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Alejandro Medina Colón: “Yo escribo para mi país”

domingo 12 de febrero de 2017
Alejandro Medina Colón
Medina Colón: “Lo inmediato es el mercado. Yo no escribo para un mercado”.

Alejandro Medina Colón (Puerto Rico, 1989) es poeta. Es un poeta joven, hijo de esta tierra, antropólogo y labrador; sobre todas las cosas, poeta. Desde que le vi me cayó bien, me agradó su sonrisa, y supe que lo que había Alhorizonte (Puerto Rico, Mesa Ed., 2015) tenía que ser algo genuino como lo es su mirada, su sonrisa, y sus ganas de joder desde y con la palabra. Alejandro y su poesía es otra muestra de consistencia y resistencia, y de que no todo está perdido ni podrido. Medina Colón ha compartido conmigo unas palabras sobre su proceso creativo, que comparto contigo.

—Eres un antropólogo que a su vez es poeta. Sé que los vientos huracanados de Hugo te bautizaron en 1989, poco tiempo después de aquel parto que te trajo a la vida. En 2015 publicaste Alhorizonte (2015). ¿De qué trata o tratas en este poemario?

El poema solo no dice toda la poesía. Es un pedazo de ella.

—Este es un segundo libro, que es un primer libro escrito por un poeta joven que se asume. Yo no estaba asumiendo en su totalidad lo que ser poeta implicaba. No había comprendido su responsabilidad porque todavía no la había visto: poner a hablar a la lengua, en el idioma que todos conocemos, no es fácil; para comunicar lo que la identidad quiere dar de manifiesto a través de un canal singular, un yo situado en un tiempo y en un espacio —con suerte histórico—, que tendrá que pulir las cuerdas del lenguaje para decir lo que se tenga que decir desde ese sitio. El tema general del libro sería ese, encontrar el horizonte en la poesía. Para ello, el poeta tiene que encarnar de nuevo, tiene que vaciar el cuenco, desatarse de sí mismo —que es decir conocerse—, para poder seguir con su nuevo camino. El libro sería, en todo caso, el resultado de un proceso ya al interior de la poesía.

Al cigoto (Puerto Rico, Mesa Ed., 2014) es tu primer poemario. ¿Cómo surge la oportunidad de trabajar este primer poemario? ¿Qué relación tiene con tu trabajo creativo en la revista Parhelios (2012)?

—Ese poemario representa la primera etapa, digamos, de mi proceso poético en particular. Es una síntesis entre lo que yo estaba descubriendo en la poesía (es decir: la imagen, el ritmo, el sentido, el silencio y la forma) y lo que de ella me estaba influenciando, sobre todo a través de mis lecturas, y esto mezclado a su vez con mi propia vivencia personal en Río Piedras y la Universidad. Me informaba de algo que tampoco se encuentra en sus elementos formales. Me decía de su dimensión espiritual, o mística, a la cual me sentí atraído desde el principio. Esa es la poesía que me gusta: la profunda.

Leer a los maestros me había dejado claro el camino a seguir en la poesía, sobre todo Paoli. La poesía no era un proceso aislado, ni tampoco una mera escritura correcta, gramatical, o en el sentido más llano, sintáctico; sino que también era una comunión con los ancestros, un volver a la lengua que en Puerto Rico nos maniatan, que en Puerto Rico nos quieren destruir, hacer de ella nada, y que no desean que se escuche ni que sea compartida. Escuché el mensaje que ellos transmitían, lo que aquí se dijo antes, y miraba la cara de los muertos, y vi la otra gramática particular de la poesía, con la que ella, objetivamente, le revela a uno sus misterios. La poesía se siente a través de lo que uno escribe. La poesía no era sólo la escritura de un poema, porque el poema era el resultado externo, plástico, de un proceso profundo de intuición. Porque el poema solo no dice toda la poesía. Es un pedazo de ella. El poema sólo revela sus matices, y no el contenido puro de su forma. Pues la poesía pura está detrás de las palabras, en el sito de lo que ellas convocan. Comulgábamos yo y la muerte, y bebíamos de una misma agua. Y ese era uno de los temas en el libro: la muerte. Encontrarse de nuevo en la raíz de un volcán primerizo, para mirarse de nuevo en la identidad, sabiéndose, asumiéndose poeta en Puerto Rico.

“Alhorizonte”, de Alejandro Medina ColónLa oportunidad de trabajar en la publicación de ese poemario me la permití yo mismo. Me había dado con inventar dos años antes una editorial independiente. Me había empeñado en hacerla, tal vez porque estaba de moda, o tal vez porque esa decisión espontánea desencadenaría la posibilidad de ese libro sin saberlo. Se me habían ido acumulando poemas, ansiedades, alegrías, etc., que derivaron en la cantidad que luego conformarían el libro. Y se logró, se hizo. Establecí el orden, un poco chueco, las partes; hice el diseño, imprimí los cuadernillos, y ensamblé el libro solo y con las manos en Corozal. Creo que 300 ejemplares, no sé. La idea eran 500 ejemplares, pero no se pudo. No guardo ni tan siquiera una copia del libro. Fue toda una travesía.

Para el tiempo en el que ensamblaba los libros, andaba escribiendo Alhorizonte, bajo un título distinto, El ciclo de los lirios, un poco charro, pero con las intenciones claras de ser otra cosa. Lo que quiere decir que estuvo escrito desde el verano de 2014, realmente. Y se estuvo trabajando, en conjunto con el poeta y editor Joserramón Melendes, desde más o menos septiembre.

Yo diría que la única relación que ese libro tiene con el taller creativo de Parhelios es la intención de hacerse poesía. Todo lo demás apareció después de la disolución del taller. Lo hice y trabajé todo en soledad, en un apartamento rentado en Hato Rey. Pero sí se puede considerar a Parhelios como ese núcleo inicial en el que entré en contacto con lo que era verdadera poesía. Se sentía la poesía entre nosotros. Pasábamos mucho tiempo leyéndonos, a nosotros y a los muertos. Compartimos impresiones, poemas y críticas. Fue bastante saludable. Lo recuerdo siempre con mucho entusiasmo.

—Si comparas tu crecimiento y madurez como persona y escritor entre la época que realizas tus dos poemarios, Al cigoto (2014) y Alhorizonte (2015) con la de Parhelios (2012), ¿qué diferencias observas en tu trabajo creativo?

—De entrada se podría hablar de unas mejoras estéticas. Los poemas aparecen mejor trabajados. Mejor logrados como piezas, claro, que aún se puede mejorar. No creo que todo esté ya logrado. Falta.

En segundo lugar, se pudiera hablar del convencimiento. Cada vez me veo convencido de que la poesía llegó para quedarse. Ya estoy seguro de que ese siempre será mi camino. Y esto de alguna manera se deja entredicho en los poemas, se nota. En Parhelios había más una intención por demostrar lo que se hacía, llegando incluso a pecar de pretensión. Pero eso es natural, creo, a todo proceso iniciático en el arte. Se la vive uno a veces demasiado. Pero aun así también se puede apreciar, en potencia, lo que eso podría llegar a ser. Lo que eso ha llegado a ser hasta ahora. Hay versos de esa época que todavía me tripean.

—Alejandro, ¿cómo visualizas tu trabajo creativo con el de tu núcleo generacional de escritores con los que compartes o has compartido en Puerto Rico?

Eso es lo que más se le agradece a un poeta o artista. Que sea sincero con el arte cueste lo que cueste.

—Me parece, sobre todo, que es distinto. Me parece que se arriesga, incluso a equivocarse. Eso me parece saludable. Que se quiera proponer otras cosas que mis compañeros de generación no hacen. Pero que no por eso me parecen más o menos pertinentes que lo de los demás. Es distinto en sustancia, y en sus intenciones estéticas. Me parece que tiene su carácter, su legítima voz, y que ella sola se defiende. Un poco sí noto algo de facilidad en lo que algunos escriben. Lo que quiero decir es que veo que algunos no trabajan lo suficiente sus poemas, sus propuestas de libro, su intención. Noto, a veces, que no tienen claro lo que es en sí la poesía. O que tienen una opinión algo vaga de lo que ella significa, de lo que es la poesía como espacio, y como fenómeno real. Noto otros que tienen su talento, pero se conforman con eso, con lo que eso propone como está, como si fuese suficiente, y no mejoran. Y noto también alguna que otra falta de compromiso con el arte, resultando a veces en lo anterior: en la comodidad, y por otro lado, en la mentira. Se les ve, a algunos, comprometidos con ellos, pero no con la poesía. Se les ve, a algunos, descuidar el estudio en el idioma, en las formas expresivas que la poesía ha desarrollado a lo largo de la historia. Se les ve, a algunos, fuera de contexto. Confundiendo la poesía con ficción, la poesía con escribir un poema, solamente. La poesía con escribir un poema creativamente, como si eso fuese suficiente. Confundir un taller de escritura gramatical con un taller de poesía. Etcétera.

Eso por ese lado.                                                 

Pero sí veo a otros hacer lo que se ve que están haciendo: poesía. Se les ve comprometidos con el arte. Eso es lo que más se le agradece a un poeta o artista. Que sea sincero con el arte cueste lo que cueste. Que sea sincero con su país. Y que sea sincero consigo mismo y con los otros. Que se atreva a decir sin tapujos aunque a otros les moleste. Que quiera proponer lo que sienta, verdaderamente, aunque a veces se equivoque. Que se arriesgue. Que sea libre.

—¿Cómo concibes la recepción a tu trabajo creativo dentro de Puerto Rico, y la de tus pares, bien sean escritores de poesía u otro género?

—Ha sido mínima la recepción. Porque para que a uno se le atienda hay que formar parte del circuito literario de la isla. En muchos casos limitado a la amistad entre grupos, lamentablemente. Para ser atendido hay que tener influencias. Eso veo. Aun así no le doy mucha importancia a eso. No me preocupa. Pues lo que a mí me interesa es seguir trabajando. Seguir escribiendo. Porque los resultados, si algunos, jamás serán inmediatos. Lo inmediato es el mercado. Yo no escribo para un mercado. Yo escribo para mi país.

Sí noto, en cambio, que a los que se les ha prestado algo de atención se les atiende con superficialidad. Se dice sólo de lo temático, literariamente hablando, de lo que el libro ingenuamente provoca en quien lo lee y quien lo reseña, casi como una opinión pasajera, demasiado subjetiva. No veo un estudio crítico severo, ni pertinente. No se les mira en relación con el contexto cultural y social, ni mucho menos histórico. Y casi siempre cuando se les reseña, se les ha reseñado sólo porque de alguna forma se cree que el libro ha generado ventas —otra vez el mercado—, y no porque el libro signifique algo verdaderamente, dentro del quehacer literario del país. Se prefieren textos “entendibles”, porque está de moda la poesía fácil, o comunicar, o porque se malentendieron las propuestas de los poetas políticos de antes, fuera de contexto, del 50 al 70 en la isla, su poesía de masas. Se rechaza todo aquello que tenga una intención renovadora, refrescante, y hasta extraña, siempre y cuando no sea que el texto trabaje los temas de moda. En este caso, el libro será leído solamente porque de alguna forma trabaja ese tema. Como si la poesía sólo trabajara para proponer temas catalogables por algún crítico de la facilidad.

—Sé que eres de Puerto Rico. ¿Te consideras un autor puertorriqueño o no? ¿O, más bien, un autor de poesía, sea esta puertorriqueña o no? ¿Por qué?

—Me considero un poeta puertorriqueño.

—¿Cómo integras tu identidad étnica y tu ideología política con o en tu trabajo creativo y tu formación en antropología y literatura?

Los modos de producción cultural están siendo controlados por ciertas instituciones que dicen ser las salvaguardas de la identidad puertorriqueña, entre ellos la universidad.

—La formación de uno a veces no tiene nada que ver con lo que uno hace. Lo que sí noto es que, a veces, en algo que estoy escribiendo, se revela algún interés de índole antropológico. También a veces en el proceso creativo puedo recurrir a recursos de la disciplina en la que me formé: palabras, temas, obsesiones, etc. Pero no creo que eso haya influido tanto. Lo único que puedo decir con toda seguridad es que mi interés por el pasado se verifica a veces en algunos poemas. Me debe venir eso del mismo interés por el que terminé estudiando arqueología en la universidad. En todo caso, puedo decir que todos esos intereses previos me llevaron a encontrarme con la poesía, y no al revés.

—Tu trabajo creativo se inicia en 2012, por lo menos el que conocemos. ¿Cómo se integra tu trabajo creativo a tu experiencia de vida como estudiante en la Universidad de Puerto Rico? ¿Cómo integras esas experiencias de vida en tu propio quehacer de escritor hoy?

—La universidad sólo me puso en contacto con la información que no conocía en mi infancia en Corozal. Sólo me puso en contacto con mí mismo, y en contacto con los otros, al mostrarme los canales por los que el pensamiento de las cosas se revela, por los que el pensamiento se junta y se llega a comunicar. Mi proceso creativo sí comenzó alrededor de 2012, pero no tuvo nada que ver en eso la universidad. Eso se daba afuera de sus muros. Hoy en día la universidad no promueve la producción artística, más bien la limita. Hoy en día la universidad es antiséptica, higiénica. No permite que germine nada que atente con su hegemonía cultural. Porque los modos de producción cultural están siendo controlados por ciertas instituciones que dicen ser las salvaguardas de la identidad puertorriqueña, entre ellas la universidad. Y sólo lo que ellos permiten es cultura. Lo otro será arte marginal, o no arte. Pero siempre hemos sabido que no es cierto. El arte está en la calle. En el sitio en donde las pulsiones sociales entran en conflicto, generando las formas que formarán su arte verdadero, de la manera más orgánica posible.

—¿Qué diferencia observas, al transcurrir del tiempo, con la recepción del público a tu trabajo creativo y a la temática poética del mismo? ¿Cómo ha variado?

—El proceso creativo está constantemente permutando. Los matices se trabajan y se pulen. Y los temas y las obsesiones se van elaborando. Se mejoran resultados, se destruyen otros menos efectivos. Se descartan procedimientos, se incorporan otros. Se entra en conflicto con lo que eso es en sí mismo, en relación al yo que los produce. Se estudian nuevos maestros, se sueltan otros. Se siguen ahora otras intenciones, pero reverberan las primeras, todo junto. El proceso varía bastante, a veces de un día para otro. Depende de la circunstancia y la disposición.

—¿Qué otros proyectos creativos tienes pendientes?            

—Trabajo actualmente en varios inéditos, para extraer de allí, en una tercera propuesta, otro libro de poesía. Es posible que para finales de año esté listo. Quizás para publicarlo en enero del que viene, como para mi cumpleaños. Quisiera realizarlo de manera artesanal de nuevo, como el primero. Pero no deseo abundar mucho en ello, para que se realice y sea una sorpresa.