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Neruda vuelve a Ceilán después de nueve décadas con la película Alborada

martes 1 de marzo de 2022
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“Alborada”, de Asoka Handagama
Alborada, de Asoka Handagama, explora un episodio al que Pablo Neruda dedica sólo unas líneas en sus memorias.

Pablo Neruda, considerado por Gabriel García Márquez como “el más grande poeta del siglo XX en todos los idiomas”, ha vuelto a Ceilán (hoy Sri Lanka) de la mano de una extraordinaria película titulada Alborada. Fue escrita y dirigida por Asoka Handagama, uno de los más destacados cineastas de la Sri Lanka actual.

Asoka Handagama cuenta con una larga y exitosa trayectoria de cineasta, pintor y dramaturgo. Originalmente estudió Matemáticas en la Universidad de Kelaniya en su país y luego Economía del Desarrollo en la Universidad de Warwick en Inglaterra. Fue director asistente del Banco Central de Sri Lanka, pero luego se dedicaría completamente al cine y al arte en general.

Alborada fue invitada a participar en el 34º Festival Internacional de Cine en Tokio en octubre de 2021. Todavía no ha sido lanzada en salas de cine, pero ya da mucho que hablar. El tema del festival fue “Crossing Borders” (“Cruzando fronteras”), con lo que se buscaba mostrar historias interculturales y, sin duda, la historia de Pablo Neruda en la antigua Ceilán es una de ellas.

La película se ubica en el antiguo Ceilán colonial durante los años 1929-1930, período en el cual Pablo Neruda, de veinticinco años, y ya autor del famoso libro Veinte poemas de amor y una canción desesperada, asumió como cónsul honorario de Chile en esa isla, después de haber estado cumpliendo tareas similares en Birmania.

El guion es una ficción que se estructura a partir de los propios recuerdos que hace Neruda en Confieso que he vivido (1974), en el capítulo “La soledad luminosa”, donde describe en siete líneas cómo un día fuerza sexualmente a una chica tamil, quien provenía de la más baja casta de los sakkili, que eran considerados “intocables”:

Una mañana, decidido a todo, la tomé fuertemente de la muñeca y la miré cara a cara. No había idioma alguno en que pudiera hablarle. Se dejó conducir por mí sin una sonrisa y pronto estuvo desnuda sobre mi cama. Su delgadísima cintura, sus plenas caderas, las desbordantes copas de sus senos, la hacían igual a las milenarias esculturas del sur de la India. El encuentro fue el de un hombre con una estatua. Permaneció todo el tiempo con sus ojos abiertos, impasible. Hacía bien en despreciarme. No se repitió la experiencia.

Asoka Handagama, un admirador de la obra de Neruda, quedó estupefacto al leer este párrafo de las memorias y durante más de diez años albergó la idea de hacer una película acerca de este incidente. Pero sería recién en 2021, en plena pandemia del Covid-19, cuando este sueño se concretaría con el rodaje de Alborada. El título se inspiró en el nombre que Neruda le había dado a la casa de su amigo ceilanés Lionel Wendt construida en el elegante barrio de Cinnamon Gardens en Colombo. Wendt era músico, fotógrafo, cineasta y promotor de las artes de su país.

Neruda es ajeno a esa tradición cultural. Para él, la relación entre un hombre y una mujer no pasa por las castas.

La argumentación de la película se basa en la siguiente secuencia: Neruda llega sin equipaje a Ceilán porque venía arrancando de una relación amorosa supuestamente “terrorista” con su amante birmana Josie Bliss, de quien no se había despedido. Al debutar en la vida social en Ceilán, conoce a Patsy, una chica francesa, con la cual tiene sexo libre sin compromisos. Cuando creía estar a salvo de Josie, ella, de un momento a otro, aparece frente a su puerta. Neruda le impide la entrada obligándola a pernoctar en la calle causando escándalo público. Se esconde y le da a su sirviente Rathnaigh la orden de que no la deje entrar. Mientras tanto Neruda continúa los encuentros íntimos con Patsy a escondidas de su ex amante birmana. Josie comprende su desventajosa situación y decide abandonarlo e irse para siempre a su país. Neruda queda abatido y dirige ahora su atención hacia la chica sakkili, que le vaciaba y limpiaba los baldes de excremento del retrete cada madrugada. Neruda fantasea poéticamente sobre esta joven atribuyéndole dotes de diosa por su inmenso parecido a una escultura de la diosa Parvathi que conservaba en su sala. Su sirviente tamil Rhatnaigh, quien creía firmemente en el sistema de castas, teme por Neruda y por sí mismo porque siente que cualquier contacto con esa casta “intocable” necesariamente los “ensuciaría”. Neruda es ajeno a esa tradición cultural. Para él, la relación entre un hombre y una mujer no pasa por las castas. Por ello no ve ningún obstáculo para comportarse como macho conquistador cuando tiene ganas de poseer a una mujer. La chica sakkili, acostumbrada a su posición de inferior, no acepta los intentos de acercamiento de Neruda. Pero él insiste y la fuerza de tal manera que no le deja otra alternativa que soportar un asalto sexual para la sola satisfacción carnal de Neruda.

Este cuadro podría haber dado lugar a una serie de distintos escenarios, partiendo por una mera versión voyerista de lo ocurrido, una trivialización del hecho, o quizás simplemente su negación y/o justificación. Pero ese, obviamente, no es el estilo de Asoka Handagama. A juzgar por la sorprendente concatenación de las escenas posteriores, y su inesperado final, donde surge una verdadera explosión de dolor, rabia, desesperación y deseos de salvación de cada uno de los personajes, Handagama gatilla un proceso de reflexión que desemboca en un enfoque frontalmente humanizador. Alborada no fuerza en ningún momento al espectador a tomar partido por los buenos contra los malos como si se tratara de una batalla, donde la pasión no pudiera dar paso a la razón y al entendimiento de lo que sucede.

Neruda nunca logró olvidar el menosprecio que la chica sakkili sintió por él. Su ego estaba tan herido que poco antes de morir en sus memorias decidió hacer una cruda confesión pública sobre el incidente y con ello develar un hecho que en general se esconde.

El gran aporte de Handagama consiste en haber llevado a la pantalla esta historia narrada en sólo siete líneas con una complejidad arrolladora sin caer en la tentación del enjuiciamiento ligero.

El formidable desenlace de la trama deja muchas interrogantes abiertas no sólo sobre la historia acaecida en 1929, sino también sobre la vigencia de estos mismos conflictos en el presente. Por ello, Neruda es sólo una parte del ajedrez de la historia, porque Asoka Handagama, conocedor de su cultura, no tiene complejos en develar el mundo de brutales prejuicios y supersticiones que colgaban como una espada de Damocles sobre los tamiles “intocables”. Especialmente sobre las mujeres, dentro de cuya propia casta ellas eran las más discriminadas y luego doblemente por la sociedad que las rodeaba.

La ocasión para rodar la película no podía ser más polémica. Habían pasado casi cinco décadas desde la publicación de las memorias de Neruda, que había tenido un éxito rotundo. Pero el tiempo cambia, los movimientos sociales también y las percepciones de los lectores. Hace unos pocos años, el feminismo mundial tildaba la historia contada por Neruda con respecto a la chica sakkili como una gran mentira patriarcal. De un día para otro, las redes sociales se llenaron de declaraciones furibundas contra Neruda y el tono era “cancelar” a Neruda y reducirlo a un ser criminal y deleznable. Ahora el poeta más leído del siglo XX no era más que un depredador sexual. En el otro frente, los seguidores incondicionales de Neruda pasaron a la ofensiva y su estrategia se centró esencialmente en quitarle importancia al hecho. Ambas posturas han contribuido a la banalización y caricaturización de los intrincados orígenes de la violencia y toxicidad machista, donde se ve el mundo en blanco y negro, dividido entre los buenos y los malos, los superiores y los inferiores. Pero la vida misma es más que eso, y se precisa profundizar sobre esta historia. En este sentido, Alborada lo logra.

Confrontado con la radicalidad fundamentalista de las posturas frente a este incidente, Asoka Handagama se aproxima con audacia creativa al dramático tema de la violencia sexual, el dilema de las castas y el racismo subyacente al machismo.

Esta película es insustituible al momento de conversar sin prejuicios sobre el verdadero envenenamiento que crea la ideología patriarcal en los seres humanos en toda época, en toda ocasión y en todas las culturas.

La confusa situación de vida en que se encontraba Neruda en Wellawatta es ilustrada con maestría. El poeta aparece como una personalidad laberíntica, multifacética y contradictoria. Él es víctima y victimario a la vez. Se esconde de Josie, es cobarde, lúdico y aventurero simultáneamente, pierde la paciencia, fuma opio, aprovecha sus chances con Patsy, pero no duda en proteger a una mujer golpeada por su marido pescador en Wellawatta. Sin embargo, lo crucial de la historia es que esa confusión no basta para comprender el violento incidente con la chica sakkili. Asoka Handagama desnuda con rudeza, pero también con prudencia, la aplastante fuerza destructora de la visión patriarcal de la existencia. De este incidente salen todos heridos, y la más dañada, por supuesto, es la chica sakkili.

El director de Alborada consigue bajar al Neruda maduro de su pedestal de poeta-dios sin negarle su inmenso talento y genialidad poética. Lo humaniza señalando su impotencia para liberarse del lastre machista de hombre dominador y lo muestra en su propio laberinto masculino.

Esta película es insustituible al momento de conversar sin prejuicios sobre el verdadero envenenamiento que crea la ideología patriarcal en los seres humanos en toda época, en toda ocasión y en todas las culturas. A partir de una historia específica, se universaliza la discusión sobre el difícil abordaje de la cuestión de género que actualmente se encuentra esencialmente atrapada en las garras de posiciones feministas fundamentalistas que oscilan entre la “cultura de la cancelación” y las posturas tradicionales de la cultura de la negación y silenciamiento de la violencia patriarcal.

Finalmente cabe destacar que Alborada es además una película conmovedora y con un excelente elenco actoral. La ambientación de época nos abre con gracia la puerta al pasado y nos hace empatizar con sus protagonistas. Destaca el manejo de la cámara para captar con precisión los estados anímicos de los personajes. Los colores, las escenas, la iluminación y la música serán un verdadero deleite estético para los espectadores.

Eda Cleary

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