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Fernando Valverde:
“Quisiera ser ciudadano de la lengua española”

viernes 27 de mayo de 2022
Fernando Valverde
Fernando Valverde: “No hay nada como enseñar para aprender”.

Fernando Valverde (Granada, España, 1980) es poeta, periodista, antropólogo, filólogo, y docente-investigador en la Universidad de Virginia, Estados Unidos. Estudió su doctorado en Filología Hispánica en la Universidad de Granada, España (2011). Antes, estudió su licenciatura en Filología Románica y en Antropología Social y Cultural. Ha ejercido como periodista para El País (España) y ha dirigido el Festival Internacional de Poesía de Granada, España. Su obra ha sido premiada con el Premio Emilio Alarcos del Principado de Asturias y con el Federico García Lorca para universitarios españoles. También ha sido reconocido en el Fray Luis de León y el Juan Ramón Jiménez, lo que ha llevado a la crítica universitaria a reconocerle como el poeta de mayor relevancia desde 1970. Su obra ha sido publicada en Argentina, Colombia, Costa Rica, Chile, El Salvador, Estados Unidos, Italia, Nicaragua y Perú. Él ha contestado nuestras preguntas. Todas sus respuestas son para ser compartidas con todos vosotros.

 


 

—Recientemente, publicó La muerte de Adonáis: últimos días de John Keats y Percy B. Shelley (2022). ¿De qué trata dicho trabajo de investigación biográfica? ¿Cómo surgió la oportunidad de trabajarlo?

—Es probablemente la primera biografía de Shelley en español, aunque no abarca su vida completa. Keats y Lord Byron son dos personajes que lo acompañan y, como no podía ser de otra manera, son decisivos. Me sentí muy identificado con esa segunda generación de poetas románticos ingleses que tuvieron que abandonar su país para probar fortuna en diferentes dosis y sustancias. Fue un momento de mi vida en que me creí tocado por la desgracia y entregar todo mi tiempo a recuperar su historia fue una manera de curarme a mí mismo.

Estados Unidos me ha dado la oportunidad de enseñar y de investigar. En España no habría podido hacerlo.

—¿Qué relación tiene su trabajo creativo-investigativo previo a La muerte de Adonais… y su trabajo creativo-investigativo posterior? ¿Cómo lo hilvana con su experiencia de español y su memoria personal o no con la sociedad y la literatura actual de España o fuera?

—No me está permitido desvelar mi trabajo investigador que vendrá a continuación, pero sin duda tiene relación. Con anterioridad, me había centrado en el lenguaje simbólico de la poesía y cómo en nuestro tiempo, por los nuevos canales de comunicación, está cambiando o siendo corrompido.

—Si compara su crecimiento y madurez como persona, poeta, docente-investigador y escritor con su época actual en Estados Unidos, ¿qué diferencias observa en su trabajo creativo-investigativo? ¿Cómo ha madurado su obra? ¿Cómo ha madurado usted?

—Estados Unidos me ha dado la oportunidad de enseñar y de investigar. En España no habría podido hacerlo. Busqué una oportunidad en mi ciudad, en Granada, y todas las puertas se cerraban por historias, personas o disputas antiguas. Para mí los Estados Unidos fue un nuevo mundo. He aprendido mucho más sobre poesía y sobre la vida aquí que en España, porque creo que no hay nada como enseñar para aprender.

—¿Cómo visualiza su trabajo creativo-investigativo con el de su núcleo generacional de escritores con los que comparte o ha compartido en España y fuera? ¿Cómo ha integrado su trabajo creativo-investigativo a su quehacer de docente-investigador y su trabajo escrito de interés literario?

—Para mí no ha sido difícil dedicarme a la poesía desde dos facetas, la investigación y la creación. No están reñidas y por suerte en Estados Unidos se valora la creación en las universidades. Es absurdo que en la mayor parte de los países que hablan español la obra literaria no se considere un mérito, mientras que un comentario estúpido sobre la misma, de alguien ajeno a ella, sí que se valora como tal. Es absurdo y ridículo.

—Ha logrado mantener una línea de creación-investigación enfocada en la poesía desde España y Estados Unidos. ¿Cómo concibe la recepción a su trabajo creativo-investigativo dentro de España y fuera, y la de sus pares?

—Lo más complicado es construir una obra que toma dos caminos, que se bifurca. Escribí mi libro América (2021), que no ha sido publicado en España y, sin embargo, en Estados Unidos fue traducido por Carolyn Forché y publicado por Copper Canyon, una de las mejores editoriales del país. Ahora acabo de publicar en Visor Desgracia (2022), que es un libro que sé que no interesará en los Estados Unidos. Ha sido difícil tomar conciencia de ello, pero creo que el proyecto más ambicioso es reconciliar esos dos caminos, esas dos grandes lenguas, en la poesía.

—Sé que es usted de España. ¿Se considera un escritor español o no? O, más bien, un escritor, sea éste español o no. ¿Por qué? José Luis González se sentía ser un universitario mexicano. ¿Cómo se siente usted?

—No quiero ser un poeta español. No quiero ser un poeta de ninguna parte. Quisiera ser ciudadano de la lengua española. Quisiera elegir una bandera que representara a aquellos seres humanos que estamos convencidos de que la verdadera misión del arte, como dijo Raúl Zurita, es la bondad.

—¿Cómo integra su identidad étnica y de género, y su ideología política con o en su trabajo creativo-investigativo y su formación en España?

—Creo que el respeto puede aprenderse igual en España que en cualquier otra parte. En mi opinión lo más importante es trabajar la imaginación y es ahí donde tenemos que defender las humanidades. Por supuesto que me refiero a aquella idea de Shelley de que la imaginación es el mayor instrumento para el bien moral, porque es la que nos hace ponernos en el lugar del otro e imaginar su sufrimiento. Sólo entonces tenemos la oportunidad de luchar por cambiarlo.

El mundo universitario estadounidense tiene muchos defectos, cada día más y más curiosos, pero no desprecia a los creadores.

—¿Cómo se integra su trabajo creativo-investigativo a su experiencia de vida tras su paso por la Universidad de Granada? ¿Cómo integra esas experiencias de vida en su propio quehacer de poeta, docente-investigador y escritor en Estados Unidos hoy?

—Son dos experiencias muy diferentes, pero no cambiaría mi trabajo de profesor en Estados Unidos por regresar a mi ciudad. El mundo universitario estadounidense tiene muchos defectos, cada día más y más curiosos, pero no desprecia a los creadores.

—¿Qué diferencia observa, al transcurrir del tiempo, con la recepción del público a su trabajo creativo-investigativo y a la temática del mismo? ¿Cómo ha variado?

—La literatura ha ido cediendo terreno a los estudios culturales. No creo que los segundos no deban existir, pero la Literatura con mayúsculas tiene que tener un lugar protagonista en la enseñanza de la lengua. No me parece responsable cambiar a Miguel de Cervantes por la receta de la paella en los departamentos de español.

—¿Qué otros proyectos creativo-investigativos tiene recientes y pendientes?

—Terminé un espectáculo que mezcla el flamenco y la biografía de Antonio Machado, titulado Ligero de equipaje. Será estrenado en Estados Unidos el mes de noviembre de 2022. También he preparado recientemente un homenaje a Mariluz Escribano que se estrenó en el Centro Federico García Lorca. Por el momento no hay más, pero quién sabe, todos estos proyectos fuera de la poesía son siempre una sorpresa para mí. Hace unos días apareció mi nuevo libro de poemas, Desgracia, el primero que publico en español después de un silencio de ocho años. Es un título muy grave. Hemos vivido un momento muy dramático, en el que mucha gente ha sufrido mucho. Todos hemos perdido algo en nuestras vidas, algunos todo. El mundo de las redes sociales nos ha mantenido en la ficción de la alegría. Creo que una de las misiones de la poesía es llamar las cosas por su nombre. Desgracia es un libro doloroso, está lleno de heridas, de traiciones, de enfermedad, de angustia. Por él cruzan personajes como Caín o como Elizabeth Siddal, que para nada están muertos, que pasean por las calles de mi ciudad y por los poemas que he escrito en todos estos años.