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José Alfredo: poesía con fuerza de dos continentes

viernes 10 de enero de 2025
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José Alfredo Pérez Alencar
La poesía de José Alfredo Pérez Alencar es como el resultado natural de haber nacido hijo de Jacqueline Alencar y Alfredo Pérez Alencart. 📷 David Cortés Cabán

He estado leyendo dos libros de José Alfredo Pérez Alencar: Tambores no abismo, cuyo prefacio es nada menos que de António Salvado, y el poemario Distinto y junto, publicado por la Editorial Efímera y el Festival de Los Confines, con la colaboración de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras. Dos obras afortunadas que han merecido ese respaldo.

No es posible ocultar el orgullo que uno siente cuando habla sobre algo realizado por José Alfredo. Y ello ocurre porque de alguna manera quienes lo conocemos desde su adolescencia nos sentimos un poco tíos suyos, quizás porque también nos hemos sentido hermanados con Alfredo y Jacqueline, su padre y su madre. Y la poesía es como una sangre que compartimos. La primera vez que lo vi era un muchacho lampiño que miraba con intensidad y escuchaba atento los recitales de poesía. Y cargaba un libro con la misma dignidad antigua con que un samurái llevaba su espada: apegamiento natural. El libro ha estado ocupando un lugar fundamental en su modo de ser.

Después comencé a leer sus artículos sobre el cine y de inmediato conocí sus poemas, algo completamente surgido de sus rincones anímicos, de sus verdades personales, de sus sentimientos de hombre joven que se inicia tratando de sentir sus alrededores y de entender su interioridad.

Lo presentía como un gato nuevo escapándose por todos los techos, lanzando zarpazos a la luna y a cualquier luminosidad que se pareciera a la luna.

“Lo más importante para el bienestar del hombre, incluso para todo el estilo de vida que adopte, es aquello que existe o sucede en su fuero interno”, decía Arthur Schopenhauer.

Cuando leí eso pensé en el modo certero y dinámico en que José Alfredo ha desarrollado su personalidad.

La segunda vez que lo vi ya era un muchacho con barba y recitaba sus poemas como una tromba, con una fuerza tempestuosa. Lo ha seguido haciendo: a veces lee algo de Rimbaud y es como un médium por donde reaparece el adolescente vidente que trastocaba el mundo con su látigo verbal.

La poesía de José Alfredo Pérez Alencar es como el resultado natural de haber nacido hijo de Jacqueline Alencar y Alfredo Pérez Alencart. Pero no sólo porque ese matrimonio tan apreciado ha vivido en poesía y ha sufrido en poesía: posteriormente la represa sentimental dejó escapar toda la fluidez del dolor al fallecer la inolvidable Jacqueline y ese suceso necesitó un puente para atravesar los abismos que se abren de pronto. José Alfredo es como un médium por donde la voz de su madre atraviesa y trastoca el mundo.

José Alfredo es poeta no sólo porque una multitud de poetas ha pasado cantando al lado de esa familia durante años y porque el escenario ha sido Salamanca. José Alfredo es español, peruano, boliviano y latinoamericano, y fundamentalmente es hijo de la escritura y del amor por la palabra.

José Alfredo es poeta porque ha vivido alegrías de gran amor en su hogar; porque ha sufrido dolores de gran dolor al perder a su madre, y gracias a la ternura y sabiduría que ella y su padre le entregaron, José Alfredo ha seguido amando la vida en todos sus aspectos y desde todos sus ángulos con ansias de poeta. Un fragmento de uno de sus poemas dice así:

Quiero verte siempre
Como el hermoso rostro que me vio nacer,
Como el necesario cobijo cuando siento temor,
Como el feliz reencuentro cuando me sucede
Cualquier derrota.

No claudiques, mujer,
Pues siempre volveré en la parábola
O simplemente por el camino que lleva a casa

Arthur Schopenhauer hablaba y escribía tocando asuntos tan interesantes que todavía pueden utilizarse como referencias para dar fuerza a un tema:

Lo que uno es contribuye mucho más a su felicidad que lo que uno tiene, o que lo que uno representa. Siempre lo determinante será lo que alguien sea y, por consiguiente, lo que tenga en sí mismo, pues su individualidad lo acompaña siempre y a todas partes, impregnando todo lo que experimenta.

Podríamos usar esa clara sabiduría de Schopenhauer para referirnos a este joven poeta que hemos visto crecer como un árbol de frutos propios, con una fuerza propia, suya, impresionante. Porque la poesía de José Alfredo es en definitiva un canto en donde la alegría de vivir es como reconocer la útil belleza de los lugares que todavía no se han recorrido.

Él mantiene esa esperanza, ese optimismo, y su fortaleza es capaz de vencer cualquier escollo. Es una experiencia de hermosura conmovedora verlo florecer como español de nacimiento, salmantino de conocimiento, peruano por parte de padre y boliviano por parte de madre. Hace poco tiempo mostró su cédula de identidad boliviana, con tanto orgullo que sentí ganas de abrazarlo y decirle: Rimbaud debería tener una.

José Pulido
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