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Criminal pandemia del virus coronado

lunes 25 de mayo de 2020
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Criminal pandemia del virus coronado, por Ramón Fernández Palmeral
Los viejos no sobramos, somos fundamentales.

Papeles de la pandemia, antología digital por los 24 años de Letralia

Este texto forma parte de la antología publicada por Letralia el 20 de mayo de 2020 en su 24º aniversario

1. Introducción

Aunque yo hubiera ideado una novela de ficción sobre esta pandemia que nos asfixia y nos mata, jamás hubiera podido inventar una realidad como la que vivimos, esta pesadilla gigantesca y mundial; de haberla escrito mis lectores me hubieran dicho que yo tenía muchas fantasías en la cabeza y que algo así nunca sería posible, puesto que en esta tercera guerra mundial el enemigo es invisible, porque la realidad siempre supera la ficción y lo sabían grandes novelistas como Gabriel García Márquez, Juan Rulfo o nuestro Miguel de Cervantes.

Según los expertos, el pico de contagios en España está por llegar y algunos lo sitúan por el 24 de abril, pasadas la Semana Santa y la Santa Faz de Alicante, cuya multitudinaria romería no se celebrará porque nos encontramos a media ladera para llegar al picacho de la montaña de los contagios del coronavirus de la cepa Covid-19, que es la neumonía invernal que ha mutado en su estructura molecular, contra el que no hay vacuna, es muy contagiosa y mortal en 3% de quienes la contraen.

Cuando empezó esta pandemia en Wuhan (China) en 2019, pensábamos al ver las noticias en la televisión que esto era cosa de chinos y que no nos iba a llegar porque estaba muy lejos.

Todos estamos obligados a poner de nuestra parte y quedarnos en casa, excepto para asuntos urgentes, alimenticios o médicos, lo cual se llama confinamiento que, sin duda, conlleva sus riesgos psicológicos. Es la primera vez que el mundo se enfrenta a un virus mortal de tales dimensiones, debido a que vivimos en un mundo globalizado. Y, pienso que, gracias a que vivimos en la era digital, las consecuencias son de menor riesgo, porque muchas actividades se pueden hacer por vía telemática, móviles o correos electrónicos, videoconferencias y otros; de haber ocurrido en otra época pretérita, hubiera sido comparable con la peste negra, la pandemia más devastadora en la historia de la humanidad, que afectó a Eurasia en el siglo XIV y que alcanzó un punto máximo entre 1347 y 1353. Es difícil conocer el número de fallecidos, pero en el siglo XXI las estimaciones son de veinticinco millones de personas sólo en Europa, aproximadamente un tercio de la población.

Cuando empezó esta pandemia en Wuhan (China) en 2019, pensábamos al ver las noticias en la televisión que esto era cosa de chinos y que no nos iba a llegar porque estaba muy lejos. Pero lo cierto es que en este mundo globalizado somos las personas quienes, como las abejas transportan el polen de las flores, la transportamos también. Bien es cierto que los chinos se comportan disciplinadamente contra el Covid-19; es sabido que ellos son muy individualistas y rehúyen el contacto físico, y el saludo del beso y darse la mano; por el contrario nosotros los españoles, como latinos y pueblo mediterráneo, somos muy sociables y nos gusta el contacto personal, familiar, y estar con amigos y ocupar largas horas en charla o tertulia en bares, cafeterías y terrazas; por consiguiente, en este confinamiento lo pasamos verdaderamente mal, y el no podernos reunirnos con padres y familiares es aún peor, porque tenemos lo que se llama “querencia”, es decir: “Tendencia del hombre y de ciertos animales a volver al sitio donde se han criado o tienen costumbre de acudir”.

Parece ser, según la prensa de estos días, que el gobierno chino está ocultando el número real de muertos para no alarmar a la población china y al mundo. La cuestión es que en España, si al principio del confinamiento pensábamos que esto no era para tanto y era una más de las gripes estacionales invernales, a día de hoy sabemos por las estadísticas de la prensa que la cuestión no es grave, sino de gravedad extrema, de pronóstico reservado. Un palo a toda la humanidad. Esta nueva situación de confinamiento forzoso rompe nuestras costumbres y nos produce tristeza e incluso depresión, angustia y ruina económica.

 

2. Cómo aliviar nuestro obligado confinamiento

Esta situación extrema requiere de psicólogos y nos dan varias formas para minimizar o menguar nuestra situación de confinamiento, que os voy a exponer.

Todos lo pasamos mal: niños, adolescentes, adultos, tercera y edad y cuarta edad, que son el mayor grupo de riesgo con sus múltiples enfermedades, porque la vida es así, nacer para vivir muriendo pero no en una catástrofe vírica apocalíptica.

Según la psicóloga Elisa García, para mantener nuestro equilibrio mental y emocional debemos: “No abandonarnos porque poco a poco, sin ser muy conscientes… ¡Pum! La llegada de la apatía y la tristeza puede comenzar a instalarse en nosotros. No hay que perder de vista nuestros hábitos”. Es decir, no caer en la apatía diaria por el confinamiento, de ello dependerá el concepto de nosotros mismos, nuestra valía y consideración como personas con un destino espiritual. Aquí reside la terapia conductual, en seguir unas pautas de comportamiento regular, porque sientes lo que piensas, y si piensas en plan derrotista, te derrotas a ti mismo. Como alternativa debemos levantarnos de la cama a un horario determinado, y no pasarse el día en el “campo de plumas”, que dijera Góngora, o en el sofá con el smartphone. Lo primero es nuestro aseo personal, lavarse, afeitarse, ducharse, perfumarse y estar guapos o guapas y presentables, para uno mismo, para no caer en la tristeza. Tampoco es aconsejable pasarse el día en piyama ni descalzo con los calcetines de lana de esquí. Ni los niños tampoco.

Desayunar añadiendo siempre fruta, tomar los medicamentos que nos correspondan como las pastillas de la tensión arterial. Luego pensar en lo que vamos a preparar para comer; siempre hay una receta que no hacías porque no tenías tiempo, ahora es el tiempo de practicar como un chef y, a la hora de comer, preparar la mesa con la mejor cristalería y cubertería, como si fueran a venir amigos o familiares. También es época de practicar el ayuno, que es una opción recomendada por todas las civilizaciones desde la antigüedad. Al ayunar, tu cuerpo elimina las toxinas que se acumulan con las comidas, limpiando tus órganos internos para un metabolismo más rápido y sano.

No se debe ver la televisión desde las ocho de la mañana con las noticias del coronavirus, porque además de que no podemos hacer nada por las desgracias ajenas del mundo, nos borra la mente como una esponja de jabón con alcohol.

Hacer tareas en la casa como ordenar los armarios que parecen revolcaderos de ángeles, para tener los suelos y paredes como los chorros del oro. También es tiempo de dedicarle una hora a leer esos libros que se los come el polvo (yo estoy releyendo los poemas de mi padre, poeta narrativo, de quien el 29 de abril se cumplirá el primer centenario de su nacimiento). O ponerse a ver el álbum de fotos familiar si es que lo encuentras. Quizás lograríamos terminar los poemas que duermen en el cajón, esos poemas que se te atascaron, o el relato a lo Cortázar que tenías sin terminar, o esa novela a lo García Márquez de realismo mágico que nunca acaba de salir adelante.

Y sobre todo hacer ejercicio físico o yoga. ¡Ay, qué dolor, Señor!, en casa con las pesas que están oxidadas en el armario, cintas de caminar que se ríen en el altillo, o hacer abdominales para bajar las cartucheras, o darte un paseo por la terraza si la tienes en el bloque donde resides. La cuestión es hacer cosas, moverse, jugar con los niños, pintar… Si tienes trabajo telemático, bendito seas; por lo menos no te tienes un ERTE (expedientes de regulación temporal de empleo). Es preferible hacer crucigramas (aunque sea mirando las respuestas), sopa de letras, sudokus, jugar al ajedrez contra el ordenador que siempre te gana, hacer solitarios (pero no en el aseo), etc… Los niños deben hacer sus deberes, que les envían sus profesores por vía online. No se debe ver la televisión desde las ocho de la mañana con las noticias del coronavirus, porque además de que no podemos hacer nada por las desgracias ajenas del mundo, nos borra la mente como una esponja de jabón con alcohol. Escuchar la radio es mejor, porque puede hacer cosas mientras se entrenan los tímpanos con esas ondas hertzianas de baja frecuencia.

 

3. A las 20 horas aplausos

¿Y qué hacer a las 20 horas u 8 de la tarde en España? Muy sencillo, abrir la ventana de la terraza a tocar las palmas para aplaudir a los sanitarios por su entrenada labor, así como a todas aquellas personas a cargo de los servicios públicos: transporte, agua, electricidad, farmacias, alimentación…, a la Cruz Roja, las policías estatales y autonómicas y guardias civiles que velan por nuestra seguridad y nos ayudan, y sin olvidar a la UME (Unidad Militar de Emergencia). Y de camino dar unas voces y saludar a los vecinos de enfrente a los que nunca antes habías visto, y despertar a algunos de esos fantasmas dormidos que los hay. Algunos sacan megáfonos por sus balcones y nos ofrecen canciones. “Resistiré” del Dúo Dinámico es de las canciones más populares que se oyen en España en la radio constantemente, cuya tercera y cuarta estrofas dicen:

Resistiré, erguido frente a todo
Me volveré de hierro para endurecer la piel
Y aunque los vientos de la vida soplen fuerte
Soy como el junco que se dobla
Pero siempre sigue en pie

Resistiré, para seguir viviendo
Soportaré los golpes y jamás me rendiré
Y aunque los sueños se me rompan en pedazos
Resistiré, resistiré

 

4. La importancia de la comunicación, y no aislarnos

Dice la psicóloga Lidia Asensi: “Aconsejo que todos estemos en contacto con nuestros familiares y amigos, y una buena opción es realizar videollamadas o hablar por teléfono con frecuencia. Además, es conveniente que expresemos cómo nos estamos sintiendo emocionalmente con esta situación. Es posible que aparezcan diferentes estados emocionales cambiantes”. Somos afortunados por tener teléfonos móviles, WhatsApp, para poder comunicarnos; hace veinte años no los había. Porque la comunicación con la familia o el exterior es importante. Recuerdo que mi primera relación de noviazgo fue por carta, ni yo ni ella teníamos teléfono fijo en casa, porque además de que su instalación era muy cara, tardaba mucho tiempo la Telefónica darte línea. Para poner una conferencia tenías que esperar horas en la centralita. Es decir, que ahora que lo tenemos fácil y relativamente barato debemos comunicarnos.

 

5. Más vale prevenir que curar

Esta es una frase que se usa en el sentido de poner soluciones antes de llegar a males mayores, porque actuar con negligencia, después de todo, son parches y malos arreglos. Has de tener en cuenta que son muchos los obstáculos que hemos de ir sorteando en la vida; una posibilidad de madurar en todos los órdenes laborales consiste en adquirir experiencias varias, y ¿cómo se obtiene esta experiencia empírica?, ¿cómo podemos ser unos viejos experimentados siendo jóvenes? La frase del título viene a cuento, en estos tiempos de la declarada epidemia mundial del coronavirus, que no es más que un virus del resfriado que ha mutado y siempre ataca, como todos los años, en invierno, a las personas que tienen debilitadas las defensas por tener bajo el sistema inmunológico. Por lo tanto es recomendable aumentar el consumo de verduras y frutas de todo tipo, pero sobre todo de cítricos (la demanda hará subir los precios).

Al gobierno de Pedro Sánchez le viene muy bien tenernos ocupados en las televisiones con la pandemia del coronavirus.

Los gobiernos ponen en cuarentena a la población como medida preventiva, para lavarse las manos, a lo que están muy acostumbrados, porque les llegan directivas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para que cumplan con los protocolos establecidos. Yo pregunto a mis lectores: ¿se puede paralizar el mundo? Es bueno tomar precauciones, sí que lo es, pero no instalar a la población una histeria colectiva. Los supermercados tienen colas y se están desabasteciendo. Los medios de comunicación han puesto su lupa en el coronavirus asiático, alertan y se sacian pero no hablan, por ejemplo, de los millones de niños que mueren de hambre en el mundo. O de que un importante número de personas fallecen todas las semanas en accidentes de tránsito. Sí vamos a evitar los contagios, prevenir antes que curar, pero ¿cuántos millones de personas fuman, beben alcohol o se drogan con sustancias ilegales en el mundo, que es un riego cierto contra la salud?

Al gobierno de Pedro Sánchez le viene muy bien tenernos ocupados en las televisiones con la pandemia del coronavirus para no hablar de los independentistas catalanes y vascos o los problemas reales de España. Pero lo cierto es que el 80 por ciento de los que se contagian sanan, porque es una especie de gripe que ha mutado y es lo que les preocupa a las farmacéuticas: vender médicamente y sacar una vacuna para el Covid-19, y cuando la saquen ya no servirá para el próximo invierno, porque a partir de la primavera, con el buen tiempo y con baños en las playas, todo habrá sido una pesadilla.

 

6. La denostada tercera edad

Yo, involuntariamente, dejé de ser joven, pero no ha sido mi culpa.

La publicidad, el cine, la televisión, etc., es un mundo espartano de culto a la juventud y a la belleza; en cambio, la sabiduría de la ancianidad se desprecia, el capitalismo es destructor de la tercera edad. Piensa que si se mueren los ancianos se ahorran sus pensiones, cuando esta premisa es un error, las pensiones se revierten en fomentar la economía de mercado, se compran alimentos, se pagan servicios como agua, electricidad, basura, o se ayuda a hijos y nietos. Los ancianos somos la reserva espiritual de la humanidad, somos los bancos familiares del préstamo sin intereses. Los ancianos no ahorramos, sino que gastamos. Esa pensión vuelve al Estado en forma de IRPF, impuestos indirectos los pagamos todos, en dar empleo, porque el consumo proporciona trabajo; si no hay producción no hay trabajo, es elemental.

En otro aspecto social también somos educadores, cuidadores de nietos, no malgastamos y una fuente de consejos; muchos son económicos, que es la mejor forma de recibir un consejo.

Somos los supervivientes de la tercera edad una bolsa económica importante: alimentos, energía, empleo, asistencias sociales, vivienda, herencia… Ahora con el coronavirus estamos ayudando a las familias. El mundo no es un lugar para viejos.

Incluso cuando el anciano está en una residencia genera empleo, sueldos a trabajadores sociales, médicos, enfermeros, celadores, cocineros, camareros, porque las residencias son un necesario negocio, pues en ocasiones el anciano está mejor atendido en la residencia que en su casa o en casa de hijos o sobrinos. Sin viejos este negocio geriátrico se iría todo al paro. Ya trabajamos para levantar España, que es el décimo país más importante económicamente del mundo. Nuestro esfuerzo no ha sido en vano.

Siempre se ha oído que los viejos sobramos, que no producimos y gastamos medicamentos en sanidad y farmacias. Lo cual, como he demostrado, no es cierto, es un error, porque la economía de mercado es un sistema de oferta y demanda donde entramos como accionistas.

Los viejos no sobramos, somos fundamentales, no únicamente en sabiduría sino en dar empleo a las cajeras de los supermercados, agricultores, servicios… Cuando menos población tiene un país, más pobre y débil es.

 

Estos momentos únicos aunque no nuevos en la historia de la humanidad nos deben hacer reflexionar sobre nuestra existencia y nuestra vida temporal en la Tierra.

7. La insoportable levedad del ser

La insoportable levedad del ser es una novela del escritor checo Milan Kundera de 1984 que trata de un hombre y sus dudas existenciales en torno a la vida en pareja, convertidas en conflictos sexuales y afectivos. La novela relata escenas de la vida cotidiana trazadas con un profundo sentido trascendental: “La inutilidad de la existencia y la necesidad del eterno retorno de Nietzsche”, por el que todo lo vivido ha de repetirse eternamente, sólo que al volver lo hace de un modo diferente, ya no fugaz como ocurrió en el principio.

Estos momentos únicos aunque no nuevos en la historia de la humanidad nos deben hacer reflexionar sobre nuestra existencia y nuestra vida temporal en la Tierra. Me consta el dolor sufrido por la pérdida de algún ser querido, que no tiene consuelo momentáneo, pero hemos de reflexionar que estamos en la Tierra de paso bajo un cielo azul que nos contempla, aunque suene tremendista. Y para los que tienen fe, ¡alabados sean!, porque tienen una creencia en el Señor que los va a salvar de este demonio.

 

Conclusión

Estoy seguro de que todo se arreglará y volverá a ser como antes, aunque con severos matices, sencillamente porque la humanidad, considero que tiene un destino espiritual en el universo.

Ramón Fernández Palmeral
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