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El principio analema

lunes 23 de noviembre de 2020
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El principio analema, por Salvador Montoya
Cruzar analemas es recorrer como el sol las narrativas antiguas más contemporáneas y marcar la vida terrenal con esa luz. Fotografía: Politikaner
A Miguel Antonio Guevara, por su piratería hipertextual
A Roshandry, belleza pirata
Una de nuestras grandes bendiciones históricas: nuestra capacidad de piratear la historia.
José Ignacio Cabrujas, dramaturgo venezolano
Quien no aprende de sus enemigos está condenado a soportarlos. Durante siglos hemos padecido las lecciones de los piratas. Meditemos sobre sus enseñanzas.
Luis Britto García

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La anécdota la cuenta nada más y nada menos que uno de los más grandes padres de la Iglesia cristiana, san Agustín, en su clásico La ciudad de Dios. Han hecho prisionero a un pirata y éste comparece de frente a Alejandro Magno. “El rey en persona le preguntó: ‘¿Qué te parece tener el mar sometido al pillaje?’. ‘Lo mismo que a ti —respondió— el tener el mundo entero. Sólo que a mí, como trabajo en una ruin galera, me llaman bandido, y a ti, por hacerlo con toda una flota, te llaman emperador’” (san Agustín, La ciudad de Dios, libro IV, capítulo IV). La naturaleza de la piratería ha forjado, entonces, el (des)orden de nuestro mundo. Ya me decía Miguel Antonio Guevara: “La columna vertebral de la piratería es piratear. Y en piratear hay muchas cosas, como por ejemplo: falsear, hacer parecer algo que no es… La piratería es un tema muy importante, porque sin piratería, por ejemplo, no hay Manifiesto comunista. Sin piratería no hay discos quemados o una versión de WhatsApp instalada en un teléfono viejo y así. Piratear es un software. Porque el hardware es el mismo, el cuerpo”. Es decir, la naturaleza de la piratería es un sistema operativo de la psique civilizatoria. En otras palabras, una persona como una nación se redime y alcanza su máximo desarrollo al forjarse una cierta conciencia pirata.

 

Amador Savater propone una filosofía pirata y así reapropiarse de la capacidad de plantear problemas e inventar respuestas.

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Epistemología pirata (tipo Guevara): descubro quién soy en la medida que ejerzo el software que duplica el sistema y luego lo altera/lo ponen en jaque para su fin o para un nuevo comienzo.

 

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Ahora bien, crear ese corpus de superación requiere un tour de force inevitable: ir desde las catástrofes a los futuros (novena tesis de Walter Benjamin), develar opresiones (como lo demuestra Mark Lombardi con sus estructuras narrativas-red) y cruzar analemas (hacer el recorrido por las narrativas antiguas más contemporáneas).

 

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Amador Savater propone una filosofía pirata y así reapropiarse de la capacidad de plantear problemas e inventar respuestas, ya que la práctica del pensamiento se ha vuelto esclerótica, abstracta y vacía. Porque un hecho de la piratería es que retaron al Estado y a sus acomodados monopolios de poder, de comercio y de pensamiento. Por su parte, Hakim Bey, en su demoledor texto Utopías piratas, revisa esos microcosmos creados por estos marinos guerreros y cómo este tipo de sociedades marginales nos enseñan caminos vedados por la vorágine neoliberal. Es un texto más que anarquista, es una propuesta pirata de liberación diaria. También el escritor venezolano Luis Britto García, en su novela Pirata, demuestra con su mestizo Hugh Godwin la búsqueda de la resistencia cultural del Caribe ante los atropellos de los imperios. Por ello, al final de la novela afirma: “El Victorie (…) ha sido hundido repetidas veces, pero nosotros, la morralla libertaria, al repartirnos cada vez que capturamos un nuevo barco, hacemos que no haya un solo mar sin un Victorie ni un solo océano donde no esté naciendo otro”. La piratería es el arte de la esperanza de los nuevos mundos posibles.

 

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Tomo el Diccionario Ilustrado de la Astronomía y Astronáutica Everest y busco la palabra analema: “curva en forma de ocho que muestra la diferencia entre el tiempo solar aparente y el tiempo entre el medio en todo el año. El analema se marca a veces en los globos terráqueos” (p. 50). Así que cruzar analemas es recorrer como el sol las narrativas antiguas más contemporáneas y marcar la vida terrenal con esa luz. Ellas son formas de piratear la historia. Propongamos la Épica de Gilgamesh, que como pirata desciende hasta los infiernos para lograr la inmortalidad de su amigo. O la peregrinación vital de Yudishtira en el Mahabhárata y así liberarse de odios, malignidades y vicios del ego y de las pasiones. Homero y sus dos cantos totales del conflicto y de la búsqueda. También tenemos a Apuleyo y su Asno de oro y el eficaz recorrido por los bajos y altos senderos de la vida humana desde el Imperio romano y su grandeza y sus excesos.

El cazador de dragones Beowulf y su mesiánico mensaje de redención y de construcción de mestizajes culturales. La maravillosa tragedia amorosa-política real de Genji Monogatari. La astucia narrativa de Sherezade en sus mil y una noches. El otro cazador de dragones Sigfrido y sus laberínticos pasos tras su muerte y los impactos del anillo de los nibelungos. La venganza prometeica de Mío Cid. La travesía de Dante y su Divina comedia. El palinuro en contra de la peste espiritual de Boccaccio con su Decamerón. Los veinticuatro cuentos de Geoffrey Chaucer. El teatro de Shakespeare y la magia inagotable del caballero andante don Quijote. Allí está el principio analema que cruza toda la bóveda celeste de nuestra humanidad año tras año. Piratería de lucidez.

 

Es imposible vivir hoy siendo autorreferencial o en una cápsula paradigmática.

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Desde los catorce años el muchacho se había apuntado creaciones tecnológicas brillantes. Era trabajador, activista por el conocimiento libre y de una incesante pasión por cultivar la conciencia cívica, anfibia e hipertextual. Años después, en septiembre de 2010, entró al sistema del MIT cual hacker/pirata informático y accedió a un banco de depósitos de documentos electrónicos científicos dirigidos por una fundación sin fines de lucro. Luego se inició la investigación por esos documentos y fue arrestado fuera del MIT con una laptop y un pendrive que contenía cerca de cuatro millones de documentos electrónicos. La fundación declinó presentar cargos y Aaron regresó todos los artículos científicos. La rareza de Aaron Swartz ya está tácita: un joven que entra al Internet para buscar conocimientos, ampliar sus horizontes y compartir saberes e investigaciones novedosas. Un verdadero pirata del poder. Aaron no sigue la corriente banal.

Es imposible vivir hoy siendo autorreferencial o en una cápsula paradigmática. Ir al conocimiento es abrazar la inteligencia venga de donde venga. No se puede vivir sin tener acceso al conocimiento que decide qué tipo de civilización somos y qué tipo de civilización seremos. Y a ese conocimiento fue Aaron con su piratería; sin embargo, las autoridades de su país lo acorralaron, lo llevaron al precipicio y Aaron acabó/naufragó (lo hicieron naufragar) en la travesía con su vida. Y este Sócrates del Internet (cual pirata frente a los nuevos Alejandros Magnos) nos entregó su existencia y su analema vive en nosotros. Sigue girando con su haz de luz en todos los mares de vida que queramos emprender y conocer. La piratería es arte de luz, tiene alma de faro, en las peores tempestades.

Salvador Montoya