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Antonino Geovanni:
“Escribo desde la perspectiva humana”

domingo 19 de octubre de 2025
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Antonino Geovanni
Antonino Geovanni: “Cada historia que viví, cada error, cada aprendizaje, es ahora una herramienta con la que construyo puentes entre mi pasado y el lector”.

Antonino Geovanni nació en 1973 en el pueblo de Ponce, Puerto Rico. A la edad de cuatro años, por caprichos del destino, dejó su hogar para ser adoptado por la comunidad de Aguadilla. En el Jardín del Atlántico, sembró sus sueños con la esperanza de cosechar buenos frutos, pero a veces el sembrador, las semillas o el suelo no logran dar lo esperado; quizás simplemente cosechamos lo que hemos sembrado. Asistió a escuelas privadas en sus primeros años, pero luego se vio inmerso en los tumultuosos desafíos de las escuelas públicas, donde no sólo tuvo que aprender las materias, sino también a defenderse. Desde temprana edad, se vio envuelto en el peligroso mundo del narcotráfico, atrapado en su red y arrastrado por la dura realidad, dejando su alma expuesta y herida. A los veintidós años, fue encarcelado por primera vez por agresión; luego, a los veinticuatro, fue arrestado nuevamente por posesión de un arma y sustancias controladas, y enfrentó acusaciones de dos asesinatos que no cometió. A sus cincuenta años, sigue luchando no sólo por demostrar su inocencia, sino también por evidenciar la fragilidad del sistema judicial en Puerto Rico, que puede ser manipulado por intereses personales y corruptos.

En el oscuro y hostil entorno de la prisión, tuvo un inesperado encuentro con la literatura, un evento que lo transformó radicalmente, dando origen a un “big bang” de palabras que crearon nuevos universos y mundos, abriendo una nueva vida para él. Desde entonces, Antonino Geovanni ha compartido sus poemas en diversas revistas literarias como Inopia I y II (Puerto Rico), Cinosargo (Chile), Palabras Diversas (España), Monolito (México), En la Orilla (Puerto Rico), Umbral (Universidad de Puerto Rico) y Letralia (Venezuela). Su obra está presente en antologías como Fantasía circense (2011), Piernas cruzadas III (2011), Desde adentro, entre la universidad y la cárcel (2011), y Grito de mujer (en varias ediciones). Sus libros, incluyendo Genéstica (2011), Fauces (2014), Serpentis (2018, 2023) y Los hijos del punto (2021), han sido reconocidos en la academia; su primer libro fue incluido en el currículo de la Universidad de Puerto Rico. Ha recibido premios en competencias organizadas por la Universidad Politécnica de Puerto Rico y sus poemas han sido presentados en el Festival Internacional de Poesía de Puerto Rico.

El 28 de mayo de 2019, Antonino Geovanni recibió un reconocimiento en la Cámara de Representantes por su labor comunitaria.

En la actualidad, actúa en obras del Programa de Teatro Correccional, dirigido a jóvenes en riesgo del sistema educativo público y privado, quienes enfrentan desafíos que a menudo los llevan a la cárcel o a la muerte. Como parte de la moción 3.591, el 28 de mayo de 2019, Antonino Geovanni recibió un reconocimiento en la Cámara de Representantes por su labor comunitaria, otorgado por el representante Joel Franki Atiles. También participó en la producción de videos educativos en colaboración con la Universidad Carlos Albizu Campos y el Departamento de Corrección y Rehabilitación, orientados a combatir la violencia de género. Ha tomado cursos en refrigeración, tal vez buscando calmar las llamas que ardían en su interior, pero en vez de extinguirse, éstas se transformaron en un fuego redentor, impulsándolo hacia el cambio que él y su país tanto necesitan. Actualmente, se encuentra cursando un programa de Mercadeo Digital en la Caribbean University, preparándose para un futuro competitivo. Su objetivo es continuar sus estudios y avanzar en su proyecto personal de convertirse en una mejor persona. A lo largo de sus veinticuatro años en prisión, ha experimentado un dolor profundo que a veces lo ha hecho caer, pero ha aprendido a levantarse. La vida que le ha tocado vivir lo ha fracturado, pero Antonino Geovanni ha sabido recoger sus pedazos, sanar sus heridas y reconstruirse. Ha pasado noches en que la oscuridad de sus cadenas lo ha hecho perder la esperanza, pero sigue adelante, buscando siempre una luz.

 


 

“Fracturas”, de Antonino Geovanni
Fracturas, de Antonino Geovanni (2024). Disponible en Amazon

En 2024 publicó usted Fracturas. ¿De qué trata este su primer libro en libertad? ¿Cómo surgió la oportunidad de trabajarlo?

Fracturas surge de un viaje introspectivo por mis propias heridas, tanto superficiales como profundas; aquellas que no sólo fracturaron mis huesos, sino también mi espíritu. Este libro recoge frases nacidas de lo más hondo de mi ser, ideadas para evitar que me hundiera en el abismo en el que me encontraba. Como sabes, pasé veintiséis años, seis meses y quince días en una prisión experta en devorar hombres y escupir sus huesos. Allí, en la oscuridad de celdas que mantenían cautiva mi libertad, tomé la decisión de reconstruirme. Fracturas representa ese proceso de transformación personal porque, como se dice, la materia no se destruye: se transforma. Así lo hice. Este libro refleja mi dolor, mi esperanza, mis decepciones y también el humor que me sostuvo durante esos años. Es, sin duda, una bitácora de supervivencia y renacimiento.

 

¿Qué relación tiene su trabajo creativo previo a Fracturas y su trabajo creativo anterior? ¿Cómo lo hilvana con su experiencia de puertorriqueño y su memoria personal de lo caribeño dentro de Puerto Rico y fuera?

Fracturas comparte raíces con mis obras anteriores como Genéstica, Fauces, Serpentis y Los Hijos del Punto, pues todas brotan de la misma oscuridad y necesidad de expresión. Sin embargo, tiene una identidad propia, un ADN literario único. Aunque no abordo directamente la nacionalidad en mis libros, sí hablo desde la experiencia de crecer con profundas desigualdades sociales y económicas. Puerto Rico es un país lleno de gente hermosa, pero muchas veces caemos en la trampa de lo superficial y cotidiano. Yo prefiero excavar en lo profundo, en lo humano, en lo espiritual. Nací en Ponce y me crie en Aguadilla, pero si sólo me aferro a mis raíces, jamás podré ver florecer los frutos de mi evolución. Mis libros son gritos de alerta y también espejos en los que cualquiera puede mirarse y decir: “ese soy yo”.

 

Si compara su crecimiento y madurez como persona y escritor con su época actual, ¿qué diferencias observa en su trabajo creativo? ¿Cómo ha madurado su obra? ¿Cómo ha madurado usted?

Sin duda, he madurado como persona y como escritor. No tengo estudios formales en literatura; mi encuentro con las letras fue instintivo, casi accidental. Descubrí la escritura en una celda de máxima seguridad, encerrado veintidós horas al día. Un compañero tenía una libreta con poemas y al leerlos pensé que yo también podía escribir. Al principio, mis textos eran sólo intentos, palabras amontonadas con buena intención. Pero persistí. Hoy sé que he crecido, aunque también reconozco que aún me queda mucho por aprender. Escribir fue —y sigue siendo— mi forma de canalizar las sombras que habitaban en mí.

 

¿Cómo visualiza su trabajo creativo con el de su núcleo generacional de escritores con los que comparte o ha compartido en Puerto Rico y fuera? ¿Cómo ha integrado su trabajo creativo a su quehacer y a su trabajo escrito de interés y cruce en Puerto Rico?

Evito comparar mi obra con la de mis colegas porque cada voz nace de una experiencia única. Escribimos desde lo vivido, y en mi caso, mi visión del amor, por ejemplo, nace de la necesidad de combatir la soledad que me acompañaba cada noche en una celda donde sólo cabíamos mi sombra y yo. He conocido escritores a quienes admiro profundamente por su talento, aunque también enfrenté críticas de quienes cuestionaban mi legitimidad como autor por no tener una formación académica. A eso respondí que muchos de los escritores estudiados en universidades tampoco la tuvieron. Mi trabajo creativo no sólo forma parte de mi identidad: fue clave para mi rehabilitación y liberación. Aunque aún llevo un grillete electrónico, hoy soy más libre que nunca.

 

¿Cómo concibe la recepción a su trabajo creativo dentro de Puerto Rico y fuera, y la de sus pares?

La recepción ha sido mucho más cálida de lo que jamás imaginé. Mi historia y mi obra captaron la atención de los medios, y en uno de los reportajes me llamaron “El poeta está preso”. Mis escritos han sido incluidos en antologías y revistas internacionales, y varios lectores han descrito mis libros en Amazon como auténticas joyas literarias. Para mí, sin embargo, son gritos de auxilio, denuncias envueltas en arte, un testimonio de lucha. También son un recordatorio de que mientras haya vida hay esperanza, y que en lo más profundo del sufrimiento puede florecer la creación.

 

¿Se considera un autor puertorriqueño o no? O, más bien, un autor caribeño, sea éste puertorriqueño o no. ¿Por qué? José Luis González se sentía ser un universitario mexicano. ¿Cómo se siente usted?

Aunque nací en Puerto Rico y estoy orgulloso de mis raíces, no limito mi literatura a una nacionalidad. Escribo desde la perspectiva humana. La literatura no tiene raza, no conoce fronteras. Me considero un autor de la única raza que importa: la humana.

 

¿Cómo integra su identidad étnica y de género, y su ideología política, con su trabajo creativo y su formación en Aguadilla, Puerto Rico?

No integro de forma directa mi identidad étnica ni de género en mi obra, aunque inevitablemente están presentes porque escribo desde mis entrañas. Sí soy crítico del poder cuando se ejerce desde la mediocridad o el egoísmo. Aprendí más en las calles de Aguadilla que en los salones de clase, y esa educación callejera permea mis textos más que cualquier ideología.

 

¿Cómo se integra su trabajo creativo a su experiencia de vida tras su paso por la escuela José de Diego en Aguadilla, Puerto Rico? ¿Cómo integra esas experiencias de vida en su propio quehacer de escritor hoy?

Aunque la escuela José de Diego me dio lo básico, fue en la calle donde realmente aprendí a sobrevivir. Lo que viví en Aguadilla, dentro y fuera de la escuela, marcó mi carácter, mi percepción del mundo, y esa crudeza aparece constantemente en lo que escribo. Hoy, al escribir, esas memorias se convierten en materia prima. Cada historia que viví, cada error, cada aprendizaje, es ahora una herramienta con la que construyo puentes entre mi pasado y el lector.

 

¿Qué diferencia observa, al transcurrir del tiempo, con la recepción del público a su trabajo creativo y a la temática del mismo? ¿Cómo ha variado?

Con el tiempo, he notado que el público ha ido evolucionando junto a mi obra. Antes, algunos leían por curiosidad, por morbo incluso, al saber que el autor estaba tras las rejas. Hoy, siento que me leen por lo que soy como escritor y ser humano. La recepción es más honesta, más empática. Han dejado de ver al “poeta preso” para empezar a ver al hombre que sobrevivió, sanó y escribe desde la cicatriz, no desde la herida.

 

¿Qué otros proyectos creativos tiene usted recientes y pendientes?

Actualmente estoy inmerso en varios proyectos creativos que me tienen profundamente entusiasmado. Uno de ellos es la traducción completa de mis obras al inglés, en versiones bilingües que permitan cruzar más fronteras y alcanzar nuevos lectores. También deseo llevar mis palabras al cine o al teatro, para que más personas puedan ver que siempre es posible transformar la oscuridad en luz.

Además, trabajo en tres libros nuevos. El primero es una novela titulada El Valle de las Luces, donde exploro los rincones más oscuros y luminosos del alma humana a través de una narrativa simbólica e intensa. El segundo se titula C.A.O.S., un libro de aforismos que lanza una crítica directa y contundente a los gobiernos mediocres y su impacto en nuestras sociedades. Y el tercero es Alientos en fuga, un poemario romántico y exótico que explora el amor, el deseo y la sensualidad desde una perspectiva profundamente humana y liberadora. Cada uno de estos proyectos representa una extensión de mi voz como autor y una reafirmación de que el arte puede ser puente, grito y salvación.

Wilkins Román Samot

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