
La investigación y la enseñanza de Jeffrey Lawrence se centran en la literatura y cultura estadounidense de los siglos XX y XXI, así como en estudios latinoamericanos y hemisféricos. Su primer libro, Anxieties of Experience: The Literatures of the Americas from Whitman to Bolaño (Oxford, 2018), ofrece una nueva interpretación de la literatura estadounidense y latinoamericana desde el siglo XIX hasta la actualidad. Al revisar debates de larga data en el hemisferio sobre si la fuente de autoridad de la literatura del Nuevo Mundo proviene del contacto directo de un autor con lugares y pueblos americanos o de una lectura (mal)interpretativa de tradiciones existentes, el libro traza una brecha creciente en cómo los escritores modernos de Estados Unidos y América Latina definieron su autoridad literaria. En el proceso, se rastrea el desarrollo de dos corrientes literarias distintas en las Américas: la “literatura estadounidense de la experiencia” y la “literatura latinoamericana del lector”.
Reinterpretando una variedad de obras canónicas desde Leaves of Grass, de Walt Whitman, hasta 2666, de Roberto Bolaño, Anxieties of Experience muestra cómo esta división literaria hemisférica alimentó una serie de ansiedades, malentendidos y “encuentros fallidos” entre autores estadounidenses y latinoamericanos. A raíz de los recientes llamados a repensar el enfoque de “terrenos comunes” en la literatura de las Américas, el libro aboga por un enfoque comparativo que destaca las lógicas de producción y legitimación distintas en los campos literarios estadounidense y latinoamericano. Anxieties of Experience finaliza explorando la convergencia de la literatura de la experiencia y la literatura del lector en las primeras décadas del siglo XXI, argumentando que el momento pos-Bolaño ha producido los signos más fuertes de una literatura verdaderamente recíproca de las Américas en más de cien años.
El profesor Lawrence está actualmente trabajando en un segundo proyecto de libro, tentativamente titulado Culture in Movement: US Literature, Social Movements, and Political Thought after 1945. En el contexto de un énfasis creciente en las instituciones literarias en la investigación sobre la literatura estadounidense pos-45, el libro sostiene que los movimientos sociales, más que las redes institucionales, han sido el principal motor de innovaciones formales y temáticas en la literatura estadounidense después de 1945. Analiza textos literarios importantes desde la década de 1950 en adelante en relación con el desarrollo histórico de la contracultura, los derechos civiles, el poder negro, la liberación de las mujeres, el movimiento anti-Vietnam, chicanx, conservador, derechos LGBT, Occupy y Black Lives Matter.
El trabajo del profesor Lawrence ha aparecido o está próximo a aparecer en American Literary History, Twentieth-Century Literature, Variaciones Borges, The IC Scientific Journal of Information and Communication, Pensamiento de los Confines, Tropics of Meta y The Huffington Post. Su traducción de How to Travel Without Seeing, de Andrés Neuman, se publicó en 2016. También es un colaborador fundador del blog de críticas literarias el roommate: colectivo de lectores.

—En 2024 publicó usted El americano. ¿De qué trata dicha novela? ¿Cómo surgió la oportunidad de trabajarla?
—El americano es una novela de formación sobre un estadounidense que viaja a distintas partes de Latinoamérica, se adentra en la cultura hispana y empieza a perder su norte (en todos los sentidos de la frase). Está ambientada principalmente en México y en el Río de la Plata (Argentina y Uruguay). Empecé a escribir la novela en 2011, volví a trabajarla en 2018 y 2019 y la terminé durante la pandemia, a finales de 2020. Como he dicho en otras ocasiones, la idea para la novela me surgió cuando me di cuenta de que había muchas narrativas sobre los procesos de aculturación de los latinoamericanos a Estados Unidos y casi ninguna en idioma castellano sobre lo que implica ser un estadounidense que se acultura al mundo hispano.
—¿Qué relación tiene su trabajo creativo-investigativo previo a El americano y su trabajo creativo-investigativo posterior? ¿Cómo lo hilvana con su experiencia de estadounidense y su memoria personal de la política, la educación y la historia de América Latina y el Caribe dentro de Estados Unidos o fuera?
—En 2018 publiqué un libro académico, Anxieties of Experience: The Literatures of the Americas from Whitman to Bolaño, que de algún modo prefigura los temas principales de El americano. En ese libro estudio lo que para mí son las dos grandes tradiciones modernas de la literatura en las Américas: por un lado, la literatura norteamericana de la experiencia, basada en la idea de que el mejor modo de escribir sobre algo (un tema, un territorio, una cultura) es haberlo vivido en carne propia, y por el otro, la literatura latinoamericana del lector, que busca acercarse al mundo a través de una estética más libresca y distanciada. El libro traza los encuentros y desencuentros de esas dos tradiciones desde el siglo XIX hasta el presente, pasando por autores canónicos como Whitman, Hemingway, Katherine Anne Porter, Faulkner y Morrison (del lado estadounidense), y como Borges, García Márquez, Piglia, Bolaño y Rivera Garza (del lado latinoamericano). En cierto sentido, El americano busca llevar las interrogantes teóricas de mi libro académico al terreno de la ficción, no de forma programática sino desde un interés genuino en cómo conocemos al otro y la otredad. Trabajé con mis percepciones de los distintos países latinoamericanos en los que he vivido o a los que he viajado, pero al mismo tiempo, intenté plasmar algo de mis lecturas de la tradición latinoamericana a lo largo de los años. A partir de la publicación de El americano en 2024, me he dedicado a pensar más intensamente la relación literaria entre Estados Unidos y Latinoamérica, y sobre todo la relación entre el inglés y el español en los discursos culturales de hoy. Tengo un par de artículos en Cuadernos Hispanoamericanos que trabajan esos temas, y algunos artículos académicos que están por salir.
—Si compara su crecimiento y madurez como persona, lingüista (traductor), educador (docente), investigador y escritor con su época actual en Estados Unidos, ¿qué diferencias observa en su trabajo creativo-investigativo? ¿Cómo ha madurado su obra? ¿Cómo ha madurado usted?
—Uf, uno siempre busca mejorar su escritura y mejorarse como persona e investigador, pero es difícil saber si uno lo ha logrado. En mi caso, admito que mi crecimiento, tal y como lo concibo ahora mismo, ha pasado por mirar el campo cultural con un poco más de escepticismo. Estamos viviendo un momento difícil en Estados Unidos: crisis en la educación superior, crisis en la industria editorial, crisis geopolítica. Me parece que a veces la madurez consiste en poder enfrentarse a las realidades que tocan a uno, y es a lo que aspiro en este momento.
—¿Cómo visualiza su trabajo creativo-investigativo con el de su núcleo generacional de investigadores y escritores con los que comparte o ha compartido en Estados Unidos y fuera? ¿Cómo ha integrado su trabajo creativo-investigativo a su quehacer de escritor e investigador y su trabajo escrito o no de interés literario, educativo e histórico?
—Es buena pregunta, porque cada vez más entiendo el campo cultural desde una óptica generacional. Volviendo a mi respuesta anterior, creo que a mi generación de académicos y escritores en Estados Unidos nos ha tocado lidiar con un sistema que se agota, por lo menos en lo que prometía para las generaciones anteriores. Hay fuerzas muy potentes en el país que están tratando de disminuir o incluso acabar con las instituciones culturales existentes. Para nosotros, la pregunta ha pasado de ser “¿qué papel queremos tener dentro de los estudios humanísticos?” a ser “¿habrá estudios humanísticos en el futuro?”. No quiero que esto suene tan pesimista, porque veo ahí una posibilidad de replantear el rol de la cultura dentro de la sociedad estadounidense. No me parece mal que nos veamos obligados a preguntemos de qué sirven la literatura y los libros, o en qué consiste la educación cívica. Sin embargo, los espacios que tenemos para hacer estas preguntas se están volviendo cada vez más pequeños y combatidos. A mi juicio, va a ser necesario no sólo plantear esas preguntas dentro de la academia o del campo literario sino también presentar argumentos a favor de la cultura humanística en la esfera pública.
—Ha logrado mantener una línea de creación-investigación enfocada en la lingüística (traducción, enseñanza de idiomas) y la literatura en Estados Unidos. ¿Cómo concibe la recepción a su trabajo creativo-investigativo dentro de Estados Unidos y fuera, y la de sus pares?
—Bueno, ya no me dedico a la enseñanza de idiomas, pero sí soy traductor. En el caso de la traducción, se sabe que en Estados Unidos y en Inglaterra ha habido una resistencia histórica muy fuerte con respecto a las traducciones. Muy pocos libros se traducen al inglés respecto a los que son escritos originalmente en inglés y traducidos a otros idiomas. Por suerte hay cada vez más conciencia de ese problema en la academia y en la industria editorial, y ya hay varias editoriales que se especializan en literatura latinoamericana traducida al inglés (en 2023 publiqué la traducción de un libro del escritor Sergio Chejfec con la más grande de ellas, Charco Press).
—Sé que usted es de Estados Unidos. ¿Se considera un investigador y escritor estadounidense o no? O, más bien, un investigador y escritor, sea éste estadounidense o no. ¿Por qué? José Luis González se sentía ser un universitario mexicano. ¿Cómo se siente usted?
—Sin duda soy escritor, sin duda soy investigador, sin duda soy estadounidense. Lo único raro de mí, creo, es que publico narrativa en español. Eso que podría parecer sólo una característica más se ha convertido en los últimos años en un problema, porque mi mera presencia en el mundo literario hispano invita a algunos cuestionamientos sobre el vínculo entre el idioma y la identidad. A mí me gusta afirmar que soy un gringo que escribe en español, y me parece un posicionamiento lógico dada mi trayectoria personal y profesional. Pero también reconozco que hay ciertas personas que entienden ese posicionamiento como una amenaza, y últimamente me he sentido obligado a defender de forma pública mi derecho a participar en ciertos espacios. La verdad es que nunca imaginé que fuera a ser una persona tan polémica. Intento ver la resistencia hacia mi persona como algo estructural que tiene menos que ver conmigo que con lo que represento para otras personas, pero no es fácil lidiar con una red de personas que intentan invisibilizarte activamente. Todavía me cuesta asumirlo.
—¿Cómo integra su identidad étnica y de género, y su ideología política, con su trabajo creativo-investigativo y su formación y desarrollo profesional en Estados Unidos?
—Creo que la respuesta anterior es suficiente.
—¿Cómo se integra su trabajo creativo-investigativo a su experiencia de vida tras su paso como estudiante universitario en Uruguay? ¿Cómo integra esas experiencias de vida en su propio quehacer de investigador y escritor en Estados Unidos hoy?
—Yo siempre digo que me formé como intelectual en el Río de la Plata. Primero siendo estudiante universitario en Uruguay, y luego en mis distintas estancias en Argentina mientras hacía el doctorado (y en los cursos que tomé en Estados Unidos con profesores rioplatenses). Incluso cuando escribo sobre la cultura estadounidense, siempre estoy haciendo uso de mi formación latinoamericanista. También habrá que decir que algo que me llevé específicamente de Uruguay es la vocación por pensar Latinoamérica en su conjunto. A diferencia de Argentina, en donde predominan los enfoques nacionalistas (o en algunos casos regionalistas), los grandes pensadores uruguayos, desde Rodó a Rama, siempre desarrollaron un pensamiento continental. En la Universidad de la República tuve la suerte de cursar materias con el crítico literario Hugo Achugar y con la historiadora Lucía Sala, dos profesores que siguieron esa línea y me marcaron profundamente.
—¿Qué otros proyectos creativos tiene usted pendientes y recientes?
—En este momento, estoy trabajando en varios proyectos. Estoy colaborando con la editorial española La Oveja Roja para sacar en español The Program Era, un estudio importante del académico Mark McGurl sobre los programas de escritura creativa en Estados Unidos. Acabo de iniciar una especie de ensayo autobiográfico sobre las dinámicas internas del mundo literario hispano. Y tengo pendiente la traducción de uno de los libros puertorriqueños más importantes de estos tiempos. También escribo a menudo en mis dos Substacks: Avenues of Americas (en inglés) y El americano (en español).
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