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Mibonachi parisino

viernes 24 de julio de 2020
Gabriel García Márquez
García Márquez no fue consciente de la miseria dorada parisina.

E1. Gabo documentado

La estadía de Gabo en la Ciudad Luz está documentada. El Centro Gabo ha publicado varios artículos escritos por él. En alguno relata los atropellos policiales por su aspecto argelino. Escuchando al cantante George Brassens aprendió los rudimentos del francés. Y escribe un artículo donde realiza un perfil del cantante. También se asombra de los apasionados besos de las parejas. Parejas que se besan pública y desaforadamente en la ciudad. Y detienen el tráfico de París con sus innumerables demostraciones. Parecía que no fueran a tener tiempo suficiente para amarse. Otro artículo sobre las heces de perro en las suelas. La mayoría de los artículos son publicados en los ochenta. Constituyen remembranzas de Gabo sobre el París que ha vivido. No idealizaciones románticas de los intelectuales y de los artistas. Una síntesis de la miseria dorada que le tocó vivir. Esa miseria dorada que vivió con la recordada vasca temeraria. A quien invitó especialmente a la entrega del premio Nobel. A quien regaló “Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo”. Con una nota muy personal que le envió desde Colombia. Donde recordaba el invierno de mil novecientos cincuenta y cinco. Cuando deseó como premonición que fuera ella quien lo contara. Trabajo al que Tachia le dedicó tres años de montaje.

 

E2. La miseria dorada

García Márquez no fue consciente de la miseria dorada parisina. Hasta una noche de epifanías en el puente Saint Michel: “Yo no había tenido una conciencia clara de mi situación. Hasta una noche por los lados del jardín de Luxemburgo. Sin haber comido ni una castaña durante todo el día. Y sin donde dormir, estuve merodeando horas por los bulevares. Tenía esperanza de que pasara la patrulla contra los árabes. Esperaba que me llevara a mí a una jaula cálida. Pero por más que la busqué no pude encontrarla. Al amanecer, los palacios del Sena se perfilaron entre la niebla. Me dirigí hacia la Cité con pasos largos y decididos. Con cara de obrero honrado que iba a su fábrica. Cuando atravesaba el Saint Michel sentí que no estaba solo. Porque alcancé a percibir a alguien acercándose en sentido contrario. Lo vi perfilarse en la niebla, por la misma acera. Entre la niebla espesa llevaba el mismo ritmo que yo. Vi cerca su chaqueta escocesa de cuadros rojos y negros, Cuando nos cruzamos en el puente vi su cabello alborotado. Bigote, semblante triste de hambres atrasadas y mal dormir. Vi sus ojos anegados de lágrimas, me heló el corazón. Porque aquel hombre parecía ser yo que venía de regreso”.

 

E3. La vasca temeraria

Cuando Gabo llegó a París apenas tuvo tiempo de apreciarla. Según cuenta el Centro Gabo pasarían seis meses para lograrlo. En París conoció a quien llamaría amorosamente la vasca temeraria. Pero no llegó a imaginar la importancia en su vida. Tenía veintisiete años; su nombre real era María Concepción Quintana. Pero su nombre artístico de actriz y declamadora: Tachia Quintanar. Se cruzaron en París en una calle cercana al Louvre. Lo invitó a un recital que tendría esa misma noche. Gabo no dudó en contestarle que poco sabía de poesía. Sin embargo se comprometió a acompañarla al recital esa noche. Según testimonio de Tachia Quintanar esa noche empezaron a tontear. Y Gabo terminó instalado en su apartamento de catorce metros. Fueron tiempos de escasez económica pero de gran productividad literaria. Gabo recurrió a diversos trabajos, incluso cantó en los buses. “Éramos más pobres que una rata”, rememoraría Tachia en entrevistas. Tachia lo veía descender diariamente a preguntar por un cheque. Como el personaje de la novela que escribía regresaba desesperanzado. Se trataba de El coronel no tiene quien le escriba. En la cual aparecerá también el carácter de la vasca. La coronela es el alter ego de la vasca temeraria. Tachia Quintanar fue el amor parisino de su vida secreta.

 

E4. Tenemos Nobel

Una noticia conmocionó Colombia el 21 de octubre de 1982. Urgente, urgente, Gabriel García Márquez fue elegido Nobel de Literatura. Los dieciocho jurados vitalicios de la Academia Sueca fueron unánimes. Un amigo de la Academia Sueca le dio la primicia. Gabo se preparaba esa mañana para salir al ejercicio cotidiano. La noticia desbordó las academias y los cerrados círculos intelectuales. El Nobel se sentía en las calles, en los mercados. Hasta en los prostíbulos se comentaba con júbilo la noticia. Los taxistas barranquilleros hacían sonar pitos como cuando gana Junior. Las primeras palabras de la mágica Luisa Santiaga Márquez fueron: “Ojalá este premio sirva para que me arreglen el teléfono”. Sin mayores pretensiones Gabo reconoció su premio como: de todos. “Permítanme primero felicitar a los colombianos porque ya tenemos Nobel”. El premio permitiría influir a favor de los derechos humanos. Les dijo a los primeros periodistas que llegaron a entrevistarlo. “El presidente Belisario Betancur fue mejor que cualquier periodista colombiano”. “Porque fue el primero en llamarme esta mañana para congratularme”. Las reacciones de satisfacción se dieron en todo el mundo. Jorge Guillén dijo: “Yo he dicho mil veces, lo merecía”. Borges, huérfano perenne del Nobel, expresó: “Es todo un acierto”. En el terreno intelectual no hubo un pronunciamiento en contra.

 

E5. La gestión

Germán Santamaría sería el primer periodista en entrevistar a Gabo. García Márquez dijo entonces: “No quiero estar solo en Estocolmo”. “Me gustaría celebrar mi premio con cumbias y vallenatos”, declaró. Gloria Triana leyó y habló con la directora de Colcultura. Ella dirigía en Colcultura la sección de Festivales y Folclor. Fue donde la directora y le propuso cumplirle los deseos. Aura Lucía Mera hizo un almuerzo en su propia casa. Decidieron incluir ritmos adicionales porque Gabo les pertenecía a todos. Incluyeron ritmos como joropos y currulaos, pasillos, bambucos y torbellinos. Aura Lucía le encomendó seleccionar lo mejor de estas expresiones. Consuelo Araújo anunció el envío de los Zuleta a Estocolmo. De inmediato Gloria la llamó para proponerle que se uniera. Viajó por el país para visitar los grupos que conocía. Examinó con cuidado los diversos montajes y repertorios seleccionados previamente. Cuando los hubo escogido presentó la propuesta para la aprobación. Entonces empezaron las presiones de otros grupos que querían asistir. Cuando se hace pública la noticia empieza una gran polémica. Los acusaron de tropicalistas, tercermundistas, iban a empañar el Nobel. D’Artagnan aseguró que se cometería un acto de lesa lobería. No fue fácil organizarlo, era noviembre y no había presupuesto. Menos habría un rubro previsto para celebración de un Nobel.

 

E6. En Estocolmo

Por fin la celebración del Nobel de Literatura tuvo lugar. El once de diciembre de mil novecientos ochenta y dos. Por las escalinatas del Salón Azul descendió la comitiva colombiana. Músicos y grupos folklóricos que representaban a todas las regiones. Una delegación seleccionada por Gloria Triana conformada por sesenta personas. Encabezaban la comitiva los hermanos Zuleta y el maestro Escalona. Los seguían Carlos Franco y su Conjunto Folklórico de Barranquilla. Totó la Momposina y sus Tambores representaban la región Caribe. La Negra Grande de Colombia representaba la región Pacífico. Las Danzas del Ingrumá de Riosucio representaban la zona Andina. Y el maestro Quinitiva y su conjunto, la música llanera. Desde sus ojos aguados la Cacica observaba a Tachia Quintanar. María Concepción Quintana se había doblado sobre la mesa sollozando. Emilianito y la voz prodigiosa de Poncho comenzaron a cantar. “Está lloviendo en la nevada / arriba ‘e Valledupar / apuesto a (…)”. Ese paseo que García Márquez le enseñó, de tanto oírselo cantar. Al día siguiente leyeron en el Dagens Nyheter de Estocolmo: “García Márquez nos enseñó cómo se debe celebrar un Nobel. Las cosas nunca serán como antes en el Salón Azul”. Esta épica jornada la relató Gloria Triana en un informe. Con idénticas palabras a las usadas en esta nueva redacción.

 

E7. Patrimonio cultural

¿Qué pensaba la Cacica Consuelo Araújo mientras descendía las escalinatas? Gloria conserva el diario donde Consuelo dejó consignadas sus emociones:

No era ningún secreto para quienes como Rafael Escalona, Nereo López o yo que sin ser exactamente cantantes ni músicos ni bailarines estábamos metidos hasta el alma dentro del grupo humano sobre el que iban a estar y estuvieron todas las miradas y sobre el que se echó, desde el primer momento, la responsabilidad de parir ese tan sonado oso, o no parirlo, que si en Estocolmo nuestro folklor y nuestras manifestaciones culturales y artísticas triunfaban —como en efecto triunfaron rotundamente— el triunfo iba a ser, sin duda, un triunfo exclusivo de Colombia. Y punto. Pero si en cambio había el más mínimo traspié en la ejecución, por ejemplo, de cualquiera de las danzas y bailes, había un solo compás trascordado en cualquiera de los merengues o paseos de Escalona o en los joropos llaneros, la culpa, la responsabilidad indiscutible iba a ser nada más que de esa loca de Gloria Triana y toda esa gente bruta, corroncha y gritona que ella trajo para acá.

Es una auténtica joya. Ese diario de La Cacica constituye un verdadero patrimonio cultural. El Ministerio de Cultura debería hacer una edición generosa, significativa.

 

Ficha técnica inicial:

C. A. Villegasuribe. MMSC10. 2E. P.U: La, García. P.T: 420. Autor. Mibonachi múltiple sostenido en clave diez. Entrada única. Palabras umbral: Angélica, Ellas. Palabras totales: Cuatrocientas veinte.

 

Ficha técnica final:

C. A. Villegasuribe. MMSC10. 7E. P.U.: La, García, Cuando, Una, Germán, Por, Qué, El. P.T.: 1.470. Autor. Mibonachi múltiple sostenido en clave diez. Cinco entradas. Palabras umbral: Angélica, Mientras, El. Gabo. El. Palabras totales: mil cuatrocientas.

Carlos Alberto Villegas Uribe
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