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Evérgito Urdaneta de memoria

miércoles 18 de marzo de 2026
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Evérgito Urdaneta
El libro Memorias, de Evérgito Urdaneta, sin duda forma parte de esa bibliografía crucial para entender el desarrollo de Ciudad Guayana, de su vertiginosa metamorfosis.

En muchas películas, cuando algún personaje se sumerge en sus recuerdos gracias a un objeto (un tren que pasa, una foto amarillenta, un viejo diario) la imagen se difumina y el personaje se encuentra en otro lugar protagonizando algún incidente clave de su existencia en el pasado. Después de este relato paralelo el espectador se encuentra de nuevo con el personaje, apenas han pasado fracciones de minutos. Esto permite al espectador conocer los vericuetos de la interioridad del personaje. Por ese motivo Paul Ricoeur escribe que “al acordarse de algo, uno se acuerda de sí”.

En la antigua Roma el corazón tenía un lugar prominente debido a que, aparte de impulsar la sangre indispensable para vivir, era el sitio donde se archivaban los sentimientos y los recuerdos más estimados. De allí proviene la palabra recordar, del latín recordari, contentiva de dos elementos: el prefijo re-, que significa “de nuevo”, y cor, cordis, que significa “corazón”. De allí que recordari significa “volver a pasar por el corazón”.

Karl Kohut ha escrito que la memoria individual forma parte de nuestra conciencia y constituye la base de nuestra identidad. Un hombre que ha perdido la memoria ha perdido su identidad. O como lo escribe Ernst Robert Curtius en su libro Literatura europea y Edad Media latina: “En la memoria descansa la conciencia que el hombre tiene de su identidad, más allá de todo cambio”. La escritura puede ser una manera de recuperar esos recuerdos, de fijar de alguna manera la identidad personal y de moldearla hasta darle una forma más acabada/inventada y convertirla en literatura.

“Memorias”, de Evérgito Urdaneta
Memorias, de Evérgito Urdaneta (2025).

Ese aspecto de entrelazar la literatura a la memoria es afín con esa idea de no escribir para el presente inmediato, sino para el futuro. Idea no tan nueva, ya que Curtius aseguraba que esa idea venía rodando desde la Antigüedad hasta el Renacimiento. Hay muchos ejemplos, pero recuerdo el de Stendhal, que tenía la certeza de que sus novelas estaban fuera del contexto de su época, pero estaba seguro de que serían leídas en el futuro. Augusto Monterroso, en el segundo apartado de su “Decálogo del escritor”, anota: “No escribas nunca para tus contemporáneos, ni mucho menos, como hacen tantos, para tus antepasados. Hazlo para la posteridad, en la cual sin duda serás famoso, pues es bien sabido que la posteridad siempre hace justicia”. Recuperar la memoria personal no resulta, desde esta perspectiva, un capricho, sino más bien un ajuste de cuentas con el pasado. Al mismo tiempo es como un pasaje de continuidad temporal, o como escribe Paul Ricoeur: “De ese modo, la memoria garantiza la continuidad temporal de la persona. Esa continuidad entre el pasado y el presente me permite remontarme sin solución de continuidad desde el presente vivido hasta los acontecimientos más lejanos de mi infancia”.

Leyendo el libro Memorias de Evérgito Urdaneta entiendo el significado de encontrar esos recuerdos dispersos y darles coherencia a través de la escritura estableciendo, como escribe Álvaro Enrigue, “un pacto de veracidad con el lector: lo que se va a contar puede estar deformado, pero es histórico”. El libro de Urdaneta se apega a los lineamientos del género y narra su periplo existencial desde su nacimiento en Machiques en el año 1950. Ingeniero de profesión y ciudadano del mundo.

El libro de Evérgito Urdaneta está escrito con pulcritud estilística y claridad. Repleto de anécdotas y situaciones absurdas. Sin otro alarde que narrar su atávica travesía de vida, va desgranando sus andanzas dentro y fuera del país. Sus primeras lecturas marcadas por Las mil y una noches, o como lo escribe Urdaneta: “¡Cuánto agradezco a la vida haberme dado la oportunidad de encontrarme con ese libro que marcó mis primeros años y me permitió transitar por senderos de la existencia que jamás habría imaginado que existieran!”.

Una parte interesante de estas memorias va referida a la llegada de Evérgito Urdaneta a Ciudad Guayana. Urdaneta escribe:

La ciudad crecía por los cuatro costados, se había iniciado la construcción del conocido Plan IV de Sidor, un proyecto de inversión para cuadruplicar la capacidad de producción de la Siderúrgica del Orinoco; ya existía la presa de Macagua I, muy cerca de Puerto Ordaz, sobre el río Caroní, también I y II de Guri, y se había iniciado la construcción de la tercera y última etapa que la llevaría a ser la más grande del mundo.

El contacto con la Siderúrgica guayanesa le permitió a Urdaneta viajar al exterior para especializarse, y de esta manera visitó Inglaterra, Bélgica, Holanda y otras muchas ciudades europeas, e incluso viajó a Japón. Urdaneta fue pionero en la formación y construcción de Ciudad Guayana y en el inicio y florecimiento de las empresas siderúrgicas de la región. De igual modo fue testigo de la destrucción de esas empresas gracias a la negligencia e incapacidad gubernamental que ha padecido por muchos años. Lo escrito por Félix Norberto Goidas en el prólogo es puntual:

La Venezuela que se construye en estas memorias es también la que se destruye y reconstruye en el corazón del protagonista: una patria industrial, prometedora, y a la vez llena de contradicciones, donde los sueños colectivos fueron a menudo empañados por la desigualdad, pero nunca derrotados del todo. En Evérgito habita esa generación que apostó por el conocimiento como herramienta de transformación, por el trabajo como camino de dignidad, y por la honestidad como principio inviolable.

En Ciudad Guayana se está desarrollando el proyecto “La ciudad desde la memoria”, que intenta visibilizar la memoria industrial de la ciudad reconociendo a sus protagonistas: los adultos mayores que cierta manera forjaron la región. Se busca crear un puente entre generaciones, conectando la invaluable experiencia de estos pioneros con la energía de los jóvenes y niños de la ciudad. A través de talleres de arte y literatura; los adultos mayores compartirán sus vivencias, actuando como mentores y narradores. Los más jóvenes traducirán estas historias en expresiones artísticas y escritas, elaborando un mapa estético y literario que documentará este capítulo crucial de la historia local.

El libro de Evérgito sin duda forma parte de esa bibliografía crucial para entender el desarrollo de Ciudad Guayana, de su vertiginosa metamorfosis. Además de presentar el collage de su vida, plena de rigores y adversidades, narra un trozo de esa historia en letra pequeña, no asentada en la historia oficial y que se pierde de vista en la hojarasca de la información al por mayor de las redes sociales.

En los fragmentos finales de sus memorias Evérgito escribe:

Mi propensión a no creer ciegamente en nada sin pasar por un profundo proceso de análisis y de retrospección ha curtido mi forma de comportarme, procurando siempre un transcurso vital lo más transparente posible. Siempre procurando la sencillez, la síntesis en lugar de la parafernalia de las apariencias; la simplificación en lugar de la complicación.

Desde esta noción cristalina de la sencillez Evérgito va recorriendo los pliegues de su vida, en la que luces y sombras (con un telón de fondo de risueña imaginación) se traspapelan. También está ese pedazo de historia navegando entre líneas, o como lo ha escrito Paul Ricoeur: “La escritura de la historia comparte, de este modo, las aventuras de la configuración en imágenes del recuerdo bajo la égida de la función ostensiva de la imaginación”.

Carlos Yusti
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