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Jorge Luis Santos García:
“Toda fotografía es una ilusión”

domingo 23 de enero de 2022
Jorge Luis Santos García
Jorge Luis Santos García: “¿Cómo sustituimos con la virtualidad el olor de la piel de la mujer amada, o el esplendor de saborear una comida exquisita y el degustar una bebida favorita, el éxtasis de contemplar un paisaje o una obra de arte en vivo?”. Fotografía: Cecilia Marisa Goncalves

¿Qué es una foto? Sentimiento y luz. Primero la luz, esa transparencia encandiladora probablemente infinita, donde los ojos del fotógrafo comienzan a buscar hasta tropezarse con algo que se convierte en sentimiento. Y entonces activa el mecanismo y toma posesión de la imagen.

El fotógrafo, con todo y sus conocimientos, sus experiencias, su espíritu y su pasión, se incorpora al mecanismo de la cámara y ambos se transforman en un ser que se alimenta con la sensación de haber detenido el tiempo y de haber retenido para siempre una imagen en una dimensión del pasado. Es un pasado que permanece en el presente sin cambiar, mientras todo cambia.

¿Qué es la fe? Algo singular y sin estructura reconocible, que se manifiesta como un ciego empeño en los seres vivos y que el fotógrafo retrata cada vez que puede.

Este fotógrafo abarca mucho más todavía, va más allá de lo común y corriente.

¿Qué es un fotógrafo? Alguien como Jorge Luis Santos García, capaz de crear una memoria imborrable partiendo de lo que continúan haciendo unos seres humanos que quizás han ido transformando su fe en costumbre de lugar, en gesto de familia, en identidad de soñadores, en humildad de la ferocidad.

Él ha captado un alma hecha de varias almas. Un conglomerado de antiguas creencias que no le tienen miedo al dolor, al sufrimiento, a las desventajas, al trabajo duro. Una belleza que se atrapa en el respetuoso estrépito blanco y negro.

En la Primera elegía, Rilke escribió algo que podría servir para comprender lo que a veces hace el fotógrafo llamado Jorge Luis Santos García:

Escucha, corazón,                                                                             
como sólo los santos escucharon
aquellos a quienes la llamada gigante levantó
de la tierra, sin que ellos, impasibles,
dejaran de seguir de rodillas, absortos,
sin atender a nada, consagrados a oír.

También ha hecho suyas las imágenes compuestas a color, donde el erotismo, la religión y la violencia fungen de símbolos para que la obra resultante aleje o acerque al espectador, según su sensibilidad y su entendimiento. Este fotógrafo abarca mucho más todavía, va más allá de lo común y corriente. ¿Qué es un Jorge Luis Santos García? Apenas podríamos esbozarlo así, según una hoja de vida que él ha sintetizado:

Jorge Luis Santos García
www.jorgesantos.com.ve • Instagram: @fotojorgesantos

Hijo de Juan Santos Osorio y María Isabel García de Santos, ambos emigrantes de la Isla de La Gomera (Canarias). Realiza estudios de técnico superior en Computación (Instituto Universitario de Nuevas Profesiones), Ingeniería de Sistemas (Universidad Nacional Abierta) y Administración de Empresas (Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez). Trabajó durante más de veinticinco años para la banca nacional y la empresa privada en las áreas de computación y sistemas. Posteriormente fue director de tres empresas de servicios.

En el año 1986, comienza a realizar fotografía de actividades de naturaleza y montaña, especialmente en diapositiva de 35 mm, destinando estas imágenes a múltiples presentaciones, exposiciones y charlas. Estas expediciones lo llevan a recorrer la naturaleza venezolana y expediciones de montaña en América, Europa y África. Esta actividad continúa en la actualidad. Para el año 2006 inicia su formación formal en Caracas de la mano de maestros fotógrafos como lo son Alfredo Padrón, Roberto Mata, Fernando Llanos, Leo Álvarez, Ricardo Jiménez, Ricardo Armas y Nelson Garrido, entre otros.

Conceptualmente centra su trabajo personal en tres ejes fundamentales: la espiritualidad, la naturaleza y la sexualidad. Estos conceptos le permiten adentrarse en la fotografía documental de manifestaciones religiosas y populares, en la fotografía de naturaleza como acercamiento del conocimiento del “yo” y en el desnudo como herramienta de explicación de la alegría humana como hecho divino. Finalmente mezcla estos tres pilares de manera conveniente para expresar ideas y conceptos personales.

Realiza su primera exposición individual el año 1998. Actualmente cuenta con veintidós individuales nacionales en Venezuela y seis internacionales realizadas en Argentina, Brasil, España, Francia y Chile. Ha participado en 131 exposiciones colectivas, 67 en Venezuela y 64 internacionales, en Argentina, Alemania, Australia, Bolivia, Brasil, Bulgaria, Chile, Colombia, Cuba, Ecuador, España y Uruguay.

Su obra ha sido premiada en Argentina, Brasil, Bolivia, Bulgaria, Cuba, Ecuador, España y Venezuela, y está representada en instituciones nacionales y foráneas.

 

Breve toque

Y en sus Cuatro cuartetos, Eliot escribió algo que parecería un buen mensaje para acercarse más al arte de Jorge Luis:

Para llegar adonde estás,
para salir desde donde no estás,
debes ir por un camino en donde no hay éxtasis

 

La entrevista

Mi segunda cámara fue una Kodak EK6 de instantáneas tipo Polaroid. Para mí fue el inicio de la magia.

¿Cuándo descubriste la fotografía como algo que harías, como pasión que te cambiaría la vida?

La palabra justa es cuándo llegó la pasión, y seguramente se fue dando por etapas o entradas a puertas de luz. Yo entro a la fotografía “de verdad” utilizándola como auxiliar de la memoria y regocijo de la visión. Mi primera puerta fue la montaña. En los ochenta tempranos, comienzo dos actividades casi en paralelo que son el montañismo y la fotografía. En esos días iniciales hacía tomas de la naturaleza, mis primeras panorámicas (pegando fotos de papel) y mis primeros autorretratos. Al tiempo, tomando el ejemplo, entre otros, del montañista y amigo Ramón Blanco (récord Guinness como la persona más longeva que escaló el Everest), comencé a hacer presentaciones fotográficas (proyecciones de diapositivas) de las aventuras que un grupo de amigos compartimos en las montañas.

 

¿Recuerdas tu primera cámara y tu primera fotografía?

Mi primera cámara fue una Kodak 126, esas que el rollo era como un huesito, regalada por mi papá y que fue comprada en un fotoestudio del oeste de la ciudad que se llamaba Renzulli. Tendría yo alrededor de doce años, lamentablemente no conservo fotos hechas con ella. Mi segunda cámara, creo que comprada en el mismo lugar, fue una Kodak EK6 de instantáneas tipo Polaroid. Para mí fue el inicio de la magia (una brujería, como decía Luis Brito), ver cómo las imágenes se revelaban mágicamente ante mis ojos de niño. De esa cámara sí conservo un pequeño lote de fotografías realizadas por mí, algunas familiares y otras de la calle desde mi balcón en Quinta Crespo. Por cierto, ambas cámaras las conservo aún.

 

Cambiar la imagen que miras por la imagen que sientes, ¿es una metamorfosis necesaria en el fotógrafo como artista?

Trabajo en dos líneas: la imagen directa y la imagen construida. En la primera me enfrento a la dicotomía entre la imagen que veo (o creo ver) y la imagen que quiero obtener. Por lo general en este tipo de fotografía soy bastante clásico y estricto, solamente ajusto en el laboratorio algunos valores para llegar a la imagen que muestra el mensaje que quiero dar. Si no lo logro, enseguida descarto esa fotografía y paso a la siguiente. Como mis ensayos son siempre de largo aliento, tengo la posibilidad de volver a fotografiar y buscar lo deseado.

En la segunda (fotografía construida), me permito todo tipo de libertades creativas y se establece esa lucha enriquecedora entre lo que tengo, lo que debo modificar y el mensaje a transmitir. Por lo general dan mucho más trabajo y los mensajes suelen ser más crípticos.

Son dos formas de trabajar, evito mezclarlas, intentando ser lo más honesto posible con el receptor y conmigo mismo; sin embargo, las creaciones nunca son como deseamos al cien por ciento. Con la madurez se aceptan mejor nuestras propias limitaciones y se tienen menos prisas.

 

Has nombrado algunos fotógrafos que han sido influencia en ti, enseñanza en ti. ¿Podrías identificar qué aspecto de cada uno conservas en tu oficio y tu arte?

Yo he tenido en suerte que desde el año 2005 conecté con un círculo virtuoso de fotógrafos venezolanos de reconocida trayectoria, quienes además fueron excelentes docentes para mí, unos desde el aula directamente y otros desde el ejemplo del oficio y amistad. Es un problema nombrar a algunos porque alguien siempre queda por fuera, pero igual lo voy a intentar.

Uno de los primeros fue Roberto Mata desde el aula, con la rigurosidad para con la calidad y lectura de la imagen. Alfredo Padrón fue el inicio para cambiar la práctica de ser únicamente autodidacta y comenzar un camino en la educación formal de la fotografía. Leo Álvarez fue determinante en la incursión del mundo del documentalismo social y lo humano. Ricardo Jiménez fue y es referencia de la poética y sensibilidad para con la imagen. Ricardo Armas fue una ruda pared, necesaria en un momento de indefinición creativa.

Luis Brito fue y será el amigo que entendía y hacía entender que lo humano es lo más importante, y que la amistad es una imagen imborrable. Vasco Szinetar me convenció de creer en mis obsesiones de vida y en hurgar dentro de mis propios archivos para buscar las respuestas que no estaban a la vista. Nelson Garrido es el libro abierto cultural y filosóficamente hacia la práctica de la libertad en la creación; con su experiencia me ha acompañado en la creación de tres de mis cinco primeros libros.

 

No estoy en contra de la tecnología, pero siento que muchas veces es utilizada como somnífero para nuestros cerebros.

¿Qué te resulta más satisfactorio: publicar un libro o tener una exposición?

Me parece más relevante y me dura más la emoción publicar mis ensayos visuales en forma de libro, por la permanencia. La exposición trae sus alegrías —sobre todo la parte social con los amigos—, pero es muy efímera.

Por pensar en legar algo y querer creer que lo que uno hace algún día tenga alguna importancia, he llegado a la conclusión de que el hecho impreso es para un fotógrafo la mejor manera de conservar lo realizado, entendiendo como hecho impreso todo lo plasmado físicamente en libros, fotografías y otros materiales tangibles.

En estos tiempos, donde campea lo digital, virtual, instantáneo y sobre todo lo efímero, el objeto libro cobra una importancia capital. No estoy en contra de la tecnología, pero siento que muchas veces es utilizada como somnífero para nuestros cerebros y así adormecer nuestras funciones básicas como seres físicos. Necesitamos interacciones reales en un mundo hecho de realidad, para desarrollarnos como seres integrales y espirituales. Hay que educarse en el uso consciente de la tecnología y saber establecer los límites.

¿Cómo sustituimos con la virtualidad el olor de la piel de la mujer amada, o el esplendor de saborear una comida exquisita y el degustar una bebida favorita, el éxtasis de contemplar un paisaje o una obra de arte en vivo, o cómo sustituimos virtualmente la aventura de viajar por culturas de otros lugares distintos al nuestro, entre otras fascinaciones? A mí lo digital no logra satisfacerme esos placeres.

 

¿Qué te atrae más: el blanco y negro o el color?

Creo que me expreso mejor en blanco y negro, domino mejor su lenguaje, además tomo la frase de mi amigo Ricardo Jiménez como mía: “Con el blanco y negro se miente mejor”, y agrego: porque toda fotografía es una ilusión.

 

¿Hacia dónde quisieras llevar tu fotografía?

Hay cierto azar en el rumbo que toman las creaciones de uno, porque suelen tener vida autónoma una vez las echas al mundo. A veces algo que crees bueno no es tan apreciado como sientes que debería serlo en tu período de permanencia en este plano. Y a su vez, algo a lo cual no le pones especial esperanza llama significativamente la atención. Sólo el tiempo y la Providencia dirán hasta dónde llegará lo que uno hace.

 

¿Piensas en quienes mirarán tus fotografías o eso no te parece relevante?

Inicial y esencialmente uno trabaja para sí mismo, para enfrentar a sus demonios y miedos; también como excusa para vivir cosas, conocerse mejor, interactuar con otros, para acercarse a nuevas realidades desconocidas; en definitiva, para sentirse vivo y útil, pero una vez cubiertas esas expectativas y emociones uno desea compartir lo visto, intentar explicar lo vivido con sus creaciones, emocionar a otros y que se establezcan conexiones humanas entre todos. Puede ser utópico, pero es bonito pensar que eso se logra.

 

De la serie “Las diosas encarnadas”
De la serie Las diosas encarnadas.

¿Puedes hablar de los premios que has obtenido?

Difícil tarea, no es muy fácil hablar en primera persona de los reconocimientos que uno ha obtenido sin pecar de falsa modestia, pero estoy claro en que me siento sumamente agradecido porque de alguna manera han sido muchos los espaldarazos para continuar.

Podría mencionar que los reconocimientos que más me han emocionado son el primer premio obtenido en el 11º Festival Internacional de Fotografía de Paraty Em Foco en Brasil el año 2015, con mi serie Las diosas encarnadas; el primer premio (Grand Prix) de la 11ª Bienal Internacional de Fotografía Phodar en Bulgaria, en 2021, con el ensayo Piso 9; el tercer premio de la Bienal de Fotografía Documental Wil Riera 2020 con el ensayo Santos casi locos y también la mención honorífica, en la categoría Fotografía, del Premio a la Excelencia Periodística 2021 de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), con el ensayo Santos casi locos.

 

Me he propuesto sacudirme, y arrancar 2022 poniendo en marcha dos nuevos libros que están con el material fotográfico listo para ver la luz.

¿Cómo has vivido esta pandemia?

Ha sido difícil, muy difícil. En mi caso se me acumularon la pandemia roja que nos azota hace ya mucho tiempo, el virus cuya procedencia no se puede nombrar, y un accidente personal que sufrí al inicio de 2021, entre otros.

En todo caso me he propuesto sacudirme, y arrancar 2022 poniendo en marcha dos nuevos libros que están con el material fotográfico listo para ver la luz. Estoy apostando a ello.

 

¿Dónde vives y de qué vives?

Vivo en Caracas, y me alimento de la pasión que me generan la montaña y la fotografía, pero económicamente no vivo de ninguna de mis pasiones en este momento.

 

¿Qué autores lees en estos tiempos?

Sé honestamente que debería leer más, pero mi memoria es muy floja y olvido mucho de lo leído. Intento leer cosas que me gusten, que me lleven a una luz. Lo que sí hago, y mucho, es navegar visualmente por libros de fotografía, lo disfruto mucho y aprendo de esas lecturas a entender la visión y el hacer de otros.

Sin embargo, para hablar de los más recientes, llegó a mis manos Juan Salvador Gaviota y me gustó. Desde hace un tiempo hago lecturas de Armando Rojas Guardia y Francisco Massiani. También leí recientemente Poemas de una niña, de mi amiga Daniela Jaimes-Borges. Cada tanto regreso a los audiolibros de mi maestro Facundo Cabral, y aunque eso no cuenta como leer, para mí tiene la profundidad del éxtasis.

Siempre les recomiendo a mis alumnos, como una herencia que me dejó Nelson Garrido, que lean mucho, que asistan al teatro, que escuchen buena música, que se alimenten de las buenas cosas de la vida, porque son los mejores detonantes para la creatividad.

José Pulido