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Siguiendo el rastro de JairoA, un diseñador de rostros

jueves 18 de agosto de 2016
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Jairo Alberto Álvarez Osorio, JairoA
Jairo Alberto Álvarez Osorio, JairoA.

Jairo Alberto Álvarez Osorio es conocido en la caricatografía colombiana como JairoA. Nacido en Córdoba en 1954, no hay duda de que los paisajes polícromos de este municipio quindiano nutrieron su retina y ahora se asoman a las composiciones abigarradas que salen de su “Lápiz Mágico”. Como muchos artistas colombianos, JairoA tuvo que luchar a brazo partido para encauzar su pasión por el dibujo. Como le contó al diario La Crónica del Quindío, a su padre no le interesaba que aprendiera a dibujar porque le parecía un oficio indigno: “Me tocaba esconderme para dibujar: lo hacía en los cuadernos de la escuela. Empecé con corridas de toros y con procesiones de Semana Santa”. De hecho JairoA es un autodidacta en el arte de la caricatura gráfica, la caricatografía. “Yo empecé a dibujar desde que estaba muy pequeño, pero fue en los años 80 cuando comencé a trabajar en este campo de manera profesional. Puedo decir que mi formación ha sido la práctica, porque soy autodidacta, ya que en el tiempo en el que inicié no había escuelas o academias para formar en este arte y por eso la mayoría de mis contemporáneos que nos dedicamos a esto, al igual que a mí, nos tocó aprender por nuestros propios medios”.

Publicista egresado de la Universidad Jorge Tadeo Lozano (1981), desarrolló en 1985 para Editora Cinco la historieta Las aventuras de Montecristo. Crea con Diego Toro y Mario García la agencia publicitaria Ideas de Cartón y funda la Escuela Nacional de Caricatura. “Esto fue hace más de 30 años y me siento orgulloso de que la Escuela Nacional de Caricatura todavía exista. La idea surgió en un momento en el que yo no tenía empleo y me reuní con un amigo, Mario García, y le dije que hiciéramos algo. En un principio creamos una agencia de publicidad, pero ésta no dio resultado, y después pensamos en ponernos a dictar clases que era lo que sabíamos hacer y comenzamos a hacer talleres para el público. La iniciativa comenzó a crecer y llegó gente de muchas partes, porque a nivel nacional no había nada por ese estilo y así nació la escuela. Con el tiempo decidimos cederla a otros caricaturistas que muy juiciosos la han mantenido”. Sin saberlo, JairoA daba continuidad al sueño del caricatógrafo bogotano Jorge Duarte, también publicista, quien en 1970 creó la escuela de caricatura Artistas Famosos. Allí surgiría la revista Superhistorietas, con personajes como “Maku”, “Dago”, “Cirilo”. Sin lugar a dudas esta quijotesca empresa abriría la puerta para que los diarios colombianos acogieran las propuestas de los cultores del género. Fue así como tres años más tarde El Tiempo publica Calarcá (1970), de Carlos Garzón, una historieta que recoge la zaga de Tarzán de los monos, de Edgar Rice Burroughs, dibujada por Hogart. Carlos Garzón viaja a Estados Unidos y se vincula con Al Williamson —otro historietista de ascendencia colombiana que trabaja para las grandes multinacionales de historietas— en la realización de historietas como Roldán el temerario, El Agente X9 y Big Ben Bolt. Según Jorge Peña, estos dos historietistas colombianos trabajarán en la elaboración de la segunda parte de la Star Wars de Marvel Comics.

El Cartel del Humor

Al igual que la iniciativa de Jorge Duarte, la iniciativa de JairoA le brinda nuevos horizontes a la caricatografía colombiana porque no sólo articula a los integrantes de “El Cartel del Humor”, sino que le sirve de escuela a uno de los grandes de la fisonomía caricatográfica iberoamericana, Omar Figueroa Turcios.

Por su trabajo internacional y su aporte al desarrollo del género, Omar Figueroa Turcios-Ofit (1968) es otra de las figuras paradigmáticas en el cultivo de la fisonomía caricatográfica. Nacido en Corozal, Sucre, Turcios publica su primera caricatura en el diario El Heraldo, de Barranquilla (1985), pero inicia su carrera profesional en El Diario del Caribe, donde trabaja entre 1985 y 1989. Luego de conocer a los más importantes caricatógrafos colombianos y algunos latinoamericanos reunidos en el Festival Mundial de Humor Gráfico Calarcá 89, decide radicarse en Bogotá a partir de 1990. En la capital de la república trabaja con seudónimos distintos para los dos diarios más importantes de la época. Sus caricatografías en El Tiempo (1990-1998) aparecerán firmadas como Turcios y en El Espectador (1993-1998) como Ofit. Colabora igualmente con el diario El Nuevo Siglo (1991) y con las revistas Cambio 16 (1996-1998), Acento (1997), Cromos (1997-1998) y Wallstress (1998).

Omar Figueroa Turcios-Ofit
Omar Figueroa Turcios-Ofit.

Turcios incorpora a su desarrollo como fisonomista caricatográfico los aportes de Calarcá y Linares, y en un rápido proceso de enriquecimiento técnico llega a desarrollar un estilo muy personal, con un agresivo uso del color y manejo plástico de la línea, que convierte en un manierismo efectivo, donde una característica física, exagerada en extremo, ofrece al lector la mejor de las caracterizaciones del personaje abordado. En 1998 viaja a Alcalá de Henares. Allí es distinguido con el título honorífico de Profesor de Humor por la Universidad de Alcalá. En España publica en los diarios El Mundo (1998), La Razón (1998-2001), Diario 16, (1999-2001), Madrid Económico (2001) y Diario de Alcalá (2000-2001), y en la revista Quevedos (1998-2001). Cultiva igualmente los géneros de la ilustración humorística y el humor gráfico. En este último género cosecha importantes premios y distinciones nacionales e internacionales: Italia (Octava Bienal de Caricatura, 1990; Premio Mari, 1995; Humor Deportivo, 1995; Décima Novena Bienal Internacional de Humorismo en el Arte, 1997), Turquía (Premio World Kiris, 1996), Cuba (Décima Bienal Internacional de Humor Gráfico, 1997), Brasil (Bienal Internacional del Humor, Sao Paulo, 1998; 25ª Bienal Internacional de Dibujo Humorístico, Piracicaba, 1998; Primer Festival Internacional de Dibujo Humorístico, Pernambuco, 1999) y Colombia (Concurso Internacional Cafam, 1990 y 1995; Concurso de Caricatura Política, revista Semana, 1998; Primer Festival Mundial de Caricatura, Medellín). Es necesario subrayar que Turcios cultiva con gran propiedad y talento la mayoría de los géneros de la caricatografía, pero es en la fisonomía caricatográfica, por su particular visión de mundo y su capacidad técnica y creativa, donde ha dejado la mayor huella en la historia de este arte en Colombia.

Otro de los aportes que se le deben reconocer a JairoA con la fundación de la Escuela Nacional de Caricatura es haber acogido como docente de este semillero de la caricatografía colombiana, por más de dos décadas, a uno de los más importantes caricatógrafos colombianos del siglo XX, Arlés Herrera, conocido como el Maestro Calarcá. Mario García trasladó al Quindío la experiencia obtenida con JairoA y creó en el municipio de Calarcá la escuela taller, Arte2 gráfico, donde se han formado nuevas figuras de la caricatografía colombiana.

Arlés Herrera, el Maestro Calarcá
Arlés Herrera, el Maestro Calarcá.

Figura paradigmática de la fisonomía caricatográfica en la segunda mitad del siglo XX es  Arlés Herrera, conocido como el Maestro Calarcá. Nacido en Armenia, Quindío, en 1934, asume su seudónimo como un homenaje al aguerrido cacique Pijao que combatió la ocupación española en las tierras quindianas. Es un convencido del compromiso social de la caricatura, por lo que su trabajo, más que reclamar, demanda a grito de lápiz un espacio digno y justo para el ser humano, sin preocuparle, por ello, que su trabajo en caricatografía política adquiera a veces el tono de pancarta. Comunista militante, Calarcá ha ejercido el género de la caricatografía política desde 1962, fecha en la cual ingresó al semanario Voz de la Democracia, hoy Voz, atalaya de sus principios desde donde ha denunciado la paradoja de un país que se deshace en manos de los corruptos, que desaparece en los oscuros meandros de la democracia, que muere masacrado y amordazado por los violentos de todas las extremas. Entre 1987 y 1990 promovió y organizó en Bogotá cuatro versiones del Festival Latinoamericano de Humor Gráfico. Calarcá realizó estudios en el Instituto de Ciencias Políticas y Comunicación de Moscú. Allí, la calidad de su trabajo mereció la publicación en Krokodril, la revista de humor de mayor circulación en la desaparecida URSS. Se destaca en el género de la fisonomía caricatográfica no sólo por su búsqueda constante de nuevas formas de diseñar el rostro humano, y por ende su evolución permanente en el género, sino también por el aporte que ha realizado a distintas camadas de caricatógrafos, a través de la Escuela Nacional de Caricatura, en Bogotá, Taller Dos en Calarcá y los múltiples talleres que ha realizado, por invitación especial, en distintas regiones de la geografía colombiana. Su labor en fisonomía caricatográfica fue reconocida por el Festival de la Historieta de México y por la X Bienal de Humor Gráfico de Cuba, donde fue invitado especial y galardonado por la fisonomía en bronce del poeta Nicolás Guillén, respectivamente. Así mismo, la Gobernación del Quindío le otorgó el Retablo Quimbaya en la modalidad Maestro de Maestros, en el marco del Encuentro Nacional de Caricatura: la caféteRÍA, realizado en Armenia, en agosto de 2000, e incluyó su nombre en la antología caricatográfica A punta de lápiz: el Quindío en la caricatura colombiana.

En 1988, JairoA realiza para la edición dominical de El Tiempo el concurso semanal “Se busca”, que es lanzado como contrapropuesta a “¿Dónde está Javier?” realizado por Fernando Mancera en El Espectador. En 1992 JairoA despliega una labor didáctica en el suplemento dominical Las Aventuras de El Tiempo, en la sección “Rayando papel”. Entre 1988 y 1994 realiza una serie de proyectos que Germán Fernández (2000) ha denominado “composiciones abigarradas: la temática de las conglomeraciones variopintas se va a repetir en estos proyectos. En la mayor parte de ellos el pretexto es algún acontecimiento ligado a los medios masivos de información y recreado con el protagonismo con las figuras más destacadas de la farándula y el deporte”. Entre estas obras figuran el cartel “Bogotá qué verraquera” (1986), el álbum para la Emisora 88.9 (1990), el álbum conmemorativo América 500 años y los carteles “La chiva del mundial” (1994-98) y “Café con leche” (1998). Hasta el año 2000 se desempeñaba como fisonomista caricatográfico de la revista TV y Novelas de El Tiempo.

JairoA regresa al Quindío y desarrolla Paraíso, una historia fantástica donde dos niños (Mango y Pipe) viajan por accidente a través del tiempo y viven una aventura mágica, que los hace conocer la cultura quimbaya, la historia de la conquista y la fundación del departamento, tan necesaria en estos tiempos cuando celebramos el cincuentenario del Quindío.

Ilustración de JairoA
Ilustración de JairoA.
Carlos Alberto Villegas Uribe
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