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Lord Dunsany y el río Guadalquivir

martes 12 de noviembre de 2024
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Río Guadalquivir
Escribiría un libro donde el Guadalquivir en España sería como el río Yann infinito en los sueños de Lord Dunsany. 📷 Consuelo de Arco

Yo creo que el río Yann del que habla Lord Dunsany es el río Guadalquivir. Lord Dunsany, que era un soñador, soñó sin darse cuenta con el río Guadalquivir, y le llamó río Yann.

En su relato largo “Días de ocio en el país del Yann”, que pertenece al libro Cuentos de un soñador. Un hombre viaja por ese río y se encuentra con todas las magias y todos los prodigios. Con evocaciones y vivencias oníricas, con nostalgias y atisbos de plenitud. Con amores esbozados y escenas que escapan de los ojos.

Pero el río Guadalquivir también es así. Ocurrieron tantas cosas mágicas en sus orillas, tantos poetas escribieron cerca del agua. En sus noches se olfatearon todas las perspectivas. Reyes se volvieron poetas y poetas se sintieron como reyes.

Le pedí a un banco que me financiara un viaje por el Guadalquivir. Escribir un libro sobre ese río y la literatura. Me bastaba una financiación muy modesta. Pero ni me contestó.

Para mí era como el río del sueño y la vida que recorrió en su imaginación Lord Dunsany.

El último río de Europa que da al Atlántico. Donde se mezclaron el islam y el cristianismo, oriente y occidente, lo europeo y lo africano. Y lo europeo y lo americano, de sus aguas iban los barcos que colonizaban América.

Un río de cultura y de refinamiento, que pasa en medio de varias ciudades, que forma parte de ellas.

Los musulmanes pusieron junto a él una mezquita única, los reyes cristianos levantaron a su lado un alcázar lleno de salones y de jardines. Era una “corriente noble”, como decía Lord Byron.

Casi parece el río Yann, rodeado de ciudades y de dioses, del que habla Lord Dunsany en Cuentos de un soñador.

En la sierra de Cazorla Jorge Manrique vio en él la fuerza de la vida, los templarios se asomaron con un castillo. Santa Teresa fundó un convento de carmelitas, san Juan de la Cruz iba a confesarla desde cerca todas las semanas.

Cerca de su curso se levantaron Baeza con su universidad y Úbeda con sus cúpulas. En Andújar El Greco dejó un cuadro en que un ángel le trae una copa a un Jesús desesperado.

En Montoro las mujeres pagaron con sus joyas el Puente de las Donadas renacentista. En Córdoba Séneca aprendió a concertarse con el destino, los califas levantaron una civilización asombrosa, Ibn Hazm habló del amor, Rilke tuvo una relación mística con una perra preñada, Romero de Torres soñó mujeres apasionadas y oscuras. En Almodóvar el castillo levanta ocho torres profusas.

En Lora del Río mandaron los caballeros de Malta, destacaron el aceite y el pimentón. En Alcalá del Río Escipión el Africano destrozó para siempre a los cartagineses.

En Sevilla don Juan sedujo a doña Inés, Bécquer inventó historias imposibles, Antonio Machado pensó en la vida, Luis Cernuda inauguró su nostalgia sin fin, flamencos y marineros se instalaron en Triana, el rey Al Mutamid compitió en poemas con su amada Rumaiqiya.

En Gelves se inquietó don Álvaro, el de la fuerza del sino, hizo fiestas el Diablo Cojuelo, se asombró Washington Irving.

En Sanlúcar de Barrameda soñó García Márquez que partía un barco con noticias para el coronel, Nuestra Señora de la O nos asombra con bordados de piedra moriscos, nos deslumbran las rejerías del palacio de Medina Sidonia, vibran los balcones del palacio de los duques de Montpensier.

A su lado el parque de Doñana se resuelve en un delirio vital de marismas, flamencos, ánades, cercetas, plantas acuáticas.

Le pedí a un banco que me financiara un viaje por el río Guadalquivir para escribir un libro sobre él y la literatura, como Lord Dunsany escribió sobre el río Yann y el sueño. Sobre todas las maravillas secretas que vivió a orillas del río Yann.

Escribiría un libro donde el Guadalquivir en España sería como el río Yann infinito en los sueños de lord Dunsany.

Pero el banco ni siquiera me contestó. Desgraciadamente los bancos no se llevan bien con los sueños. Ni con la literatura.

Yo me animé porque a una fotógrafa un banco le financió un libro sobre cómo desaparecía el mar de Aral. Y se veían los esqueletos de los barcos encallados en la arena. Y eso producía una melancolía infinita. Y uno pensaba cómo el hombre (sobre todo el hombre imbuido de férrea ideología y no de sensibilidad) se empeña en destrozar la naturaleza y se cree mejor que ella.

Aunque hace muchos años le pedí ayuda a un banquero para escribir una historia del romanticismo en todas sus variantes. Y el banquero me sorprendió hablándome de un libro titulado El romanticismo de los clásicos, creo que era de Eugenio Montes.

Pero fue un banquero al que miré a la cara, que me hizo pasar a su despacho. Que escuchó mis explicaciones de viva voz. Estos banqueros de ahora ni siquiera los tuve delante, tuve que proponerles por internet. Y ni siquiera me miraron.

Yo quería hablar del Guadalquivir en España como un río de literatura. El río de Cernuda, de Antonio Machado y de Ibn Hazm de Córdoba. Pero no tuve ocasión. Sólo me permitieron escribir este artículo y tal vez lo publique una revista.

Para mí el río Guadalquivir, que atraviesa Andalucía, en medio de mil evocaciones y magias, es el río Yann de Lord Dunsany. Al que Borges calificó de menos sabio que William Blake porque no predicaba como William Blake. Pero Lord Dunsany soltaba la sabiduría del sueño sin predicar. La libertad infinita del sueño.

Y para mí el río Guadalquivir, colmado de literatura y de jardines, de palacios y de lugares intimistas, de posibilidades y de momentos que no caben en el lenguaje, de Historia y de Sueño, es el río Yann de Lord Dunsany.

Antonio Costa Gómez
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