias hay pobladas de españoles, que se determine en qué parte hay minas de metales, piedras, pesquería de piedras, que se determine qué tributos podrá dar a la Corona cada encomendero, que se determine qué tierras convendrá reservar para pobladores, que en adelante vayan a Indias y que se regule la justicia y hacienda en las provincias y cabeceras que quedaren en la Corona (Mignolo, 72).

Posteriormente el cuestionario se modifica para procurar obtener mayor información, establecido finalmente por el cronista y cosmógrafo López de Velazco en cincuenta preguntas a las que se ha de dar respuesta.

De acuerdo a esta matriz, existen referencias al modo relatorio en el cuerpo textual de Infortunios… e igualmente como propósito del narrador Alonso Ramírez y del autor Carlos Sigüenza y Góngora para obtener beneficios o mejoras del Rey de España para la situación que ambos exponen en el texto; sin embargo, aquello no pudiese ser leído en la dimensión unívoca porque en el desplazamiento narrativo hay marcas inscritas que constituyen voces de distinta procedencia, conteniendo la dimensión documental que le permite licencia de publicación, posibilitando incorporar (de acuerdo al procedimiento de composición advertido) un registro discursivo que emerge bifurcado y que instala facetas o modos de ficcionalización como forma que interpela el tránsito lector hacia otros márgenes de lectura.

El sentido de la relación no es propiciar entretención en el lector sino proporcionar información específica a la Corona: “Quiero que se entretenga el curioso que esto leyere por algunas horas con las noticias de lo que á mí me causó tribulaciones de muerte por muchos años” (Sigüenza y Góngora, 27). Las formas incorporadas en Infortunios… abarcan otras capas de recorrido hermenéutico y la capa primaria de definición es un aspecto formal para obtener licencia de publicación y desde ahí asumir espacios enmascarados de composición retórica y ficcional que por entonces continuaban prohibidos en América.

Hay consecuencias semánticas en Infortunios… que hacen difícil adscribir la obra en un determinado espacio discursivo.

De acuerdo a la perspectiva que este trabajo propone, Infortunios de Alonso Ramírez no contiene únicamente la forma discursiva de relación, porque subyacen dispositivos de comunicación híbridos que procuran otro tipo de formas e intenciones creativas.

La voz de Alonso Ramírez emerge como el narrador predominante que cuenta sus aventuras durante tres años por distintas ciudades y puertos del mundo donde fue cautivo por piratas ingleses junto a su tripulación a cargo. ¿Es posible preguntarse entonces acerca de Infortunios… como autobiografía? Ciertamente existen huellas documentales de la vida del infortunado hombre puertorriqueño, pero a pesar de contener información relevante de Alonso Ramírez la faceta dada por el autor Sigüenza y Góngora, en su condición de editor, coexiste en el texto ya que la transmisión que llega al erudito mexicano es mediante la oralidad que Ramírez le relata y desde esa forma el autor barroco elabora y reconstruye el texto.

Otra problemática se manifiesta en el narrador, ya que si bien el predominio narrativo lo asume Alonso Ramírez trazando con sus experiencias el recorrido del relato con aventuras de viaje desafortunadas y periplos que lo hacen deambular por múltiples lugares y geografías diversas, esta circunstancia es compartida por el autor Sigüenza y Góngora, quien emerge a momentos en el trazado fundamental para participar del texto, incorporando la posición de una voz narrativa que instala la perspectiva letrada de conocimientos náuticos y geográficos, y de la faceta retórica incorporada, delineando con ello el lugar docto de la escritura que procura hallar en el Rey consideraciones a su condición de erudito barroco.

Lo que hay detrás de una máscara nunca es un rostro. Siempre es otra máscara. Las distintas máscaras son una herramienta, las usas porque te sirven para vivir. No sé qué es eso de la autenticidad. Lo que sé es que la vida es un complejo sistema de enmascaramiento y simulaciones (José Donoso).

Hay consecuencias semánticas en Infortunios… que hacen difícil adscribir la obra en un determinado espacio discursivo porque son distintos los aspectos de narración que subyacen a la dimensión escritural primaria, dando cuenta con ello de la huella barroca de la cual Carlos Sigüenza y Góngora constituye un relieve en Hispanoamérica e Infortunios… un texto representativo del siglo XVII con sus formas retóricas y artificios elocuentes que comparten espacio textual con el sentido de relación y crónica.

En el texto de Connie Janiga “Los Infortunios de Alonso Ramírez. La primera novela moderna en Hispanoamérica”, la investigadora define: “Aunque pienso probar estructuralmente que Infortunios… es novela, será mi intento también negar la visión hasta ahora cultivada de esta obra como documento histórico o como libro de viajes y geografía” (191).

Infortunios… ciertamente contiene formas de ficcionalización como proceder discursivo que procura situar la narración en distintas capas de lectura para constituirse como obra heterogénea, pero a pesar de aquella estrategia de composición no contiene la forma, la estructura ni la génesis de texto ficticio porque no es su modo de representación, su elaboración ni sus propósitos, como sí lo es la novela. Se puede postular que hay dos líneas discursivas que comparten espacio textual en el contenido de Infortunios… y una de ellas es la dimensión ficcional donde convergen varias formas de escrituras, emergiendo hipérboles, metáforas, reiteraciones e incluso un “donosísimo cuento” que en ningún caso podrían configurar a Infortunios… como novela.

La otra línea discursiva claramente definida es la instancia factual de relación y documento que tiene por destinatario la Corona de España.

Cedomil Goic, en La novela hispanoamericana colonial, estudia los distintos modos de elaboración de la novela en el período rastreado y, citando el texto de Wolfgang Kayser Origen y crisis de la novela moderna, desarrolla el concepto estableciendo que “novelas son las narraciones imaginarias que presentan un narrador ficticio y se refieren a un mundo; narraciones que adquieren una forma cerrada cuando acontecimiento, personaje o espacio se constituyen en el plano configurante” (370).

Infortunios… no adscribe a aquella forma narrativa por cuanto Alonso Ramírez existió realmente. Fue un individuo puertorriqueño del siglo XVII que deambuló por distintas costas del mundo con la idea primaria de conseguir mejores expectativas de vida, y a ello se agrega que la obra no es una narración imaginaria y, más bien, los modos y estrategias de composición son para construir dos niveles de enunciación donde las unidades narrativas presentes sustentan la dimensión ficticia y retórica del texto bifurcado.

A juicio de esta investigación, Infortunios… no es un texto unívoco de género y sí “conviven” préstamos poéticos en su configuración, como modalidades de discurso ficticios o verídicos.

Cedomil Goic establece en su investigación que hay obras de carácter histórico “que incurren en el tipo intencional de préstamos poéticos esporádicos cuando, con propósitos de amenidad esencialmente, alteran la situación narrativa real o de escritura, creando una situación narrativa de ficción variadamente elaborada, o bien para mantener una cercanía con el relato oral y extremo, imitan su situación fingiendo una situación autobiográfica” (374).

Al respecto considera que El lazarillo de los ciegos caminantes, de 1773, e Infortunios de Alonso Ramírez, de 1690, constituyen dos modos representativos de ese grupo. El texto de Alonso Carrió de la Vandera como libro de viajes y el de Carlos de Sigüenza y Góngora en su dimensión biográfica.

A juicio de esta investigación, Infortunios… no es un texto unívoco de género y sí “conviven” préstamos poéticos en su configuración como modalidades de discurso ficticios o verídicos donde igualmente los “tratados históricos, religiosos o morales, reciben estos préstamos dictados por normas tradicionales y conveniencias retóricas. Sin que por tal razón sean comprendidas o leídas como novelas” (Goic, 374).

La posición de Connie Janiga de “proponer que los Infortunios de Alonso Ramírez es en efecto una novela” (189) presenta el problema de una lectura errada al forzar la textualidad enunciada hacia espacios hermenéuticos equívocos, por cuanto Infortunios… tiene propósitos concretos de interés en el ámbito relacional, pretendiendo conseguir primeramente que Alonso Ramírez sea considerado como propietario de la embarcación y de los respectivos pertrechos que trae, y a la vez no ser considerado como traidor o antagonista a la Corona.

Alonso Ramírez es ayudado por el autor Sigüenza y Góngora para llegar hasta el virrey y narrar sus experiencias:

el viernes siguiente besé la mano á Su Excelencia y correspondiendo sus cariños afables á su presencia augusta, compadeciéndose primero de mis trabajos y congratulándose de mi libertad con parabienes y plácemes escuchó atento cuanto en la vuelta entera que he dado al mundo queda escrito, y allí solo le insinué á Su Excelencia en compendio breve (Sigüenza y Góngora, 130).

De igual modo, el autor Carlos de Sigüenza y Góngora procura en voz de Ramírez obtener una mejor posición académica, puesto que considera que su trabajo no es a su entender el que merece, debido a su particular condición de “cosmógrafo y catedrático de matemáticas del Rey nuestro señor en la Academia mexicana, y capellán mayor del hospital Real del Amor de Dios” (130).

“El texto producido por la colaboración entre Carlos de Sigüenza y Góngora y Alonso Ramírez en 1690 no fue ficción sino relato basado en las experiencias verdaderas de un marinero puertorriqueño” (López Lázaro, 87). En efecto, Infortunios… como obra controvertida ha sido leída desde distintas apreciaciones hermenéuticas porque su forma múltiple de composición abre espacios de lecturas variadas y, a pesar de la prueba documental hallada por el investigador Fabio López Lázaro (respecto a la correspondencia del virrey y conde de Galve Gaspar de Sandoval Cerda con su hermano), persisten las interpretaciones de Infortunios… como texto de ficción o novela.

La veracidad de la existencia de Alonso Ramírez queda establecida en la siguiente carta de Gaspar de Sandoval Cerda:

Excelentísimo señor, hermano, amigo y señor mío: Acompañan a esta veinte relaciones del viaje que hizo Alonso Ramírez, natural de Puerto Rico, desde las islas Filipinas hasta la provincia de Campeche donde se perdió, que habiéndole mandado viniese a esta corte hice le tomasen declaración de la derrota e infortunios que padeció en tan inaudita navegación hasta estos tiempos, que por ser bien rara y peregrina la remito a Vuestra Excelencia. He hecho se imprima para poder enviar muchos duplicados a V.E. por si gustase repartir entre los amigos, que yo sólo la envío al Marqués de los Vélez, de que doy cuenta a V.E., cuya excelentísima persona guarde Dios muchos años como he menester. México, 1 de julio de 1690. A los pies de V.E. su servidor y mayor amigo, El Conde de Galve (López Lázaro, 100).

Aquello evidencia que Infortunios… no funda su desplazamiento textual en la imaginación del erudito barroco Sigüenza y Góngora sino que es un texto que tiene fundamento histórico en las experiencias “de un verdadero marinero hispano que arribó a las costas de la Nueva España en el otoño de 1689” (López Lázaro, 88).

Las formas líricas asumen una de las capas narrativas. Y es desde la voz de Alonso que esta estrategia discursiva halla el soporte textual de interés del autor Carlos de Sigüenza y Góngora.

La forma de composición es diversa pero es un modo incorporado para completar el proceso de comunicación en el ejercicio lector, haciendo complejo poder establecer en Infortunios… sólo un ámbito de intencionalidad comunicativa y “sin recurrir a los archivos para comprobar su veracidad, sin embargo, es imposible distinguir la verdad o mentira histórica de las imaginaciones ficticias, es decir, los hechos tal y como los relata el testigo ocular de como los imagina un escritor” (López Lázaro, 87), pero a pesar de ello existen marcas que pueden atribuirse a Sigüenza y Góngora, como su posición letrada y sus artilugios retóricos: “Pero siendo pensión de los sucesos humanos interpolarse con el día alegre de la prosperidad, la noche pesada y triste del sinsabor” (Sigüenza y Góngora, 34).

La funcionalidad retórica de esta forma expresiva presenta distintas intenciones comunicantes. Primeramente emerge la expresión lírica que sitúa el estado del hablante en espacios poéticos, por cuanto la forma de la expresión se desvincula del lector destinatario “original” de la relación para acudir a otro tipo de destinatario, ya que el contenido enunciado es funcional a la matriz emotiva, pero esta vez desde un artificio semántico que procura otro referente. De igual modo, las formas líricas asumen una de las capas narrativas. Y es desde la voz de Alonso que esta estrategia discursiva halla el soporte textual de interés del autor Carlos de Sigüenza y Góngora, porque la voz de Alonso Ramírez puede decir aquellas otras narrativas enmascaradas en el texto de predominio histórico pero híbrido: “Lástima es grande el que no corran por el mundo grabadas á punta de diamante en láminas de oro las grandezas magníficas de tan soberbia ciudad” (32). O: “Desengañado en el discurso de mi viaje de que jamás saldría de mi esfera con sentimiento de que muchos con menores fundamentos perfeccionasen las suyas, despedí cuantas ideas me embarazaron la imaginación por algunos años” (Sigüenza y Góngora, 43). Entonces el erudito mexicano “se vale del personaje que le ha de servir de idóneo portavoz” (Arrom, 186) para que la escritura se construya en distintos niveles de comunicación y así elaborar las estrategias discursivas que hacen de Infortunios… un texto barroco relevante.

Regresando a la expresión “el día alegre de la prosperidad (y) la noche pesada y triste del sinsabor”, desde los antagonismos día-noche emerge el sentido de comparación y la noción de los contrarios abre la posibilidad esperanzadora del día, que representa en su variante alegórica la libertad potencial, entendiéndose desde aquella faceta cronológica de visibilidad exterior, y en el entendido de que quienes pudiesen verlos serían navíos expedicionarios de España.

El día igualmente es el lugar donde se ha de estar alerta ante las diversas eventualidades del suceder, en tanto que las horas nocturnas representan la dimensión más cabal del “ser” prisionero, las cadenas, la opresión y el sentido donde no hay existencia exterior, condicionada al alba del día siguiente.

“La noche pesada y triste del sinsabor” es la rutina que contabiliza la cronología y la transición del estado diurno, posible de mejoras, que pasa dando espacio a lo real, a lo tangible de esas horas donde la densidad emotiva hace perder el sentido de esperanza.

La faceta lírica emerge habitual en el texto y por ello el estado de arrobamiento al constatar “las grandezas magníficas de tan soberbia ciudad”, que estremece con ello el espacio emocional de Alonso, y la conmoción producida lo hace querer que otros también pudiesen vivir la experiencia que presenta como única, y por eso la “lástima es grande el que no corran por el mundo grabadas á punta de diamante en láminas de oro las grandezas magníficas de tan soberbia ciudad”.

El verso remite al lenguaje de la imagen, que es una de las apelaciones de la poesía, y la ciudad única que refiere la equipara con un mineral preciado, situando con ello el ejercicio de la comparación y el sentido de hipérbole.

Un significativo pasaje donde la ficcionalización emerge desvinculada del trazado narrativo es cuando en la obra se incorpora un cuento:

No puedo proseguir sin referir un donosísimo cuento que aquí pasó. Sabiéndose, porque yo se lo había dicho á quién lo preguntaba, ser esclavo mío el negrillo Pedro, esperando uno de los que me habían examinado á que estuviese solo, llegándo á mí y echándome los brazos al cuello, me dijo así:

—¿Es posible, amigo y querido paisano mío, que os ven mis ojos? ¡Oh, cuántas veces se me han anegado en lágrimas al acordarme de vos! ¡Quién me dijera que os había de ver en tanta miseria! Abrazadme recio, mitad de mi alma, y dadle gracias á Dios de que esté yo aquí.

Preguntéle quién era y cómo se llamaba, porque de ninguna manera lo conocía. ¿Cómo es eso?, me replicó, cuando no tuvisteis en vuestros primeros años mayor amigo, y para que conozcáis el que todavía soy el que entonces era, sabed que corren voces que sois espía de algún Corsario, y noticiado de ello el gobernador de esta provincia os hará prender, y sin duda alguna os atormentará. Yo por ciertos negocios en que intervengo tengo con su señoría relación estrecha y lo mismo es proponerle yo una cosa que ejecutarla. Bueno será granjearle la voluntad presentándole ese negro, y para ello no será malo el que me hagáis donación de él. Considerad que el peligro en que os veo es en extremo mucho. Guardadme el secreto y mirad por vos, si así no se hace, persuadiéndoos á que no podré redimir vuestra vejación si lo que os propongo, como tan querido y antiguo amigo vuestro, no tiene forma (Sigüenza y Góngora, 122-123).

El encuentro de Alonso Ramírez con un hombre desconocido que le hace creer haber sido su amigo, define la estrategia de engaño presentando la narrativa, la metáfora del engaño y simulación que por entonces viven los criollos a través del sentido de despojo de derechos y posibilidades de autonomía social al ser sometidos, entre otras cosas, al sistema de tributos y las libertades mínimas de ordenanzas donde también direccionaban la faceta cultural, y lo que podía o no ser leído en territorio colonial era delimitado por las autoridades.

Alonso Ramírez continúa su sacrificio bajo dominio inglés, escogiendo aquella vía al sometimiento de los moros.

Tras el encuentro de Alonso con el desconocido, expresa: “No soy tan simple, le respondí, que no reconozca ser Vmd. un grande embustero y que puede dar lecciones de robar á los mayores corsarios. A quien me regalare con trescientos reales de á ocho que vale, le regalaré con mi negro, y vaya con Dios” (Sigüenza y Góngora, 122-123). Al infortunado Ramírez entonces le hacen saber que las posiciones que tiene a su haber no son de él, y condicionando y limitando su trayecto le indican “que debajo de graves penas no saliese de la villa para las playas, porque la embarcación y cuánto en ella venía pertenecía á la cruzada” (125).

Otro momento ficcional se presenta cuando los corsarios ingleses le dan a Alfonso Ramírez la posibilidad de liberarlo en una isla, “pero considerando la barbaridad de los negros moros que allí vivían, hincado de rodillas y besándole los pies con gran rendimiento, después de reconvenirles con lo mucho que les había servido y ofreciéndome a asistirles en su viaje como si fuese esclavo, conseguí el que me llevasen consigo” (Sigüenza y Góngora, 70); además del componente ficcional y el sentido de hipérbole del actuar de Alonso, que ha padecido todo tipo de tormentos por los ingleses corsarios, resultando al menos dudoso que no quiera acceder a la liberación y seguir cautivo en manos piratas con la incertidumbre continua de poder morir en cualquier momento.

El hablante continúa en la forma hiperbólica con mayor énfasis y sarcasmo:

Agradecí les la merced, y haciendo refleja á las obligaciones con que nací, les respondí con afectada humildad el que más me acomodaba á servirlos á ellos que á pelear con otros, por ser grande el temor que les tenía á las balas, tratándome de español cobarde y gallina, y por eso indigno de estar en su compañía, que me honrara y valiera mucho, no me instaron más (Sigüenza y Góngora, 70).

Para el capitán de la tripulación a cargo de veinticinco hombres resulta impensado y extraño temer el enfrentamiento y no asumir el rol que lo convoca, porque necesariamente la posibilidad beligerante condiciona el espacio de desplazamiento donde enfrentar a otras embarcaciones es habitual, toda vez que el siglo XVI es una época en que ingleses, franceses y holandeses disputan el predominio marítimo de España en América.

La ironía se posiciona en este fragmento para incorporar además la idea de pertenencia al imperio hispano como súbdito criollo que asume el sentido posicional de no caer cautivo en manos de quienes fueron los antagonistas conquistadores de los españoles durante siglos. Por ello Alonso Ramírez continúa su sacrificio bajo dominio inglés, escogiendo aquella vía al sometimiento de los moros, circunstancia que igualmente se presenta como la alegoría del cautivo Ramírez vivida ahora en manos de los ingleses, al igual que España por parte de los moros durante siglos.

Otro de los rasgos relevantes en Alonso Ramírez son las huellas psicológicas presentes, debido a que es un personaje que cambia en el transcurso narrativo. La personalidad del infortunado hombre puertorriqueño no se mantiene estable y sus circunstancias internas se desarrollan progresivamente. Las marcas del editor Sigüenza y Góngora quedan manifiestas en la construcción de Alonso Ramírez en tanto personaje. La dimensión psicológica de Alonso va modificando su forma de pensamiento, propiciando en su “ser” complejidades que no son propias de un individuo con las características de Ramírez: “Alabo á cuantos, aun con riesgo de la vida, solicitan la libertad, por ser sola ella la que merece, aun entre animales brutos, la estimación” (Sigüenza y Góngora, 76).

La forma de expresión “filosófica” enunciada no podría vincularse a una proposición discursiva del hablante Ramírez y sí a la estrategia ficcional de la técnica narrativa del autor-editor Sigüenza y Góngora. En la misma concepción discursiva, tras ser liberados expresa que “con un regocijo nunca esperado suele de ordinario embarazarse el discurso, y pareciéndonos sueño lo que pasaba, se necesitó de mucha reflexa para creernos libres” (Sigüenza y Góngora, 76).

El desarrollo psicológico del personaje Alonso Ramírez modifica su personalidad. Inicialmente la perspectiva idealista lo motiva a viajar en búsqueda de mejores oportunidades ya que la condición de pobreza en la que vivía en San Juan de Puerto Rico propicia su desplazamiento, procurando hallar un trabajo que le brinde opciones favorables de vida.

Cuando refiere a su contexto familiar, Alonso Ramírez define sus circunstancias de origen y el oficio de su progenitor supuestamente andaluz:

Era mi padre carpintero de ribera, é impúsome (en cuanto permitía la edad) al propio ejercicio, pero reconociendo no ser continua la fábrica y temiéndome no vivir siempre, por esta causa, con las incomodidades que aunque muchacho me hacían fuerza determiné hurtarle el cuerpo á mi misma patria para buscar en las ajenas más conveniencia (Sigüenza y Góngora, 30).

Luego, al referir a su madre, informa: “Y sé muy bien haber nacido mi madre en la misma ciudad de Puerto Rico y es su nombre Ana Ramírez, á cuya cristiandad le debí en mi niñez lo que los pobres solo le pueden dar a sus hijos que son consejos para inclinarlos á la virtud” (Sigüenza y Góngora, 29-30). Y es así como a los trece años el capitán Juan de Corcho lo incorpora a su tripulación como paje, iniciando una vida activa que lo va a llevar a desempeñar oficios varios para sobrevivir.

Alonso Ramírez vive muchas situaciones desfavorables hasta conseguir un avance significativo considerando su condición anterior.

Instalado en México cree que sus posibilidades sí le serán favorables, y desde otra variante retórica emerge el sentido de hipérbole, “aplicándome á servir á un carpintero para granjear el sustento en el ínterin que se me ofrecía otro modo para ser rico”.

Aquellas instancias cotidianas hacen que el marinero de San Juan de Puerto Rico se desplace a distintos lugares y, en lugar de hallar estabilidad y buen pasatiempo, las circunstancias hostiles acompañan su trazado habitual; tras tomar conocimiento del cargo de corregidor obtenido por un pariente de su madre en la ciudad de Huasca, se dirige hasta ahí con la idea de obtener “por lo menos alguna mano para subir un poco” (28), pero al acudir hasta la ciudad mexicana para contactar a Luis Ramírez, su expectativa de asumir algún cargo es abortada ya que, como expresa, “conseguí después de un viaje de ochenta leguas el que negándome con muy malas palabras el parentesco, tuviese necesidad de valerme de los extraños por no poder sufrir despegos sensibilísimos por no esperados” (Sigüenza y Góngora, 33).

Alonso Ramírez, en trance límite de su condición precaria y errante, y con la incertidumbre de no poder cubrir sus necesidades mínimas, decide que su nuevo destino es Filipinas. Para ello maximaliza su idea al punto de que considera posible toda opción para llegar hasta ahí: “Desesperé entonces de poder ser algo, y hallándome en el tribunal de mi propia conciencia, no solo acusado, sino convencido de inútil, quise darme por pena de este delito la que se da en México á los que son delincuentes, que es enviarlos desterrados á las Filipinas. Pasé, pues, á ellas en el galeón Santa Rosa” (37).

Alonso Ramírez vive muchas situaciones desfavorables hasta conseguir un avance significativo considerando su condición anterior. Es investido capitán de navío en la expedición que debe ir en la búsqueda de pertrechos y bastimentos para la tripulación, y es así como a cargo de una veintena de hombres zarpa para obtener los elementos de carencia, donde finalmente son tomados prisioneros por los corsarios ingleses que por entonces disputaban el predominio marítimo de la Corona española.

El siglo XVII es una época de apogeo mercantil. Las rutas oceánicas que han sido navegadas por distintos exploradores posibilitan que las mercancías sean desplazadas entre Europa y Asia y América. En este contexto incorporarse a algún navío era una de las posibilidades consideradas para viajar a América. Alfonso de Ramírez enfatiza en esta práctica de antaño: “¿Cuántos desde la antigua navegan sedientos a la Nueva España?” (Sigüenza y Góngora, 28) para hallar riquezas, piedras, oro o distintas mercancías de valor.

La subjetividad de este documento, cuya matriz histórica se mezcla con el relato fundado en la memoria del infortunado hombre, ha llevado a algunos críticos a postular como “novela” esta obra. Infortunios… en ningún caso podría ser vinculada a ese género literario porque el manuscrito remite al espacio histórico y de manera formal adquiere esta categoría en dos instancias correlacionadas. La primera es la dedicatoria de los Infortunios… a Gaspar de Sandoval Cerda, conde de Galve, virrey, gobernador y capitán general de la Nueva España, y la otra instancia es cuando éste autoriza la publicación de este libro luego de la censura previa.

La narración de todas estas experiencias revela un progreso en la caracterización psicológica de Ramírez, lo cual culmina al final de la obra cuando él habla con el virrey. Ya se ve hombre experimentado y sufrido, que siente la necesidad de comunicarle al publico sus aventuras (Janiga, 195).

“La obra propone ser un reporte de testigo presencial y el tono conversacional, oral, en primera persona, lo refuerza. Se revelan los hechos, los sufrimientos y la personalidad de Ramírez en un tono tan personal que hace que el lector se acerque más al texto” (Janiga, 196). Texto en el cual Alonso Ramírez adquiere cambios significativos, como es el caso de acceder a la propiedad de un esclavo o rango de capitán de embarcación, consiguiendo con ello algún avance a su desplazamiento desdichado, donde finalmente obtiene la liberación y algunos logros buscados desde que salió en primer viaje desde Puerto Rico.

La historia y la situación contextual de Alonso Ramírez posibilita espacios para la digresión y fundamentalmente para las inserciones o intersticios ficcionales.

La dimensión épica del personaje y narrador Alonso Ramírez se funda inicialmente en el sentido de sus hechos históricos, que deslindan en las fronteras ficticias de su actuar porque no todas sus acciones son verídicas, y las formas de verosimilitud contienen espacios de interpretación múltiple, configurándose en ese trayecto las variantes narrativas donde el marinero puertorriqueño, a través de su peregrinación católica, establece un tipo de héroe que a pesar de todas las circunstancias hostiles emerge enarbolando una posición criolla que aún no se desvincula totalmente de la Corona, pertenece a ella criticando algunos de sus idearios pero comparte aquella relevante idea de la cruz donde el sujeto peregrino de fe ha vivido, sufrido y soportado todas las condiciones de sufrimiento posible en concordancia con la vida de Jesucristo.

El final de trayecto de Alonso Ramírez es hacia los dominios de la Corona española. En esas zonas el narrador de Puerto Rico contiene parte importante de su identidad, donde la pertenencia como sujeto criollo no logra desvincularse del proyecto colonial hispano y únicamente hay instancias críticas pero que no constituyen antagonismos ni formas de desprendimiento del sistema impuesto. Lo que hay en el desarrollo de Ramírez es la condición hibrida de un acontecer que va de lo real a lo ficticio, constituyendo sus desplazamientos de viaje, donde las virtudes del buen cristiano finalmente logran el efecto virtuoso de pasar todas las “pruebas” situadas en el camino dificultoso.

 

Conclusión

Infortunios… es un texto “moderno” para el siglo XVII. La técnica de las formas desplegadas por Carlos de Sigüenza y Góngora es una estrategia de composición asumida debido a la condición del texto donde la variante oral del personaje narrador Alonso Ramírez permite al autor construir formas de narración y figuras retóricas en desplazamiento porque el texto de matriz histórica presenta complejidades y yerros hermenéuticos como es el caso de circunscribir el libro al ámbito de la novela.

La historia y la situación contextual de Alonso Ramírez posibilita espacios para la digresión y fundamentalmente para las inserciones o intersticios ficcionales debido a la vida asombrosa del hablante Ramírez durante tres años, en los que las situaciones limítrofes, maximalistas, curiosas, complejas y hostiles acompañaron el trazado del narrador oral. El imaginario de aventuras de la época entonces lleva a la confusión del texto, creyendo que éste, en su continuum lingüístico ficcional, a la vez que permite situar estos modos de lenguaje que apelan al lector, al lector otro que debe escudriñar entre capas las distintas circunstancias narrativas propuestas ya por el autor-editor Sigüenza y Góngora como formas de un discurso híbrido.

La textualidad de Infortunios… contiene aquellas facetas enmascaradas primeramente porque el modo de representación abre el espacio para que aquello se produzca, porque por entonces la prohibición en América de la construcción de obras de ficción continuaba y porque el autor Sigüenza y Góngora considera que a través de la narración, a momentos alternada, puede desarrollar sus distintas técnicas letradas y formas retóricas que amplían el registro protocolar de la formal relación. El sentido lírico es uno de los rasgos que emergen del texto con bastante decisión, y desde otra instancia el sentido épico da cuenta de un hombre puertorriqueño que en “peregrinatio” deambuló por distintas costas y tierras del mundo y la instancia de la fe acompañó su trayecto, fue en toda instancia un buen cristiano y devoto de la Virgen y aun en los momentos más extremos reniega de Dios y únicamente se mantiene inalterable su creencia.

Es una obra singular de las letras coloniales por su composición y tratamiento temático, donde la complejidad del libro maneja con buen registro los elementos históricos y los usos retóricos del texto. “Hay, pues, un sutil juego de relaciones mutuas entre un ‘yo’ y un ‘él’ narrativos, que alternativamente se desplazan y contraponen o, por mejor decir, que van sustituyendo el uno al otro” (Arrom, 179).

 

Bibliografía

  • Anadon, José. “En torno a los .. de Sigüenza y Góngora”. Historiografía literaria de América Colonial. Santiago de Chile: Ediciones PUCCH, 1988. pp. 175-196.
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Mauricio Rojas Hess

Escritor chileno (Santiago, 1978). Candidato a Magister en Literatura Latinoamericana y Chilena en la Universidad de Santiago de Chile y licenciado en Comunicación Social, periodista, escritor e investigador de literatura y dramaturgia latinoamericana. He publicado los poemarios Bosquejo microscópico y Cenizas semánticas, además del libro de cuentos De buena cepa. Textos suyos han sido publicados en Artematriz y Crítica.cl.
Mauricio Rojas Hess

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