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Egidio Colón Archilla:
“Soy un accidente en el camino de la literatura isleña”

domingo 5 de septiembre de 2021
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Egidio Colón Archilla
Egidio Colón Archilla: “Mi escritura necesariamente refleja mi posición ante la vida”.

Egidio Colón Archilla (Puerto Rico) es escritor, periodista y activista LGTB+. En una etapa previa de su fecunda vida, se dedicó a la psicología de la hospitalidad y al manejo de los recursos humanos que se dedican a hacer eso que los boricuas llaman ser hospitalarios. Forma parte del primer matrimonio de un mismo sexo que se formaliza en Puerto Rico el 23 de agosto de 2015. Los temas de interés de Colón Archilla son, entre otros, los estudios puertorriqueños, los estudios LGTB+ y el arte latinoamericano. Mantiene la Zona Ambiente de El Post Antillano (Puerto Rico), a través de la cual construye su propia agenda de hacer visibles las luchas y logros, los héroes y heroínas de nuestra comunidad LGTB+. Hace muy poco, Colón Archilla publicó una novela con trasfondo autobiográfico o de mirada antropológica a su paso por el espacio-tiempo que le ha tocado vivir y sobrevivir. A partir de ahí, se ha tomado el tiempo de contestarnos estas preguntas. Sus respuestas son para ser compartidas con todos vosotros.

—No sin antes cerrar el año publicó Musarañas (2020). ¿De qué trata en Musarañas? ¿Cómo surgió la oportunidad de trabajarla?

—Comencemos definiendo la palabra musarañas: “Se dice del que está embelesado y con la boca abierta; del que está distraído o absorto. Las musarañas son unos mamíferos muy pequeños, de gran parecido al ratón, pero cuya cola es más corta y el hocico se prolonga hasta formar una especie de trompa, ligeramente corva”. Cual mamífero ratonil, he pretendido excavar, embelesado y con la boca abierta, los jirones o momentos que en su conjunto han compuesto el ciclo vital de un maricón boricua típico de mi generación. Musarañas no deja de ser un ejercicio creativo, que adopta la forma de novela corta, para pretender plasmar en un proyecto de redacción la vida de todos nosotros. Utilizo uno de los medios de comunicación más comunes en esta era: el Facebook. Por medio de las conversaciones feisbuqueras de dos personajes, productos de mi imaginación y con la esporádica intervención de un consabido Deus ex machina, que todo lo juzga y todo lo ve, vamos tomando conciencia del mundo y las circunstancias que rodean la vida del personaje central. Quise que mis lectores conocieran a fondo la vida y miseria de una maricona boricua en toda regla para que, a través de sus dilemas y sus luchas, entendieran la vida que se dio en su entorno particular. Deseo destacar la valiosa ayuda que me dieron un excelente grupo de valores de nuestra literatura isleña: Armindo Núñez Miranda, mi editor; Efraín Barradas, Daniel Torres y Wilkins Román Samot, mis lectores; Lovinant Antero, mi alter ego; Max Chárriez, mi maestro; José Delgado-Figueroa, el artífice, y Fernando Gallardo Bustillos, mi partner-in-crime.

Un buen día, recibo la bendición de encontrar en mi camino al periodista, activista por la independencia de la patria y poeta Armindo Núñez Miranda.

—¿Qué relación tiene su trabajo creativo previo a Musarañas y su trabajo creativo posterior? ¿Cómo lo hilvana con su experiencia de puertorriqueño-caribeño y su memoria personal de lo caribeño dentro de Puerto Rico y el Caribe?

—Yo he tenido una vida previa a Musarañas muy rica y diversa. Me formé profesionalmente en la Universidad de Puerto Rico, donde tuve el honor de ser parte del primer grupo de estudiantes de la recién creada M. A. en Psicología bajo la dirección de una mujer cuasi mítica en nuestro medio, doña Abigaíl Díaz de Concepción, en 1967. De ahí partí hacia Barcelona para completar un doctorado, casado con Marta Escalante, una mujer maravillosa y excelente profesional de las Relaciones Públicas, que fue felizmente interrumpido por el nacimiento de mis mellizas Mireya y Mónica. Regreso a Puerto Rico, laboro como sicólogo, me integro a la Administración de Acción Juvenil y termino con broche de oro esta primera etapa en mi vida. Decido divorciarme y enfrentarme a mi homosexualidad; conozco a Luis Rodríguez Hernández, en esos momentos dueño de la discoteca gay Bocaccio, me uno a su proyecto como bartender, abrimos el Café de San Juan, en la calle de la Cruz en el Viejo San Juan y un guest-house en Río Piedras en el Callejón de La Pilarica; termina nuestra relación y se cierra otro círculo en mi vida. Mientras regentaba el Café de San Juan, uno de mis clientes era el director de Recursos Humanos del Caribe Hilton. Un buen día, cuando ya entendía que este ciclo actual se cerraba, me ofreció unirme a su cadena como training manager y sin coger impulso, di el salto hacia el trío de La Concha/Condado Beach/Centro de Convenciones by Hilton. Poco a poco y sin nada de alboroto me fui ubicando en la industria hotelera. Se marchó Hilton del trío y llegó la compañía española Husa Internacional. Con ellos me inicié en las operaciones hoteleras, per se. Tuve excelentes maestros en las relaciones obrero-patronales como lo fueron mis amigos Jorge Farinacci y Norman Pietri. La verdad es que se me dio tan bien que me enviaron a Europa a conocer a fondo sus hoteles y sus operaciones. Regresé con el rabo entre las patas al darme cuenta de que yo no servía para estar al frente de ninguna operación. Cuando mi compañero de trabajo y director de Recursos Humanos, el licenciado Pablo Álvarez, me invitó a unirme a su oficina en el recién reabierto Hotel y Casino San Juan, salí corriendo tras él. Lo demás es historia que conservo en mi corazón pues fueron años de múltiples retos, junto a unos compañeros de trabajo maravillosos que con el tiempo se han convertido en amigos entrañables. Y, un buen día, recibo la bendición de encontrar en mi camino al periodista, activista por la independencia de la patria y poeta Armindo Núñez Miranda; se me dio el flechazo y nos embarcamos en una hermosa historia de amor. Junto a él conocí y crecí en el mundo de la literatura puertorriqueña y su gente y contraje nupcias por segunda vez en mi vida. La literatura toca a mis puertas desde las páginas de Facebook, donde conozco al excelente escritor Max Chárriez; me apunto a su curso de redacción y comienza este tercer ciclo de mi vida. Un ciclo matizado por El Post Antillano, el gran periódico del licenciado Daniel Nina, que está celebrando su décimo año de publicación. Daniel me integró al desarrollo de su sección Zona Ambiente, dedicado a la promoción y destaque de todo lo relacionado con nuestra comunidad LGBTTQIA+, dándome toda la libertad necesaria para explayarme con gusto y gana. Como ves, soy boricua, caribeño y como tal, necesariamente, escribo.

“Musarañas”, de Egidio Colón Archilla
Musarañas, de Egidio Colón Archilla (2020). Disponible en Amazon

—Si compara su crecimiento y madurez como persona, periodista cultural, activista LGTB+ y escritor con su época actual en Puerto Rico, ¿qué diferencias observa en su trabajo creativo? ¿Cómo ha madurado su obra? ¿Cómo ha madurado usted?

—Mi época actual en Puerto Rico la categorizo como efervescente, convulsa y confusa. Por el contrario, mi trabajo creativo está bien centrado y dirigido a la finalidad de destacar los logros de mi comunidad LGBTTQIA+. Han sido duros años de continuos sacrificios para llegar a donde hemos llegado. Por ende, se hace necesario que la juventud que disfruta esas libertades entienda lo que nos ha costado. Yo mismo la he sufrido en carne propia. Nada en la vida te lo dan hecho, hay que lucharlo y ganarlo. Me siento orgulloso de que mi labor haya sido reconocida por una organización tan prestigiosa como Waves Puerto Rico, adscrita a Sage, y a su director ejecutivo, Wilfred Labiosa, por haberme escogido como uno de sus Héroes y Heroínas de 2019. De hecho, todas las regalías que provengan de las ventas del libro en Amazon serán donadas a esta maravillosa organización, que es la única que lucha por los derechos, intereses y necesidades de nuestra comunidad de envejecientes LGBTTQIA+. Contestando a tu pregunta, realmente mi obra no ha madurado, lo que ha madurado es mi vida, en edad y experiencias.

—¿Cómo visualiza su trabajo creativo con el de su núcleo generacional de escritores con los que comparte o ha compartido en Puerto Rico? ¿Cómo ha integrado su trabajo creativo a su quehacer de escritor y su trabajo de periodista cultural?

—Yo jamás me ubicaría entre el grupo de escritores puertorriqueños. Sólo soy un accidente en el camino de la literatura isleña. Tampoco me considero periodista cultural. Soy un mero espectador de la realidad puertorriqueña que trata de plasmar en letras su visión de la misma. Con respecto a mi generación, te puedo confesar que soy lo que se llama un aborto de la naturaleza. Un viejo que se decide a explayarse en las redes sociales para marcar la diferencia.

—Ha logrado mantener una línea de creación enfocada en la narración en y desde Puerto Rico. ¿Cómo concibe la recepción a su trabajo creativo dentro de Puerto Rico y fuera, y la de sus pares?

—Si yo llegase a plantearme en algún momento la recepción de mi trabajo, no escribiría. Escribo lo que siento, como lo veo, sin plantearme nunca jamás cómo lo recibirán mis lectores, por el mero placer egoísta de escucharme decirlo. No obstante, siempre advierto que mi escritura es contestataria, fuerte y agresiva, y no es para los flojos de mente ni los flojos de espíritu. Eso sí, disfruto cuando un lector me alaba: a quién no le gusta un dulce…

—Sé que es usted de Puerto Rico. ¿Se considera un escritor puertorriqueño o no? O, más bien, un escritor, sea éste puertorriqueño o no. ¿Por qué? José Luis González se sentía ser un universitario mexicano. ¿Cómo se siente usted?

—Por supuesto que me siento un puertorriqueño que escribe. Aquí nací, aquí me formé, aquí moriré. Quien dice puertorriqueño dice caribeño, dice hispanoparlante, dice América Latina. Alguien una vez dijo: “Yo soy yo y mis circunstancias”; las mías son las de un caribeño que vive en una colonia de Estados Unidos. El peso colonial lo he sufrido desde siempre, pero en mi caso la emigración no es una alternativa. Soy de los que prefieren luchar contra las fuerzas imperiales, ya sean las del Estado o las de las susodichas normas sociales, morales o religiosas, desde mi pedazo de isla. Mi orgullo es ser quien soy y haber nacido en la isla.

Yo creo que años atrás, a mi libro y a mí nos hubieran quemado en la hoguera por satánicos y herejes.

—¿Cómo integra su identidad étnica y de género, y su ideología política con o en su trabajo creativo y su formación en Puerto Rico?

—No puedo negar que soy blanco, producto de una clase privilegiada y, como diría mi adorado escritor y compadre Luis Negrón: maricón. Aunque no me siento “blancoide”, palabra esgrimida por la divina Yolanda Arroyo Pizarro, debo reconocer que escribo desde el punto de vista de un hombre, blanco, homosexual e independentista. Mi escritura necesariamente refleja mi posición ante la vida.

—¿Cómo se integra su trabajo creativo a su experiencia de vida? ¿Cómo integra esas experiencias de vida en su propio quehacer de escritor en Puerto Rico hoy?

—Puerto Rico, Puerto Pobre… a mí me duele ese Puerto Rico que se me mete por ojos y oídos. En estos tiempos de Covid, del encierro y de la incomprensión, trato de que mi voz, reflejo de mi forma de ver el mundo, sea el conducto por el cual se vacíen todas las voces que no se atreven a decir ni esta boca es mía.

—¿Qué diferencia observa, al transcurrir del tiempo, con la recepción del público a su trabajo creativo y a la temática de éste? ¿Cómo ha variado?

—Yo creo que años atrás, a mi libro y a mí nos hubieran quemado en la hoguera por satánicos y herejes. En este siglo sé que continuarán criticándome, pero para hacerlo espero que leyéndome y no de oídas. Como diría mi amigo el gran comediante Víctor Alicea, la Voz del Pueblo, “¡Y que a mi…!”.

—¿Qué otros proyectos creativos tiene pendientes?

—Como diría aquel gran filósofo salsero, “la vida es un carnaval”, a lo cual yo añado que transcurre por vericuetos incomprensibles. Sólo me planteo seguir en este vacilón en forma de un libro de cuentos. Ya tengo varios escritos que pujan por salir a la luz pública. También planeo seguir leyendo y nutriéndome de la literatura, de toda la literatura, la grande y la chiquita, la buena y la mala: de toda quiero seguir aprendiendo de sus ritmos, de sus cadencias, de sus rasgos y apetencias. Y seguir pendiente al más grande proyecto creativo de mi vida: cultivar a mi familia, a mis amigos y al amor de mi vida, el noble Armindo.