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Vanessa Seijo:
“Escribir puede ser un proceso muy solitario”

domingo 31 de agosto de 2025
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Vanessa Seijo
Vanessa Seijo: “Cuando pienso en qué define ser puertorriqueña me veo caminando por la calle de muy chica con mi abuela, camino a comprar pan en un barrio pobre de Hato Rey. Una imagen, un sentimiento bien particular”.

Vanessa Seijo, nacida en 1970 en San Juan, Puerto Rico, completó sus estudios universitarios en New York University, obteniendo su licenciatura en Literatura Inglesa y Americana en la Universidad de Puerto Rico. Desde 1992, ha sido maestra en el sistema público de educación del país. En 2008 fue finalista en el Tercer Campeonato Mundial de Cuento Corto, organizado por Luis López Nieves, la Universidad del Sagrado Corazón y el Grupo Editorial Norma, con su relato “Horas extras”, publicado en La Revista del periódico El Nuevo Día el 12 de octubre de ese mismo año.

Además, es autora de la novela infantil Nicolás, la abuela Margot y el hechicero, publicada por Ediciones SM Puerto Rico, la cual recibió excelentes críticas. Ha contribuido en publicaciones como La Acera, Does This Make Sense, OpenSalon y Fictionique, y mantiene el blog en inglés The Shipwreck Diary. Su obra abarca poesía, cuentos y columnas de opinión, y actualmente se encuentra trabajando en una novela histórica. Casada, con tres hijos y un perro llamado Chewie the Wookie, Vanessa intenta encontrar tiempo libre en su apretada agenda.

 


 

Recientemente publicó Dos detectives y un gato (2024). ¿De qué trata este libro? ¿Cómo surgió la oportunidad de trabajarlo?

Dos detectives y un gato cuenta la historia de Mónica y Yadriel, chicos de sexto grado que, durante una excursión a un museo de arte, sustraen del mismo (por culpa de un gato) un dibujo del siglo XVIII. Tratando de componer la situación, se enteran de un complot para robar una colección de arte en este museo. Entonces, con la ayuda del mismo gato, nuestros chicos deciden detener el robo, metiéndose en toda suerte de líos y locuras en el camino.

“Dos detectives y un gato”, de Vanessa Seijo
Dos detectives y un gato, de Vanessa Seijo (Ediciones SM, 2024).

El tema de la obra surgió cuando tuve la oportunidad de leer partes de presa de un robo de 2010 que nunca se ha esclarecido. En el mismo, se robaron unas piezas de Campeche y sus estudiantes de la Galería Nacional. Leyendo la noticia me dije a mí misma: imagínate que dos chicos de sexto resolvieran ese robo casi sin querer. Y de ahí surgió la historia.

 

¿Qué relación tiene su trabajo creativo previo a Dos detectives y un gato y su trabajo creativo-investigativo entonces y hoy? ¿Cómo lo hilvana con su experiencia de puertorriqueña-caribeña y su memoria personal o no de lo caribeño dentro de Puerto Rico y el Caribe?

Antes de escribir novelas, mi producción literaria consistía en su mayor parte de cuentos cortos o piezas de opinión que no requerían mucha investigación. Con el tiempo, la ambición de escribir obras de más extensión y complejidad me llevan a recobrar esa estudiante de la Iupi de mis veinte. La curiosidad por conocer más sobre la historia del país propio, que lo vivo pero no lo conozco, me llevó a trabajar temas que requieren mucha investigación. A veces es mucho más fácil producir lo no caribeño y no entiendo el porqué. O quizás lo entiendo y no quiero pensarlo mucho. Hace muchos años escribí una columna para un público anglo que se titulaba The Curse of Being Latina. La primera oración era “To be just that”. Me molestaba el exotismo con que se me veía, con que sólo podía escribir sobre temas latinos y tenía que conformarme con la definición de latina-caribeña que el Otro me otorga. Con la edad me estoy dando cuenta de que la que se imponía límites y definiciones absurdas era yo.

 

Si compara su crecimiento y madurez como persona, educadora y escritora, con su época actual de escritora en Puerto Rico, ¿qué diferencias observa en su trabajo creativo? ¿Cómo ha madurado su obra? ¿Cómo ha madurado usted?

Yo llegué al magisterio del sistema público muy joven y pensando que era una parada en un camino y no el camino como tal. Ni siquiera tenía la experiencia de haber estudiado en el sistema público. El magisterio me abrió los ojos a un Puerto Rico muy diverso, muy diferente a la cajita cerrada que puede ser un colegio. Fueron los estudiantes y los compañeros maestros, en ese día a día de lograr que la educación se convierta en el gran igualador social, los que me hicieron descubrir una vocación. Y eso, espero yo, me ayudó a ser mejor maestra con el tiempo. Me hizo madurar y me quitó gríngolas. Los maestros por obligación tienden a ser buenos observadores del comportamiento humano. Yo creo que eso me permitió crear personajes más auténticos y dinámicos. Una gran diferencia entre el magisterio y la escritura, para mí, es que ser maestro es un trabajo colectivo. Siempre estás trabajando con tu equipo de maestros, con los mismos estudiantes. Escribir puede ser un proceso muy solitario.

 

¿Cómo visualiza su trabajo creativo con el de su núcleo generacional de escritores con los que comparte o ha compartido en Puerto Rico? ¿Cómo ha integrado su trabajo creativo e investigativo a su quehacer literario?

Yo creo que apenas me estoy insertando en el quehacer literario y la comunidad de escritores puertorriqueños. Ahora que estoy retirada del magisterio, puedo enfocarme en descubrir esa generación de escritores. Aunque publicaba mientras era maestra, la mayor parte de mi producción era en revistas de habla inglesa en línea, y debido a esto, y a mi trabajo como maestra, no tenía la oportunidad de compartir con más escritores puertorriqueños. Así que tengo un mundo entero que recién empiezo a conocer.

 

Ha logrado mantener una línea de creación literaria enfocada en la literatura infantil. ¿Cómo concibe la recepción a su trabajo creativo dentro de Puerto Rico y fuera, y la de sus pares?

Mi producción publicada tradicionalmente sí es de literatura infantil. He tenido la dicha de que ha sido bien recibida acá en la isla. Cuando veo la producción literaria de personas como Tina Casanova me sobrecoge. Es impresionante su producción literaria, tanto la infantil y juvenil como la literatura para adultos. Y como Tina hay muchísimos escritores que hay que decirles usted y tenga. Recientemente, en el Encuentro LEE, pude ver una muestra de la gran cantidad de libros que están disponibles por autores puertorriqueños, y me gustaría ver que esta producción literaria invadiera escuelas y colegios y bibliotecas públicas. Que no sólo se consigan en ferias de libros y eventos anuales. Cuando maestra, creé una biblioteca de salón con la ayuda de muchos donantes en la isla y fuera de ella. Pero como maestra de inglés, pues los libros eran en ese idioma. Y fue un éxito entre mis estudiantes. Me imagino un Puerto Rico donde cada salón tenga esa oportunidad. Una isla donde los jóvenes tienen acceso a libros para ellos y sobre ellos. Bibliotecas públicas donde todo isleño tenga acceso a su literatura y la de otros pueblos.

 

Sé que es usted de Puerto Rico. ¿Se considera una escritora puertorriqueña o no? O, más bien, una escritora, sea ésta puertorriqueña o no. ¿Por qué? José Luis González se sentía ser un universitario mexicano. ¿Cómo se siente usted?

Yo siempre he dicho que soy una isleña defectuosa. Mi educación fue primariamente ofrecida por sacerdotes y hermanas, así que el imaginario europeo de cuentos de hadas y leyendas ocupa un lugar preponderante en mi imaginación. Mi familia fue emigrando a Estados Unidos poco a poco hasta que hoy en día los que quedamos en Puerto Rico somos muy pero muy pocos. Yo pensé que también iba a estar entre los que se fueron; fui de los que se fueron y volvieron. Desde pequeña desarrollé mucha afinidad por la cultura americana, me tengo que confesar aculturizada en ese aspecto, hasta en mi lenguaje. La alternancia de código es cosa de todos los días cuando trato de comunicarme. Estudié literatura americana e inglesa y luego antigua y medieval, nada que ver con el Caribe. No logro bailar salsa. Cuando pienso en qué define ser puertorriqueña me veo caminando por la calle de muy chica con mi abuela, camino a comprar pan en un barrio pobre de Hato Rey. Una imagen, un sentimiento bien particular. Un color, un olor. Pero no sé si ahora de adulta logro replicarlo. Sí, soy puertorriqueña, pero todavía no logro definirlo.

 

¿Cómo integra su identidad étnica y de género y su ideología política con o en su trabajo creativo y su formación en la Universidad de Puerto Rico?

Yo soy una persona heterosexual, paso por blanca y me defino como de centro. Comprendo que son privilegios que otros no tienen, ni siquiera en mi familia. Yo no escogí esto, pero entiendo que me abre espacios que tengo que utilizar de forma positiva para dar espacio a otros, a sus experiencias, a sus historias. Estudiar en la Universidad de Puerto Rico me abrió los ojos a muchas cosas. También soy una mujer de mediana edad e, irónicamente, las mujeres de mediana edad somos invisibles. Lo que puede ser una bendición o una maldición. A las mujeres de cierta edad ya nadie nos hace caso. Pero yo escojo que sea una bendición. Tengo ahora toda la libertad del mundo para crear.

 

¿Cómo se integra su trabajo creativo a su experiencia de vida como estudiante antes y después de su paso por la Universidad de Puerto Rico? ¿Cómo integra esas experiencias de vida en su propio quehacer de escritora en Puerto Rico hoy?

Lo que yo más agradezco de la Universidad de Puerto Rico es el enseñarme, a través de magníficos profesores, la disciplina de la investigación. Aunque en mi época de estudiante de superior no existía Google ni nada parecido, y en el colegio se nos inculcó la investigación, fue en la universidad que pude pulir esa destreza. A veces no sé cuándo parar cuando investigo algo, de tan interesante que puede resultarme el tema.

 

¿Qué diferencia observa, al transcurrir del tiempo, con la recepción del público a su trabajo creativo y a la temática ficcional del mismo? ¿Cómo ha variado?

En mis trabajos para diferentes proyectos literarios en línea, hoy ya difuntos, como OpenSalon, Fictionique, Does This Make Sense? y La Acera, logré tener buena recepción, especialmente, e irónicamente, con la temática hispano-latina. También me enseñó que muchas veces el arte es efímero. Estas revistas fueron verdaderas escuelas de escritura para mí y yo creo que me hicieron una mejor escritora, “whatever that means”. Pero la verdad es que uno se hace a diario. Mi primera novela, Nicolás, la abuela Margot y el hechicero (Ediciones SM Puerto Rico, 2010), tuvo muy buena recepción cuando fue publicada. Yo sueño con que Dos detectives y un gato corra la misma suerte.

 

¿Qué otros proyectos creativos tiene usted pendientes?

Ahora mismo estoy trabajando varias cosas a la vez. Estoy editando una novela de temática fantástica-medieval. También estoy haciéndole la última revisión a una novela colonial para entregar a mis betas para que la revisen, y estoy escribiendo una novela juvenil en estilo steampunk que tiene lugar en un Viejo San Juan eternamente victoriano.

Wilkins Román Samot
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