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Mario Ramos Méndez
“Escribimos desde nuestra realidad personal, cultural y existencial”

domingo 12 de noviembre de 2017
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Mario Ramos Méndez
Ramos Méndez: “Para entender el presente debemos conocer el pasado”.

Mario Ramos Méndez (Puerto Rico, 1960) es historiador, periodista y analista político. Se formó como historiador en la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico y el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe. Realizó sus estudios doctorales de derecho en la Universidad Interamericana de Puerto Rico. Fuera del laberinto: la estadidad como igualdad y soberanía (Puerto Rico: Publicaciones Gaviota, 2016) es su último libro. No es el primero, y esperamos no sea el último. Ramos Méndez hace un tiempo me dio la oportunidad de presentar su libro. Ahora me ha dado la oportunidad de entrevistarle sobre éste y su trabajo creativo. Comparto con vosotros sus respuestas.

Personalmente creo en la estadidad. Creo que esta alternativa política le garantiza al puertorriqueño la igualdad en derechos que tienen los demás ciudadanos americanos en los cincuenta estados.

—Eres un periodista e historiador que a su vez hace análisis político. Hace unos meses tuve la oportunidad de presentar tu último libro, Fuera del laberinto: la estadidad como igualdad y soberanía. ¿De qué trató o tratas en esa colección de ensayos y monografías?

—Es una recopilación de artículos de tema ideológico con un trasfondo histórico en la mayoría de los casos y jurídico en ocasiones, según el tema a tratarse.

—¿Cómo surgió la oportunidad de trabajarle? ¿Qué relación tiene esa colección con tu trabajo creativo y tu activismo político entonces y hoy?

—Bueno… personalmente creo en la estadidad. Creo que esta alternativa política le garantiza al puertorriqueño, al ciudadano americano que vive en Puerto Rico, la igualdad en derechos que tienen los demás ciudadanos americanos en los cincuenta estados. Además, mi primer libro, Posesión del ayer: la nacionalidad cultural en la estadidad, que trata sobre el discurso cultural del movimiento estadista de 1899 a 2004, tiene su peso en influencia en este mi tercer libro. Digo tercer libro porque el segundo fue sobre el origen y desarrollo de la Ley de Juegos de Azar. O sea, sobre los casinos.

—Si comparas tu crecimiento y madurez como persona, investigador y activista político entre la época que te gradúas de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico con tu época actual de periodista y analista político en Puerto Rico, ¿qué diferencias observas en tu trabajo creativo?

—Es un salto enorme. Nunca me propuse hacer lo que estoy haciendo. Todo llegó por accidente. Lo del primer libro sí. Tenía algo así, muy tenue, como meta para trabajarlo algún día. Pero los cambios y la diferencia han sido enormes. Las miles de lecturas hechas han influido sobremanera la escritura, el análisis y la forma y manera de ver la realidad; la realidad política, sociológica, cultural y hasta nuestra realidad existencial.

—Combinas tu conocimiento histórico y jurídico con tu análisis político. Mario, ¿cómo visualizas tu trabajo creativo con el de tu núcleo generacional de analistas políticos y activistas con los que compartes o has compartido en Puerto Rico? ¿Cómo has integrado tu conocimiento histórico y jurídico a tu activismo político o tu activismo político a tu trabajo creativo?

—Bueno… el conocimiento histórico y jurídico me ha ayudado mucho en el análisis político. Me ha ayudado a ser mucho más crítico; usando el término de José Martí: “Criticar es hacer ejercicio del criterio”. Sin embargo, el analizar de esa manera y ser crítico también con el movimiento estadista donde he militado toda mi vida me ha traído problemas. En el PNP las críticas no se aceptan. Se toman como algo personal. Cuando las he hecho, de una manera racional, analítica y con la mejor buena fe, he recibido ataques por doquier. Creo que hay algo de subcultura en ello. El movimiento estadista ha sido la corriente política más atacada durante los últimos cincuenta años y entiendo perfectamente por qué ese tipo de reacción cuando se hace una crítica, aunque ésta sea la más racional, analítica y de la mejor buena fe del mundo.

—¿Cómo concibes la recepción a tu trabajo creativo dentro de Puerto Rico, y la de tus pares?

—Todo el que la lee queda a gusto, y no es que me lo digan porque yo les pregunté y la contestación es para hacerme sentir bien. Es que luego de la lectura ellos me llaman y me dan sus opiniones. También me hacen sus críticas, pero de manera martiana, como dije anteriormente.

—Sé que eres de Yauco, Puerto Rico. ¿Te consideras un escritor puertorriqueño o no? O, más bien, un escritor, sea éste puertorriqueño o no. ¿Por qué?

—Como dijo una vez Rafael Martínez Nadal: “Soy tan puertorriqueño como el más puertorriqueñísimo en nuestra tierra. Amo mi idioma y nuestras tradiciones con todas las fuerzas de mi espíritu”. La puertorriqueñidad es algo que llevamos dentro. Ningún cambio político la puede despintar. Usando la tesis de Carl Jung del inconsciente colectivo, es algo que el pueblo lleva en su psiquis. Hay unos imaginarios que se entienden por puertorriqueñidad. Digo se entienden porque no podemos hacer definiciones. Toda definición incluye la exclusión y eso ya es una acción arbitraria.

—¿Cómo integras tu identidad étnica y tu ideología política con o en tu trabajo creativo y tu formación en historia y derecho?

Mi primer libro fue leído mucho más por independentistas que por estadistas. Leído y hasta promovido.

—Esa es una pregunta compuesta. Si la estiramos salen varias preguntas. Trataré de contestarte. Escribimos desde nuestra realidad personal, cultural y existencial. No puede ser de otra manera. Al escribir parte de nuestra personalidad queda plasmada en el texto. Si el trabajo es sobre algo político, pues quedan ambas; la identidad étnica y la ideología política. Siempre lo hago tratando de ser lo más imparcial posible. Haciendo eso que decía José Ortega y Gasset: “Convertir la realidad vivida en objeto de conocimiento”. Si no se hace de esa manera lo que estamos haciendo es un panfleto. En ese sentido soy bien crítico del movimiento estadista, más crítico del PNP y mucho más de sus actuales líderes, por lo menos de la mayoría. Aunque creo que hasta ahora el gobernador Rosselló ha lucido bien. Por otro lado, integro el aspecto histórico porque para poder entender mejor el asunto hay que enmarcarlo dentro de un contexto histórico. Para entender el presente debemos conocer el pasado. También integro el derecho si el asunto que se trata tiene, aunque sea tangencialmente, relaciones con esta disciplina.

—¿Cómo se integra tu trabajo creativo a tu experiencia de vida como estudiante antes y después de tu paso por la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico? ¿Cómo integras esas experiencias de vida en tu propio quehacer de analista político hoy?

—Me han ayudado mucho a entender mejor mi realidad política y sociológica, por supuesto a analizar mejor el quehacer político cotidiano. La Universidad Católica me dio una formación sólida; moral e intelectual. Por ser algunos profesores sacerdotes españoles con más de un doctorado y ser extranjeros podía degustar la perspectiva que ellos tenían de la realidad política nuestra y eso fue bien decisivo en mí.

—¿Qué diferencia observas, al transcurrir del tiempo, con la recepción del público a tu trabajo creativo y a la temática histórica, jurídica y política del mismo? ¿Cómo ha variado?

—Es un público bien pequeño. Si supieras que mi primer libro fue leído mucho más por independentistas que por estadistas. Leído y hasta promovido. Sin embargo, la metodología usada en los trabajos de investigación le ha gustado al lector.

—¿Qué otros proyectos creativos tienes pendientes?

—Tengo pendiente, próximo a publicarse, un libro de versos y cuentos cortos. Y en pañales, un libro sobre la Ley de Gallos, desde el punto de vista legal y con un trasfondo cultural.