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Álvaro Ríos:
“Ojalá el futuro no nos arroje a un lugar desconocido”

domingo 7 de febrero de 2021
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Álvaro Ríos
Álvaro Ríos: “Conocer el origen es vital para entender muchas cosas en el mundo”.

Una noche fui alojado en la casa de Álvaro y Luz Marina, allá en Barquisimeto. Y me regalaron ahí una de las mejores conversaciones que he tenido en muchos años. Un perro y un gato marcaban juntos su predio. Se notaba que eran muy amigos. Se quedaron observándome un rato y luego se fueron al porche. Y se agazaparon uno al lado del otro como si estuvieran cazando estrellas fugaces.

Álvaro Ríos es un narrador instalado para siempre en Barquisimeto, atrapado por los crepúsculos que sólo pueden ser avasallados por la aurora boreal. Tiene una de las mejores esposas que se han tenido jamás: Luz Marina puede hacer un postre sublime con unas cáscaras de naranja o de cualquier fruto que se atraviese en su camino. Ella es fina y culta. Es la lectora primordial de su esposo.

Álvaro Ríos cultiva la brevedad también, con la misma pasión que pone en esa ironía que se desprende a cada rato como una avalancha fugaz.

La biblioteca de ambos sólo muestra libros que los lectores más exigentes desearían abrir. Luz Marina es dulce y serena. Álvaro es un huracán. Un narrador lleno de recovecos sorpresivos. El asombro lo acompaña. Pero Álvaro Ríos es irremediablemente un escritor marcado por el humorismo y la ironía. Esa es la constante en su obra narrativa y en su poesía.

Kierkegaard decía: “La ironía designa el goce subjetivo, puesto que a través de la ironía el sujeto se libera de las ataduras en las que lo retiene la continuidad de las circunstancias de la vida”.

Álvaro Ríos cultiva la brevedad también, con la misma pasión que pone en esa ironía que se desprende a cada rato como una avalancha fugaz. El título de su obra más reciente revela su estilo: Efimerario, una palabra que probablemente ha inventado Álvaro. Y lo ha publicado una editorial que se llama Alfaguaro. (Para aquellos que no lo sepan: llaman guaro al que ha nacido en el estado Lara, donde llamaban así también a un periquito que hablaba hasta dormido).

En el Diccionario de venezolanismos mencionan una canción popular que dice: “Yo soy larense, / larense de corazón. / A mí me llaman el guaro / parrandero y jugador”.

Por cierto, el poeta y periodista Alberto Hernández, miembro correspondiente por el estado Aragua de la Academia Venezolana de la Lengua, escribió sobre Efimerario un texto preciso, justo, hermoso:

Un texto corto es como una agonía. Es como respirar bajo el agua y salir con una tos de cloro en medio de una piscina de cuatro metros de profundidad. Y como nadar no es nuestro fuerte, flotamos, hasta que llega un héroe y nos rescata. Entonces pensamos en la muerte o en la eternidad y nace el verdadero texto, porque, todos lo saben: tanto la muerte como la eternidad sólo duran un ratico. Irónico o no, así son las cosas de la brevedad. ¿Cuánto dura un coito? ¿Cuánto el sabor de un trago de buen whisky? ¿Cuánto la punzada de un infarto? En ese instante, en ese pedacito de placer o dolor está el secreto. Somos cortos de certidumbres. Leo Efimerario de Álvaro Ríos y trato de hacerlo con cierta prisa, para decantar el tiempo que me lleva trasegar cada línea. Pero no puedo: me convenzo de que si me largo con rapidez me voy por un abismo, por eso prefiero degustar cada trozo de pastel verbal, por muy cruel que sea la historia, por muy cínica (aclaro, para ser cínico es preciso ser inteligente), por muy misteriosa que sea. Entonces me aguanto y leo con calma, para que la brevedad logre alcanzarme doble. Y así lo he hecho.

Antes de iniciar la entrevista pongo un poema que titula “Milagro”, para que noten el estilo de Álvaro:

En plena función del circo
se desparramó un aguacero
La gente se sorprendió cuando
en las afueras
advirtió varias lagunas de pan.

 

Álvaro Ríos
Álvaro Ríos: “Jamás me siento a escribir pensando que el texto en el que trabajo debe contener trazos de ironía”.

La importancia del humor

—Hay una profundidad, una búsqueda muy propia, cierta tendencia a entender unos orígenes… ¿Es lo que sientes más importante?

—En la vida, o durante la misma, existe un conglomerado de cosas, elementos, actividades y sueños por hacer, y creo que nos pasamos el tiempo tratando de entender qué o cuáles son importantes, pensamos cómo priorizar y cómo deslastrarnos de lo menos pesado. Desde luego, conocer el origen, conocerse uno mismo, es importante para tener algún tipo de certeza en cuanto a las decisiones que tomamos, de modo que no sé si es lo más importante; sin embargo, conocer el origen es vital para entender muchas cosas en el mundo.

Considero que la voz narrativa la configuran muchos elementos, el humor debería ser una parte esencial.

—Tu poesía eres tú. ¿Cuándo comenzaste a detallarte, a analizarte, a sentirte que escribías y vivías poesía? ¿Qué marcó en tu infancia el destino poético?

—Ciertamente, creo que nuestra poesía es la fiel descripción de uno mismo. Ahora bien, la poesía siempre ha estado acompañándonos, sobre todo en el caso de quienes como yo tuvimos una abuela que en algún momento nos mostró ese género tan hermoso y formidable, en mi caso particular, mediante el recital (de memoria) de algunos poemas de Andrés Eloy Blanco y Alberto Arvelo Torrealba. Sin embargo, mi relación directa con la poesía, e incluso sentir y vivir de ella, es más reciente; yo diría que se ha hecho más cercana en los últimos quince años, luego de conocer y cultivar amistad con personas como Julio Bolívar, Julio Blanco Rossitto, José Luis Ochoa y Reinaldo Chaviel, de quienes he aprendido y sigo aprendiendo día a día. Por otro lado, durante la infancia recibimos marcas que duran toda la vida, y si debo mencionar algunas, pues sólo se me ocurren la familia, los gatos, los perros, el Magallanes, el tenis, la Fórmula Uno y, finalmente, Los Beatles.

—La ironía, el humor, parecen predominar en tu escritura; es como un centro, un punto primordial en algunos de tus cuentos y tus poemas. ¿Cultivas ese aspecto o es algo que te surge de manera natural?

—Efectivamente, mucha gente me lo ha hecho saber. En el caso de la ironía, debo confesar que es algo natural, pues jamás me siento a escribir pensando que el texto en el que trabajo debe contener trazos de dicho ingrediente. Sucede lo contrario cuando se trata del humor; de hecho, a veces siento la necesidad de introducir ciertas chispas no sólo para lograr una conexión con el lector, sino también para encuadrar un elemento que caracterice la voz, esa voz que cada escritor busca para sí y que siempre es esquiva, es decir, si dejamos fluir algo de humor en ciertas líneas de texto, además de crear un efecto positivo y relajante, pudiera ser un elemento importante para realzar esa voz, incluso ser el sello para darnos a conocer, aun cuando el texto trate sobre temas de alta seriedad. Considero que la voz narrativa la configuran muchos elementos, el humor debería ser una parte esencial.

 

Sueños cumplidos

—Escribir, en el fondo de todo, ¿es encontrarte con cierta felicidad de ser tú?

—En el fondo de todo, creo que sí. Una vez que hemos sido atrapados por esa fiebre, la felicidad, o un tipo especial de ella, está a un paso. Una vez leí un libro cuyo objetivo era simple, dar respuesta a una pregunta sencilla: ¿Por qué escriben los escritores? Ahora no recuerdo el nombre de la autora, pues es difícil de pronunciar. Lo que sí recuerdo es que lo redactó una dama polaca o algo así, se me hace que tú la conoces; pero, más allá de ello, las respuestas que encontramos en el libro son maneras de ser felices, y todas, o la mayoría, nos ayudan a ser nosotros.

—¿Cuál ha sido tu sueño más preciado?

—Como señalé antes, la vida está llena de sueños, algunos se han cumplido y otros no. Recuerdo que de adolescente quería ser ingeniero y además ser padre. Ambos sueños fueron preciados y logrados en su momento. Si sitúo tu pregunta en el hoy, aquí y ahora, y considerando que los sueños anteriores se cumplieron, mi sueño más preciado sería que cuando ya no esté alguien me recuerde, y si tiene que ver con algo que escribí, mejor.

 

Álvaro Ríos
Álvaro Ríos: “¿Perros?, sí, una siberiana negra y hocico blanco de nombre Bacci. ¿Gatos? También: una blanca y gris de nombre Mishi y un siamés de nombre Maranello”.

A veces se me escapa la razón

—¿Qué parte de la vida no puedes explicar, qué se te escapa?

—Sin duda que los hechos complejos, esos cuya probabilidad de ocurrencia es ínfima y sin embargo ocurren y que de alguna manera terminan por complicar el sentido de la vida, creando un ambiente desmotivador a nuestro alrededor. A veces, cuando menos lo espero, se me escapa la razón: es como salir a la calle desnudo.

—¿Cuál es tu gran pasión?

—Mi gran pasión siempre fue la ingeniería eléctrica. Logré el título en 1991 y desde entonces me dediqué a dar lo mejor de mí para beneficio del sistema eléctrico venezolano. Sin embargo, desde hace unos cinco años, y por razones que no vale la pena mencionar, dicha pasión ha decantado. Lo bueno es que a la par se ha desarrollado la pasión por las letras y la pluma, mejor dicho, el teclado.

—¿Estás muy cerca de ti o te mueves como si estuvieras en un lugar que no te corresponde?

—Si tomamos en cuenta el ámbito o las circunstancias actuales, porque creo que tu pregunta se ajusta a un tiempo o momento, creo que ahora estoy muy cerca de mí mismo. Ojalá el futuro no nos arroje hasta un lugar tan desconocido que sea imposible volver a reencontrarnos.

En estos tiempos, ser ciudadano en Venezuela se ha convertido en un juego de video, un ejercicio demasiado laborioso, escalar una montaña muy empinada.

—¿Dónde vives? ¿Casa? ¿Familia? ¿Apartamento? ¿Perros? ¿Gatos?

—Siempre he vivido en casa. Odio los apartamentos y lugares cerrados. Vivo solo con mi esposa, pues los hijos se sumaron a la diáspora. ¿Perros?, sí, una siberiana negra y hocico blanco de nombre Bacci. ¿Gatos? También: una blanca y gris de nombre Mishi y un siamés de nombre Maranello.

—¿Qué haces en esta etapa de peste y dramas?

—Además de pequeñas labores del día a día, el poco trabajo que llevo a cabo en el ejercicio libre de la profesión, pues lo que ahora me apasiona: escribir. En esta época de pandemia he dedicado mucho esfuerzo a revisar varios libros que tenía años escribiendo y que se habían quedado estancados en algunas carpetas digitales. Ahora trabajo en la revisión y corrección de dos libros que quisiera publicar el año que viene: Ajuste de cuentos (cuentos largos) y Dilemas en el aire (poemas).

—¿Cómo ha cambiado dentro de ti la ciudadanía en relación con Venezuela?

—En estos tiempos, ser ciudadano en Venezuela se ha convertido en un juego de video, un ejercicio demasiado laborioso, escalar una montaña muy empinada: cada día el nivel es más exigente. Sin embargo, soy de los que aún guardan ciertas esperanzas. Pienso que el país jamás se acabará, de modo que, aunque seguimos cayendo quién sabe hasta dónde, la ciudadanía con relación a Venezuela sigue viva, presente. Y si algo ha cambiado, quisiera pensar que es de manera positiva: debemos seguir soñando.

—¿Qué duele más hoy en día? ¿Qué te conmueve más?

—Si algo duele, y mucho, es la situación del país, el desvalijamiento del mismo y la estampida de tanto cerebro que en otras partes del mundo alguien aprovechará. Me conmueve el sufrimiento y la pérdida de calidad de vida del venezolano, sobre todo el cercano, el que vemos día a día y que sabemos que llora cuando está solo consigo mismo.

José Pulido
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