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Ángela María Valentín Rodríguez:
“Me parece vital crear un artefacto artístico que sea espejo para quien lea”

domingo 4 de febrero de 2024
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Ángela María Valentín Rodríguez
Ángela María Valentín Rodríguez: “La belleza de la palabra me indica el camino para ver la belleza que se encuentra en lo cotidiano”.

Ángela María Valentín Rodríguez (Mayagüez, Puerto Rico, 1977) es docente e investigadora. Escribe poesía y es música (violinista, vocalista y compositora). Es egresada de la Universidad de Puerto Rico, recinto de Mayagüez, donde estudió un Bachillerato en Filosofía y una Maestría en Estudios Hispánicos. Completó su doctorado en Literatura de Puerto Rico y el Caribe en el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe. Tiene publicados los siguientes poemarios: Ideas inconclusas (2010), Tacas (2015), El libro de los silencios (2018), Ars Mortis (2021) y Las palabras del olvido (2021). Por Ars Mortis (2021) y Las palabras del olvido (2021) recibió mención de honor en el ILBA 2022. Otros de sus trabajos creativos son los cuentos infantiles Las alas del abuelo (2015) y Nadie más es como tú (2019). Ángela ha contestado todas nuestras preguntas. Todas sus respuestas son para ser compartidas con todos vosotros.

 


 

—Recientemente publicó usted Ars Mortis (2021). ¿De qué trata este libro y cómo recorres entre la literatura y la realidad o no ficción? ¿Cómo surgió la oportunidad de trabajarlo?

Ars Mortis es un poemario breve en el que intento “dialogar” con la muerte “inesperada”. Si bien es cierto que no sabemos el momento específico en el que moriremos, a veces una se crea la ilusión de que nos alcanzará en la vejez, en el futuro…, siempre en el futuro. Ocurre que cuando la muerte llama en el momento en el que no te lo esperas, simplemente te deja sin palabras. Por lo tanto, el poemario trata de plasmar esa experiencia de “quedarse sin palabras”, del movimiento para “salir” de ese estado de estupor y del proceso de intentar explicármela. El texto pretende recorrer ese camino de un estado a otro. En cuanto a cómo surgió la oportunidad de trabajar Ars Mortis, puedo decirte que, más allá del proyecto literario, este poemario nace de mi experiencia particular del duelo ante la muerte de mi padre. De modo que el poemario tiene un origen concreto en la realidad, parte de la no ficción. Partir de este evento real y tan cercano e íntimo para producir poesía es relativamente nuevo para mí. Creo que es la primera vez que me acerco tan de cerca a lo confesional. Mis proyectos poéticos anteriores, Ideas inconclusas (2010), Tacas (2015) y El libro de los silencios (2018) no responden necesariamente a cuestiones confesionales sino más bien intentan atrapar/contar/apalabrar “lo que veo”, las situaciones y circunstancias que me preocupan o me interesa proponer a través de la poesía. En el caso de Ars Mortis fue muy distinto pues el espacio de creación poética se hermanó a un proceso catártico en el que ponderé y traté de responderme primeramente a mí misma, para luego ofrecerle a los lectores mis respuestas ante el absurdo de la muerte, la tristeza y el pavor ante la precariedad de la vida y la disolución de la memoria.

Me siento muy identificada con el existencialismo que proponen Sartre y Kierkegaard, cuyas ideas aparecen de alguna manera en mi poesía y en mi narrativa.

—¿Qué relación tiene Ars Mortis con su trabajo creativo-poético o no anterior y hoy?

—Creo que Ars Mortis se relaciona tangencialmente con mi trabajo creativo anterior pues el tema de la muerte siempre me ha interesado muchísimo. También toco otros temas como la soledad y el silencio, que se encuentran muy presentes en mi trabajo poético anterior. Me siento muy identificada con el existencialismo que proponen Sartre y Kierkegaard, cuyas ideas aparecen de alguna manera en mi poesía y en mi narrativa. Por otro lado, como académica, estudio los géneros de lo insólito y lo especulativo, y la muerte siempre es uno de los ejes centrales en este tipo de texto. En el caso de mi trabajo creativo, he tocado el tema de la muerte, que es central en Ars Mortis, pero desde otras ópticas. Por ejemplo, en el año 2015 publiqué un cuento infantil titulado Las alas del abuelo (Editorial EDP), en el que tocaba el tema del duelo y las pérdidas, pero desde un lenguaje e imágenes más apropiados para niños, pues me encontré con el hecho de que hay poca literatura infantil que habla de la muerte y que pudiera propiciar el diálogo sobre el tema. Así que decidí contar y compartir la historia con la que yo les expliqué a mi hijo e hijas el fallecimiento de su abuelo. Con ello buscaba que hubiese un espacio que pudiera convertirse en refugio para quien necesitara explicarse (fuese joven o adulto) esta realidad. La historia tiene un toque fantástico, ya que al final el abuelo regresa y se reencuentra con la protagonista en el espacio de los sueños, en el que se aparece portando unas majestuosas alas que lo transportan hasta a la presencia de su nietecita. Por consiguiente, sí hay una cierta continuidad entre mi trabajo anterior y Ars Mortis.

—Si compara su crecimiento y madurez como persona, poeta, docente-investigadora y escritora, ¿qué diferencias observa en su trabajo creativo o no previo a Ars Mortis con el de hoy?

—Pienso que los seres humanos nos encontramos en constante cambio, así que es natural que mi trabajo y mis posturas vayan cambiando también, de acuerdo a como van cambiando mis experiencias y mi conocimiento. Cada trabajo anterior a Ars Mortis me ha ido enseñando las infinitas posibilidades que tiene el espacio de la palabra. Este proceso me permite acercarme e ir madurando los diversos matices que puede tener mi voz y ese poder de (re)conocerme/nos en el producto final. Me parece vital crear un artefacto artístico que sea espejo para quien lea. Creo que en ese aspecto ha ido transformándose con el paso del tiempo.

—¿Cómo visualiza su trabajo creativo-poético o no con el de su núcleo generacional de escritores y poetas con los que comparte o ha compartido en Puerto Rico y fuera?

—Uno de los elementos que más admiro de los escritores de nuestro país es la diversidad de sus recursos de producción, la hibridez de sus técnicas, la variedad de temáticas, por lo que siento que comparto con mis compañeros esa preocupación por plasmar lo que nos urge con todos los recursos que tenemos a la mano. Esa heterogeneidad de estilos y de enfoques es una de las mayores riquezas y fortalezas que puede tener nuestra literatura. Por lo tanto, mi trabajo se acerca y se aleja en su diversidad a los de mis colegas. Sin embargo, creo que compartimos como colectivo una visión crítica de la realidad material y de las circunstancias sociohistóricas, políticas y culturales concretas que nos rodean. Sea directa o indirectamente, proponemos un juicio sobre lo que nos ocurre como país.

“Ars Mortis”, de Ángela María Valentín Rodríguez
Ars Mortis, de Ángela María Valentín Rodríguez (EDP College, 2021). Disponible en Librería Laberinto

—¿Cómo concibe la recepción a su trabajo creativo-poético o no dentro de Puerto Rico y fuera, y la de sus pares, bien sean escritores y poetas?

—Es un poco difícil contestar esta pregunta. Creo que mi trabajo ha sido bien recibido tanto por los colegas como por el público que me ha leído. En un país donde hacer arte es cosa seria y un tanto dificultosa, poder escribir y contar con la lectura de personas de dentro y fuera de Puerto Rico me llena de un profundo agradecimiento. Por otro lado, también me siento satisfecha del trabajo investigativo que voy realizando en torno a los géneros de lo insólito y que he tenido la oportunidad de presentar tanto aquí en Puerto Rico como en el extranjero.

—Sé que es usted de Mayagüez, Puerto Rico. ¿Se considera una autora puertorriqueña o no? O, más bien, una autora de literatura o poesía (poeta), sea ésta puertorriqueña o no. ¿Por qué? José Luis González se sentía ser un universitario mexicano. ¿Cómo se siente usted?

—Soy mujer, soy mayagüezana, puertorriqueña, caribeña. Me identifico con la pluralidad de posibilidades que encarnan estas palabras.

—¿Cómo integra su identidad étnica y de género, y su ideología política con o en su trabajo creativo-poético o no?

—Lo personal es político, por consiguiente, lo que escribo está atravesado por mis condiciones socioculturales particulares. Ya desde Tacas (EDP, 2015) planteo una voz poética femenina que propone a veces de manera más directa, otras veces menos, algunas de las realidades y desigualdades que vivimos muchas mujeres en Puerto Rico. El verano de 2019 tuve la oportunidad de tomar un seminario sobre desigualdades y género con unas maravillosas colegas de México, Guatemala, Argentina, Brasil y Puerto Rico. Producto del trabajo y la discusión escribí un poemario, aún inédito, que se titula En el principio fue el silencio. En este poemario abordo directamente mi realidad como mujer puertorriqueña, mi caribeñidad, así como varias de las problemáticas a las que nos enfrentamos las mujeres en nuestro país; especialmente toco el tema de las múltiples violencias cotidianas que nos atraviesan. No obstante, creo que mucho de mi trabajo tiene como punto de partida el existencialismo propuesto por Sartre y por Kierkegaard, como antes te mencioné. Creo que plasmo esta perspectiva particular desde Ideas inconclusas (Victoria, 2010), poemario publicado junto a la amiga y poeta Waleska Victoria Castillo. También lo percibo en El libro de los silencios (EDP, 2018) y en el que he publicado recientemente en estos días, Las palabras del olvido (2021).

Las artes tienen la capacidad de proponer temas y contenidos que pueden resultar incómodos en muchos otros ámbitos.

—¿Cómo se integra su trabajo creativo-poético o no a su experiencia de vida? ¿Cómo integra esas experiencias de vida en su propio quehacer de escritora, docente-investigadora y poeta hoy?

—La poesía es. El arte es. Tienen una potencia increíble e indudablemente todo lo que hago en el plano creativo incide en mi vida y viceversa. La belleza de la palabra me indica el camino para ver la belleza que se encuentra en lo cotidiano, me afina la mirada para ver la belleza oculta de las cosas, de las personas y de las situaciones. Por otro lado, las artes tienen la capacidad de proponer temas y contenidos que pueden resultar incómodos en muchos otros ámbitos para algunas personas, por lo que entiendo que son una de las herramientas más valiosas que tengo como docente para provocar el diálogo sobre esos temas en el salón de clases. Asimismo, investigar la labor creativa de mis colegas escritores me permite observar un despliegue de temas y motivos que me propone la diversidad de nuestro ser boricua y me insta a continuar escribiendo lo que veo y lo que me preocupa…

—¿Qué diferencia observa, al transcurrir del tiempo, con la recepción del público a su trabajo creativo-poético o no y a la temática de éste? ¿Cómo ha variado?

—Me parece que siempre ha habido acogida de los temas que propongo en mi trabajo creativo porque son bastante universales: la muerte, el silencio, la soledad… De una manera u otra, éstos nos impactan y permiten que quien lee se pueda identificar fácilmente. En cuanto a mi trabajo de investigación académica, pienso que soy parte de un grupo cada vez más amplio que busca señalar la importancia de los géneros de lo insólito dentro de nuestras letras. Busco relacionarme con investigadores de otros países, ver los elementos comunes y las discrepancias de las producciones literarias de dichos géneros y las posibilidades de crear lazos. En este último tiempo he estado investigando la obra de escritoras como Ana María Fuster, Gretchen López y Alexandra Pagán.

—¿Qué otros proyectos creativos tiene usted recientes y pendientes?

—En noviembre de 2021 recién salió la primera edición de Las palabras del olvido (2021), un poemario autopublicado estrenado en el XIV Encuentro Internacional de Escritoras (EIDE), en Caracas, Venezuela. Es un ejercicio poético concentrado en la experiencia de abandono que viven las personas diagnosticadas con TPL (trastorno de personalidad limítrofe o borderline personality disorder). Vengo trabajando este poemario desde comienzos de la pandemia y a raíz de la preocupación por las consecuencias del lock down en diversas poblaciones, entre ellas, las personas con condiciones de salud mental. A principios de este año tuve la oportunidad de presentar en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Mayagüez, espacio universitario en el que laboro como docente sin plaza desde 2013, el poemario El ala psiquiátrica, del querido colega Julio César Pol. Leer y presentar dicho trabajo me confirmó la importancia y la urgencia de utilizar el arte para visibilizar las condiciones de salud mental de las que se habla tan poco en Puerto Rico. En el trabajo de Julio César no hay un tratado sobre condiciones de salud mental, sino la labor de un poeta que se zambulle y asume la posición de aquellas personas que viven estas realidades de salud mental. De igual manera, en mi poemario Las palabras del olvido trabajo por esa misma línea. Es un ejercicio empático que busca “mostrar” lo que viven estas personas todos los días y que sigue siendo una realidad desconocida para mucha gente. Por otro lado, también me encuentro trabajando en una colección de cuentos de terror cotidiano. Reúno allí algunos de mis relatos que han sido publicados previamente en revistas literarias y antologías, y otros que son inéditos.

Wilkins Román Samot

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