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Roberto Alexander Pérez:
“Ser escritor no estaba en mis planes”

domingo 30 de julio de 2023
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Roberto Alexander Pérez
Roberto Alexander Pérez: “Para mí, la risa es tan gratificante como el aplauso”.

Roberto Alexander Pérez (San Juan, Puerto Rico, 1968) lo ha sido todo dentro del mundo del teatro. Estudió Drama y Comunicación Pública en la Universidad de Puerto Rico, y completó su Bachillerato en Empresas con concentración en Mercadeo en la Universidad de Phoenix. También ha estudiado dramaturgia en la Universidad de Buenos Aires y en la Universidad Nacional de las Artes, en Argentina. Es autor de la adaptación al teatro de El plumaje del múcaro: una experiencia teatral (2000), cuento de Ricardo Alegría, Aventuras en boca grande (2006) y De mi Placard (2016). Él ha contestado todas nuestras preguntas. Todas vuestras respuestas son para ser compartidas con todos vosotros.

 


 

—Hace algún tiempo publicó usted El plumaje del múcaro: una experiencia teatral (2000). ¿De qué trata este texto y cómo recorre usted entre la literatura y la realidad o no ficción? ¿Cómo surgió la oportunidad de trabajarlo?

El plumaje del múcaro es una fábula, género didáctico que suele encerrar una moraleja. Una historia alegórica de un grupo de pájaros con las características reales de su especie. El conflicto central gira alrededor del acoso que recibe un múcaro por carecer de plumas, pero yo quise darle paso a subtramas que enriquecieran el cuento original, como la deforestación, el cooperativismo, la autoestima, la vanidad y el concepto de la belleza como una apreciación subjetiva. La forma en que me llegó la oportunidad de escribir esta obra rompió con todos los esquemas de lo que podría ser el proceso natural de escribir una obra de teatro. Primero, porque se trataba de la adaptación del cuento homónimo del doctor Ricardo Alegría, basado en una leyenda folclórica puertorriqueña. Segundo, este fue un trabajo por encargo, comisionado por unos productores que tenían los derechos de la historia y un esquema de hacia dónde querían llevar la misma, lo que limitaba, en parte, mi imaginación y creatividad. Tercero, y más importante, yo no tenía ninguna experiencia como escritor profesional. Lo que antecedió a este gran atrevimiento fueron dramas escolares, películas caseras y, más maduro ya, libretos de escenas inéditas hechas a la medida para mis cursos de teatro universitario, con propósitos puramente egoístas… para obtener buenas calificaciones. Creo que de ahí nació un rigor investigativo —casi insoportable— que me acompaña hasta hoy. Aun bajo estas condiciones de inexperiencia me lancé a la aventura de adaptar para el teatro esta fábula nativa, gracias a los consejos de los que tenían la venia de semejante hombre ilustre, antropólogo, escritor e historiador. Aunque la publicación del libreto teatral tiene más de veinte años, El plumaje del múcaro hoy por hoy es mi obra más representada.

No puedo divorciar mi dramaturgia de los problemas que padece nuestra sociedad.

El plumaje del múcaro: una experiencia teatral, ¿qué relación tiene con su trabajo creativo anterior y hoy?

El plumaje del múcaro es la primera obra de teatro que escribí, no tiene referentes previos. Aunque puedo decir que definió un estilo de teatro que me ha marcado hasta el presente. No puedo divorciar mi dramaturgia de los problemas que padece nuestra sociedad. Tengo un compromiso demasiado arraigado en despertar el interés y la conciencia del público por las problemáticas sociales. El teatro ha demostrado ser un género muy poderoso. La lucha por las transformaciones sociales ha encontrado en el teatro el mejor aliado, por estar históricamente comprometido con el cambio social. También, el drama terapia, o el uso de técnicas teatrales para promover el crecimiento personal y la salud mental, a mi entender, ha sido una herramienta excepcional para expresar las emociones y conectar con ellas. El plumaje del múcaro también marcó la integración de la comicidad en mis escritos, pero un humor que a la vez conmueve y lleva a la reflexión. Esta obra sirvió de esquema y fórmula a mis trabajos subsiguientes. Es que, para mí, la risa es tan gratificante como el aplauso.

—Si compara su crecimiento y madurez como persona y escritor, ¿qué diferencias observa en su trabajo creativo o no inicial con el de hoy?

—Ser escritor no estaba en mis planes, yo quería ser actor. Mis estudios fueron en el Departamento de Drama de la Universidad de Puerto Rico y mis experiencias académicas, aparte de mis clases en la facultad, fueron participaciones como actor en el Teatro Rodante y con Teatro del Sesenta, que me invitó a participar del montaje de La Gaviota de Antón Chéjov en el Teatro Universitario. Actuar, para mí, era uno de los más grandes placeres de mi vida. Más adelante, me relocalicé en la Florida en busca de nuevas oportunidades. Allí fundé El Escenario, Inc., junto a la actriz Sharon Riley, una academia de actuación y una compañía de teatro en español. Fue a mis 31 años que sufrí un quebranto de salud, un derrame cerebral, que me hizo renunciar a mis aspiraciones de seguir actuando e irremediablemente hacer un cambio de carrera. No obstante, el eterno amor y la pasión que me provocaban las tablas me llevó a decidir retomar la dramaturgia. Pero reconocía que necesitaba escudriñar la técnica de mis antecesores antes de desarrollar un estilo propio. Es ahí donde, por la sed de conocimientos, mis deseos de madurar y curtirme en mi arte, busqué talleres de dramaturgia y narrativa. En Nueva York de la mano del escritor Hugo Salcedo, en Puerto Rico con la novelista Ana Luisa Sierra, en Argentina con el maestro de dramaturgos y director Mauricio Kartún, además de otros desprendidos mentores de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y la Universidad Nacional de las Artes (UNA). Cada uno de esos talleres vio nacer un texto mío y también un estilo literario muy personal. Estilo que, con el tiempo, se convertiría en un teatro con intención, concienciador, inclusivo, diverso y enfocado en el comportamiento humano con posturas didácticas sin necesidad de rozar el panfleto.

—¿Cómo visualiza su trabajo creativo con el de su núcleo generacional de escritores con los que comparte o ha compartido en Puerto Rico y fuera?

—Nunca me lo había planteado, así, como un estadístico histórico. Yo sólo compararé mi próximo trabajo con las últimas siete obras que he escrito. Cada artista tiene una forma única de narrar, es incomparable y demasiado personal. Cada cual desarrolla su voz o un estilo de enviar mensajes. Nuestra meta como escritores es despertar el interés, la curiosidad o la respuesta emocional del público. Las reglas, las herramientas o las formas de contar una historia pueden ser aprendidas, pero no existe manual para enseñar la creatividad, la imaginación o el sentido común. Cuando he ido al teatro como espectador me place ver a colegas de Puerto Rico despegándose de la comedia cómoda, evasiva o de pura distracción, para darle paso a productos más sustanciosos al servicio de nuestros problemas sociales. Yo combino situaciones dramáticas que brotan de crudezas o provocaciones sociales, con elementos del teatro cómico clásico, es decir, provocar la risa a través de la denuncia, el malentendido, el juego de palabras o la sátira. Esto se logra a través de personajes enfrentados, a veces incoherentes, que terminan provocando risas por la complicidad que desarrollan con el espectador, que sabe todo lo que algunos personajes ignoran. De hecho, el propio Sigmund Freud consideró el humor como “la más elevada operación defensiva frente a la posibilidad de sufrir”. De modo que, aunque lo que vivimos en nuestro país parece sacado de la mejor telenovela turca, por la profundidad del sufrimiento y la dosis de incertidumbre, he visto en los noticieros personas que dicen: “Yo río pa’ no llorar”. Es más que evidente que, como pueblo, preferimos reírnos de nuestras desgracias y hasta de nosotros mismos; el humor lo llevamos en la sangre.

Creo que he desarrollado, con los años, cierta agudeza y perspicacia para con las emociones, los pensamientos, las conversaciones y las palabras.

—¿Cómo concibe la recepción a su trabajo creativo dentro y fuera de Puerto Rico, y la de sus pares, bien sean escritores de teatro u otro género?

—Tengo una gran amiga, casi mi biógrafa, Gloribel Ortiz Aponte, una gran docente y una lumbrera en materia de español, que ha sabido leerse todas mis obras de teatro. Una vez dijo de mí: “En sus obras, mucho más que un amante de nuestra lengua, descubrimos a un escritor que, sin descuidar las reglas gramaticales y la buena ortografía, no está obsesionado con ellas, sino que las utiliza a favor de la idea que se quiere transmitir, a favor del sentimiento, de la conexión con el lector o el espectador”. A mí me halagaron sus palabras, aunque uno se envuelve creando sin estar tan consciente de ese tipo de observaciones. Eso sí, creo que he desarrollado, con los años, cierta agudeza y perspicacia para con las emociones, los pensamientos, las conversaciones y las palabras. Digamos que soy una especie de zahorí, que observa, descubre cosas, aunque no de la nada, sino leyendo e investigando pacientemente, pero ya esa virtud o defecto es producto de una compulsividad muy personal. Claro, también he tenido la bendición de estrenar tres de mis obras de teatro fuera de Puerto Rico, eso me ha dado roce cultural y una idea del “paladar” del espectador extranjero. En mi caso, todas mis piezas “turistas” por suerte tuvieron excelentes críticas y una de ellas dos nominaciones a premios, es que en definitiva la puertorriqueñidad se ha puesto de moda. El plumaje del múcaro se estrenó en Orlando, Florida; Las confesiones de Marica en Nueva York, y Gallery Nights, la obra de teatro, en Buenos Aires. Esta última en colaboración con el director argentino Daniel Fueyo, que me proporcionó la trama y a mí me tocó dialogarla en mi español caribeño. Luego se adaptó línea por línea al porteño argentino. En Puerto Rico los estrenos de Noche de galería, Por culpa de Dios y Cero grasas trans no han estado exentos de polémicas y animosidad por parte de diversos grupos, por los temas que abordo en cada una de esas piezas. Una mañana, mientras teníamos en cartelera la obra Por culpa de Dios en el desaparecido Teatro Coribantes, amanecimos con la verja del teatro arropada con una docena de pancartas con la leyenda “Gracias a Dios”, en clara alusión al título de la obra. Penoso que no se quedaron a verla porque, aunque un personaje culpaba a Dios de todos sus males, “gracias a Dios” la obra no se concibió para echar culpas, sino para adjudicar responsabilidades y prohibir este tipo de prácticas, consideradas violentas por la ONU, ya que algunas incluyen maltratos físicos, sexuales y psicológicos. Con el pasar del tiempo te percatas de que puedes tener detractores, pero también seguidores que te preguntan en las redes: ¿cuándo estrenas tu próxima obra? Yo definitivamente me quedo con estos últimos.

—Sé que es usted de Puerto Rico. ¿Se considera un autor puertorriqueño o no? O, más bien, un autor de literatura, sea ésta puertorriqueña o no. ¿Por qué? José Luis González se sentía ser un universitario mexicano. ¿Cómo se siente usted?

—Puertorriqueñísimo, imagínate, que no vayan a pensar que reniego de haber nacido en la colonia más antigua del mundo, que celebra plebiscitos sin carácter vinculante. O que le reprocho algo a un país que pregona, en la Constitución, una completa separación de Iglesia y Estado, pero el proyecto de ley sustitutivo sobre un nuevo código civil lo redactó un sacerdote católico. O que me dé vergüenza que se use como ficha de tranque la única solución para bajar la alarmante tasa de feminicidios. Claro, porque con la educación con perspectiva de género ilusionan a algunos y le prometen ignorarla a otros para asegurar sus votos. Digo, ¿por qué me escandalizaría que algunos piensen que educar para erradicar el machismo y la violencia de género es parte de una supuesta “agenda gay” para crear fábricas de homosexuales? Tampoco me sorprende que ofrezcan la estadidad como una falsa promesa de campaña, porque ni voluntad existe en el Congreso de los Estados Unidos para otorgarla. Aunque parece que esperamos que Godot la traiga por los pelos. ¿Me sorprendo de nuestra memoria corta? ¿Será que somos esos mismos personajes que esperan a Godot, los Vladimires y Estragones de la vida? ¿Borramos cinta y terminamos votando por los mismos corruptos? Sí, los amigos del alma, los primos terceros o los convictos que saquearon la salud y la educación del país, pero le dieron un arresto domiciliario, un grillete electrónico que no le apriete mucho el tobillo y el beneficio de no tener que devolver lo robado. O como esos políticos que asisten a ayunos de oración y misas jíbaras en la mismísima casa de las leyes, pero algunos de esos con el estómago vacío y los bolsillos llenos roban, conspiran y cometen fraudes en el nombre de Dios. Me disculpo por entrar en semejante exposición ante la gentileza de la interrogante de mi gentilicio, me resulta muy gentil, pero me despierta todo tipo de pasiones. Es que, para mí, la patria es la madre espiritual, aunque estemos siendo gentrificados, aunque privaticen nuestros activos, aunque encarezcan los servicios esenciales, la canasta básica, o nos mantengan a oscuras y ya no creamos ni en la luz eléctrica. Quizás es para que nos larguemos de aquí. Pero, a pesar de todo eso, yo soy un escritor boricua, pa’ que tú lo sepas.

Reconocerme públicamente como un hombre binario abiertamente gay me impulsó a darle un giro a mi estilo de escritura.

—¿Cómo integra su identidad étnica y de género y su ideología política con o en su trabajo creativo?

—Creo que fue el Y2K, o la llegada del nuevo milenio y la experiencia de ser un latino más en la ciudad de Nueva York, lo que me hizo reflexionar sobre el rumbo que tomaría mi dramaturgia de ahí en adelante. Reconocerme públicamente como un hombre binario abiertamente gay me impulsó a darle un giro a mi estilo de escritura. Recuerdo, además, que, en el año 2001 los Países Bajos se cantaron pioneros en establecer por ley el matrimonio entre personas del mismo sexo. Me parecía un buen momento para luchar, integrando en mis piezas los temas, las preocupaciones y la batalla por la equidad de mi comunidad LGBTIQ+. Yo sabía que crear una dramaturgia de avanzada sería incómodo para unos, pero muy útil para muchos otros. Una vez leí una entrevista que le hiciera el escritor Antonio Ortuño a la autora mexicana Guadalupe Nettel, y ella dijo: “Siempre he creído que la literatura debe incomodar. Si la literatura no habla justamente de aquello que nos duele y quisiéramos entender, ¿de qué vamos a hablar?”. No sabes el gusto que me dio saber que no era el único con un teclado apasionado, indignado, dispuesto a combatir las injusticias y la falta de equidad. Nunca he sido político, aunque no lo parezca, siempre he votado por candidaturas buscando el aspirante honesto, comprometido con el bien común y el progreso del país. Pero siempre estuve claro que trasladar a la escena los problemas, las circunstancias históricas y las fricciones de un segmento particular de la sociedad, convertiría mi teatro en uno político. Pero alguien tiene que hacerlo; por suerte, con los años y los daños, se me ha endurecido la piel y estoy siempre listo para el diálogo y la crítica coherente e inteligente.

—¿Cómo se integra su trabajo creativo a su experiencia de vida? ¿Cómo integra esas experiencias de vida en su propio quehacer de escritor hoy?

—¿Autobiográfico? Curiosamente, han sido mis experiencias de vida las que han sido integradas a mi trabajo creativo. Casi todas mis obras pueden tener, ya sea como tema central o subtrama, alguna experiencia personal o la de alguien muy cercano a mí. En el teatro dialogamos y acotamos, así que tener al menos un personaje con una voz parecida a la del autor, al menos a mí me da un respiro y me ayuda a asignarle una personalidad distinta a los demás, separando así la voz del dramaturgo de la de los otros personajes. Durante el trabajo de mesa de mi obra Por culpa de Dios, yo, el autor, de cuerpo presente, estaba allí como asistente del director. Surgieron una serie de interrogantes que iban más allá de los parlamentos del libreto. A los actores, la historia les apasionó tanto que sintieron que había subtextos escondidos por debajo de sus diálogos. Fue ahí donde me tocó aceptarles que le había prestado mi voz a uno de los personajes y que estuve presente en ese culto religioso que se representa en la obra, que promocionaba a viva voz las supuestas bondades de las terapias de conversión. La obra presenta la pugna entre vivir libremente una orientación sexual en contraposición a reconocer que esa persona del mismo sexo que nos atrae simboliza un pecado que va en contra de la voluntad de Dios. Para ellos, saber que el autor era parte de la historia los ayudó a acercarse mejor a la interpretación de sus personajes con la tranquilidad de que me tenían ahí cerquita como referencia. Una vez leí que nadie sale de un fracaso siendo la misma persona, ¿por qué no compartir con el mundo lo que me ha fortalecido?

Por culpa de Dios persigue la erradicación total de las terapias de conversión o terapias reparativas que pretenden modificar la orientación sexual.

—¿Qué diferencia observa, al transcurrir del tiempo, con la recepción del público a su trabajo creativo y a la temática del mismo? ¿Cómo ha variado?

—En 2011, cuando regresé de Buenos Aires venía con tres obras debajo del brazo y quería unirlas en una trilogía para, de alguna manera, inmortalizar mis posturas de cada una de estas piezas: Las confesiones de Marica, es un grito para conseguir la equidad a través del matrimonio igualitario; Noche de galería busca crear conciencia de la homofobia internalizada, que no es otra cosa que rechazar, avergonzarte u odiar tu propia homosexualidad, mientras que Por culpa de Dios persigue la erradicación total de las terapias de conversión o terapias reparativas que pretenden modificar la orientación sexual o la identidad de género de una persona. Aunque, en Puerto Rico, ya se celebraba el Festival de Teatro del Tercer Amor con obras de temáticas similares, yo aspiraba a que fuera el gobierno de Puerto Rico el que se comprometiera con nuestra comunidad, al menos a través de la publicación de mi libro. Mi propuesta fue aceptada y el Instituto de Cultura Puertorriqueña publicó De mi Placard: trilogía de piezas teatrales sobre la diversidad, la identidad y la conciencia, el primer libro de teatro queer en sus sesenta años de historia. Con mucho orgullo, tengo que decir que no hay nada más significativo que ver cómo transcurre el tiempo, con logros y tropiezos, y veas cómo se materializa una publicación histórica, para la honra de todos los que me antecedieron. De hecho, a raíz de la presentación del libro, Noche de galería fue seleccionada para formar parte del Festival de Teatro Puertorriqueño y luego Por culpa de Dios fue escogida para formar parte del Festival del Tercer Amor. Se logró, se pudo, existe un antes y un después de mi carrera artística y lleva por nombre De mi Placard.

—¿Qué otros proyectos creativos tiene usted recientes y pendientes?

—2022 ha sido un año de muchas satisfacciones. Primero, porque fui aceptado como miembro del Dramatist Guild of America, asociación que agrupa a los dramaturgos de Estados Unidos. Estrené mi obra Cero grasas trans para Teatro en 15, un concepto que presenta seis obras de microteatro cada veinte minutos, en seis salas de un mismo espacio, la Casa Cultural del Viejo San Juan. La pieza trata de un hombre transexual que se convierte en persona gestante en medio de su transición, a la vez que se enfrenta al aparente suicidio del padre de su hije. Actualmente me encuentro trabajando la versión extendida de esta pieza, ya que originalmente tenía una duración de quince minutos. Escribí, además, el libreto del espectáculo Un solo corazón, la celebración del centenario de la recordada compositora Sylvia Rexach, un recorrido anecdótico e histórico de su vida narrado y cantado por su hija Sharon Riley. Este año, además, concluí la primera temporada del programa de la cadena de televisión norteamericana PBS Kids, Almas Way, donde me desempeño como adaptador idiomático de la versión en español de esta serie animada. Esto representa una nueva etapa y además un nuevo reto, en el que reviso un libreto, que ha sido previamente traducido al español, para ajustarlo y adaptarlo a nuestros modismos puertorriqueños. Para 2023 espero estrenar mi obra Verde sí, viejo no, una comedia dramática capaz de provocar risas de principio a fin; sin embargo, es la obra donde más temas a favor de la comunidad LGBTIQ+ he tocado. Es una pieza que toca el tema del VIH desde muchas vertientes. Desde la importancia de hacerse la prueba y usar protección hasta la disponibilidad de la profilaxis pre-infección (PrEP). Presento los retos de una pareja de la tercera edad con estado mixto o serodiscordante, además del estigma y la criminalización del VIH y hasta los nuevos estudios que revelan que indetectable es igual a intransmisible. Es una pieza que ha pasado por etapas de lecturas dramatizadas, sometida a diferentes expertos en la materia para llevar un mensaje claro y didáctico, pero en una zona libre de sermones. Lo otro que tengo entre manos es una clase relevante, pero nada “magistral”, de dramaturgia. Aspiro a brindar herramientas y formas de contar historias que lleven a los aspirantes a dramaturgos a crear su propia comedia dramática. Y ¿por qué no? Los boricuas tenemos la dicha de vivir en un gran laboratorio de tramas y traumas, donde nunca falta material para la indignación o la inspiración. ¡Y aquí seguiré, hasta que se me acabe la tinta!

Wilkins Román Samot

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