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El actor y la puesta en escena

viernes 28 de junio de 2019
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Yahaira Salazar
Yahaira Salazar, autora de este texto, en el papel de Electra. Fotografía: Roland Streuli

Nota del editor

En 1978 el presidente de Venezuela, Carlos Andrés Pérez, decretó el 28 de junio como Día Nacional del Teatro. La venezolano-francesa Yahaira Salazar, mujer de teatro, nos presenta esta reflexión sobre el trabajo del actor y su relación con los otros componentes de ese arte: la obra, el director, el público, la sala. Este texto es una versión de la ponencia original presentada en 1997 por la autora en el encuentro “La dramaturgia del actor, una revisión crítica”, celebrado en La Habana, Cuba.

Dejémosle al teatro la posibilidad de seguir siendo un espacio donde podamos encontrar las respuestas a esas preguntas que brotan de la época tumultuosa que está viviendo el mundo. Las “máscaras” que las mujeres y hombres del teatro deben llevar en la escena hoy en día deben ser las de una tenaz reflexión hacia la búsqueda de nuevos caminos.

I

El asombro al penetrar un espacio vacío, inhabitado, desierto. Lanzar la primera palabra, acertarla, hacerla vivir en este espacio ante la presencia de una mirada indescriptible que rápidamente juzga y al mismo tiempo conmueve pero que también nos estimula el deseo de huir, empalmados con la vergüenza del arrepentirse y sin más remedio que darle la cara a un riesgo que te atrae como un imán. Enfrentarse con el desasosiego que produce equivocarse y a pesar de todo esto obligarte a continuar, llevándote a dar un paso más, siempre incierto.

 

II

El intérprete que es el actor, al inicio, no tiene nada que decir, no sabe hablar, no sabe moverse, no puede hacer ningún gesto posible que exprese algún signo conocido; está esperando ser habitado, está confundido por el temor que le produce el hecho de equivocarse al darle vida a un personaje, dar el primer paso hacia adelante, uno o dos pasos más, avanzar en la misma dirección, otro paso más que tampoco se asemeja a nada.

 

Busco entre los rincones por dónde escaparme, uno, dos, tres y una cuarta pared, delante de la que no tengo nada que decir, mientras el ojo del Director me observa detalladamente.

III

El Director está aquí frente a mí esperando ver nacer ese primer gesto, atraparlo, para romperlo o cantarle, atraparlo para manipularlo.

Querido público:

Estoy aquí delante de ustedes, desnudo, en esta “casa negra” que es el teatro; tengo miedo, no es mi culpa que esta obsesión por la actuación me persiga para vestirse con mi cuerpo.

Corro por el escenario hacia todas las direcciones, de un muro hacia el otro, de una pared a la otra, y busco entre los rincones por dónde escaparme, uno, dos, tres y una cuarta pared, delante de la que no tengo nada que decir, mientras el ojo del Director me observa detalladamente.

 

IV

Estoy aquí en medio de esta soledad en medio de este silencio y la angustia penetra el espacio despejado, desierto.

La audición es poner la primera palabra, acertarla y darle vida a un espacio con la sola presencia de una mirada que comunique con el espectador.

 

V

Quisiera saber cómo voy a hacerlo, llevo años haciendo teatro y nunca estoy listo en el momento de iniciar esta ceremonia, es cada vez más difícil encontrar el punto de partida, termino con muchas preguntas sobre un misterio que no puedo descifrar y que me obliga a transitar por muchos caminos, para llegar hasta los espectadores.

 

VI

Dónde encontrar los fundamentos de este arte, el origen: en el cosmos, en los sonidos, en las ideologías políticas, ecos, gestos, muecas, en el movimiento, contorsiones del cuerpo, en la danza, en los movimientos desproporcionados, lentos, rápidos, distorsionados, en las ciencias, mundos increíbles, en la antropología, en la sociología, insólito, en el psicoanálisis, eróticos. En la arqueología. ¿Dónde? En el origen de la humanidad.

 

VII

Trato de captar esa presencia del Director, que me han impuesto, de encontrar algo en común entre nosotros, algo que nos una, que nos haga establecer esa perfecta simbiosis donde los dos seremos uno sin ningún temor. Al primer contacto el Director, él, me toma de la mano y hacemos el camino juntos hacia el centro de esta casa que nos ha estado esperando desde hace mucho tiempo y donde en vigilia hemos concebido, hasta parir, esa otra parte de la realidad que nos falta para complementar ese mundo que nos está destinado construir. Y donde debemos aprender a soñar, con ustedes.

 

El Director delante de mí continúa esperando el gesto, el primero, el primer ademán, después del brote del “Otro”, “El Personaje”.

VIII

Vamos a llenar la escena, a escribir este espacio, a inventar una experiencia unidos para complementar esta realidad que desde el principio sabemos como invisible, una realidad que luego haremos palpar a otros, que haremos sentir a los espectadores, que se encuentran allí, detrás de esa “pared”, de la que nos escondemos por ahora y en la que se esconde conmigo, secretamente, un testigo que nos guiará hasta el final de nuestra tarea y con el que mantendremos para siempre esta relación incestuosa del alma.

 

IX

Ya poseído por mí mismo, permanezco en este sitio habitando la ausencia y el Director delante de mí continúa esperando el gesto, el primero, el primer ademán, después del brote del “Otro”, “El Personaje”, que por ahora es sólo una silueta clandestina, que tiembla en mi interior y que sólo será posible vislumbrarla escudriñando, al mismo tiempo, ese dolor inenarrable que produce el nacimiento de un sueño inmemorial, esencia misma de la creación.

 

X

El actor engendra al personaje con el miedo a lo desconocido porque no sabemos de dónde venimos. Al ser confrontados a esta incertidumbre nos sentimos perdidos.

 

XI

Un paso… otro paso más… buscando la expresión exacta, acercarse a la idea del texto, buscando una intención, cantar para llorar, gritar, abrir y cerrar la boca… contraerse, sacrificar el cuerpo o quedarse mudo para siempre.

Esta transformación sucederá sólo por un instante y cuando se repita ese milagro del acto teatral… Interrogándonos, hablándonos en una lengua desconocida con un idioma de otros tiempos, ataviado con vestidos sin época, con un caminar sin edad.

Porque nunca llegaremos a saber quiénes somos, al dominar nuestros primeros pasos, empezamos a desplazarnos, a jugar, a descifrar los signos del texto, siempre vigilados por el ojo implacable del director, que poco a poco se va convirtiendo en la mano mágica y ágil que dibuja el lienzo del espacio escénico con nuestro cuerpo.

Dando golpes de pincel aquí y allá, creando un mundo inesperado alrededor de una materia que se mueve en todos los sentidos, tratando de buscar una razón… Un cómo, un porqué, un para qué. Y, sobre todo, un con quién. Pues probablemente existan otros personajes que “se escapen” del texto para venir a nuestro encuentro.

 

Detrás de los pormenores, tras lo imprescindible del maquillaje y el decorado, estará siempre el Director buscando extraernos la esencia de nuestra vida humana.

XII

Ahora por el momento sólo palpo la existencia de este, mi personaje.

En este momento comienzo a perder el recelo, me instalo plenamente en el espacio escénico y esta “casa negra” inhabitada se vuelve más grande, mi cuerpo se agiganta mientras balbucea algunas frases… Cantos… Gritos. Aquí comienzo a imaginar, a dibujar esta realidad invisible para materializarla a los ojos de los otros, para que el público la observe a través de esa luz que se va filtrando poco a poco entre las palabras y que desde ya me acaricia los pies, me cubre todo entero, llegando hasta mi cabeza, entra por los ojos y comienza a andar conmigo por esta calle, en un espacio que todavía sigue oculto.

A pesar de mí, me pierdo nuevamente. No sé dónde estoy… Súbitamente me reencuentro con el Personaje. Habitando conmigo este cuerpo.

Ahora puedo decir que estoy aquí, delante de ustedes, representando un sueño, modificado por esta luz, por estas palabras, por la puesta en escena capaz de cambiarnos, de hacernos vivir en la palabra inmortal del poeta, en un acto y la luz ardiente del proscenio, otra vida.

 

XIII

En esta afinidad extraordinaria con el Director en el momento de la preparación aparece también la fobia al público, al tomar conciencia de esa inevitable confrontación que se produce al abrirse el telón de boca.

Continuamos, rompiendo nuestros límites, en busca de la verdad escondida entre las frases ocultas en el carácter de un texto que debemos representar.

Detrás de los pormenores, tras lo imprescindible del maquillaje y el decorado, estará siempre el Director buscando extraernos la esencia de nuestra vida humana, organizándola de tal manera que podamos ser auténticos al ojo del auditorio, y es a través del ojo del espectador que esta especie de aventureros perdidos que somos termina existiendo, tomando forma en el “éxodo” de la vida, que es la puesta en escena.

Introducimos la acción del Personaje, del Director, del Autor, nos construimos en universos prodigiosos, con la violencia de un choque, para darle la fuerza y el sentido al gesto en un espacio no ocupado aún, en un silencio no habitado aún.

 

XIV

Vamos alimentando esa columna de aire que nos sostiene como el aliento que nos da la imaginación mientras “actuamos” y reaccionamos a las ideas del texto, siendo testigos al mismo tiempo de las variaciones y de la evolución en el espacio escénico.

Un espacio que va en busca de su propio lenguaje, para después unirse al verbo de ese Personaje que comienza a existir por sí mismo en la escena.

 

XV

Todo esto al compás de un silencio que ya no está saturado por la aprensión, hemos erigido totalmente al Personaje con nuestra propia memoria, ya hemos construido lo que será interpretado, y es en ese momento que nuestro Guía, el Director, nos abandona, se va, se muere en la noche, se desvanece en el foro, cuando llega la concurrencia con sus manos listas para los aplausos.

 

XVI

Ahora, antes de comenzar la ceremonia, después de haber abierto esta cortina mágica con sus candilejas, reveladoras de todos los misterios de la vida.

Aquí, el telón de boca de este teatro, que se ha abierto ininterrumpidamente durante todas sus funciones, busca darle un significado más exacto a este, nuestro Evento, a esta representación.

 

Disertaremos sobre las cuestiones de la espiritualidad del actor, un ser humano que, como las orugas, nace y muere en una misma noche en la escena.

XVII

Aquí, ahora, donde son posibles todos los sueños. Aquí… Ahora, delante de ustedes me digo, por favor, que el propósito por el que ustedes han venido a este lugar, que la finalidad por la cual nos hemos dado cita aquí, no sea solamente el de la satisfacción de vernos una vez más o el darnos unos abrazos y parlotear.

 

XVIII

Y si, en todo caso, si ustedes creen que la intención sea descubrir el porqué y el para qué de un intérprete, entonces disertaremos sobre las cuestiones de la espiritualidad del actor, un ser humano que, como las orugas, nace y muere en una misma noche en la escena, martirizado por la confrontación de sus máscaras.

 

XIX

Esas Máscaras que como símbolo de lo que nos compromete a todos, hoy no son visibles. Las Máscaras de la tragedia y la comedia no son suficientes. No basta con celebrar o con mostrar el horror de este mundo a la audiencia. Una Máscara que no disimule nuestras verdaderas emociones es necesaria. Las máscaras de todas las utopías son necesarias. Aquí, ahora. Renovemos nuestra pasión con el teatro y pongamos sus luces al servicio del siglo, de nuestro siglo.

Les cedo la palabra para que juntos dejemos un precedente.

Yahaira Salazar

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