Saltar al contenido
Hablemos, de Octavio Santana Surez

El can vuestro de cada día

• Martes 3 de mayo de 2016

El can vuestro de cada día

Se equivocaron cuando amaron a alguien de su especie y entonces decidieron que un perro era el amor. Yo los comprendo porque vivo solo y a veces necesito compañía, pero me basta con la sabia respuesta de los muros y las luminosas dudas del espejo.

Alguna vez Gabo se quejó de la mierda de perro, esa sarna maldita que enturbia las aceras de París. Según él, en la ciudad luz, por desgracia, a todas las reuniones siempre llega alguien con el zapato cagado. También, aparte y en otro alarde de perspicacia, se refirió a las señoras que se suicidan los domingos al atardecer por causa de la soledad.

Mientras sus amos evocan lúbricas horas en lechos irrecuperables, sus perros orinan y cagan, igual que en París, tanto que el césped del parque está ahora compuesto por hojas de mierda.

Es que la mierda tiene bastante que ver con la muerte —véase el significado de la palabra escatológico—, con la soledad —huélase la piel de los viejos abandonados— y con los domingos del parque —baratos y verdes cual mata de ortiga.

Escribo esto porque vivo frente a un parque bogotano y veo —sobre todo los domingos— a los solitarios de ambos sexos paseando con sus perros, sucedáneos del amante perdido, en el trajín de ofender las raíces de los árboles y sembrar de detritus el césped inerme. Conversan con sus mascotas como tal vez nunca lo hicieron con su pareja; les dan órdenes que sus amados jamás obedecieron porque fueron dichas en lenguaje de perros; se ufanan de su mascota ante los dueños de otro can de menor pedigrí, y otros etcéteras de lamentable mal olor.

Y mientras sus amos evocan lúbricas horas en lechos irrecuperables, sus perros orinan y cagan, igual que en París, tanto que el césped del parque está ahora compuesto por hojas de mierda sobre las que un día ni siquiera los perros, asqueados, querrán caminar. Entonces invadirán las aceras, y el fastidiado recuerdo de Gabo no va a volver a visitarnos por culpa de los necesitados de afecto que cambiaron el amor humano por una maquina peluda de hacer popó, destilar babas podridas y contaminar el aire con su aliento de cañería. Ese día maldito, quienes sufrimos de asco nos suicidaremos en masa, al atardecer de los domingos, en un vano intento por escapar de un planeta que hasta el mapa lo tiene cagado.

Amílcar Bernal

Amílcar Bernal

Escritor colombiano (1950). Reside en Bogotá. Es ingeniero mecánico y se encuentra pensionado. Ha ganado varios premios y menciones en concursos colombianos y extranjeros de poemas y relatos. Textos suyos han sido publicados en diversas antologías y revistas impresas y digitales. Ha publicado los poemarios La sal de los hoteles (Ayuntamiento de Armilla, España; segundo puesto en el VI Concurso Internacional de Poesía “Miguel de Cervantes”, 2001) y Solos de retruécano (primer puesto en el VII Concurso Nacional de Poesía “Ciudad de Chiquinquirá”, Colombia, 1999).
Amílcar Bernal

Textos recientes de Amílcar Bernal (ver todo)