Hay muchas cruces
“Quise resguardar mi embriaguez en tu cruz”.
Lêdo Ivo.
Hay muchas cruces.
En los cementerios, por ejemplo, abundan.
En los mares no. Ahí no
En el cielo sí, más que todo imaginarias. Las que trazo en el aire cuando siento miedo.
Hay muchas cruces.
Cada uno de nosotros carga una. Unos más erguidos que otros, pero ahí las llevamos.
Sin embargo, hay una especial. Una que me hace querer resguardar algo muy mío, o más bien nuestro en ella.
Esa cruz caída del amor.
El mar también se ausenta
“Ahora cuando es abril y el mar se ausenta”.
Lêdo Ivo.
El mar también se ausenta.
Es inmenso. Sí. Pero lo hace.
Tal vez está cansado de tanta grandeza.
De abarcarlo todo.
De ser camino de todos los barcos.
De tantas olas seriales.
Cansado de ver islas que van desapareciendo como quien teme seguir viviendo.
El mar también se ausenta.
Tal vez sienta esto mismo que yo al trazar estas líneas imaginarias.
Somos una aurora
“Cuando la aurora se vaya, no seremos más que lo que ahora somos”.
Lêdo Ivo.
Somos una aurora.
Ese inicio o comienzo de esperanza.
Contraria a la aurora de Lorca.
Somos día y noche también.
Somos tiempo.
Somos eternidad, o tal vez la procuramos, como ese sello de una moneda que nunca perderá su valor.
Somos llamas efímeras y eternas al igual que el aleteo de una mariposa.
Como quien vuelve siempre
“Como quien vuelve siempre de un entierro”.
Lêdo Ivo.
Como quien vuelve siempre
De un océano de amor
A otro
Algunas veces victorioso
Otras derrotado
Así me siento atado
En esta orilla
Una ocasión más
Pero esta vez he quedado
Sin balsas.
Cosas acerca de Dios
“Mi corazón es un secreto”.
Lêdo Ivo.
Dios está en los jardines.
También en las alcobas donde
Se escuchan los ecos del amor.
Algunas veces puedes escucharlo, a Dios, susurrando, si, con mucho cuidado y
Por un espacio corto de tiempo,
Te atreves a detener las manecillas
Del corazón.
Tal vez el corazón esté lleno de sus
Secretos pero también cabe la posibilidad de descubrir a un tambor ciego.
Ahora que moriste
“Levántate Joao y grita al mundo la protesta escondida en tu pecho”.
Lêdo Ivo.
Ahora que moriste,
Tú,
Sí, tú que lees esto
Dile al mundo
O a los pocos que vinieron
La procesión que llevaste por dentro
Todas las cruces que cargaste.
Habla de tus caretas,
De tus personajes
Que hoy también se van contigo.
No olvides mencionar
Todas esas mariposas
Que alguna vez revolotearon
En tu estómago y en tu pecho
Y que nunca pudieron salir.
Recuerda también
Devolver todos y cada uno
De los trajes prestados.
Esas palabras olvidadas
“No quiero encontrar lo que otros perdieron”.
Lêdo Ivo.
Esas palabras olvidadas en cartas
Amarillentas, no las quiero.
Ni en las de amor.
Ni en las de comunicados militares.
Palabras en desuso, de otra época.
Quiero la luz
El brillo
La sorprendente onomatopeya
Del choque de unos astros.
Quiero palabras en nuevas banderas
De países inocentes.
Mi pecho
“Mi pecho es martillo, golpea al sol de la noche”.
Lêdo Ivo.
Mi pecho solía ser una sala de fiestas
Con un piso muy trajinado
Lleno del bullicio de los hombres.
Algunas noches, no todas,
Tenía que dejar salir
A algunos invitados,
A esos
A los más atorrantes
A los enemigos del silencio
A los que no dejaban escuchar
A esos mensajes efímeros
De otros corazones
De otros pechos
Más o menos parecidos.
Hasta que un día
Se acabó la fiesta
Y quedaste tú
Sólo tú
Latiendo.
Como un pájaro
“Vi mi rostro en el espejo del espíritu como un pájaro en un jardín público”.
Lêdo Ivo.
Como un pájaro que nunca
Ha tocado el suelo
Y por tanto es inocente
A las máculas del barro,
A la resequedad de la tierra,
Así me siento hoy frente a este espejo
Poco antes de salir al escenario.
Confusión
“Mi espíritu festeja este mundo infinito, que jamás se inició y que jamás terminará”.
Lêdo Ivo.
Yo dibujo una ventana
Y dentro de ella vive
Una lluvia inconclusa
Ese paisaje que quisimos ser
Y no fuimos
Tal vez porque los marcos
Hacia el cosmos
Los hizo alguien pensando
En el caos
Y todo se tradujo en una
Confusión.
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