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Uno o dos de tus gestos, el más reciente libro de cuentos de Jorge Gómez Jiménez, editor de Letralia

3 errores que harán que tu cuento se vaya directo a la basura

• Lunes 25 de marzo de 2019
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3 errores que harán que tu cuento se vaya directo a la basura, por Jorge Gómez Jiménez
Un cuento jamás llegará a los ojos del lector si su autor falla en ciertos aspectos clave.

Todos hemos pasado por eso. Te matas hasta las cuatro de la madrugada escribiendo un cuento, dándole forma a una historia que, cuando se te ocurrió, pensaste que destronaría a los pesos pesados del género; escribiste sin parar inventando diálogos, ambientes y situaciones, poniendo lo mejor de ti para lograr la gran meta, que no es otra que la atención del lector. ¿Y qué pasa al final?

Nada. No pasa nada.

Envías el cuento a un concurso y no recibes la tan ansiada llamada. Lo envías a una revista y no te lo aceptan. Pruebas con otro concurso y otra revista y el resultado es el mismo. Vuelves a probar, y nada. Apenas consigues que lo lean algunos amables contactos en tus redes sociales que te dirán: “Está muy bonito, sigue así”.

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No existe una fórmula mágica para que un cuento tenga éxito. Pero sí existen algunos errores que en definitiva impedirán que tu cuento llegue a su objetivo, el lector. Aquí desenmascararé a los culpables más culpables en el fracaso de un cuento.

 

Error 1: narración plana

Una de las primeras cosas de las que hablo en mi taller de cuento es que toda la información con la que nos inspiramos para escribir un cuento proviene de cuatro únicas fuentes. Dos de esas fuentes pertenecen a la realidad en la que vivimos y las otras dos a esa supercomputadora que tienes dentro del cráneo. ¿Cuál es el error? Narrar la historia tratando de reproducir al milímetro cada detalle de la información que extrajiste de esas fuentes.

Escribir un cuento es algo que va más allá de enumerar los hechos que componen una historia.

Es común, en autores que se están formando, creer que escribir un cuento consiste en enumerar uno a uno los hechos de la historia que recibieron por una o más de esas cuatro fuentes. El problema es que enumerar hechos es hacer una narración plana, es lo que hacemos cuando hablamos con alguien, mientras que escribir un cuento es emprender una obra de arte. Hay un trecho muy amplio entre una y otra cosa.

Cuando me topo con un cuento que empieza con algo como “era una mañana fría y gris en aquel pueblo de la costa…”, ya sé que el autor no escribió un cuento, no hizo una obra de arte, sino que se dedicó a enumerar hechos. Lo más probable es que en ese texto haya diálogos extensos en los que se reproducen hasta los buenos días que se dan dos o más hablantes, o complicadas explicaciones sobre los desplazamientos o sobre las razones de tal o cual interacción entre dos o más personajes.

Todo esto no es más que grasa: es información que agrega poco o nada al cuento.

Un cuento tiene su realidad interna y ésta es independiente de la realidad real. Tratar de introducir a la fuerza cada detalle de la realidad real por lo general convierte al texto en una enumeración de hechos y termina espantando al lector.

Un cuento debe ser conciso: cada frase, cada giro, cada palabra debe tener precisión y peso y ser insustituible en el contexto de lo que se está contando.

 

Error 2: personajes falsos

De todos los superpoderes que tiene un escritor, mi preferido es el de crear personajes.

¿Te has puesto a pensar alguna vez en la importancia de darle forma a alguien que tendrá un lugar en tu historia, que reaccionará ante estímulos y resolverá situaciones, que quizás se enamorará o será un héroe o un villano, que tendrá hijos o incluso morirá? A mi modo de ver, crear un personaje es un poder que nos convierte un poco como en dioses.

Pero ya nos lo dijo el tío Ben:

Un gran poder conlleva una gran responsabilidad

Y la responsabilidad que tenemos para con nuestros personajes es convertirlos en seres verosímiles, tan verosímiles que el lector se los crea. Toma nota de esto: un personaje no es sólo un nombre que “hace cosas” dentro de tu cuento.

Siéntate a pensar: ¿qué es lo que quiere un lector cuando se sienta ante un cuento? Lo que quiere el lector es que lo engañes, que lo convenzas, y eso sólo se consigue con lo que comenté al final del primer punto acerca de que cada elemento del cuento tenga peso y sea insustituible.

Esto incluye a los personajes: si los modelas con una personalidad pobre que los lleva a tomar decisiones incomprensibles, nadie se los va a creer. Ponlos también a resolver situaciones, porque un personaje perfecto, un sabihondo o alguien a quien todo le sale bien es una vía rápida para que tu cuento acabe en la basura.

Objetivo y coherencia son los dos pilares para construir personajes verosímiles.

Para construir un personaje verosímil tienes que valerte de dos pilares fundamentales.

El primer pilar es que el personaje tenga un objetivo en la historia, y que cada uno de sus movimientos se dirija hacia ese objetivo. No importa que el personaje sea un héroe, un villano, alguien poderoso o un completo perdedor: si está en el cuento es porque tiene un objetivo, así que no pierdas tiempo en descripciones minuciosas si las características que incluyes en esas descripciones no ayudan en nada a que el lector comprenda ese objetivo.

El segundo pilar es que tus personajes sean coherentes, lo que implica que deben ser coherentes con la historia en la que están envueltos pero, mucho más importante, que sean coherentes consigo mismos. La psicología del personaje es uno de los principales ingredientes de la coherencia que debe prevalecer en la realidad interna del cuento.

 

Error 3: escritura descuidada

es muy importante q tu cuentos no tengan errores de redaccion o ortografia.

¿Lo notaste? La línea anterior presenta seis errores. Considerando que son sólo trece palabras, eso es ¡casi la mitad de la frase! Los errores formales —ortografía, gramática, sintaxis, puntuación— dificultan la comprensión de tu cuento y son un obstáculo para una buena figuración en un concurso o para que te lo acepten en una revista.

Con frecuencia me encuentro con gente que dice cosas como: “Pero si apenas fueron unas tildes que me comí…”. ¡Craso error! No pongas excusas en este sentido.

Un médico, un albañil o un mecánico deben mantener limpios y ordenados sus herramientas e instrumentos, y deben tener la capacidad de usarlos de forma correcta.

Imagina a un cirujano que se excuse de hacer mal su trabajo: “Pero si apenas fue un pedacito de algodón que dejé dentro del paciente”. La diferencia es que en el caso del cirujano el paciente puede morirse, mientras que en el caso del escritor lo que se muere son las posibilidades de que el cuento llegue a buen puerto.

El escritor trabaja con el lenguaje y uno siempre debe tener respeto por su trabajo. Al terminar de escribir un cuento, dedícale unas horas a corregirlo.

Esfuérzate en estudiar las normas del idioma. Aprende a conocer tus fallas y tómate tu tiempo en solucionarlas. ¿Tienes problemas con la acentuación? ¿Se te hace difícil entender los secretos de la puntuación? ¿No terminas de entender bien los tiempos verbales? Hay abundante documentación disponible sobre estos aspectos, tanto en Internet como en el mundo real.

Algo que mucha gente ignora es que conocer a fondo el idioma, quizás no al nivel de un lingüista pero sí como el trabajador del idioma que eres, te permitirá subvertirlo y crear nuevas formas de decir las cosas. Por otro lado, no te cierres a la posibilidad de contratar a un profesional que revise tus textos.

 

Bonus track: llover sobre mojado

Desde que J. K. Rowling se hizo famosa con Harry Potter han aparecido millares de historias sobre chicos magos. Este fenómeno no es nada nuevo: el vertedero de basura está repleto de relatos que se parecen demasiado —en estilo y temática— a los de autores influyentes, que pueden ir desde Gabriel García Márquez y Paulo Coelho hasta Isabel Allende y Agatha Christie.

Plagios, plagios involuntarios e historias trilladas son la trilogía indeseable de la literatura.

Escribir un cuento que ya escribió otro autor es un error imperdonable aunque introduzcamos circunstancias, personajes, ambientes y lenguajes distintos a los del original. A veces este es un error involuntario: quien lee a un gran autor puede terminar copiando el estilo o los temas de su ídolo. Es obvio que cuando se hace de forma voluntaria es más grave, pues implica que se está cometiendo un plagio.

Por otro lado, suele darse el caso de que el cuento no es una copia de algo escrito antes por un autor concreto, pero sí es lo que llamamos “una historia trillada”: un argumento que ya hemos visto de distintas formas en la literatura o el cine. Cuentos así son, en el mejor de los casos, predecibles, y no hay lector serio que quiera perder su tiempo con esto.

 

Un consejo final

Si aspiras a ser cuentista asume el compromiso de formarte pero, por encima de todas las cosas, piérdele el miedo a los errores. Cometer errores, revisarlos y esforzarse en evitarlos es la forma de crecer en este oficio. Ya lo dije más arriba: no existe una fórmula mágica para que un cuento tenga éxito. Pero sí que existe una para evitar en lo posible estos errores, y no es otra que leer mucho a los grandes autores, escribir las historias que nos hubiera gustado leer y corregir una y otra vez.

Jorge Gómez Jiménez

Editor en Letralia
Escritor venezolano (Cagua, Aragua, 1971). Dirigió entre 1989 y 1990 la Peña Literaria Cahuakao, en Cagua y, entre 1990 y 1993, el semanario El Tabloide, de la misma ciudad. Desde 1996 edita la revista literaria Letralia, Tierra de Letras, la primera publicación cultural venezolana en la red. Ha publicado, entre otros títulos, los libros de cuentos Dios y otros mitos (1993) y Uno o dos de tus gestos (2018), las novelas breves Los títeres (1999) y Juez en el invierno (2014), la antología de narrativa venezolana Próximos (2006; bilingüe, chino-español), la novela El rastro (2009) y la plaquette de poesía Mar baldío (2013). Textos suyos han aparecido en diversas antologías dentro y fuera de Venezuela. Ha obtenido, entre otros, el primer lugar en el X Concurso Anual de la Universidad Central de Venezuela (Maracay, 2002) y en el Concurso de Minicuentos Los Desiertos del Ángel (Maracay, 2012). Además, con Letralia recibió el Premio Nacional del Libro (Caracas, 2007) y ha sido en dos ocasiones finalista, y una vez mención honorífica, de los premios Stockholm Challenge (Estocolmo, Suecia, 2006, 2008, 2010). Su novela El rastro, publicada en Internet entre 1996 y 2008, recibió en 2007 el puesto Nº 32 en la lista “Las mejores 100 novelas de la lengua española de los últimos 25 años”, de la revista Semana, de Colombia. Textos suyos han sido traducidos al francés, inglés, italiano, catalán, esloveno y chino.

Sus textos publicados antes de 2015
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Editorial Letralia: 2000: el futuro presente (coautor)
Editorial Letralia: Libro de hacedores (coautor)
Jorge Gómez Jiménez

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