
Dioses y monstruos. 29 años de LetraliaEste texto forma parte de la antología publicada por Letralia el 20 de mayo de 2025 en su 29º aniversario
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Amores muertos
Ciertos amores muertos
tienen
la persistencia
de las viejas películas de horror
donde manos cortadas
todavía acarician
nuestra piel erizada
y ojos sepultados
hace ya mucho tiempo
guiñan
no totalmente faltos
de cierta picardía.
Tienen
la consistencia
de los poemas que no fueron escritos
donde palabras nadan
y no terminan nunca de nacer.
Palabras como río,
anteayer, leprosario,
teas, cripta,
numeración, congoja
y la mañana aquella
besándote los pechos.
Golem
Todo cuanto te han dicho
hasta este instante...
Yo podría crearte
con un poco de tierra.
Por supuesto: palabras.
Qué valen las palabras hoy en día.
Yo podría crearte
con una magia simple.
Te veré despertar
como después de un viaje,
en el silencio de tus ojos grises.
Yo te haría feliz.
Quiero decir: te haría sonriente,
enamorada y calma.
Y no has de menester
nada ni nadie,
como una piedra oculta.
No puedo darte un nombre
que no sea un reflejo
de aguas indivisas,
canción del confuso barro,
luz extraviada.
Y tanto te amaré
que beberé voraz mi vida en un segundo,
como una lágrima surcándote la cara,
como la miel surgiendo de tus pechos.
Pasarán los años
y seguirás hermosa.
Yo soplaré en tu boca
cuatro letras finales:
morirás agradeciéndome
pues todo
cuanto te habían dicho
hasta ese instante...
Cuartoscuro
I
Como hijos negados quedan.
Pequeños muertos
que resucitan al contacto.
Eso da miedo.
Pavura.
Fantasmas encajonados.
Lo que fuimos una vez
ahora regresa
dando saltitos truncos
por las noches.
Aquí tengo este negro corazón,
este cuarto cerrado
y hay que entrar.
II
Como hijos negados vuelven.
Proyecto de cadáver
que jamás morirá.
Esto es todo mi amor:
un olvido.
Lágrimas encabritadas.
Lo que nunca seremos
nos espera
goteando lentos mocos
en la sombra.
Y la mano que no llega
a la llave de / la luz.
III
Como hijos negados fueron.
Trasgos desencajados
que la luz exhumó.
Eso fue el alma: ausencia.
Rapidez insensible, turbiedad.
Indolente mensaje
de lo que se despide.
Este es mi rostro después
de tantas lluvias:
neutralidad
que el silencio deshace.
Cayo, dureza, congelada intimidad.
Y un fantasma, risueño y niño,
eco ido tras postigos póstumos.
El lamento del viejo hombre lobo
Amor, ya no me encierres esta noche.
Yo, que fui una bestia atroz,
que quise matar gente,
me echaría a tus pies
como un animalito amable.
Licántropo,
podría haberte dicho aullando
que las balas de plata
eran sólo metáforas.
¿Lo hubieras comprendido?
Oscurece. No mires este rito:
es un proceso lento y vergonzoso,
es una amnesia deformante
en la que todo duele,
una torcida danza de gruñidos.
Vete. No quiero salpicarte de ruindad.
Yo fui una fuerza libre,
una voracidad para comerme al mundo.
Hoy, miserable, voy robando
bolsitas de eukanuba en el súper
y eso que está en el vaso
son mis dientes.
Sentimiento zombie
I
¿Qué busqué aquí?
Busqué una música mayor,
un amplio río.
Ambigüedad. Voces
ahogadas en el limo negro.
Busqué una changa en playas
de estacionamiento. Subterráneas.
¿Por qué no te morís?
—dijeron. Cosan sus ojos,
séllenle la boca.
Denle sutil inexistencia;
crudo, duro vudú de incertidumbre.
Que labure.
Vos ¿sos vivo?
¿Dónde dejaste el auto?
¿Qué pensabas que diría
un muerto, el muñequito
que camina por la sombra?
Yo
no soy
quién.
II
Está buscando inversionistas:
va a ser un exitazo
como no lo hemos visto
desde los evangelios.
Un evento global.
Admiro su entusiasmo, pero
¿está el mundo preparado
para otra resurrección?
Ungido viene
en bálsamos y esencias.
Tiene el tino
de mantener distancia.
Repasa cifras, cantidades
iniciales, ganancias
a devengar.
Sospecho que su matemática
de ultratumba adolece
de lógica intransferible.
Además, ¡revivir!
—se ilusiona.
Un fuego fatuo
brilla en su mirada.
El hedor entristece.
Abro la puerta
y una imprevista ráfaga
desmigaja su cuerpo.
Implorantes,
sus ojos ruedan
calle abajo.
En el silencio remanente
tengo la funérea certeza
de que aún guardaba
un par de cosas por decir.
Apogeo y caída de Lady Frankenstein
Ahora se ha refugiado
en la profundidad del bosque
para sembrar el terror
entre los jóvenes aldeanos.
(espantosas visiones / de cuerpos / desmembrados)
Un ser abyecto y lujurioso,
una abominación.
La culpa es sólo mía.
Sucumbí ante el dilema clásico:
¿he de librar a su albedrío a esta,
mi propia criatura?
Resurrecto,
su vacilante espíritu
no supo resistir
el peso de la ambigüedad.
No me guio —para el trazado del conjunto—
un espurio sentido de lo bello
sino el mero albur de lo existente.
En las turgencias frías,
en las urgencias del saqueo,
no conseguí apartar
justas de pecadoras.
Suturas esenciales, invisibles.
Amor mortis rigorque:
la estadística o la química orgánica encendieron
el brillo azul de su mirada.
Hemos logrado —al fin— acorralarla.
Absorta, incoherente frente al fuego,
balbucea en su media lengua:
—Amiga... Amiga...
Yo sólo quiero
ser tu amiga.
Con todo el maquillaje
corrido por las lágrimas
parece, verdaderamente,
un monstruo.
Los invasores
... seres extraños, llegados
de un planeta que se extingue...
Yo los he visto.
Es falso que se oculten.
Hemos pasado juntos
tardes maravillosas, matizadas
por violentos mutismos.
Frágiles, de meñiques tiesos,
admiran fascinados y ocultos
a pianistas, carteristas,
dactilógrafos.
¡Ah! Las elegías, plácidas letanías
in vitro, llantos de amor
por una luna detenida.
Han renunciado a la memoria y al pasado,
desmantelaron derrotados su peor armamento:
el falso rayo de la felicidad.
Habituados a la miseria de los cuerpos,
comparten con nosotros achaques,
ropa vieja, dentífrico.
Destilan en su verde corazón
lento veneno
con el que moriremos sin notarlo,
sin darnos casi
motivos valederos para el odio.
Anhelan la agonía fugaz,
un resplandor,
la fulgurante gloria
de morir por la patria.
Hulk
Detente al tiempo
le diría,
¿Fuera esta la tarea
que le debía al mundo?
Ya poco humor me queda:
hirsuto, melancólico, verde
ineptitud que no logro ocultar
gobiérname.
Mohoso discurrir sin verbo.
Puesto que en borras vi
al que vendrá sin tacha,
al que odiará sin mengua:
por su propio poder hastiado siembra
a su paso guerra, la hora de la espada
y espanto y confusión y fin.
¿Es este monstruo incontenido
el nombre del futuro?
Compelidos o huyentes, prosternados,
sólo nos queda anochecer.
Desnuda carne; amabilidad del frío.
Aura, regresa: maltrechas vestes, acaso inexplicables manchas.
Der Dybbuk
me voy, me voy, me voy, pero me quedo
Miguel Hernández
¿Qué es ese ruido? Es un puente que cae.
Te han puesto preso
en un ascensor
del edificio abandonado.
Aquí estoy, aquí me quedo.
Dame, extenso mundo,
un discurrir sin paraísos
ni abismos. Eco plano,
esta cosa que alguien extravió.
De qué me vale ahora
aferrarme a etimologías,
farfullar en lenguas
con desparpajo y racionalidad.
Vienen por mí, con magia mísera,
chamanes cínicos y exorcistas posmodernos,
disparando búsquedas en google:
“¿cómo expulsar espíritus
de entre pecho y espalda?”
La carne no tolera esta duplicidad.
Contumaz, el cuerpo se agita e hincha,
despide olores, convulsiona.
Me fumigan, me obligan
a abandonar la posición,
la posesión.
Adiós, adiós a todo.
No sos vos.
Trasnoche jurásica
Fétido, al bramar,
T-rex expresa
una tibia metáfora
que los siglos
sólo han perfeccionado:
quiero integrarte
por la vía oral.
A qué tanta bambolla
de impreciso ballet
con que velociraptors ejecutan
los delicados pasos
de la persecución original
si ya sabemos
en qué termina todo.
Híbridos, de cadenas
nucleótidas liberados,
elevan una plegaria
a un dios inconducente
en breve vuelo pterodáctilo.
Un anuncio de lluvia,
de humedad y tristeza.
¿y qué me impediría
poner un huevo
y llamarlo
“hijo mío”?
Fósiles, coprolitos,
huellas petrificadas
sólo por diversión:
un rato amable
con muñecos monstruosos.
Adiós, adiós,
amigos gigantescos.
Ha llegado ya el tiempo
y con él la deriva,
la flor carnívora,
el estruendo del humo
y nuestra vergonzosa pequeñez.
Por qué fracasaron los sea-monkeys
a RGH
He roto el sello.
Sigo las instrucciones,
observo el rito.
Hundo, mías, en la gestación
disueltas, innominadas partes.
Agua natal, patria líquida,
inocuo génesis de tierras simples.
Viscosidad amable, vinoso mar,
frágil conspiración de gelatina.
Despierta, breve homúnculo.
Contemporáneo oculto, sabio instantáneo.
Enséñame la blanda perfección de tu rostro.
Una extinción pasiva nos acecha
y quiénes somos para esgrimir
los argumentos tales,
voces otras que no tu revelación,
tu revuelta, inconsistente ideología química.
Y ahora —sólido, demasiado sólido,
¿qué quedará por intentar,
perdida ya toda progenie en flujos idos?
Yo quise ser. Quise saber, crear.
Regresa. Llévame.
Fuimos amigos, mal que mal.
- Poemas de Gerardo Lewin - martes 27 de mayo de 2025


