
Dioses y monstruos. 29 años de LetraliaEste texto forma parte de la antología publicada por Letralia el 20 de mayo de 2025 en su 29º aniversario
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Conocí la obra de Martin Cruz Smith hace más de una década, cuando me adentré en las heladas páginas de Gorky Park. Allí, en una Moscú opresiva, el detective Arkady Renko perseguía la verdad entre cadáveres, silencios estatales y una atmósfera asfixiante de control social. Quedé a gusto con la forma en que Cruz Smith hilaba una trama policial con crítica política, y cómo hacía de la nieve un personaje más. Por eso, al llegar a Alas de noche (Nightwing, 1977), supe que estaba en manos de un narrador de raza. Pero esta vez, el autor no nos lleva al corazón de la Unión Soviética, sino a las reservas indígenas del suroeste norteamericano. Y no es el crimen humano el que pone en marcha la historia, sino algo más oscuro: la peste, el mito y la noche.
El protagonista, Youngman Duran, es un representante tribal enfrentado a un brote mortal y a un dilema identitario: integrarse al sistema blanco siendo hijo de un pueblo que recuerda a sus dioses con miedo. Una serie de muertes en la reserva —al principio atribuidas al delirio de un anciano hopi que realiza un ritual de invocación final— conducen a Duran a confrontar una amenaza real: murciélagos vampiros, portadores de una enfermedad que no sólo devora carne, sino que activa memorias míticas y preguntas sin respuesta.
Cuando los hombres olvidan a los dioses, los dioses encuentran formas de recordarles su existencia.
Esa es la intuición que recorre la novela. Porque aunque los murciélagos son reales —especímenes agresivos, sedientos de sangre, transmisores de una peste mortal—, su aparición parece obedecer a un patrón ritual, como si hubieran sido convocados por una fuerza que se cansó de esperar. Cruz Smith logra aquí un equilibrio notable: lo biológico no anula lo simbólico, y lo simbólico no elimina el peligro real. A través de una escritura contenida, seca y efectiva, nos sumerge en una historia que tiene algo de horror, algo de thriller ecológico, y mucho de tragedia sagrada.

Hay, por supuesto, ecos de anticipación. Leído hoy, Alas de noche parece una premonición involuntaria de las pandemias recientes. No sólo por los murciélagos como portadores virales —figura repetida hasta el hartazgo durante el Covid-19—, sino por la forma en que el miedo se contagia junto con la enfermedad, por la desconfianza en las instituciones, y por la sensación de que la naturaleza está devolviendo un golpe ancestral. La novela, sin proponérselo como mensaje, advierte que hay fuerzas que no entienden de fronteras sanitarias ni de protocolos de emergencia.
Siempre me ha fascinado el vampirismo en la literatura. No como simple criatura fantástica, sino como arquetipo: el otro que se alimenta de nosotros, que esclaviza, que nos suplanta. Desde Soy leyenda hasta Déjame entrar, el vampiro funciona como espejo invertido de nuestros miedos sociales y deseos reprimidos. En Alas de noche no hay condes ni ataúdes. Hay murciélagos. Animales. Pero el eco simbólico sigue ahí. No chupan sangre por romanticismo, sino por instinto. Y sin embargo, los sentimos igual de antiguos, igual de sagrados, igual de monstruosos.
Uno de los grandes logros de la novela es reintroducir lo mítico en un mundo aparentemente desacralizado. El horror no proviene sólo de los ataques nocturnos o de los cadáveres, sino del reconocimiento de que el tiempo de los dioses no ha terminado. Que los antiguos rituales, ignorados o folklorizados por el poder blanco, aún conservan potencia. Que invocar a los dioses también es, en el fondo, invocar a los monstruos.
Quizás los murciélagos no eran enviados por el demonio. Tal vez eran el último susurro de los dioses antes del silencio total.
Alas de noche no es sólo una historia de horror. Es también una reflexión sobre la identidad, la memoria y la peste como castigo colectivo. Martin Cruz Smith consigue, con precisión quirúrgica y respeto narrativo, levantar un puente entre la biología y el mito, entre la muerte súbita y la culpa cultural. Una novela que vuela bajo, sí, pero que deja su sombra en cada página. Y que confirma —una vez más— que los monstruos, como los dioses, siempre encuentran la forma de volver.
- Donde duermen los monstruos, despiertan los dioses
Murciélagos, mitos y apocalipsis simbólico en Alas de noche, de Martin Cruz Smith - miércoles 28 de mayo de 2025 - Caracas el miedo - domingo 26 de mayo de 2019


