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Sobre el humor negro

viernes 13 de septiembre de 2019
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Sobre el humor negro, por Israel A. Bonilla
El bestialismo de los yahoos que describe Swift se nutre de la distancia entre el arribista y el noble. Los yahoos de “Los viajes de Gulliver”. Ilustración: Louis John Rhead (1857-1926)

La vida requiere de sazón. Una monotonía tenaz entorpece y ciega. Sólo tras la sacudida sensorial de ciertas especias nos percatamos de la insipidez en que estamos inmersos. Naturalmente, a mayor insensibilidad, mayor exigencia de furor. ¿Qué convulsión podría haber sido más efectiva que aquella generada por Swift al sugerir que los pobres vendieran a sus hijos como alimento para los ricos? ¿Qué balde de agua fría más tónico que aquel dado por las definiciones de Bierce, en las que el arte, la religión y la filosofía pierden su aureola? En el humor negro, en la agria caricaturización de nuestras fallas, puede encontrarse un aliciente y una admirable tesitura moral.

Pero la mano que traza los ríspidos bordes debe ser firme, debe partir de una convicción, palabra vilipendiada que poco a poco recupera su viejo prestigio. Los incendiarios retratos que Carlyle hace de los líderes políticos de la época se alimentan de su fe en la dignidad humana y del rechazo del cinismo disfrazado de cálculo. El bestialismo de los yahoos que describe Swift se nutre de la distancia entre el arribista y el noble, a quien luego cristaliza en la figura del capitán portugués que salva a Gulliver.

La deformación por la deformación misma es recinto sacro de espíritus indolentes, neurasténicos y crueles, que se comunican exclusivamente a través de carcajadas estentóreas, que imaginan el registro sardónico la sola forma de transacción entre semejantes, que han desechado cualquier posicionamiento respecto al mundo porque temen la vulnerabilidad de una causa. Vocingleros e infirmes, aspiran a la más baja muestra de estoicismo: la que pretende eludir heridas.

No seamos como los indiferentes del anteinfierno de Dante, condenados a perseguir una bandera por el resto de la eternidad a causa de su cobardía en la tierra. Busquemos en la algazara un móvil y no el complaciente desdén de quien se cree una entidad abstracta que ha alcanzado la sabiduría por obra de nada en particular.

Israel A. Bonilla
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