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Metapoesía y memoria en “La llave que nadie ha perdido”, de Elicura Chihuailaf
Bosquejo de una escritura

lunes 27 de julio de 2020
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Elicura Chihuailaf
La poesía, nos dice Chihuailaf, habita en cada trazo dado por su etnia mapuche, en el paisaje y en la temporalidad diversa. Fotografía: Periódico Fewla
En la poesía el hombre se une a los fundamentos de su existencia.
Ser humano es ser una conversación.
Martin Heidegger

Uno de los pilares de la poesía mapuche del siglo XX es el que ha establecido Elicura Chihuailaf (1952), poeta que incorpora un proyecto escritural significativo en las letras hispanas, a través de un discurso poético en variante bilingüe: mapudungún y español.

“La llave que nadie ha perdido” pertenece a su tercer poemario, De sueños azules y contrasueños, publicado en 1995. En este poema el autor expone una reflexión metapoética, y también dialoga con la memoria cultural de su etnia mapuche.

Es en la poesía donde el hablante lírico halla conexión inmediata con su origen.

El proceso de configuración de la identidad mapuche se funda sobre la constatación crítica que el poeta determina acerca de la identidad de su pueblo, constantemente tensionado y oprimido por invasores españoles, o chilenos, según sea el período histórico en cuestión.

La apropiación territorial de la sociedad dominante ha fracturado la esencia cultural del ciudadano mapuche, impidiéndole establecer su propia forma identitaria y social. Es por ello que para el poeta resulte imperioso reconstruir en sus versos parte de su historia fragmentada:

La poesía no sirve para nada, me dicen
Y en el bosque los árboles se acarician
con sus raíces azules y agitan sus ramas
el aire saludando con pájaros la Cruz del sur

Es en la poesía donde el hablante lírico halla conexión inmediata con su origen. La palabra es la raíz de encuentro con su entorno primario, con su semántica existencial, desde donde fluyen las aguas que conforman el canto de la “llave” viva.

La poesía habita el lugar de los elementos naturales, es la conexión del hablante con su memoria y sus experiencias vinculadas a la naturaleza, junto a los árboles y animales silvestres, junto a los espacios rurales de su infancia, donde ha podido entender que la expresión de la naturaleza está adherida a sus intrínsecas composiciones versales.

La actitud lírica origina una indagación en el tiempo pasado, en los recuerdos, para apropiarse de él. El poeta no deja atrás el tiempo pasado, sino que lo sintetiza, explora y profundiza en su significado para él mismo y su entorno. Esta actitud repercute en la estructuración y la formulación lingüística del texto lírico. No es dinámico ni prolijo sino estático y breve. El lenguaje lírico destaca por su capacidad connotativa, que se debe en primer lugar a la subjetividad y complejidad de las vivencias que expresa y las siguientes dificultades de plasmarlas en palabras.1

La memoria es una impronta presente en el enunciado, es la pertenencia del “ser” mapuche, pero no en oposición a la cultura chilena sino como un espacio de comunicación intercultural. Es el espacio genuino de los habitantes de esta etnia y que consideran relevante la conservación de sus tradiciones y formas cotidianas de vida, como es el caso de la Cruz del Sur, que representa, en la tradición mapuche, el rastro o la huella del choike o ñandú, uno de sus animales sagrados.

En la cosmogonía mapuche el color azul tiene una connotación religiosa, mágica; representa lo superior y la divinidad. En el azul hay bienestar, abundancia, hay una situación de equilibrio.

En los versos que prosiguen el emisor incorpora otra voz. Su lexía abre un desplazamiento crítico hacia la historia de su pueblo mutilado por el colonizador; que ha querido borrar en lo más profundo las matrices de su etnia. El texto denuncia el genocidio que han padecido por siglos los habitantes mapuches y la imposición forzada de reemplazar su ideario cultural, lingüístico y cosmológico, por el del invasor foráneo:

La poesía es el hondo susurro
de los asesinados
el rumor de hojas en el otoño
la tristeza por el muchacho
que conserva la lengua
pero ha perdido el alma

La poesía es voz de aquellos silenciados, voz de la etnia mapuche y sus condicionantes adversas. El silencio histórico es lo que el poeta testimonia; años y siglos sintetizan los versos de la voz acallada y mutilada de tanto tiempo, y que haya espacio contemporáneo en esta lírica portadora de un mensaje humano, humanista.

La tristeza del muchacho que conserva su lengua originaria es la resistencia al pensamiento unidimensional. Su lengua ha sido confinada a los espacios privados, a los espacios de intimidad en las moradas de las familias mapuches.

Este dialecto debe emplearse de forma clandestina, es una voz para ser comunicada en voz baja y oculta, porque no es una lengua permitida en la esfera social del invasor. Es una lengua del silencio, y es cierto que el muchacho ha conservado su lengua madre, pero le han arrebatado su ser, su sentido y forma de habitar la tierra; le han arrebatado su forma de vida, su genuina voz de pertenencia a la geografía propia, el mundo interior subyugado por la cultura hegemónica que ha rasgado su verdadero “ropaje”. Su identidad espiritual, su distinción entre otros que le han situado en una posición vertical de relación humana.

La sociedad hegemónica ha impuesto su ideario por todos los medios posibles, queriendo incluso borrar los dispositivos lingüísticos de estos habitantes, que no lo permitieron, por cuanto en los espacios de intimidad continuaron articulando su lengua madre.

La poesía, al igual que la naturaleza, es un principio creador.

La actitud del hablante lírico asume la indagación temporal de su historia fragmentada por la invasión de su pueblo. El poeta visibiliza en su voz híbrida el contenido del ideario mapuche, ejerce la crítica, pero también evoca los dolores y las variadas formas opresivas que accionaron contra ellos los invasores de la cultura dominante.

Relevar la memoria colectiva e interpelar al pueblo chileno —por la imposición de su cultura— es un fundamento que establece, al igual que inscribir en el imaginario poético sus propias formas coloquiales a través de los bosques evocados, las raíces azules, el rumor de las hojas en otoño o el rastro de la Cruz del Sur.

Otra faz considerada en la composición de Chihuailaf es la perspectiva de la palabra. La poesía, en tanto forma de lenguaje que pertenece a niveles distintivos de significación, encuentra convergencia cabal en los estratos de la naturaleza. La poesía, al igual que la naturaleza, es un principio creador, un principio en el cual el poeta halla perfecta comunión creativa desde donde deviene el origen de una nueva voz que emerge mediante esta “llave” abierta:

De esta manera, el proyecto de Chihuailaf integra una perspectiva sobre la poesía, la palabra y la literatura como un ámbito compartido, donde su acceso es la posibilidad de toda la comunidad cultural, lugar donde también reside el poeta; así, el lenguaje como actividad poética y cultural es ancestral y se encuentra fundado en esta memoria cultural, permitiendo, por una parte, el reencuentro con la cultura ancestral, y, por otra, colaborando al proceso de resistencia cultural.2

Otro estrato semántico registrado por el autor es su reflexión metapoética. En ella asume una posición rotunda respecto a la poesía, la cual entiende como una forma primigenia presente en todo lo existente. En todos los estratos humanos habita la poesía, conteniendo la unidad de existencia y esencia, de ser y de devenir que permite comprender la totalidad de lo existente.

La poesía, nos dice Chihuailaf, habita en cada trazo dado por su etnia mapuche, en el paisaje y en la temporalidad diversa. Además es presencia ilimitada e insustituible que convoca, es un diálogo constante con lo vivo, es una matriz de sentido, de desplazamiento y creación.3

Iniciando con los versos de su “arte poética” nos enuncia con extrañeza, distancia e ironía de otras voces que han dicho que “la poesía no sirve para nada”.

Para él, la poesía es pertenencia, es origen, existencia, y es la forma primaria que tuvo el hombre para comunicarse con los estratos indecibles que conforman lo viviente. La poesía es, igualmente, consecuencia propia, es un lenguaje que trasciende al verso funcional utilitarista.

El poeta interpela a Vicente Huidobro, porque si para Huidobro la poesía es una llave totalizante, para Chihuailaf la “llave” es una presencia habitual en su contexto y mundo, presencia que habita en las variadas circunstancias coloquiales, naturales:

La poesía, la poesía es un gesto,
un sueño, el paisaje
tus ojos y mis ojos, muchacha
oídos corazón, la misma música

La voz del poeta mapuche reitera la valorización de la poesía oral, transmitida de los antepasados.

El poeta afirma su posición, resemantiza el sentido de la poesía, su propia conceptualización lírica despliega en la metáfora de la llave, invirtiendo el sentido de creación total de Huidobro para situar la llave comunitaria. Surgida de una voz cultural donde existe el respaldo de una tradición ancestral que se contrapone a la aspiración fundacional de la poética centrada en el sujeto individual. Esta llave simboliza la cotidianeidad de los acontecimientos, reemplazando la función egotista de la palabra poética occidental por la función solitaria y comunitaria de ésta.4

Los últimos versos registran la voz del hablante que acentúa la ceguera de algo que siempre permaneció ahí vivamente al alcance de todos:

Y no digo más, porque nadie encontrará
la llave que nadie ha perdido
Y poesía es el canto de mis Antepasados
el día de invierno que arde
y apaga esta melancolía tan personal

La llave no se halla extraviada sino que ha sido desatendida, no ha sido visualizada porque el sentido está situado en otro tipo de trayectos. La voz del poeta mapuche reitera la valorización de la poesía oral, transmitida de los antepasados, presente desde tiempos inmemoriales como una huella imperecedera que le insta al canto.

“La llave que nadie ha perdido” considera la variante de lenguaje como la dualidad de referir a la cultura propia, a los ámbitos de la memoria cultural, que denotan en la versificación un espacio de vivencia del ser mismo. Habla desde y con los antepasados, reflexiona en los modos de transmisión cultural que le han sido legados porque también ha sido partícipe de esta cosmovisión, de sus símbolos, ritos y ceremonias coloquiales.

Otra forma presente en el texto es la reflexión y el registro que el poeta desarrolla acerca del lenguaje peculiar que constituye la poesía. Escudriñar en la “fragua” que es la poesía, su naturaleza, su origen y sus circunstancias tan diversas que le posibilitan estar en la existencia humana desde tiempos inmemoriales.

 

Referencias

Mauricio Rojas Hess

Notas

  1. Spang, Kurt. El arte de la literatura: otra teoría de la literatura. Navarra: Ediciones Universidad de Navarra, 2009: 149-150.
  2. García Barrera, Mabel. “Entre-textos: la dimensión dialógica e intercultural del discurso poético mapuche”. Santiago: Revista Chilena de Literatura, 2008: 60.
  3. Godoy, Carmen. “En el bosque de la memoria: identidad mapuche y escritura en dos obras de Elicura Chihuailaf”. San Pedro de Atacama: Estudios Atacameños, 2003: 301.
  4. García Barrera, Mabel. “Entre-textos: la dimensión dialógica e intercultural del discurso poético mapuche”. Santiago: Revista Chilena de Literatura, 2008: 58.