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El rey prófugo de Portugal, de Alejandro Bovino Maciel

jueves 17 de septiembre de 2026
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Alejandro Bovino Maciel
En El rey prófugo de Portugal, Bovino Maciel despoja a la figura histórica de cualquier solemnidad monumental y construye un rey que piensa continuamente el poder mientras exhibe, a menudo sin advertirlo, sus contradicciones.

A fines de 1807, Napoleón Bonaparte extendía por Europa una política de ocupación que había convertido la península ibérica en una pieza decisiva de su enfrentamiento con Gran Bretaña. Portugal, aliado histórico de los británicos, quedó ante una disyuntiva extrema: someterse al bloqueo continental impuesto por Francia o exponerse a una invasión. La respuesta de la monarquía portuguesa fue tan excepcional como sus circunstancias. En noviembre de ese año, el príncipe regente João embarcó rumbo a Brasil junto con la familia real, buena parte de la corte y las instituciones del Estado. Por primera vez, una monarquía europea trasladaba su centro efectivo de poder a una colonia americana, y Río de Janeiro comenzaba a transformarse en sede de un imperio ultramarino.

Ese desplazamiento histórico le proporciona al escritor argentino Alejandro Bovino Maciel el punto de partida de El rey prófugo de Portugal, una novela sobre la travesía atlántica de João que desde el comienzo se resiste a las convenciones más reconocibles de la narrativa histórica. El viaje sirve de presente narrativo para que el futuro João VI examine Portugal, su linaje, las instituciones que deja atrás y las ideas que están transformando Europa. Mientras la flota avanza hacia Brasil, el pensamiento del monarca se mueve en sentido contrario, hacia un pasado que quisiera revisar, depurar e incluso borrar. La paradoja sostiene buena parte del libro: el personaje sabe que está haciendo historia justamente cuando empieza a desconfiar de la posibilidad de conocerla.

“Yo, João María José Francisco Xavier de Paula Luís António Domingos Rafael, Regente de Portugal: escribo al porvenir tan incierto como el destino de esta travesía iniciada en medio de una ventisca”. Así, en primera persona, comienza esta singular novela con el propio João como narrador. Un narrador culto, arbitrario, mordaz, conservador, hiperbólico y capaz de razonar con perspicacia sobre un asunto antes de conducir ese razonamiento hacia una conclusión disparatada. Aristóteles, Rousseau, Leibniz, la Biblia, la mitología clásica, la economía política y la literatura occidental forman parte natural de su repertorio. Pero esa erudición convive con juegos de palabras, obscenidades, preocupaciones intestinales, adulterios y observaciones sobre las miserias corporales de cuantos lo rodean. Bovino Maciel despoja así a la figura histórica de cualquier solemnidad monumental y construye un rey que piensa continuamente el poder mientras exhibe, a menudo sin advertirlo, sus contradicciones.

“El rey prófugo de Portugal”, de Alejandro Bovino Maciel
El rey prófugo de Portugal, de Alejandro Bovino Maciel (Ediciones Librería de la Paz, 2022). Disponible en la web de la editorial

El rey prófugo de Portugal
Alejandro Bovino Maciel
Novela
Ediciones Librería de la Paz
Resistencia (Argentina), 2022
ISBN: 978-987-8964-53-9
370 páginas


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La Historia —con mayúscula, porque así parece reclamarla el libro— es el verdadero campo de batalla de la narración. João transporta consigo el Real Archivo de Portugal, pero duda de que aquellos documentos puedan garantizar alguna verdad sobre el pasado. Si todo testimonio ha sido escrito por alguien, seleccionado por alguien y conservado por alguien, ¿qué autoridad absoluta puede concedérsele? De esa sospecha nace su proyecto de expurgar los archivos y destruir aquellos papeles que juzgue inútiles o engañosos. El gesto, que la propia novela asume como invención, resume uno de sus asuntos esenciales: no sólo importa qué ocurrió, sino quién lo cuenta, con qué materiales y desde qué presente. El rey pretende controlar su posteridad eliminando testimonios precisamente cuando él mismo se transforma en materia narrativa.

La historia se escribirá mañana con los problemas de mañana. Ilusos seríamos al creer que pondrán un ojo en mil ochocientos ocho antes de escribir la primera consonante. Nosotros ya habremos sido enterrados en el tiempo que, como usted bien sabe, jamás retrocede ni un milímetro ni tiene primogénito entre sus cadáveres. ¿Y qué era la historia antes de la Historia? Nada. Olvido. Antes que Agustín de Hipona la echase a andar para salvarla de los círculos de Platón, la palabra era lo único que quedaba.

No deja de ser interesante que en algún punto el propio Bovino Maciel lleve su juego hasta introducirse como personaje. Un escritor argentino aparece en mitad del Atlántico empeñado en entrevistar al príncipe y escribir su historia; João, horrorizado ante semejante intromisión del futuro, ordena encerrarlo. “¿Por qué habría de recibir a un desconocido que seguramente lo único que busca es hacerme perder el tiempo con lo poco que me han dejado de él?”, pregunta. Un mecanismo metaliterario que traslada al plano de la ficción el problema que atraviesa toda la obra: el personaje quiere ser dueño de su relato, mientras el novelista le recuerda que, una vez convertido en pasado, pertenecerá también a quienes lo narren. Cartas, epílogos, notas de autor, digresiones y anacronismos multiplican las perspectivas y desestabilizan cualquier frontera cómoda entre documento e invención. El procedimiento no oculta los mecanismos de la ficción histórica, sino que los coloca a la vista y los convierte en parte del argumento.

También el mar participa de esa reflexión. La flota ha salido de Portugal pero aún no ha llegado a Brasil: durante semanas el Estado portugués existe literalmente entre dos continentes. El océano separa un orden antiguo de otro todavía por fundar, pero al mismo tiempo borra el surco de los barcos apenas éstos avanzan, como el tiempo borra las huellas de los acontecimientos. Brasil aparece en la imaginación de João como territorio de comienzo, espacio donde será posible dejar atrás una Europa fatigada por guerras y revoluciones. Una mirada que está muy influida por las convicciones coloniales, religiosas y jerárquicas del personaje, y precisamente por ello permite observar desde dentro la mentalidad de un monarca que se dispone a instalar en América las instituciones, los prejuicios y las contradicciones del mundo que pretende abandonar.

El rey prófugo de Portugal encuentra su rasgo más distintivo en esa combinación de novela, sátira, ensayo y juego historiográfico. Bovino Maciel ha podido pintar el viaje de 1807 como un relato convencional de peripecias o una reconstrucción transparente del pasado, pero opta por poner en discusión la transparencia misma: los documentos, las palabras, las versiones y hasta la autoridad de quien escribe. Esa libertad formal exige un lector dispuesto a seguir digresiones, referencias culturales y cambios constantes de registro, pero ofrece a cambio una aproximación poco habitual a un episodio decisivo de la historia iberoamericana. El interés del libro reside tanto en aquello que cuenta como en la pregunta que deja resonando detrás de cada página: cuánto de ficción hay inevitablemente en eso que llamamos Historia, una vez más, en mayúscula:

Nacido en Corrientes en 1956, Bovino Maciel es escritor y médico psiquiatra graduado en la Universidad de Buenos Aires. Colabora con Letralia desde 2008. Entre sus libros figuran La salvación después de Noé, Prostibularias, 20 poemas de humor y una canción disparatada, La gallina y el dragón, Brujerías en Carayaó y Culpa de los muertos, traducida posteriormente al francés. Participó además, junto con Omar Prego Gadea, Eric Nepomuceno y Augusto Roa Bastos, en la novela colectiva Los conjurados del Quilombo del Gran Chaco. El autor atribuye precisamente a su formación con Roa Bastos el origen de su interés por Brasil: el escritor paraguayo solía definir a Brasil e Hispanoamérica como dos siameses unidos por la espalda que nunca se habían visto las caras. De esa inquietud por el pasado brasileño surgió la exploración del viaje de la corte portuguesa que desembocaría en El rey prófugo de Portugal, publicada también en portugués en Brasil.

Jorge Gómez Jiménez

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