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Tridente

sábado 24 de mayo de 2025
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Tridente, por Jordi Escoin Homs
El secutor recién reconvertido a retiarius alza el sagrado tridente, invocando al poderoso Exu para que venga a salvarlo.
Dioses y monstruos, 29 años de LetraliaDioses y monstruos. 29 años de Letralia
Este texto forma parte de la antología publicada por Letralia el 20 de mayo de 2025 en su 29º aniversario
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El retiarius cae enfermo en el último momento y al lanista ya no le queda ninguno más, así que sopesa la posibilidad de usar un secutor para sustituirle. Al fin y al cabo, piensa, los secutor tienen siempre de oponentes a los retiarius, por lo que están bastante familiarizados con sus técnicas de lucha con el tridente y la red.

Al final el entrenador de gladiadores se decide y escoge al último secutor que le llegó, un tipo bastante excéntrico y del que no le importará prescindir si sucumbe en la arena.

“¡Oh! Por fin ha llegado la oportunidad que he estado esperando”, piensa sin embargo el secutor cuando el lanista le comunica su decisión, porque los romanos no saben que él es un brujo yoruba al servicio del gran Exu, aquel que todo lo ve, y ahora el destino ha puesto a su alcance la poderosa arma de su maestro y señor.

Justo antes de comenzar el combate, el secutor recién reconvertido a retiarius alza el sagrado tridente, invocando al poderoso Exu para que venga a salvarlo, y de paso les dé una lección a todos esos odiosos romanos que, impacientes, esperan en las gradas para disfrutar del sangriento espectáculo.

De repente un demonio muy extraño, de tez rojiza y con cuernos, le quita a la fuerza el tridente, que comienza a escupir fuego por las tres puntas. Pero además aparece, rodeado de agua, un tipo de pelo blanco, barbudo, que sujeta a su vez el tridente, forcejeando para llevárselo. De mientras, unas criaturas que parecen calamares gigantes salen de entre el agua que emana alrededor del barbudo, luchando contra un enorme monstruo que brama a las órdenes del demonio rojo. En medio de todo aquel lío, aparece un ser con tres ojos y cuatro brazos, que lanza una fuerte tormenta con vientos huracanados mientras un enorme mono se lía a tortazos contra el monstruo y los supercalamares. Tanta inclemencia temporal hace caer el tridente de las manos del blanquibarbudo y del rojicornudo que, cogidos por sorpresa, reparan ahora en la presencia del triojos cuatribrazado y su imponente mono. Los tres seres se miran indecisos durante unos breves momentos, antes de lanzarse al unísono a coger la horca de tres puntas del suelo.

“¿Pero, dónde está mi poderoso señor Exu? ¿Y quiénes son estos seres demoníacos y las bestias que luchan con ellos?”, se pregunta el retiarius sustituto. Justo en ese momento aparece un carro sin caballos haciendo un ruido que recuerda los truenos y llevando una brillante punta de tridente incrustada delante. El carro se para a su lado, se abre una puerta, y ahí está por fin el gran Exu, sentado, sujetando con ambas manos una rueda, que lo mira enojado y le exclama:

—¡La que has organizado con tu invocación! ¡Estás en tierra de romanos! ¿No sabías que el tridente es también el arma de Neptuno, el dios romano del mar? ¿Y también lo es de Satanás, el diablo cristiano? ¿Que no sabes que detrás de los gladiadores lanzan a los cristianos a las fieras? Y encima han aparecido con algunos de sus monstruos, los krakens y el leviatán. Venga, entra de una vez y salgamos de aquí —dice el dios yoruba mientras salen a toda pastilla—. Lo que no entiendo es qué se le ha perdido aquí a Shiva y su alter ego, el mono Hánuman. Él también utiliza un tridente, pero es una deidad de la India y estamos muy lejos de sus dominios.

Al brujo yoruba se le acelera el corazón al oír las palabras del sabio Exu. Piensa ahora en su amada, la esclava hindú del entrenador de gladiadores, a la que ha prometido que huirían juntos cuando se presentara la primera oportunidad.

—Esto... disculpa, poderoso Exu, pero... ¿Te importaría volver atrás y pasar un momento para la domus del lanista?

Jordi Escoin Homs
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