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el dolor de cabeza

martes 24 de febrero de 2026
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ya no puedo más, estoy harta de oír chillar a los niños y discutir a sus padres, que encima ponen la tele a dos mil como acompañamiento; pero ¿qué coño le pasa a esta gente, es que no se dan cuenta? parece que nacieron discutiendo, joder. sí, ya lo sé, es tan fácil morir de rabia cuando una ha roto con el hijoputa que te jura amor eterno y maldito. medio loca estoy ya, y a un paso de denunciarles a la policía, esto ya no hay quién lo aguante. y ¿por qué no se quejan los otros vecinos? o están sordos o están llenos de niños, no sé qué es peor. aquí todos tienen niños y chachas como si vinieran gratis con el carné de pijo. el de arriba creo que no, o al menos nunca los he oído, seguro que no tiene. hace unos cuantos años bajaba de vez en cuando a quejarse de la música, cuando yo aún era una adolescente y ruidosa y tenía amigas. no como ahora, que las muy zorras encima le dan la razón a él, al hijoputa, que se ha cepillado a la mitad, y además se burla igual que me burlaba yo cuando se presentaba el vecino por lo del ruido. yo le echo unos diez años más que yo; para mí que esto del ruido une mucho, de lejos más que los niños. ¿pero por qué no paran ya? yo qué sé, igual es que por entonces él también había roto con su churri, eso jode a cualquiera, claro, y no lo sabe más que el que lo pasa. seguro que si me viera ahora se daría cuenta, porque además de guapo parecía perspicaz, y atractivo a cañón. a ver, diez años tampoco es tanta diferencia a la hora del amor, o sea, ponte en esto: él baja, y fijo que ahora tendría otros ojos, me recorrería la blusa con un “cuánto tiempo sin vernos” y esas cosas. bueno estaba un rato, ya te digo, y a poco que se fije seguro que lo pilla en seguida, porque él también va a ser de música más baja y sin niños que chillen con los padres. igual ya por entonces se fijó en mí y yo no me di cuenta, y por eso bajaba tanto, aunque yo casi no tenía tetas. ¿seguirá viviendo arriba? quizás tenga pastillas para el dolor de cabeza. mejor me cambio y me pongo otra cosa. estas cosas empiezan así: un ibuprofeno, luego un masajito, y a echar el primer polvo, porque estaba buenísimo, eso no hay quien lo niegue. creo que era esta la puerta. así, un poco, sin ansiedad, seguro que se fija, esas cosas no se olvidan. ¿pero por qué no abre ya, no está en casa? ¿o es que ya no vive aquí? venga, hombre. o igual es que está echando la siesta porque se acuesta tarde, aunque con estos gritos no hay quien duerma. no sé, tal vez se dedique a escribir o a pintar, me tiene pinta; los artistas son así, además de que tenía un polvorón para quitarse las prisas. ¿pero y si no me mira las tetas? a ver, ¿llevo bien los botones? porque al principio mucho, mucho, pero luego esas cosas van pasando y la cosa se pone patética, y las preguntas siempre llegan muy pronto y las respuestas muy tarde. venga, hombre, abre ya, que ya he llamado dos veces. joder, porque los principios son de polvo diario, y vamos los dos a la compra, y el escote bajo es un puntazo. es tan fácil quererse, aunque estén chillando los putos niños y los putos padres, que todavía les va a caer la denuncia; pero luego los días son largos y arrugan la piel, los escotes y las palabras, y todo es un deterioro constante. tampoco es que él vaya a ser así, no todos los tíos son iguales, aunque ya se sabe, los artistas son la hostia de raros, que les da un aire y luego se largan con la más teñida. ya, yo a él no le veo con chonis, pero nunca se sabe, adiós y punto, como el hijoputa. y yo aquí esperando a que abra y me mire las tetas alguien que ni siquiera sé cómo se llama y con el que tengo tantas ganas de hablar, aunque luego se vaya con la choni, siempre me pasa lo mismo, ya estoy muy harta...

—ah... hola, sí, pues venía... es que... joder, pues si me quieres decir algo, dímelo ya, ¿vale? porque si no, por mí a la mierda, ¿me oyes?, y en la puta vida me vuelvas a hablar, ¿eh? ¿y, y qué cojones me miras las tetas? bueno, pues... ¿tendrías una pastilla para el dolor de cabeza, por favor?

Miguel Rodríguez Otero
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