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Alberto García-Teresa:
“Nadie puede escribir desde otra posición que no sea la propia”

domingo 17 de septiembre de 2023
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Alberto García-Teresa
Alberto García-Teresa: “La conformación y el reconocimiento de una tradición de poesía disidente ha servido para consolidar un avance en oleadas”. Jimena Cuerva

Alberto García-Teresa (Madrid, España, 1980) es poeta, ensayista y narrador. También es antólogo y coeditor de la editorial especializada en poesía Los Libros de la Marisma. Es doctor en Filología Hispánica, grado obtenido por su tesis Poesía de la conciencia crítica (1987-2010) (2012). Se ha dedicado a la crítica literaria, incluida la teatral, y al periodismo focalizado en música. Parte de su trabajo creativo ha sido traducido al bengalí, búlgaro, esperanto, francés, macedonio, rumano y serbio. Es autor del libro de microrrelatos Esa dulce sonrisa que te dejan los gusanos (2013) y de, entre otros poemarios, Abrazando vértebras (2013, 2016), A pesar del muro, la hiedra (2017) y Cuando dejamos atrás lo posible (2022). Él ha contestado todas nuestras preguntas. Todas sus respuestas son para ser compartidas con todos vosotros.

 


 

—Hace poco publicó usted Cuando dejamos atrás lo posible (2022). ¿De qué trata este poemario? ¿Cómo surgió la oportunidad de trabajarlo?

—Es un libro que continúa por el sendero de mi propuesta poética habitual: poesía crítica, que cuestiona la construcción del mundo, que se posiciona en contra de una sistema excluyente y codicioso pero que busca enunciar también las posibilidades de transformarlo. En este libro, precisamente, creo que se incide más en la esperanza, en una formulación que nos ayude a caminar especialmente cuando nos abismamos al colapso ecosocial. De ahí el título, que remite a lo imposible, a la utopía. A su vez, la mitad del libro está dedicado a los animales no humanos. Aunque ya he escrito anteriormente sobre ellos, desde la rabia y la denuncia antiespecista, el impulso de esos poemas es la admiración y el amor. Buena parte del poemario ha sido escrito a partir de la pandemia, con lo que ha marcado muchos de los textos la necesidad de buscar referentes y grietas de oxígeno en esa situación tan asfixiante, sin autoengaño, con la serenidad de la conciencia del desastre.

Continúo aprendiendo y trato de avanzar, pero siempre con un mismo horizonte: no compartir una poesía complaciente con la injusticia.

—¿Qué relación tiene su trabajo creativo previo a Cuando dejamos atrás lo posible y su trabajo creativo-investigativo entonces y hoy? ¿Cómo lo hilvana con su experiencia de escritor y su memoria personal o no de español dentro de España o fuera?

—En Cuando dejamos atrás lo posible he intentado trabajar los poemas con un carácter más emocional, por una parte, y, por otra, seguir profundizando en la construcción de imágenes y sinestesias con gran potencia lírica. Continúo aprendiendo y trato de avanzar, pero siempre con un mismo horizonte: no compartir una poesía complaciente con la injusticia, antagonista, y que posibilite la reflexión. Por otro lado, la labor de recuperación de la memoria histórica, esa perteneciente a los fusilados, a los encarcelados y los silenciados durante la dictadura fascista española del siglo pasado (abuelas, abuelos, madres y padres nuestros), me parece uno de los núcleos más importantes sobre los que debemos seguir trabajando hoy en día.

—Si compara su crecimiento y madurez como persona, editor y escritor con su época actual de escritor en España, ¿qué diferencias observa en su trabajo creativo? ¿Cómo ha madurado su obra? ¿Cómo ha madurado usted?

—Creo que el ir tomando mayor conciencia de las posibilidades de lenguaje, el no perder la curiosidad por lo que otras personas están haciendo y cómo están abordando el presente en sus propuestas artísticas y el constante afán de búsqueda, hace que pueda continuar creciendo en todos los sentidos. A nivel teórico, el seguir leyendo, discutiendo, formándome, posibilita que se afine la mirada y que se enriquezca la perspectiva.

—¿Cómo visualiza su trabajo creativo con el de su núcleo generacional de escritores con los que comparte o ha compartido en España o fuera? ¿Cómo ha integrado su trabajo creativo e investigativo a su quehacer de escritor?

—Pienso que hay una gran cantidad de frentes y de propuestas abiertas, y eso resulta enormemente positivo. También dentro del ámbito de la poesía crítica: conviven diferentes estéticas, distintos modos de acercarse al cuestionamiento desde el poema. Creo que, dada la urgencia ante el inminente colapso ecosocial (no lo dicen grupúsculos; ya estamos comprobando cómo instituciones tan poderosas como la ONU lo señalan), ese ejercicio de cuestionamiento debe abordarse desde todos los frentes posibles. También dentro de los planteamientos de poesía crítica. La conformación y el reconocimiento de una tradición de poesía disidente ha servido para consolidar un avance en oleadas, desde los pasos y debates de los poetas precedentes o con mayor obra a sus espaldas. Y todo movimiento de cultura crítica debe exponerse constantemente a la autocrítica, por coherencia y por rigor en su planteamiento político.

—Ha logrado mantener una línea de creación-investigación literaria enfocada en la filología hispánica y la poesía. ¿Cómo concibe la recepción a su trabajo creativo dentro de España y fuera, y la de sus pares?

—La muestra más ilusionante y efectiva de que la poesía crítica está teniendo sentido es la petición de recitales para cerrar manifestaciones, actos de protesta, jornadas de debate o espacios colectivos de deliberación. Y eso sigue siendo continuo desde 2011, desde el estallido del 15M.

—Sé que es usted de España. ¿Se considera un escritor español o no? O, más bien, un escritor, sea éste español o no. ¿Por qué? José Luis González se sentía ser un universitario mexicano. ¿Cómo se siente usted?

—No tengo ningún sentimiento de pertenencia a ningún territorio, la verdad. Me unen a otras personas mi condición de clase y, al resto de seres vivos, un vínculo emocional y una mirada humilde que me lleva al antiespecismo. En tanto partícipe de una tradición cultural y de vínculos políticos y afectivos, pienso que es muy relevante cómo la poesía crítica en castellano en la península ibérica mantiene su vigencia. Las condiciones materiales no han cambiado. Tampoco las perspectivas de transformación social a través de las instituciones han cumplido las expectativas de cambio radical. Es por ello que sigue persistiendo un sustrato de necesidad de acompañar los movimientos de resistencia a las políticas neoliberales y a la atomización social.

Los derechos son de todos o de ninguno. En todo texto esa perspectiva y esas condiciones se hacen patentes.

—¿Cómo integra su identidad étnica y de género y su ideología política con o en su trabajo creativo y su formación en o de lo hispánico?

—Nadie puede escribir desde otra posición que no sea la propia. En mi caso: varón, blanco, europeo, trabajador y heterosexual. Intento ser consciente de mis privilegios cuando escribo o cuando realizo gestión cultural. Los derechos son de todos o de ninguno. En todo texto esa perspectiva y esas condiciones se hacen patentes. Demasiadas veces, lo normalizado oculta que aquello que se ha asumido como algo natural e inmutable en tanto posiciones de poder, de enunciación o en términos de relaciones sociales es también una construcción social.

—¿Cómo se integra su trabajo creativo a su experiencia de vida como estudiante antes y después de su paso por la Universidad Nacional de Educación a Distancia? ¿Cómo integra esas experiencias de vida en su propio quehacer de escritor en España hoy?

—En la Universidad Nacional de Educación a Distancia pude realizar el doctorado (y cursar el máster universitario previo). Fue sobre la “poesía de la conciencia crítica”, y se trató del primer estudio completo sobre el movimiento. Me siento enormemente agradecido por haber podido confeccionarlo. En un plano personal, me sirvió para conocer en profundidad las obras y las propuestas de un conjunto de autores que, como lector, admiro; como militante, considero fundamentales, y, como filólogo, considero muy relevantes. Me abrió camino en muchos aspectos. Honestamente, supuso una aportación importante para la difusión del movimiento y para que más escritores vieran una senda fértil en la poesía crítica. Como poeta, fue una formación fascinante.

—¿Qué diferencia observa, al transcurrir del tiempo, con la recepción del público a su trabajo creativo y a la temática del mismo? ¿Cómo ha variado?

—Enrique Falcón indica que la poesía crítica no puede aspirar más que a acompañar a las personas que están peleando desde colectivos antagonistas por construir otro futuro. En la última década, como decía, la poesía ha sido solicitada en publicaciones periódicas y actos de sindicatos, organizaciones políticas progresistas, asociaciones vecinales o grupos ecologistas; algo que había ocurrido en las décadas anteriores sólo de manera excepcional. Que la poesía camine de nuevo por la calle, entre la gente, y que pueda participar en una asamblea, es algo enormemente hermoso.

—¿Qué otros proyectos creativos tiene usted recientes y pendientes?

—2022 fue un año muy fructífero. Se acumularon varias publicaciones: primero, un libro de microrrelatos de aliento poético y brújula de fantástico o realismo mágico: Callejero de manglar (Lastura). Luego, el poemario Entre paréntesis, poemas de la cárcel (Agita Vallecas), que recoge el testimonio de una presa que permaneció trece años en prisión, más de la mitad en celdas de aislamiento, durante las dos últimas décadas del siglo pasado. Y el poemario Cuando dejamos atrás lo posible (Baile del Sol). También han salido varias antologías que he realizado: de la cubana Nancy Morejón (Las horas comunes, en Huerga & Fierro), de Matías Escalera Cordero (Preferimos el grito, para el Ayuntamiento de Torrejón de Ardoz) y de Jorge Riechmann (El empeño del manantial, en Lastura). Próximamente, debe aparecer una antología de los poemas de María Ángeles Maeso. En cuanto a proyectos en marcha, tengo varios abiertos relacionados con trabajo cooperativo con otros autores y artistas, que tienen aún una gestación larga (el más ambicioso, con la fotógrafa y calígrafa Jimena Cuerva, es Escombros, de ficción lírica audiovisual de corte oscuro). En lo que estoy más centrado actualmente es en la elaboración de un conjunto de estudios sobre poetas españolas vivas, con vistas a publicarlo como un volumen unitario. También en la traducción de material de etología canina, como ya hice con el libro Lenguaje canino, de Lili Chin, para Edgotorial.

Wilkins Román Samot

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