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Tres poemas
Gustavo Aréchiga Gómez
Dos meses
Para el sándalo: aire de ti
que quiero hacer mío.
Para los caracoles que tienes en el cabello
como noches rebeldes,
que terminan y empiezan atadas
con un broche.
Para las manos blancas
que tienen miedo de abrazar.
Dos meses de Arandas en la memoria.
(En la mañana del sábado
me duelo
porque no quiero que te ausentes)
Línea del tiempo que coincide
mientras llevamos
dos meses de historia escrita.
Luna de todos.
Aurora mía
como garabato que no entiendo.
Insinuación frente al cigarro compartido.
Sueños nuestros
que desesperan.
Óleos que nunca he visto
y dibujos de manos habladas.
Noche de guitarra
y voz dormida
mientras te digo mis adentros.
Mientras te quiero desde hace dos meses.
Ocular
Párpado abierto,
manantial de luz
que ciega y roba el sueño,
abismo,
barranca que mira desde dentro,
desde donde nadie puede abrir tus candados
ni besar el epicentro
tuyo, de ti, de tu aroma a sándalo.
Dragón que se hace círculo,
serpiente pequeña que emana luz,
que envenena,
parvada de dos libélulas cafés,
fuego seco, lágrima, voces mudas que aman
cuando parpadean,
que sé que me quieren amar
pero cierran sus pestañas
por temor a la ceguera.
Ojos tuyos,
perlas mías que quiero hacer collar
de mis labios.
Ventanas que duermen
esperando un duende que no soy yo.
Ojos diluvio.
Ojos sismo.
Ojos homicidio mío cuando te miro
y mis manos se amargan
por el tibio amor de dos.
Metamorfosis
Cierro
la puerta de golpe.
Pienso y despienso.
(Pienso en ti)
La mañana transcurre afuera
—inevitable y luminosa—.
Y adentro de mí me miro.
Vacío.
Solitario.
Don Quijote lucha en mi corazón.
Es él mi corazón:
obstinado le parte el rostro al destino,
que estúpidamente
trata de olvidar el tuyo.
Pero aún en las migajas vives.
Entonces mis manos de Miguel Ángel
te construyen.
Lloran mis dedos.
Vuelves a mi vida.
Y como siempre,
como todas las mañanas desde que no estás,
cierro la puerta suavemente
y me acompañas por dentro.