I
La acción fantasmal a distancia —como la llamó Albert Einstein—: el entrelazamiento cuántico. Se entrelazan energías —desde una mirada o un roce— hasta encender el amor. El amor engendra hijos; prolonga un ciclo invisible: núcleo expandido sin término. Se entrelazan los sueños, sumergidos en la química del subconsciente. Se entrelazan el aquí y el ahora bajo la sombra de la muerte. Se entrelazan el día y la noche en la mente de quien carece de hogar. Se entrelazan el mundo y el devenir hasta confundirse en un nombre sin sentido.
II
El mundo gira a velocidad de hormiga. La hormiga avanza con prisa de luz dentro de una luciérnaga. Ésta revoletea hasta mutar en farol entre la hierba; allí madura el murmullo nocturno.
III
Se entrelaza todo... también lo invisible y la nada. Una partícula vibra; al otro lado se agita el infinito. Un pensamiento susurra; la lógica se desmorona. El resplandor de la luna parpadea entre el rocío; el universo, sin motivo alguno, respira más lento. El ciclo continúa: todo intenta pronunciar el pensamiento perfecto. Incluso la nada se entrelaza con su infinito subterráneo.
IV
La geometría de la nada se bosqueja en la perpendicularidad de la sombra, apresurada hacia el fondo del rocío. La noche invertida sirve de ángulo en la dimensión sin límite del instante. La humedad del tiempo echa raíz en la gota de sereno. El horizonte dobla su espina dorsal ante cuanto ha de pasar. Todo desciende hasta resguardar lo invisible. La oscuridad golpea su propio pecho; salta la luz de las cosas sobre el baldosín izquierdo del aire, respirado por el hombre melancólico.
V
Una mujer penetra en el espejo. La dimensión paralela palpita desde el reflejo distante del claustro vacío. Al otro lado del cristal, el silencio cambia de rostro.
VI
La hora exacta desciende para desenlazar el aluvión del martes sin regreso. Martes: un día cualquiera, sin llegada alguna. Perdido en la memoria de los poetas, desgastado en la gualda de la luna. La luz del astro aprisiona el estanque hasta hundirlo en su propia construcción.
VII
Al entrelazarse el ladrido con la iridiscencia del colibrí, el jornalero salta sobre la polvareda rumbo al crepúsculo de los siglos por venir.
VIII
Vibran universos hasta mezclar tiempo, vacío, reflejo y devenir en el plato de la cocina, más allá del atardecer de la piedra.
IX
Danza el blanco del pétalo entre la pluma del ibis blanco. Sucede sin sonidos. Gira. El silencio se esparce más allá del loro y del trópico. Vida y muerte; sol y sombra; arribo y partida: se entrelazan.
X
Se entrelaza el agua en la boca del pez. El rostro del limosnero con la calle sin fin. El poeta al sorber su vacío con una cuchara rota. El extraviado más allá del horizonte; el hombre estático en una silla a mitad del desierto. La sed en la naranja imposible. La vejez al subir una escalera sin peldaños con la marea del tiempo. La curvatura de la vida con el recién nacido. Se encorva un ángel al abrir sus alas frente al azul del mar. Se entrelazan el todo y la nada.
XI
También se entrelazan la fe y el abismo. El sabio ante la duda; el fanático bajo el espejo empañado. Un errante persigue verdades hasta tropezar con el eco de su propio nombre. Otro colecciona certezas como quien contempla el polvo sobre una lámpara apagada. El tiempo sonríe desde su oficio de verdugo mudo: concede relojes a cuanto nace y olvido a cuanto presume eternidad. Tal vez la vida jamás buscó respuestas. Tal vez sólo practica el antiguo arte de entrelazar preguntas. La muerte, paciente, aguarda sobre una piedra recién nacida.
- Todo se entrelaza
(un capítulo de la novela surrealista Martes de nunca llegar) - martes 7 de julio de 2026 - Dios en dispersión
(un capítulo de la novela surrealista Martes de nunca llegar) - viernes 1 de mayo de 2026 - Desciendo al núcleo íntimo de la sombra - martes 27 de enero de 2026


