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No me cortes la ilusión

lunes 4 de marzo de 2019
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Un día paseando por el mercado de San Félix, un horrible mercado, pero ubicado cerca del imponente río Orinoco, de pronto un profeta callejero (con varios acólitos con sus respectivas biblias) empuñando un megáfono comenzó a hablar sobre el fin de los tiempos, sobre cómo el hombre se había apartado de Dios y otras peroratas religiosas, en las cuales se incluían versículos bíblicos y demás aparatajes retóricos para sustentar un discurso que avanzaba a fuerza de repeticiones y un tanto descosido.

El fotógrafo valenciano residenciado en México Yuri Valecillo ha tratado de auscultar a través de sus fotos este hablar en lenguas que tienen todas las ciudades del mundo.

El profeta callejero pasó así algunos minutos y la gente poco a poco fue haciendo un círculo alrededor de aquel hombre quien, sudoroso, debido al calor y al tumulto de gente propio del mercado, se iba trasmutando en gestos y gritos. Cuando nuestro improvisado orador se percató de que ya tenía un público cautivo, comenzó a parlotear palabras incomprensibles. Uno de sus acólitos gritó: “Está hablando en lenguas”. Luego cayó al piso prisionero de convulsiones al tiempo que seguía hablando un galimatías incomprensible. Al final el hombre se levantó luminoso y prístino, quizás por el sol, y la gente le besaba las manos y otros querían sólo que aquel profeta improvisado los tocara.

Esa expresión de “hablar en lenguas” va referida a esa capacidad divina que poseían determinados cristianos de expresarse en un idioma sin haberlo aprendido como una demostración del respaldo irrestricto de Dios. Esto de inventarse una lengua, de crear nuevos códigos para comunicarse, es un poco lo que hacen las ciudades y que para mí, más que espacios para convivir, son artefactos comunicacionales por excelencia que siempre en su paredes van dejando constancia de esa creatividad a la hora de crear símbolos y signos que parecen imaginados.

El fotógrafo valenciano residenciado en México Yuri Valecillo ha tratado de auscultar a través de sus fotos este hablar en lenguas que tienen todas las ciudades del mundo. Para Yuri las ciudades no sólo hablan/escriben en sus lenguas, sino que se expresan mediante sus disimiles personajes que la transitan, la viven y la duelen.

Yuri, en algunas fotos dedicadas a ese mundo variopinto de las ciudades, va descubriendo ese sentido comunicacional de las ciudades. En ocasiones son expresiones trágicas, otras van cargadas de humor. En algunos casos son personajes anónimos que expresan el lado humano más allá del asfalto y el hormigón. También desfilan por su trabajo fotográfico los muros como hoja irredenta, política, amorosa o como lienzo explosivo.

La ciudad que captura Yuri en sus fotografías es para mí como un conjunto de citas literarias en las cuales el individuo es espectáculo, la multitud una pasión y los muros un libro donde algunos de sus habitantes van escribiendo sus páginas respectivas.

Con las fotos de Yuri Valecillo podemos darle una lectura diferente a la ciudad, podemos acercarnos a su espíritu traducido en expresiones gráficas, en sensaciones expresivas incluyentes. Buenos y malos, todos cabemos en la ciudad como locuciones inventadas, y esto es lo que proporciona a las ciudades su encanto milagroso. En las fotos de Yuri se percibe de algún modo ese milagro, se congela esa capacidad que tiene la ciudad de asombrarnos, de ser una expresión que puede arrancarnos una reflexión, una sonrisa o un fruncir del rostro que señala no haber comprendido gran cosa.

Con Yuri recorrí las calles de la ciudad de Valencia. De ese recorrido he elegido (al azar) algunas fotos, pero hay una que llamó mi atención por lo minimalista. Es una pintada que tiene un error ortográfico: “Por favor no me cortes la ilución” (sic). Hay en la frase una súplica (¿amorosa?, ¿política?), y la ilución es distinta a la ilusión de todos conocida. La ilución escrita con espray inexperto adquiere otras connotaciones. En esta crisis política (y de otros tipos) que padecemos, la ilución de ese cartel debe mantenernos en pie a pesar de todos los desmanes políticos u amorosos. Es una ilución escrita en lenguas, en esa lengua del milagro que todo lo puede.

La ciudad que captura Yuri en sus fotografías es para mí como un conjunto de citas literarias en las cuales el individuo es espectáculo, la multitud una pasión y los muros un libro donde algunos de sus habitantes van escribiendo sus páginas respectivas. Para Yuri el tema de sus fotos, no obstante, según confesión a priori, no es la ciudad como tal, sino la lengua; esa lengua que se habla a diario con sus giros de recreación inventiva que se estampa en los muros como dibujo, como una pintada, como un grafiti y por supuesto la gente, con su ir y devenir, como un signo, especie de nota musical (armónica o disonante) en la ciudad pentagramada de memoria e historia.

Carlos Yusti

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